La gran aventura de Tarzán
1959 

4,8
268
Aventuras. Acción
Tarzán debe luchar contra un grupo de despiadados aventureros ingleses dispuestos a todo para hallar una mina de diamantes en la selva. Tras descubrir que esos hombres han matado a unos nativos, está dispuesto a acabar con ellos. Penúltima película de Gordon Scott en el papel de Tarzán. (FILMAFFINITY)
8 de marzo de 2017
8 de marzo de 2017
11 de 11 usuarios han encontrado esta crítica útil
Tarzán, ese hombre mono que camina a nuestro lado desde la niñez, que a lo largo de la vida se reinventará en busca de la última y más grande aventura, creo que es nada más que eso, un hombre mono que te aparece como un cuento pero que nunca llega a consolidarse como el héroe a tener en cuenta y del que siempre esperas nuevas noticias.
Será su idiosincrasia tan lejana a nuestra civilización, aunque aquí, Gordon Scott se aleja del primitivo y auténtico hombre mono, del prototipo que hizo nuestro entrañable Johnny Weissmuller que acabó sus días en la “vinagra”, lanzando agónicos gritos selváticos y asustando a las enfermeras mientras saltaba de cama en cama intentando agarrarse a las lámparas. Aquí Tarzán es educado y sabe relacionarse, y emplea perfectamente los verbos, los participios y los gerundios, elimina el infinitivo perpetuo para conseguir un cambio de imagen aconsejable a la trama, una renovación no traumática.
No obstante, los elementos típicos no pueden variar, no faltan los graznidos de los pájaros exóticos escondidos entre el follaje, ni los negros con sus lanzas... Lo que da ambiente. Tampoco el intrusismo, como es lógico. Hay que tener en cuenta que para el ecosistema, la selva imperante, la civilización es dañina, por lo que los extranjeros que vienen en busca de diamantes (riqueza), son claramente malvados, asesinos y ladrones. Aunque no quita que otros sean buenos. El caso es que los malvados serán perseguidos por Tarzán ya que es la razón de la película y de su aventura. En este aspecto seguramente no saldremos defraudados, a no ser que vayamos con la escopeta cargada contra Tarzán para no pasarle ni una.
Por último añadir que es imprescindible la presencia de las mujeres de aire aventurero. En esta película, una de ellas destaca como indispensable partenaire de la fiereza natural del macho salvaje, y ambos, irradiarán potentes feromonas para que se le suba el taparrabos a Tarzán.
No digo que busques esta gran aventura, pero si la encuentras, al menos salúdalo.
Algún día Tarzán formará parte de Los Vengadores, al estilo DareDevil.
Será su idiosincrasia tan lejana a nuestra civilización, aunque aquí, Gordon Scott se aleja del primitivo y auténtico hombre mono, del prototipo que hizo nuestro entrañable Johnny Weissmuller que acabó sus días en la “vinagra”, lanzando agónicos gritos selváticos y asustando a las enfermeras mientras saltaba de cama en cama intentando agarrarse a las lámparas. Aquí Tarzán es educado y sabe relacionarse, y emplea perfectamente los verbos, los participios y los gerundios, elimina el infinitivo perpetuo para conseguir un cambio de imagen aconsejable a la trama, una renovación no traumática.
No obstante, los elementos típicos no pueden variar, no faltan los graznidos de los pájaros exóticos escondidos entre el follaje, ni los negros con sus lanzas... Lo que da ambiente. Tampoco el intrusismo, como es lógico. Hay que tener en cuenta que para el ecosistema, la selva imperante, la civilización es dañina, por lo que los extranjeros que vienen en busca de diamantes (riqueza), son claramente malvados, asesinos y ladrones. Aunque no quita que otros sean buenos. El caso es que los malvados serán perseguidos por Tarzán ya que es la razón de la película y de su aventura. En este aspecto seguramente no saldremos defraudados, a no ser que vayamos con la escopeta cargada contra Tarzán para no pasarle ni una.
Por último añadir que es imprescindible la presencia de las mujeres de aire aventurero. En esta película, una de ellas destaca como indispensable partenaire de la fiereza natural del macho salvaje, y ambos, irradiarán potentes feromonas para que se le suba el taparrabos a Tarzán.
No digo que busques esta gran aventura, pero si la encuentras, al menos salúdalo.
Algún día Tarzán formará parte de Los Vengadores, al estilo DareDevil.
