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La isla mínima

7,2
58.602
votos
Sinopsis
España, a comienzos de los años 80. Dos policías, ideológicamente opuestos, son enviados desde Madrid a un remoto pueblo del sur, situado en las marismas del Guadalquivir, para investigar la desaparición de dos chicas adolescentes. En una comunidad anclada en el pasado, tendrán que enfrentarse no sólo a un cruel asesino, sino también a sus propios fantasmas. (FILMAFFINITY)
Críticas ordenadas por:
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5 de octubre de 2014
478 de 525 usuarios han encontrado esta crítica útil
Debo confesar que esta película me ha atrapado por varios motivos:
- La trama roza el sobresaliente. El espectador se enfrenta a ella como si fuera una gran madeja de hilo del que vamos tirando poco a poco hasta descubrir todo el pastel.
- Los personajes protagonistas son estupendos, increíblemente interpretados, sin caer en estereotipos maniqueos.
- La ambientación es magnífica. Esa sensación de pueblo abandonado de la mano de Dios es fantástica.
- Mención especial para algunas escenas que realmente te dejan congelado en el asiento.*
- Desde mi punto de vista, algunos actores secundarios no están a la altura, aunque afortunadamente tienen pocas frases.
- Por último me gustaría aclarar que el final no es confuso, y que visto a todo lo que se está escribiendo por aquí, me gustaría explicarme en la parte de spoilers.*
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
Kemp
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20 de septiembre de 2014
190 de 219 usuarios han encontrado esta crítica útil
El cine de género español lleva unos años en alza, y el thriller es uno de los más beneficiados de la nueva hornada de realizadores locales. Mientras que un porcentaje de estos nombres se han visto obligados a irse a trabajar al extranjero, con resultados desiguales en lo cualitativo pero ricos en lo económico (el caso más notorio, el de Jaume Collet-Serra y sus cintas con Liam Nesson), existe otro pequeño bloque de autores que sigue trabajando en el país: Cabezudo, con dos obras tan importantes como "La noche de los girasoles" y la miniserie "Crematorio"; Daniel Monzón, con "Celda 211" y "El Niño"; Enrique Urbizu con "No habrá paz para los malditos"; o Alberto Rodríguez, con su "Grupo 7" y ahora "La isla minima" confirman esta tendencia. Lo que sucede es que por fin se han plegado los bordes y si Cabezudo creó un modelo de calidad con "La noche de los girasoles" por fin ha llegado alguien a cogerle el testigo. Una cinta que además, al contrario de lo que ha ocurrido este año con "El Niño", no se rinde al modelo norteamericano para construir su narración ni sus secuencias de acción. Funciona como una obra de aquí, y de ahora.

"Grupo 7" ya supuso un salto de gigante para Alberto Rodríguez, que demostró nervio y talento para moldear a los actores a su gusto y sacar lo mejor de ellos, convirtiendo a su reparto no en un fin sino en un medio para llegar a donde quería. Si aquel film estaba azotado por la furia, la agilidad y lo, digamos, visceral, aquí la cosa cambia. El registro es más pausado, los silencios ganan fuerza y el ritmo es acertadamente tranquilo. No es cine contemplativo, tampoco vamos a volvernos locos, es simplemente una cinta perfectamente comercial que conoce el lenguaje que utiliza y lo explota con inteligencia. La historia sigue básicamente a dos policías encargados de resolver un caso de desaparición de unas hermanas, pero como no podía ser de otra forma, la cosa se sale de ese perfil para apuntar más hacia lo verdaderamenet turbio.

La inteligencia que se demuestra desde el propio guión ya es digna de elogio, sin ningún remarcado -visual, hablado- a la hora de disponer las pistas, funcionando en la atención al detalle con total certeza. Lo mismo ocurre con la dirección: Rodríguez estructura la película como una investigación inicialmente en conjunto, luego en paralelo alternando personajes y la concluye de la mejor forma posible, incorporando ciertos planos aéreos que podrían funcionar como finales de un mismo capítulo. En cierto sentido se ve que aquí podría haber una serie con mucho más metraje, porque los personajes principales son interesantes, da gusto verlos (las interpretaciones son excelentes, aunque Antonio de la Torre está bastante desaprovechado) y se atreve incluso a cerrar subtramas de forma razonable. Se me ocurren muy pocos thrillers recientes, españoles, europeos o mundiales, lo mismo da, que funcionen en este aspecto a un nivel tan alto.

