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India Song

Drama. Romance Recreación de la India de los años 30 a través de la historia de Anne-Marie, la esposa del vice-cónsul francés en el país. Harta del tedio cotidiano en que se ha convertido su vida, la mujer inicia una serie de aventuras amorosas que su marido conoce, pero pretende ignorar. (FILMAFFINITY)
Críticas ordenadas por:
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7 de septiembre de 2010
25 de 38 usuarios han encontrado esta crítica útil
Hay momentos en que "India Song" parece una obra maestra. El problema es saber de qué: ¿del cine?, ¿de la literatura?, ¿de una expresión artística que todavía no tiene nombre? Otros momentos parecen, sin embargo, susceptibles de provocar esa irritación asociada a la pretenciosa oquedad de lo pedante.

Recurramos a las hipotéticas y no contrastadas opiniones de algunas dilectas plumas de esta página y, sin embargo, amigas.

- Servadac poetizaría sobre voces que se ven e imágenes que se escuchan.

- Chago77 dudaría si ponerla por delante o por detrás de "El año pasado en Marienbad" como anuncio de perfume más largo de la historia.

- Helen, curtida ya en las más altas exigencias de gafas de pasta como buena superviviente de las siete horas y media de "Sátántangó", se la comería con patatas (aunque después pediría un chupito de "Vengador tóxico" para hacer la digestión).

- A GVD le gustaría que no le gustara, aunque existe la seria posibilidad que acabara llevándose un disgusto.

- Vivoleyendo se haría el harakiri con la mano izquierda, aprovechando la derecha para teclear y enviar su crítica a FilmAffinity.

- Entrañable la encontraría interesante, pero no tanto como el esperadísimo remake protagonizado por Steven Seagal, donde les corta la cabeza a las voces en off y acaba convirtiendo la película en un cortometraje porqué ya no sabe qué hacer.

- A antipseudo se le haría larga (la película, se entiende).

- Taylor diría: "Es rara de cojones".

- (Por si acaso, el PP la llevaría al Tribunal Constitucional)


En fin, creo que hablar sobre "India Song" es casi más difícil que verla. Como todo aquello que exhibe la etiqueta de "experimental" en su acepción más acérrima y extrema, tiene la capacidad de descolocar al espectador, que puede pasar sin solución de continuidad de la fascinación más boquiabierta al bostezo más exasperante. De ahí mi nota, no como valoración unívoca ni como promedio, sino más bien como signo de mi propia impotencia para saber a qué atenerme.
Quim Casals
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7 de noviembre de 2013
10 de 11 usuarios han encontrado esta crítica útil
La voz de un narrador anónimo nos sitúa en el film. Es esa voz asincrónica la que te ubica en los parajes y en las imágenes en una suerte de postcine donde la experiencia sensorial se eleva a primer término, aunque sea la imagen visual independiente de una narración que se presenta como texto literario a través de una palabra escrita (o leída) que parece habitar una (a)temporalidad al margen de lo que la pantalla refleja.

Y es que 'India Song' se va contando, como literatura en imágenes, desde la postal, mediante voces que recuerdan a lo apuntado en off en 'Hiroshima, mon amour' (film guionizado por la propia Marguerite Duras). Lo señala Jacques Aumont en 'Las teorías de los cineastas': «La imagen es transportada en la escritura; antes que nada es dicha en la escritura». Esa “lectura” de la imagen ofrece, por su estatismo (“el único remedio la inmovilidad, la lentitud. Ralentizar la sangre“), una tendencia pictórica en la composición fotográfica (separando el texto y la puesta en escena) tanto en los eternos escenarios interiores como en exteriores de melancolía impresionista que, por esa disociación texto-imagen, provocan en el espectador la sensación de abstracción, de, según Youssef Ishaghpour, habitar un no-lugar y un no-tiempo (ver 'Agatha et les lectures illimitées de Marguerite Duras. El texto literario y su (irre)presentación fílmica').

