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Apunten al camión de policía

6,2
80
votos
Sinopsis
Un tirador profesional mata a dos prisioneros trasladados de noche en un carro de policía. El guardia del carro, Tamon, es suspendido por seis meses. Entonces comienza su propia investigación de los asesinatos. ¿Quienes eran las víctimas, sus novias, quienes más estaban en el carro esa noche? Mientras investiga, otros mueren, accidentes inesperados ocurren, y varias pistas lo llevan hasta la agencia de acompañantes Hamaju. Su dueño está ... [+]
Críticas ordenadas por:
17 de diciembre de 2009
6 de 6 usuarios han encontrado esta crítica útil
Un agradable trabajo de la primera etapa de la carrera del extraordinario talento Seijun Suzuki, que además de funcionar con total validez por si mismo y mostrar la notable desenvoltura profesional del director, sirve para conocer y contemplar la manera en la que Suzuki ayuda a construir un género no solo desde su base industrial sino también desde sus constantes estéticas. Un proceso de construcción análogo a la futura demolición del mismo que emprendería en breve, demostrando con claridad que para lanzarse a deconstruir primero hay que saber hacer, que para desmontar y forzar mecanismos hay que conocer su funcionamiento interno a la perfección.
De esta manera lo que queda aquí es un “thriller” por el carril que transpone al Japón de la época las coordenadas del “noir” y el misterio de la escuela norteamericana, tanto la cinematográfica en clave “b” (desde la fotográfica en claroscuro, al uso de la voz en “off” pasando por la férrea primera persona en punto de vista narrativo) como la literaria (con citas directas a Ellery Queen o William Irish) al que Suzuki incorpora sus propios intereses estilísticos; una irrefrenable querencia por el “pulp” y la estilización, ejemplificada en detalles como el francotirador que pega su chicle en la mirilla antes de disparar o la importancia de unas gafas de sol en la resolución. A lo que se suma un inicio y final extraordinarios, con detalles tan ingeniosos como la lectura de los carteles de peligro de la carretera a través de la lente telescópica del fusil, ejerciendo así tanto de señales para los personajes como para el espectador, o la rara abstracción del tiroteo entre los trenes.
Adrian Esbilla
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6 de junio de 2020
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Un asesino oculto en la noche y un asalto en plena carretera son los resortes de una intriga de manual donde no falta absolutamente nada: el agente encargado de encontrar a los culpables, la chica misteriosa que parece saber toda la verdad, el hombre de paja que al final servirá de cebo y un enigmático individuo que lo dirigirá todo desde las tinieblas...

Se termina una etapa y otra comienza. La llamada edad de oro de la industria japonesa ha dado alguna de las obras maestras del cine universal, logrando el reconocimiento en territorio extranjero y causando sensación en festivales internacionales, pero la cosa está cambiando; en el seno de los grandes estudios empiezan a surgir nuevos talentos que, de un momento a otro, se emanciparán y crearán sus propias compañías independientes. A la vez que Ozu y Naruse ven el final aproximándose una Nueva Ola comienza y la capitanea gente como Oshima, Masumura, Shindo, Yoshida o Kurahara.
Para el sr. Seijun Suzuki, otro de sus baluartes, también va a iniciarse un nuevo periodo, tan enriquecedor como convulso; ha sabido imprimir su sello bajo contrato y exigencia de Nikkatsu a través de baratos encargos mayormente enmarcados en dramas juveniles y cine de género prestado del americano (el "noir"). Ahora se prepara para despuntar en este campo con otro recado escrito por Shinichi Sekizawa ("El Último Tiroteo", "King Kong contra Godzilla") basándose en una idea de Kazuo Shimada, y con el que empezaría a dar forma al estilo y las claves de su cine posterior, sobre todo el de suspense y policíaco.

