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La casa torcida

5,4
1.271
votos
Sinopsis
Aristides Leónides es el patriarca de una adinerada familia de origen griego que será asesinado poco después de que su nieta presente a la familia a su prometido, hijo de un detective de Scotland Yard, que será quien deberá resolver el crimen. Adaptación de la novela de Agatha Christie. (FILMAFFINITY)
Críticas ordenadas por:
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14 de abril de 2018
7 de 10 usuarios han encontrado esta crítica útil
Las adaptaciones literarias de Agatha Christie para el cine y la televisión siguen siendo rentables. Dentro del enorme grupo que la integran, en nuestra memoria son pocas las que sobreviven y brillan por sí mismas: la estupenda “Testigo de cargo” de Wilder sigue siendo una de las mejores, seguida de la versión de René Clair “Diez negritos” y rodada antes de la de Wilder, “Asesinato en el Orient Express” de Lumet, que contaba con uno de los repartos más impresionantes vistos en una misma película o “Muerte en el Nilo”, que seguía esa estela de grandes estrellas como principal reclamo. Con el paso del tiempo esta fórmula se fue agotando, quizás porque se iban poniendo en manos de directores que cumplían con el encargo sin añadir demasiado talento, por lo que encontraron más salida a estos productos como telefims que como películas rodadas para el cine. En este año, aparte del “remake” de “Asesinato en el Orient Express” ejecutado por Kenneth Branagh, que no contó con el apoyo ni de la crítica ni del público al utilizar sin mucha imaginación la fórmula ya extinguida, nos llega “La casa torcida” de Gilles Paquet- Brenner, del que se podía esperar más de lo que finalmente ha ofrecido, eso sí, lo ha hecho con corrección, además de apuntar una cierta intención de renovar la línea a seguir en futuras adaptaciones, pero ha sabido a poco.

Como es habitual en el cine británico se ha cuidado su ambientación en interiores, ya que exteriores, sobre todo en escenarios urbanos hay poco, al no ser una obra de gran presupuesto. Se han esforzado en su atmósfera, en sacarle partido a la mansión y sus alrededores, pero al final se tiene la sensación de haberse quedado cortos.
Quizás tampoco haya mucho que comentar. Se trata de una película que para los fans de esta clase de género no les disgustará pero tampoco creo que signifique mucho.

La banda sonora original de Hugo de Chaire nos huele en varios momentos a plagio, ya que nos evoca al interesante trabajo cometido por Mica Levi para “Jackie”, sobre todo por el empleo de las cuerdas, aunque también está salpicada con muchos temas variados, tanto clásicos como de “jazz”, estando la selección más lograda.

El guión de Julian Fellowes es cojitranco. Por un lado se echa de menos más dosis de cinismo, como en la escena por ejemplo de la cena en la que los personajes, gracias a unos diálogos más punzantes, parecen adquirir más peso. También es verdad que nos libra de resolverlo todo en tres minutos tras un discurso del detective de turno, dejando a bolos al espectador. Pero el desarrollo de su “suspense” se va disipando, no llega a aburrir pero no interesa demasiado hasta su recta final, la resolución, que al menos tiene más mala leche de lo habitual y no es muy políticamente correcta.

El mayor atractivo está en su reparto. Max Irons, nieto de actores e hijo de Sinéad Cusak, actriz, y del también actor Jeremy Irons, aunque con un físico que podía más bien ser el hijo de Tom Berenger, es el protagonista, Charles Hayward, el investigador que pretende solucionar el misterio y acompañado en casi todo momento de Stefanie Martini como la millonaria Sophia de Haviland. Ambos jóvenes actores hacen una buena labor, pero inferior a la del elenco de secundarios, actores más experimentados, como la siempre injustamente minusvalorada Gillian Anderson, que está casi irreconocible, no ya por sus operaciones, si no por su sofisticado “look”, Julian Sands o la casi siempre majestuosa Glenn Close, la verdadera reina de la función. Terence Stamp, actor de gran trayectoria, aquí aparece como el Inspector Taverner, cumpliendo sin más, entre otras razones porque su personaje no daba mucho de sí.