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«El gris del día, el movimiento específico de la luz, la alternancia de la luz solar y la lunar, el sol que se pone en el agua, la percepción líquida». Gilles Deleuze a propósito de 'India Song'.
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Hay una historia detrás de toda esta quietud y morosidad: romance, infidelidad, diplomáticos… Un melodrama. La trama es clásica aunque fragmentada. Incluso cierta y previsible metáfora de imperio colonial decadente, gigante ocioso que se va hundiendo en sus raíces. Por no hablar de la interpretación feminista y de liberación de la mujer que debe acompañar a cualquier comentario sobre esta directora-escritora. Pero más allá de esas cuestiones, y ahí radica el rasgo estilístico definitivo, es la literatura la que enarbola sus voces y nos canta la trama, la que se inmiscuye en mitad del espectáculo cinematográfico reclamando su espacio, su parcela (aspecto que Duras llevará al extremo en 'Agatha et les lectures illimitées', mostrando el propio texto escrito directamente dos veces a lo largo de la película). Como dijera Joyce: «The world made word, the flesh made word». Los actores y el plano permanecen, así, en una coreografía inerte y ralentizada de letras y esculturas de mármol.

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«'India Song' establece un extraordinario equilibrio metaestable entre una imagen sonora que nos hace oír todas las voces (in y off, relativas y absolutas, atribuibles y no atribuíbles, todas rivalizando y conspirando, ignorándose, olvidándose, sin que ninguna tenga la omnipotencia o la última palabra), y una imagen visual que nos hace leer una estratigrafía muda». Gilles Deleuze.
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La novelística (subvirtiendo la clásica relación cine-literatura donde suele ser la fuente literaria la que queda sometida a las necesidades cinematográficas) se impone hasta tal punto que la imagen enmudece ante la letra. Reviste, como mucho, no representa en sentido fílmico-teatral convencional . No reproduce lo que la voz “habla”; simplemente, y no es poca cosa, lo evoca. La imagen sirve de foto fija o panel. Ornato, ilustración o viñeta. Una escenografía que nos sitúa a nosotros, espectadores, allá donde siempre está la literatura: en un territorio atemporal. Porque el que lee, sabemos, no tiene tiempo. O se sitúa al margen de él durante unas pocas páginas. Así rompe Duras el ritmo cinematográfico de una trama que permanece en el éter, no en su desarrollo narrativo; así crea unas imágenes que se reproducen en el bucle lento de un fenaquistiscopio potenciando el efecto poético del film. El tiempo se alarga mediante planos fijos y secuencia, o en breves panorámicas donde los personajes miran al infinito y son proyectados por la letanía y oración de la voz en off.

Los actores son, consecuentemente, de una bressoniana languidez y anonimato en su ejecución (más maniquí con Duras, eso sí, que modelo). Algo así como un funambulismo del vacío por el que los personajes se mueven en un trance propiciado por la propia realizadora, que rodaba las escenas con música en el plató para provocar esas interpretaciones en estado de embriaguez.

Bressonianamente, también, el motor del Lancia negro.
Bloomsday
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4 de abril de 2011
6 de 6 usuarios han encontrado esta crítica útil
En una entrevista por radio, Marguerite Duras comentó la forma en que concibió el filme de India Song: “Lo primero que hice fue la música, el sonido llegó después, por lo tanto el filme fue musical antes de ser hablado, lo que nunca sucede porque siempre se agrega la música en último lugar. El film ya es un moderato cantabile, al comienzo, sin juegos de palabras, y luego un vivace en el medio, y al final un andante interminable. Para mí hay tres partes que se separan musicalmente”.

El escritor francés Dionys Mascolo fue el primero, de la crítica, que destacó el carácter musical del film: “Esta tragedia cinematográfica está íntegramente construida como una composición musical. […] Todo el film, incluyendo la imagen, está escrito como una partitura. Y como otras tantos pentagramas de esa partitura están las imágenes, su encuadre, los decorados en que se ubican o que se dejan al margen; los movimientos de cámara (su alternancia de movilidad e inmovilidad); los movimientos en el plano (coreografía); los gestos expresivos (el tempo de los actores, dirigidos como músicos de orquesta); la misma música –o más bien las músicas, ya que una es exterior y la otra no; los sonidos (los pájaros, el ruido cósmico del mar) de donde queda excluido todo efecto realista (pasos, puertas, vasos): en este aspecto el film es mudo; las voces, por último, un cuádruple sistema de hablas sin relación entre sí: voces ‘presentes’ de los oficiantes; voces intemporales que a veces comentan el acontecimiento evocado en la imagen a la manera de un recitativo, cuyos encantamientos permiten el cruce incesante de las fronteras del tiempo y que, otras veces, meditan sobre la acción ya realizada; la voz de la ‘mendiga’ finalmente, presente-ausente –eterna, dado que es la inocencia y la desgracia del mundo que siempre sobreviven”.

