arrow

Judas y el mesías negro

Drama. Thriller Historia real que gira en torno a Bill, un delincuente que se dedica a robar coches y al que, tras ser detenido, el FBI le propone la absolución de sus delitos si coopera con ellos infiltrándose en el partido "Panteras Negras", del líder y activista negro Fred Hampton. (FILMAFFINITY)
Críticas 35
Críticas ordenadas por utilidad
escribe tu crítica
6
14 de febrero de 2021
51 de 67 usuarios han encontrado esta crítica útil
Hace un tiempo que Hollywood abraza el Black Power cinematográfico, como parte de un plan de reparación y normalización, que como suele ocurrir con toda corriente, ha dejado una curiosa miscelanea, entre productos mediocres, ladrillos infumables, y alguna cinta interesante, que puede alcanzar lo memorable si sabe calibrar bien su carácter reivindicativo.

Conocedor de esa fórmula, el realizador Shaka King perpetra su particular infiltrados, ambientado a finales de los convulsos años 60 en la ciudad de Chicago, con los asesinatos de Malcom X y Martin Luther King muy recientes, prestos a incendiar el sentimiento de toda una comunidad, la afroamericana, muy tendente en dicho periodo, a escuchar los mensajes de rebeldía social y política, que portaban como organización aquellos peculiares Panteras Negras.

Como líder de dicha organización, Fred Hampton intenta unificar a los distintos grupos que configuran la ciudad del viento, sin saber que el FBI del ínclito J. Edgar Hoover, en complicidad con la policía local, anda tras sus pasos a punto de colocar un topo en el centro de su jerarquía organizativa.
Daniel Kaluuya
A partir de su propio guión, y basado en hechos reales, King descubre rápido sus cartas, recurre al modo documental y a cierto tono teatral, para desarrollar los diferentes perfiles humanos que concurren en la historia, casi todos al borde del abismo, alcanzando algún momento de tensión genuino, bien apoyado en la entrega y complicidad de sus principales interpretes.

Un trabajo predominantemente nocturno, que se beneficia del trabajo musical de Craig Harris y Mark Isham, en el que destacan los temas de jazz, dentro de un trabajo técnico correcto, con alguna filigrana visual, sustraída de una cuidada ambientación, que si bien no sirve para definirlo como un verdadero ejercicio de estilo, resulta competente en sus intenciones.

Del reparto, la mejor baza del film, destaca un Daniel Kaluuya vibrante, sobrado de energía, y que tras contemplar al verdadero Fred Hampton, aumenta el tamaño de su aportación, bien acompañado por Lakeith Stanfield, que hace muy suyas las dudas de un personaje contra la espada y la pared, y un Jesse Plemons siempre cumplidor, dando vida a un personaje que modula muy bien su tránsito, mientras navega por la corrupción de las altas esferas.
Lakeith Stanfield
En contra, las relación emocional entre los personajes se toma demasiado tiempo para mostrarse concreta, especialmente en el aspecto romántico, retrasando innecesariamente la intensidad de sus mejores escenas, y lo peor, desviando en algún caso la atención de su tono revolucionario, un punto donde el film se hace verdaderamente relevante.

Finalmente, el retrato de King sobre la que posiblemente, haya sido la época más convulsa de los Estados Unidos, al menos en lo que se refiere a la reivindicación de los derechos civiles, contiene luces y sombras, pero se puede decir, volviendo a la reflexión original, que 'Judas and the Black Messiah es un trabajo interesante, sobre todo si se tiene en cuenta que cincuenta años después, su historia suena tristemente actual y cercana, algo que convierte su pertinente discurso en algo relativamente necesario.


<Lee ésta crítica, y muchas más, en Fusion-Freak.com>
7
17 de marzo de 2021
28 de 38 usuarios han encontrado esta crítica útil
SHAKA KING construye un film basado en hechos reales, que nos narra la dura lucha de FRED HAMPTON, liderando a los BLAK PANTHER, y cómo consiguió unir a las principales pandillas callejeras para su lucha contra el racismo y la discriminación.
Interesante observar el desarrollo del movimiento revolucionario contra la opresión, formando a sus seguidores. Los que vean que en lugar de ello “alecciona” tienen un problema.