Si a todo lo anterior le sumamos que Rodríguez filma como quien respira, creando algunas secuencias memorables (cierta persecucion nocturna, la forma en que usa la lluvia, los campos y en general el paisaje, para reforzar la narración y no a modo de simple decorado) caeremos en la cuenta de que estamos ante una película magnífica. No es excelente, pero lo mismo da: ojalá hubiera thrillers de este nivel cada año en el cine español. Que la produzca Atresmedia tiene aún más gracia porque no suelen tirar por este registro, pero cuando han hecho algo bien, hay que reconocérselo. Por cierto, siento que tengo que decir algo porque se intentado buscar el quote fácil a través de ello y quiero que la gente no se lleve a engaño: esto no es "el True Detective español". Si bien hay cosas que a un nivel muy superficial puede llevar a pensar en la serie de la HBO (secuestros, dos detectives, alguna situación, zonas pantanosas/lagos) es todo puro marketing. Etiquetas hechas para vender.

"La isla mínima" es, sencillamente, "La isla mínima". Que no es poco. A ver lo que tardamos en ver un thriller así de bien facturado -y escrito, e interpretado- en nuestro país. Bastante, eso seguro. Y dicho todo lo anterior, y resumiendo: id a verla. Exige paciencia, pero la recompensa merece la pena. Los mejores thrillers son estos, de hecho. Dos joyas asiáticas como "Cure" o "Memories of Murder" pueden dar fé de ello.
Caith_Sith
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28 de septiembre de 2014
172 de 193 usuarios han encontrado esta crítica útil
Ya se sabe que en España, la calidad de una película y la cantidad de sus diálogos son factores inversamente proporcionales, y una consecuencia inmediata para arreglar este problema, mucho más barata que impartir cursos de dicción a la mayoría de los actores nacionales, se puede obtener de películas como Vacas o Tasio. Hablamos del personaje rural, rudo y de poca palabra. Calladito y con la escopeta al hombro. Así puede fluir el metraje sin los cortes continuos que produce la antinaturalidad de las conversaciones y abstraen y disocian al espectador de la historia que se narra.

En La isla mínima las imágenes encefálicas, conseguidas gracias a una drónica, limpia y fractal fotografía, generan estructura y personalidad, que es mucho generar, no sólo en nuestro cine si no en el de cualquier parte del mundo. Se añaden a este ambiente campos secos, bigotes, pegatinas y coches viejos que dibujan una mezcla de distintas españas, todas oscuras: la reprimida, la de cañas y barro, la de Puerto Hurraco y la de la bola de cristal, no respectivamente.

El caldo de cultivo está listo. Para activar las reacciones poco hace falta. Y Rodríguez lo pone: un personaje más complejo que Rust Cohle (muy grande el chiquitín), otros buenos actores no muy conocidos y algún (inevitable por la historia) actor jovencito con frase, eso sí, bien vigilado y atado en corto. Una banda sonora a la que quizás le falte un poco de garra y por supuesto (y esto sí que está desaprovechado) dos o tres canciones con feeling, de las que empujan la emotividad, el empalme masivo o la humedad colectiva, que está de moda (a veces excesivamente), porque funciona, y funciona bien; el Sé de un Lugar, en la feria o el Hey para la disco con el chiquitín y las dos mujeronas. 1980, por dios, había bastante para elegir. Los ingleses se hinchan a pinchar a Bowie o a los Clash y los americanos a Cohen o Talking Heads. Porque funciona, joder, es la verdad.

Lo que sí que es arriesgado por estos lares es incluir acción. De la americana, la de las explosiones y los coches volando. Es demasiado caro y complejo, se requieren demasiados recursos que por aquí escasean, y al final se invierte todo el dinero y la imaginación (pregunten a Segura o Monzón) en tres escenas que no alcanzarían ni el diploma de consolación en un torneo internacional. Bien, pues la peli que nos ocupa tiene acción. En las escenas de violencia es directa y desagradable y en la de la persecución es inteligente porque está cargada de detalles y rodada con claridad. No se llevaría el primer premio, aunque le daría mil vueltas de campana al ganador.

Hay alguna cosilla desmesurada, como las niñas de un colegio de mala muerte de un pueblo perdido en una tierra salvaje, que cualquiera de ellas sería el pivón del curso completo, del A al D, en mi mega colegio pijo y urbanita de aquella misma época, o las conversaciones telefónicas con su mujer, intrascendentes a más no poder, del segundo prota. Pecata minuta para una producción magnífica que junto a otras dignas de este milenio como La noche de los girasoles, Celda 211, No habrá paz para los malvados o Grupo 7, parece que van creando un policíaco decente que no sé si desembocará en algún subgénero autóctono o no, pero mientras tanto, por el camino, yo me entretengo, tengo.
Sines Crupulos
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28 de septiembre de 2014
273 de 409 usuarios han encontrado esta crítica útil
Si tuviese que resumir la película en una frase sería esta: un gran despliegue de medios técnicos y humanos al servicio de una historia plana y aburrida.