24 de mayo de 2015
24 de mayo de 2015
9 de 10 usuarios han encontrado esta crítica útil
Entrañables recuerdos de mi niñez, por allá en la década de los 80. Típica película de media tarde, por aquel entonces en Televisión Nacional de Chile, único canal de TV que se veía aquí en Copiapó, en el norte de Chile. La película cuenta con la dirección de John Guillermin, que tiene a su haber películas de buena factura que rodó posteriormente (véase "Las Águilas Azules" y "El Coloso en Llamas"), el cual a mi juicio, lleva bastante bien la película, pero el guion es un tanto deficiente y por momentos enredado. Los parajes de la selva, me parecen apropiados y fueron rodados en Kenia, excelente país junto a Tanzania y el antiguo Zaire, hoy República Democrática del Congo para filmar este tipo de películas. Gordon Scott es un Tarzán bastante creíble, aunque esta no es su mejor cinta del hombre-mono. Cuenta con un antagonista de lujo, Anthony Quayle, notable secundario británico con muchísimas intervenciones en películas de la talla de "Ha Llegado el Águila" y "Los Cañones de Navarone". En fin, interesante para pasar un tiempo recordando tiempos pasados.-
12 de julio de 2025
12 de julio de 2025
3 de 3 usuarios han encontrado esta crítica útil
La gran aventura ha resultado ser una gran decepción, partiendo de un argumento tosco de persecución y venganza que podría haber caído en manos de Charles Bronson sin ningún problema.
Con un protagonista sin ningún carisma, se podía haber suplido esa carencia con una utilización espectacular de los escenarios selváticos, y la presencia de animales imponentes que aderezaran, con sus apariciones, las aventuras de los personajes. Pero prácticamente todo el argumento está localizado a lo largo de un río que no ofrece demasiadas postales para el recuerdo, y los encuentros con fieras salvajes se resuelven en muchos casos de forma torpe y artificial, o directamente cortándolas de cualquier documental y añadiéndolas al metraje, con su evidente desequilibrio en el tono de la fotografía y el modo en el que están rodadas.
Sólo la pandilla de villanos que huye del hombre mono, después de cometer varios asesinatos al perpetrar un robo de explosivos, consigue sacarnos del sopor eventualmente. La diversidad de perfiles entre ellos hace presagiar problemas en esa reducida banda, antes de que el justiciero del taparrabos les dé alcance.
Sean Connery tiene bastante incidencia en ese tramo, justo antes de convertirse en mítico agente secreto británico, y especialmente Anthony Quayle ofrece una actuación sólida, hasta tal punto, que parece estar en otra película diferente al del resto de elementos del filme. Cada aparición suya frente a la cámara, cada línea de diálogo, tiene una poso creíble e intenso que lo distingue de los demás.
Mención aparte merece la presencia de los dos personajes femeninos, perfectamente maquillados y peinados durante todo momento, a pesar de atravesar un territorio inhóspito y salvaje, repleto de incomodidades y adversidades. La bonita apariencia y la fotogenia por encima de la credibilidad.
No hay ni rastro del genuino aroma de aventuras que podía percibirse en la serie de películas de los años 30 y 40, con aquellas imágenes cargadas de inocencia, pero también de cierto tono poético, que nos trasladaban a un mundo salvaje y épico que, más que pertenecer a un lugar geográfico concreto, nos hacía creer que se trataba de una localización imaginaria de un cuento o novela.
A pesar de la mala impresión que me ha causado, tuvo bastante éxito en su día, y recibió críticas favorables, algunas de las cuales la encumbraban como la mejor película de Tarzán en años. Eso fue debido a su tono realista y a la confección de un Tarzán más instruido e intuitivo, menos inocente y más implacable.
Guillermin repetiría en "Tarzán en la India" (1962), ya sin Gordon Scott, que a pesar de eso encarnó al personaje de Edgar Rice Burroughs hasta en seis ocasiones, entre 1955 y 1960.
Con un protagonista sin ningún carisma, se podía haber suplido esa carencia con una utilización espectacular de los escenarios selváticos, y la presencia de animales imponentes que aderezaran, con sus apariciones, las aventuras de los personajes. Pero prácticamente todo el argumento está localizado a lo largo de un río que no ofrece demasiadas postales para el recuerdo, y los encuentros con fieras salvajes se resuelven en muchos casos de forma torpe y artificial, o directamente cortándolas de cualquier documental y añadiéndolas al metraje, con su evidente desequilibrio en el tono de la fotografía y el modo en el que están rodadas.