El director narra un BLAXPLOITATION para acercar la dura lucha llevada a cabo en los años 70 por el colectivo afroamericano. Destaca un interesante guion, bien estructurado y contado de forma veraz al espectador, que hará las delicias de dicho colectivo. Pero existe un problema y es que se le olvida lo más importante, ya que el film carece de la garra que sí que tuvieron los sufridos luchadores originales. Donde queda más patente lo expuesto es en la historia de amor de los protagonistas, que para nada llega al espectador, en cambio en los discursos y en lo que respecta al movimiento revolucionario si consigue el objetivo.
Daniel Kaluuya & Lakeith Stanfield
Por otro lado, muy destacable y meritorio es el trabajo en lo que respecta a la fotografía y a la ambientación.

Al frente de las actuaciones se encuentran DANIEL KALUUYA ( FRED HAMTON) como el JESÚS NEGRO y LAKEITH STANFIELD (BILL O’NEAL) como JUDAS, pareja que ya coincidió en la terrorífica DEJAME SALIR, realizan unos meritorios trabajos pero falta química entre ellos. Junto a ambos, destaca un buen elenco de secundarios, destacando DOMINIQUE FISHBACK como la pareja del protagonista y el prolífico JESSE PLEMONS (ROY MITCHELL), curiosa la aparición de MARTIN SHEEN como EDGAR HOOVER, escondido detrás de un interesante maquillaje.

Destacar también la estupenda canción “FIGHT FOR YOU” que junto a una ambientación que nos recuerda a los clásicos de SHAFT abre el film.

En definitiva, estamos ante un buen film reivindicativo de BLAXPLOITATION, con una interesante y triste descripción de lo que acaeció en la realidad, pero que peca de falta de emotividad. Hay que esperar al final para que se toque la fibra del espectador cuando se visionan imágenes de los verdaderos protagonistas y que fue de sus tristes vidas.
7
14 de marzo de 2021
14 de 17 usuarios han encontrado esta crítica útil
Hola de nuevo, esta vez vengo a hablar de Judas And The Black Messiah, una película que me ha gustado muchísimo, se nota que es una película de peso, una película candidata a premios y después de un año tan flojo una película así se agradece y mucho.

Lo dicho llevamos un año malísimo, tanto fuera de la pantalla como dentro, con películas todas de plataformas streaming donde casi todas brillan por su ausencia de calidad, mirando a todo lo que vi el año pasado, me sobran dedos de la mano para contar las buenas películas, y encontrarme con una cinta así ha sido muy gratificante.


El tema que trata y la trama son temas raciales y políticos antiguos, pero parece ser que aún estando en el siglo 21 seguimos en la misma tesitura, visto mas recientemente con el caso Black Lives Matter, y la brutalidad policial, viendo ésta me recordó mucho la peli de Detroit con temas diferentes claro está pero con el mismo hilo argumental, racismo y brutalidad policial, en ninguna de las 2 películas pintan bien a los ("Cerdos = Policias" así los llaman los panteras) pero es que no son buenos, abusan y maltratan al pueblo de color cómo si fueran mosquitos.
Daniel Kaluuya
En esta película destacan los 2 protagonistas Lakeith Stanfield es el que lleva casi toda la película a hombros y sabe mantener el papel, aveces le odias y a veces perdonas, Daniel Kaluuya tiene un papel impresionante y su trabajo es descomunal, tiene un monólogo o discurso llámalo como quieras, de 10 minutos dónde se come la pantalla, la película y a todos, solo por esa escena ya le valen las nominaciones a premios, es un actor que a mí me gusta mucho viene tambien de hacer otro papelón en Queen & Slim otra película de tintes raciales.