Empecemos, no obstante, por el lado positivo de la cinta: la ambientación, la fotografía, la composición de las escenas, los planos están verdaderamente cuidados, hechos con mimo y esmero; aunque pueda cansar tanto plano cenital. También son positivas las persecuciones en coche y la secuencia de desenlace bajo la lluvia. Los protagonistas, uno mejor que otro, pero no desmerecen.

Sin embargo, todo ese despliegue de medios está puesto al servicio de un guión que, en mi opinión, no funciona. Y no funciona en varios aspectos. Primero en su género: el film no funciona como un thriller, por mucho que se lo quiera ensalzar como tal. Como thriller es simplón, va de A a B, con absoluta linealidad, presentando una historia plana, por momentos aburrida, sin evolución de personajes, con una interacción entre protagonistas muy poco definida, con abundante sobre-información que luego no se aprovecha en la historia (ver spoiler) y con un final mal cerrado. Quizá como película costumbrista tenga más sentido, pero para mi gusto tampoco funciona correctamente en ese formato, porque como retrato costumbrista faltan minutos dedicados a los secundarios que den complejidad a la historia y que desarrollen subtramas más detalladas; que vayan más allá de la del thriller. ¿Es un retrato costumbrista dar unas pinceladas sobre la lucha obrera y el éxodo rural? Habrá a quién le parezca suficiente, a mi me parece escaso.

En definitiva, una película que a tenor de las críticas parecía una cosa, pero que después de verla, me ha parecido algo muy distinto; y sin lugar a dudas, muy alejado de ese "True Detective" que a pesar de sus defectos está muy por encima de la calidad de esta cinta. Pasable, sin más.
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
llamamepanete
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30 de septiembre de 2014
217 de 330 usuarios han encontrado esta crítica útil
Thriller con un toque negro, no demasiado, a cargo de Alberto Rodríguez, quien también co-escribe el guión de «La isla mínima». Loable y efectivo intento que siempre es de agradecer en el cine español, pero que termina descompensándose. Como veo que todo el mundo alaba el guión apunto en spoiler algunas lagunas, por no decir marismas, que no pueden tolerarse en una obra genial.

Factura técnica destacable gracias a la sincera y opresiva ambientación andaluza, y a una fotografía occipital impresionante cargada de símbolos y efectos visuales; por ejemplo el paisaje de los créditos iniciales es un cerebro en toda regla. El toque excelente lo aportan los actores, y no me refiero a Jesús Castro, a quien encuentro pésimo, sino al dueto protagonista. Raúl Arévalo es un intérprete con personalidad y reconozco que me encanta su estilo, su voz, sus ojos entornados; el hándicap con el que cuenta es que su personaje se perfila a la sombra de su compañero de reparto, el agente Juan, verdadero héroe de la historia. Javier Gutiérrez asombra en un papel dramático con un personaje que logra una sincronización absoluta entre la suavidad y la dureza; obvio el recurso de la enfermedad terminal como supra castigo divino por sus maldades porque me repatea.

Eso no es ser valiente, señor Rodríguez, sino caer en el cliché; el mismo en el que cae al introducir la Brigada Político Social y las torturas. Me pregunto qué aporta a la historia, excepto la tan manida y manipulada ambigüedad moral, elemento importante de la película que sin embargo no tiene fundamento: para que una persona sea buena y mala a la vez, hay que darle una justificación, una coherencia interna que no ocurre, o no se ve, en la película. De hecho, si la idea era confrontar dos modelos de pensamiento, «La isla mínima» ha fracasado. Primero, porque Rodríguez no imprime la tensión que se esperaría entre caracteres tan teóricamente contrarios, si es que lo son visto lo visto. Dos, porque hay una falta de diálogos alarmante, así que los personajes, silenciosos y profesionales, evitan tener que explicarse uno al otro su visión sobre la vida, la justicia, la política, la violencia o los remordimientos, y de esta manera se omite entrar en el laberinto del post franquismo con verisimilitud y reflexión.

Tal cual es, te hace pasar un rato enganchada. Al final, ¿todo está en orden o no? Pues mira, no lo sé, pero adivina quién es el culpable.
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Kaori
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