Sólo la pandilla de villanos que huye del hombre mono, después de cometer varios asesinatos al perpetrar un robo de explosivos, consigue sacarnos del sopor eventualmente. La diversidad de perfiles entre ellos hace presagiar problemas en esa reducida banda, antes de que el justiciero del taparrabos les dé alcance.
Sean Connery tiene bastante incidencia en ese tramo, justo antes de convertirse en mítico agente secreto británico, y especialmente Anthony Quayle ofrece una actuación sólida, hasta tal punto, que parece estar en otra película diferente al del resto de elementos del filme. Cada aparición suya frente a la cámara, cada línea de diálogo, tiene una poso creíble e intenso que lo distingue de los demás.
Mención aparte merece la presencia de los dos personajes femeninos, perfectamente maquillados y peinados durante todo momento, a pesar de atravesar un territorio inhóspito y salvaje, repleto de incomodidades y adversidades. La bonita apariencia y la fotogenia por encima de la credibilidad.
No hay ni rastro del genuino aroma de aventuras que podía percibirse en la serie de películas de los años 30 y 40, con aquellas imágenes cargadas de inocencia, pero también de cierto tono poético, que nos trasladaban a un mundo salvaje y épico que, más que pertenecer a un lugar geográfico concreto, nos hacía creer que se trataba de una localización imaginaria de un cuento o novela.
A pesar de la mala impresión que me ha causado, tuvo bastante éxito en su día, y recibió críticas favorables, algunas de las cuales la encumbraban como la mejor película de Tarzán en años. Eso fue debido a su tono realista y a la confección de un Tarzán más instruido e intuitivo, menos inocente y más implacable.
Guillermin repetiría en "Tarzán en la India" (1962), ya sin Gordon Scott, que a pesar de eso encarnó al personaje de Edgar Rice Burroughs hasta en seis ocasiones, entre 1955 y 1960.
18 de enero de 2020
18 de enero de 2020
3 de 7 usuarios han encontrado esta crítica útil
Por motivos ignotos, Tarzán nunca ha sido uno de mis personajes de ficción favoritos. Mi podio se configura con El Hombre Enmascarado, El Príncipe Valiente y Batman (sí, ya lo sé, hay dos enmascarados y un tipo con pinta de travestí, que los psicoanalistas extraigan sus conclusiones). Entonces, alguien se preguntará, ¿y por qué la viste, merluzo? Pues porque sale Sean Connery pre Bond, sólo por eso. El argumento es lo de menos. Gordon Scott, un tipazo de cuerpo 10 y expresividad 0, se despierta de dormir con Chita (yo no insinúo nada), y se entera de que unos malvados ladrones de diamantes andan por el río con aviesas intenciones, o sea, huir y vender la mercancía. En su persecución, se topa con una preciosa muñeca llamada Angie, un pibón de nombre verdadero Sara Shane, cuya carrera finalizó casi de inmediato. Escribió un libro de ficción y otro de autoayuda, por llamarlo de alguna manera, y hoy vive feliz y sanamente en Australia, a menos que los incendios le hayan pasado factura. Los villanos obedecen las órdenes del malvado psicótico Slade (Anthony Quayle, siempre una garantía de entrega a la causa), que cuenta con el tontaina de O'Bannion, un Sean Connery ya con peluco, pero de irresistible atractivo, dos majaretas más, y su amante, Toni, una Scilla Gabel que se pasa la película tomando el sol con poca ropa, un alivio para el espectador, otro pibón con cara de tragasables y suculentas curvas que participó en un puñado de películas infames y acabó de ama de casa como esposa de un tal Piero Schivazappa, tal cual, realizador y guionista de escasa fortuna. Hay stockshots por un tubo, mal integrados en la película real, y la sosería de Gordon Scott acaba por estomagar. John Guillermin era un director correcto en películas de bajo presupuesto y ambiciones limitadas (Yo fui el doble de Montgomery, El robo al banco de Inglaterra), pero nefasto cuando tomaba las riendas de blockbusters como El coloso en llamas o el inenarrable remake de King Kong, por no hablar de King Kong 2, algo para lo cual no existe medicamento. La gran aventura de Tarzán aburre serenamente, y sólo te despiertas cuando la Gabel sube a cubierta y se baja el vestido. Por tanto, escaso bagaje para tanta travesía.
Cancelar
Limpiar
Aplicar
Filters & Sorts
You can change filter options and sorts from here
Canadá
México
España
UK
Irlanda
Australia
Argentina
Chile
Colombia
Uruguay
Paraguay
Perú
Ecuador
Venezuela
Costa Rica
Honduras
Guatemala
Bolivia
Rep. Dominicana