"Muchos accidentes han ocurrido en esta zona. ¡Cuidado!". Con estas palabras de advertencia observadas por la escrutadora mirilla de un rifle portado por un hombre sin identidad da comienzo esta fábula que a partir de aquí mostrará una evidente inclinación por los clásicos patrones del cine negro americano y europeo, y bien lo refuerza la idea de que los créditos vayan apareciendo sobre una carretera oculta por el manto de la noche por la cual vamos circulando. El susodicho rifle apuntará a un camión de prisioneros en mitad de un camino solitario y la tensión, así como los primeros enigmas de la historia, se disparan.
Tras este suceso, bien filmado por Suzuki, seguiremos en sus pesquisas a Daijiro Tamon, el oficial al mando que se encontraba en el vehículo, para esclarecer tal atentado; de este modo el guión de Sekizawa se constituye como una trama policíaca en la más estricta tradición del género con ese hombre maduro y sosegado, que mejor debiera olvidarse del tema, actuando como si de un trasunto de Marlowe y Spade se tratase, esto es, como los duros y expeditivos detectives de las novelas "hard-boiled" (para más inri se hacen alusiones literales a Ellery Queen y William Irish (alias de Frederic Danae y Manfred B. Lee, y Cornell Woolrich) y John D. Carr, algunos de sus más grandes autores).

De hecho el director no oculta sus influencias y todo en su obra, desde la atmósfera y los personjes hasta el escenario y los detalles en él dispuestos, destilan el embriagador aroma del puro "noir". En todo momento, como es de esperar, seguiremos el film desde el punto de vista del protagonista, que apoya a la narración con sus pensamientos y emociones internas embarcándose en una investigación más peligrosa de lo que en principio esperaba; en ella encontramos una organización criminal dirigida por tipejos crueles y repulsivos cuyo mayor sustento es la trata de blancas, espinoso tema observado con bastante acidez y aspereza por Suzuki.
Entre la corrupción y los asesinatos estará también implicada una guapa e impasible "femme" (no se sabe si "fatale" o no) instigadora de la tensión cuyo corazón se gana el policía y que ocultará muchas claves que se irán revelando tan rápido como se pueda (pues el escaso metraje, prácticamente el tiempo que se tarda en leer una novela negra de bolsillo, tampoco da para enrevesar demasiado el misterio). El papel de la mujer será el motor que haga avanzar la trama, y las múltiples féminas con las que se irá cruzando el intrépido Tamon determinarán los acontecimientos, todas y cada una de ellas bajo el halo de la influencia occidental y pleno negativo de la clásica imagen de la japonesa sumisa y obediente.

Y sobre todos estos personajes, marcados por el estigma del "no retorno" (advertido en las señales de tráfico, que están por todas partes) y el deseo de no mirar atrás, la presencia de un maestro de ceremonias, y "macguffin" argumental, apodado "Akiba", que maneja los hilos y a los demás desde las sombras. Suzuki se aferra a los códigos del policíaco "B" empapándose de influencias (Lewis Allen, Don Siegel, Samuel Fuller, Joseph H. Lewis, Robert Siodmak) y le aplica sus propios tics, curiosos e imaginativos, pero esto es un arma de doble filo, pues al respetarse tanto el esquema del género los distintos enigmas y situaciones serán muy fáciles de pronosticar (la identidad de "Akiba" se intuye media hora antes, por ejemplo).
No obstante el nipón sabe desenvolverse como un artesano sin caer en torpezas, y su habilidad tras la cámara, además de los excelentes trabajos de fotografía y edición de Shigeyoshi Mine y Akira Suzuki, son un perfecto incentivo para dejarse atrapar en la narración, frenética y trepidante. En aspectos artísticos el plantel está plagado de habituales de Nikkatsu y el director, como el carismático Toru Abe, ese duro e inexpresivo Michitaro Mizushima, quien ya protagonizó "Underworld Beauty" junto a Mari Shiraki, y la guapa Misako Watanabe, ésta muy en la línea de las heroínas de los dramas "noir" americanos.

Ejercicio de tonos implacables, desapacibles y bastante sórdidos que empieza a mostrar la evolución de Suzuki hacia terrenos más perfeccionistas, aunque la dureza y desnudez narrativa mostrada en "Apunten al Camión de Policía" la diferencian mucho de los posteriores trabajos del cineasta, más provocativos y visualmente arriesgados.
Christian Jiménez
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