Puede que para próximas adaptaciones que sigan una línea académica, los productores tengan en cuenta lo importante que es un buen guión, dirigido por un director que no sea simple y lineal, además de contar con un reparto de actores famosos con experiencia, es decir, la vieja fórmula que parecía que no daba más de sí y que podría generar sus frutos en taquilla. Creo que solamente así se podría seguir adaptando, con éxito, las novelas policíacas de Agatha Christie. Buscar otras vías improvisadas o conformándose con cumplir expediente podría significar el cierre definitivo de este género en el cine.
Maggie Smee
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21 de abril de 2018
5 de 6 usuarios han encontrado esta crítica útil
Sigo sin entender el éxito de ASESINATO EN EL ORIENT EXPRESS versión Branagth. La he visto tres veces y no capto el entusiasmo del público ante una película que no logra intrigar como debería ser su propósito...quizás el haber visto la primera versión y haber leído la novela tantas veces...
LA CASA TORCIDA ha llegado virgen a mi y me ha sorprendido muy gratamente. Creo que la elegante dirección y el excelente reparto han conseguido crear una atmósfera propicia para la trama y ahora estoy buscando el libro para devorarlo con avidez. No están ni Poirot ni Marple y eso también es una ventaja.
En fin que lamento que el público se pierda esta interesantísima adaptación a la vista de las escasas taquillas que está consiguiendo.
LuisOrtiz
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26 de marzo de 2018
6 de 9 usuarios han encontrado esta crítica útil
La Casa Torcida, es la adaptación cinematográfica de una de las pocas novelas de Agatha Christie que aún no habían sido llevadas al cine. Dirigida por Gilles Paquet-Brenner, envuelve a una familia involucrada en un asesinato en una telaraña de intrigas, pasiones ocultas y maldad. Protagonizada por la siempre enérgica Glenn Close a quién vimos como la malvada de “101 dálmatas, más vivos que nunca”, entre otras muchísimas películas, por Christina Hendricks, que trabajó en la serie de AMC “Mad Men”, Terence Stamp (“Valkiria”), Max Irons, hijo del actor Jeremy Irons y de la actriz Sinead Cusack, y a quién hemos podido ver en “The Host”, así como por Gillian Anderson conocida por su trabajo en la serie “Expediente X”, y por la joven actriz inglesa Stefanie Martini.

Un octogenario acaudalado y poderoso, de origen griego, muere después de que su joven esposa le ponga una inyección que debería haber sido de insulina, pero cuyo contenido ha sido cambiado por una dosis mortal de otro medicamento.

En la mansión conocida como La Casa Torcida por su peculiar arquitectura, conviven varias generaciones de la familia además del preceptor de los niños y presunto amante de su viuda, así como los miembros del servicio

Todos saldrán beneficiados de uno u otro modo con la muerte del anciano, bien económicamente, o bien ganando una libertad que el fallecido les niega en vida.

Y como en todas las buenas novelas de Agatha Christie, todos tuvieron oportunidad de cometer el crimen y motivos para hacerlo.

Para resolver el misterio, Sophía, la nieta mayor, acude en busca del detective privado Charles Hayward, antigua relación amorosa que se fraguó en Egipto años atrás, y que finalmente no llegó a buen puerto. Ella le confesará que tiene miedo, que en su familia hay maldad disfrazada de mil formas distintas, y le suplica su ayuda.

Hayward se introducirá en el ambiente cerrado y siniestro de la mansión, y será el encargado de dilucidar el crimen.

El misterio, en un entorno cerrado y claustrofóbico, está servido.

Gilles Paquet-Brenner nos presenta esta intriga policíaca de trama coral, rodada con una atmósfera velada, angustiosa, propia del cine negro. Juega con fotografía lúgubre, sombras chinescas, ambiente oscuro y amenazador; otras veces, cuando el personaje no está imbuido de la sombra del patriarca, la luz es luminosa, alegre.

Un vestuario correcto de época y una acertada dirección artística, logran una acertada escenografía de la novela de misterio rodada en una maravillosa mansión victoriana.

Al principio tiene un ritmo extremadamente lento, y poco a poco, nos desgrana los motivos de los habitantes de la casa para matar al patriarca; finalmente, el suspense va en aumento, y el final se precipita, inesperado, y trágico a la vez.

Aun habiendo leído la novela, y por ende conociendo el final, en este tablero de “Cluedo” la emoción está garantizada para los amantes del género.

Pese a contar con un importante elenco, a excepción de la soberbia actuación de Glenn Close, en el papel de “tía Edith”, personaje en apariencia duro y superficial, pero con un fondo de sufrimiento y amor por la familia, los demás actores no destacan en demasía por su interpretación.

Hay un detalle que sí que es diferente respecto a la novela original. Y es que mientras que en ella el detective y Sophía son novios formales desde que se conocieron en Egipto, aquí nos los muestran como una pareja que rompió su relación, debido a la diferencia de clases, ya que el detective es de origen humilde.