Los 2 actores son las 2 cara de la moneda, Kaluuya es la cara tranquila, calmada y sosegada, la cual sabe lo que quiere y esta seguro de lo que está haciendo, en cambio Lakeith es todo lo contrario, es un manojo de nervios, duda todo el tiempo de sus actos y no sabe que va hacer al final por sus dudas, el nombre del titulo le viene qué ni pintado, la forma en la que están interpretados es una delicia ya qué los 2 tienen la película en un punto de tensión constante.
Daniel Kaluuya
Otra cosa qué me gustó fue su apartado sonoro, todas las escenas qué cuentan con música es muy buena, sabe darle el ritmo, la tensión y acompaña las imágenes de forma brillante, al igual que la fotografía tiene un encuadre buenísimo donde hay escenas con todos los personajes bien colocados, uniformados y preparados para una imagen muy potente.


Para despedirme diré que es una joya de las qué en estos tiempos escasean, tiene una historia real y cruda, y un montaje muy directo dónde a mitad de la cinta arranca y no te deja hasta el último minuto, una película muy recomendada.


Lo mejor: la interpretación de Kaluuya y la música.

Lo peor: las ratas


Nota final: 7.5

ToDd
8
4 de mayo de 2021
12 de 15 usuarios han encontrado esta crítica útil
Terminando de ver “Judas and the Black Messiah” (2020) de Shaka King con Daniel Kaluuya, Lakeith Stanfield, Jesse Plemons, Martin Sheen, Ashton Sanders, Lil Rel Howery, Algee Smith, Jermaine Fowler, Robert Longstreet, Terayle Hill, Dominique Fishback, Nick Fink, Darrell Britt-Gibson, entre otros.

Drama nominado a 6 premios Oscar incluyendo Mejor Película, trata sobre un informante del FBI, cuyos motivos son, en el mejor de los casos, cuestionables...

Basado en hechos reales la historia gira en torno a un delincuente que se dedica a robar coches, y al que, tras ser detenido, El FBI le propone la absolución de sus delitos si coopera con ellos infiltrándose en el partido “Panteras Negras” del líder negro Fred Hampton, un activista y revolucionario socialista estadounidense; tan carismático que lo coloca directamente en la mira del gobierno, el FBI y la Policía de Chicago.

Este es el 2° largometraje de Shaka King, y la 1° película en tener todos los productores negros al ser nominada a Mejor Película en los premios Oscar, así como la 1° en tener varios actores negros nominados en la categoría de actuación, y la 1° primera película en tener a un actor británico negro en ganar un Oscar en dicha categoría.
El filme con claras y obvias referencias bíblicas, es una dramatización electrizante de eventos históricos, una condena enérgica de la injusticia racial y un gran triunfo para su director; pero sobre todo a las actuaciones de Kaluuya y Stanfield; sin olvidar sus temas oportunos, lo convierte en un relato escalofriante de opresión y revolución, coerción y la traición; por ello es aún más impactante por la vigencia constante de sus temas; aunque el foco de la película son los pensamientos y los sueños de Hampton.

No obstante, los 2 actores principales que fueron nominados en la categoría de actor de reparto resultó inesperado y confuso; porque si Stanfield y Kaluuya son ambos actores secundarios:

¿De quién se supone exactamente que trata esta película?

Por un lado, esto se debe al hecho de que La Academia de Hollywood permite que cada miembro votante determine por sí mismo, en qué categoría cae la actuación de un actor, ya sea protagonista o secundario... pero Stanfield fue una gran elección.
Aunque Bill tenía 17 años entonces, fue una persona interesante que tomó decisiones cuestionables, y gustó el conflicto que se generó con el tiempo entre su lealtad al FBI y al partido “Pantera Negra”; de ahí que Lakeith Stanfield da una de sus mejores actuaciones aquí, con tantas capas y matices en su interpretación para dar una idea de cómo es su personaje.

Y a pesar de conocer la historia, todavía sorprendieron algunas de las cosas que hace O'Neal, y de alguna manera, Stanfield se las arregla para hacerlo sentir algo comprensivo al final.

Pero la principal atracción aquí es Daniel Kaluuya, que es fascinante como Fred Hampton; sacando el acento de manera brillante, agrega mucho carisma y poder al diálogo; su forma de hablar, elocuencia y carisma se vuelve tan poderoso por la energía y la confianza que Kaluuya aporta a cada palabra que sale de su boca.

¡No podía creer que fuera el mismo hombre de “Get Out!!

Y por ello, Kaluuya obtuvo el Premio Oscar al Mejor Actor de Reparto.