El resto de la cinta se adapta bastante bien, quitando algunas licencias sin importancia.

En conjunto, consigue recrear con acierto el clima de misterio insoluble que al principio tienen todas las novelas de la reconocida autora, para luego precipitarse la solución en la escena final.

Es una más que aceptable adaptación cinematográfica de La Casa Torcida de Agatha Christie, entretenida, aunque al principio el ritmo es muy lento; apta sobre todo para los amantes de las películas de misterio, casas victorianas y que desean ser detectives desde la comodidad de su sillón.

Escrito por Luz Nogués
https://cinemagavia.es/la-casa-torcida-pelicula-critica/
Cinemagavia
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23 de abril de 2018
4 de 5 usuarios han encontrado esta crítica útil
Escribía a propósito de la versión Branagh de Asesinato en el Orient Express que tía Agatha es inmortal, y su reinado se extenderá durante largos siglos. No sólo no ha pasado al baúl de los recuerdos, sino que está más presente que nunca. Ahora mismo, en un pequeño teatro de Barcelona, se representa cada día su obra La visita inesperada, drama de intriga con seis décadas a sus espaldas. Hasta el momento ha acogido a 12.000 espectadores, y los que irán... Por más que el merluzo de Ramón de España vaya cacareando en El Periódico que Christie está apolillada y La casa torcida es una memez.
Una enorme mansión inglesa, tal como la imaginamos todos: gigantesca, gótica, tenebrosa, llena de recovecos y pasiones encontradas. El patriarca de la familia Leonides, espabilado emigrante griego que amasó una fortuna colosal, muere en extrañas circunstancias. Su nieta favorita, descontenta con el diagnóstico inicial, contrata a un detective privado, con el que había tenido un affaire en El Cairo, para que investigue el posible asesinato, antes de que llegue la policía y estalle el escándalo en la prensa. El joven investiga, interroga, se pasea por la casa, observa y barrunta: todos podrían ser sospechosos, todos tenían motivos para acabar con el jefe del clan, siendo el dinero el principal motor de la tragedia.
Sí, no es cine negro. Sí, es un whodunit. ¿Y qué? Tal vez sea una de las mejores novelas de la sin par maestra británica, que el francés Gilles Paquet-Brenner convierte en un análisis despiadado de una clase hundida en la mierda hasta las cejas. Bajo el mismo techo conviven: la segunda esposa del finado, unas cuantas décadas menor que él, ex corista en Las Vegas; la hermana de la primera esposa de Leonides; Roger, el hijo mayor, presidente de una empresa en bancarrota, dominado por su mujer; Philip, el segundo hijo, un inútil casado con una aspirante a actriz que se pasa la trama declamando como si estuviera en el escenario; Lawrence, el preceptor de los nietos, posible amante de la ahora viuda; los tres nietos, de edades entre los veinticinco y los doce años. Y la tata. La investigación del joven detective, Charles Hayward, dejará al descubierto los lazos de odio y resentimiento que unen a tan retorcida familia, conformando un retrato muy poco placentero de esa clase social plagada de parásitos a la que pertenecen. Las dos horas de metraje pasan como una exhalación. La cámara se mueve con agilidad por los largos pasillos y las gigantescas estancias, analiza a los sospechosos, se recrea en sus excentricidades. Entre el reparto hay un poco de todo. Glenn Close domina la función, por supuesto, y Terence Stamp impresiona en sus escasas escenas. A Julian Sands le ha ido creciendo la nariz todavía más, Gillian Anderson se aleja cada vez más de Expediente X, y Stefanie Martini es una cara nueva y fresca. En cuanto al prota, Max Irons, bien, con ese apellido todo el mundo sabe quién debe ser. Es alto, caramba, y guapo, pero carece del morbo del padre. Habrá que esperar a que madure.
En suma, una buena, decente distracción, tan encomiable hoy como cuando fue escrita, en 1949.
Eduardo
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14 de abril de 2018
3 de 4 usuarios han encontrado esta crítica útil
No es particularmente brillante pero aporta atrevidas novedades al género que aquí no destriparemos.
Correcta, con toques de humor, algo impersonal en el estilo. Glenn Close siempre destaca y la actriz que hace de actriz venida a menos también sobresale.
Entretiene que no es poco y se disfrutan la mansión y los entornos tan british.
También hay unas cuantas frases ingeniosas a lo Oscar Wilde.
groucho desmond
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