Ciertamente aquí hay mucha libertad con la historia del “judas” y la razón por la que "el mesías negro” haya sido asesinado en realidad se desconoce, tanto como si Bill O'Neal fue en realidad la persona que envenenó a Fred Hampton...

El otro Oscar fue para Mejor Canción Original “Fight for You” interpretada por HER, que realmente cierra las heridas del visionado y provoca que levantemos el puño por los que no están y para seguir con la lucha por los derechos civiles.

Al filme se le puede achacar el mismo inicio de “documental rápido” que tienen todos los filmes biográficos, en especial sobre personajes negros; personajes que aquí van y vienen constantemente, prácticamente sin desarrollo; y en lugar de centrarnos en lo que convirtió a Fred Hampton en una persona tan poderosa:

Su política, sus palabras, su análisis... nos vemos obligados a ver una historia bastante cliché, con una versión bastante superficial de un informante.

En cuanto al personaje de Bill Oneil, quien desafortunadamente se convierte en el personaje principal de la película, no tenemos una idea de su ideología o sus motivaciones, solo que quiere dinero... pero lo más interesante que aprendemos sobre él, es el metraje real del documental que aparece al final, lo que me hace preguntarme:

¿Por qué no estoy viendo un documental en su lugar?

Quizás el valor de la película radica en que la violencia no trae cambios duraderos, y que la mayoría de los estadounidenses no se relacionan ni con Las Panteras Negras ni con J. Edgar Hoover, sin olvidar el poder corrupto que se niega a escuchar y ceder derechos civiles universales.

Por ello el filme es relevante e importante, particularmente el énfasis en el socialismo y la coalición arcoíris; no podría ser más oportuno con todo eso del #BlackLivesMatter, y por ello es una película electrizante, porque a través de la fuerza y la magia del cine, se denuncia los abusos de personas que en su momento lucharon por su pueblo, y que lamentablemente continúan haciéndolo.

“Yo soy un revolucionario”

RECOMENDADA

http://lecturascinematograficas.blogspot.com/
7
18 de abril de 2021
9 de 10 usuarios han encontrado esta crítica útil
Me llama la atención y también me preocupa no saber nada, ni si quiera haber escuchado o leído nada acerca de la historia real en la que se basa Shaka King para Judas y el mesías negro. Conocía a Malcolm X, a Martin Luther King Jr. y a Las Panteras Negras pero... ¿Por qué no conocía a Fred Hampton? ¿Por qué ha tenido que venir un negro a explicarme una parte tan importante de la lucha por los derechos civiles? Pienso que la respuesta es clara. La invisibilización del colectivo afroamericano, sufrida desde que el mundo es mundo, tiende a que se nos comunique la información que solo unos quieren, adulterada y superficial conforme a los intereses de los que nos doblegan, de las altas esferas para las que el capitalismo es su máxima vital. Pero no es una película que solo habla de negros. Es una película que habla de justicia social. De la unión de la gente por una misma causa: la igualdad y la libertad. De mirar a los ojos de quienes nos pisan. De reivindicar la dignidad humana que nos merecemos frente al abuso y corrupción de las caras más torcidas de un sistema que empobrece al pobre y enriquece al rico. Es una película más cristiana que muchas otras que solo se disfrazan con cruces y espinas. Es una película realmente encabronada con una situación de racismo insostenible que no solo pasó, sino que sigue pasando como podemos comprobar. Es un grito de ayuda, de hastío y de rebelión en perfecta armonía con otras de las nominadas a mejor largometraje como Minari. Historia de mi familia (Lee Isaac Chung, 2020) y Una joven prometedora (Emerald Fennell, 2020) que se preocupa lo suficiente para transmitir el mensaje de forma nítida, directo y sin titubeos, sin caer en la acritud de la doctrina o la sensiblería del victimismo en un tipo de cine social en el que esto es fácil cuando la involucración en la lucha de su director es tan grande y firme.
Daniel Kaluuya
La película soñada por Spike Lee me funciona en muchas cosas, en otras, no tanto. Me encanta cuando se abraza el thriller más intenso con la doble moral del verdadero protagonista de la película, Bill O' Neal (Lakeith Stanfield), en su labor de Cosa impostora infiltrada en la base científica del capitán Hampton (Daniel Kaluya). Y odio cuando se desvía de esta idea con dramatismos y romances disuasorios de esa línea principal. Bill O' Neal es, en lugar de un alienígena capaz de mutar en una persona como en la ineludible La cosa (El enigma de otro mundo) (John Carpenter, 1982), una rata capaz de disfrazarse de la persona que quiera. Un topo que define, en mayor o menor medida, a un gran sector de la sociedad cuyo nulo posicionamiento político, a pesar de pertenecer a la misma raza asesinada o asediada por el mismo ser inhumano e invisible, favorece la labor de acoso y derribo hacia los más vulnerables por ignorancia, parsimonia o mero egoísmo, como tan bien recrea King en su contrargumento con la idea aristotélica de que la virtud está en el término medio. Pero es fácil posicionarse en el término medio, alegando que los 'extremos se chocan', siendo un esclavista como Aristóteles o perteneciendo a una clase privilegiada como Roy Mitchell (Jesse Plemons), ¿verdad?
Y es por esto que funciona tan bien en ese sentido. Porque no es solo la palabra la que apoya el discurso de King, es porque el hecho histórico existe y, más preocupante, se extiende hasta nuestros días. Porque la oratoria de Hampton está constatada y justificada, razón por la que es tan atractiva para el público general que es, en mayor medida, el que sufre la aporofobia del capitalismo. Aunque tenga elementos de la blaxploitation, no pertenece, ni por casualidad, a este movimiento por el simple hecho de que fue una estigmatización en torno a la delincuencia de la población negra, siendo Judas y el mesías negro radicalmente opuesta a estereotipos o sesgos sociales. Es de activismo por la igualdad, y tiene una escena preciosa en la que esto se resume de manera brillante involucrando a los representantes de la herencia cultural sureña tan injustamente analfabetizados por el memorándum popular.

Para tener un buen dúo de actores casi siempre se requiere química entre ellos, pero la antiquímica también es capaz de brindar grandes dúos (véase, por ejemplo, Malcolm McDowell y Robert Shaw en la Caza Humana de Joseph Losey) como, en este caso, el de Kaluya y Stanfield. Consiguen hacer incómodas escenas de fraternidad que deberían aliviar la tensión por la cercanía de una broma o la confidencia de un diálogo, pero el desapego entre ambos actores, la nula complicidad que mantienen es perfecta para potenciar el mensaje de King y la hipocresía de su protagonista. He de decir que, aunque Stanfield tenga mayor presencia en el argumento, Kaluya es capaz de colapsarlo. Quizás sea porque su papel es intencionalmente histriónico o por lo increíblemente carismático y expresivo de su intérprete, pero Kaluya consigue, muy a favor del argumento y mensaje, acobardar en el mejor de los sentidos la buena interpretación de Stanfield. Jesse Plemons también está soberbio en su gélida actuación de la perversión social, replicándolo en forma de hipérbole un hipercaracterizado Martin Sheen que he llegado a confundir con Robert Duvall.
El mayor contrajuego de la película es el marcado ritmo que perpetra el motor de la narración, Billy. No solo es extremadamente lento en muchos tramos, sino que la repetición del mismo concepto hasta las rupturas de tensión se me antojan demasiado monótonos aun entendiendo su necesidad para remarcar el mensaje y hacer más latente la problemática en base a la profundización gradual del conflicto de sus personajes a las que las pobres escenas de acción y thriller no terminan de compensar tan bien como deberían, véase la fugacidad de la escena del primer tiroteo o la reprochable escena del interrogatorio de Judy Harmon (Dominique Thorne) a Billy.
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
spoiler:
De todas formas, Judas y el mesías negro es una película que atrapa por lo enérgica y reveladora que es, pero también por su desvergonzada vigencia aun con su ambientación sesentera y la violencia dialéctica y estética que acoge para su necesaria proclama porque, ¿cómo se hace una revolución sin violencia? (6.5).
Cancelar
Limpiar
Aplicar
  • Filters & Sorts
    You can change filter options and sorts from here
    arrow