Con tan sólo cuatro escenas en interiores (con cámaras fijas en pocos ángulos distintos), múltiples secuencias largas y lentas en exteriores de la naturaleza de Calcuta (lugar donde se desarrolla esta historia) y seis actores que entran y salen del encuadre, Marguerite Duras consigue proyectar un film en el que lo que no se dice es aún más importante que lo que se dice, ramificando así su complejidad interpretativa e imaginativa (esta historia tiene muchas otras historias que sólo se intuyen), algo que es muy difícil (creo yo: lo más difícil) de conseguir en el arte.

No hay que acercarse a este filme esperando una narración como a las que estamos acostumbrados, sino como si fuese una experiencia sensorial: sonidos, colores, figuras, ideas…

9.0
Francisco Negrete
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17 de mayo de 2010
6 de 10 usuarios han encontrado esta crítica útil
Uno de los más zafios y, a la vez, abobados criterios segregacionistas, es el que se consuma mediante la siguiente yunta semántica: "aburrido / divertido". No solamente sofoca por su espíritu de cadetada y su memez, sino que culmina atufando. Damos por zanjado el tris ( ni tan siquiera promueve mohínas vastas ).

De modo que si los descentramientos o las inmigraciones del foco ( del cuadro ) suceden premiosamente, ni los barbetas quedan habilitados para echar sus ufanas y rechonchas boqueadas .

Vamos al corpus.

Si conjeturábamos que el cortometraje "The Dead" (1960) de Stan Brakhage, había coronado los posibles de una coloración infausta, "India Song" nos contradirá. Las perspectivas boscosas o acuáticas, incluso edilicias, ocurren en matices enjutos, hasta renqueantes. Comparten la regencia: lo umbrío, el verdinegro, y el hielo.

Los posesos divagan por el espacio escénico como corolarios del incienso. Uno de ellos ulula, impreca, expía.

Las añagazas de la fosforescencia no han de conquistarnos, la película es una auscultación ominosa, una postrimería del movimiento.

"India Song" es reptílica ( impera la carencia, lo lacio ). Es sumaria.

La música encastilla, incordia.

El espectáculo merece una adjetivación ocurrente, dispar. Diremos así:


"India Song" es:


Invariable

Aterida

Tartárica

Entoldada

Inveterada

Adversa

Caducante

Remilgada

Escultural


Hemos tañido.


Rafael Teicher
Rafael Teicher
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12 de octubre de 2009
5 de 8 usuarios han encontrado esta crítica útil
Viviendo en la India pero amparada en los lujos de un refugio estilo europeo, una mujer sobrevive a la rutina sumando para sí aventuras amorosas.

Como reflejo de un contexto específico, India song resume bien el proceder de los colonos ingleses y franceses que durante años migraron a la India y al sudeste asiático para ejercer su poderío político y comercial. Estos se afincaron en el territorio de los locales cuidándose muy bien de no mezclarse y de reproducir en el extranjero su entorno conocido. Para aquellos diplomáticos y ricos mercaderes, había vestidos, mansiones y enseres importados que marcaban distancia entre estos y los otros. Esto se evidencia de forma tácita en el filme cuando la India es un escenario invisible para el espectador. A ella se alude sólo verbalmente y todo cuanto aparece recuerda únicamente el universo occidental. Pequeño albergue aislado y receloso de un ambiente considerado hostil y agresivo: la “India leprosa”.

La historia es una pieza de melancolía, tristeza y soledad. Una mujer francesa, obligada a seguir a su esposo a tierras económicamente más fértiles, sobrelleva su lepra interna a punta de amantes y fiestas. Así son las miserias del hombre blanco y adinerado en sus colonias.

Desde la óptica cinematográfica, India Song es un producto fuera de las propuestas tradicionales, fuertemente influenciado por el teatro y el estatismo fotográfico. Las correrías de la protagonista se insinúan en la contenida interacción con los personajes masculinos y los diálogos, aunque existen, se intuyen como pensamientos en voz alta. La propuesta es sin duda llamativa pero la ejecución llega a ser tediosa y agobiante cuando gran parte de la narrativa es azarosa e inconexa.

Basada en la novela homónima, la propia autora, Marguerite Duras, dirige la adaptación al cine. Así pues, mucho se puede escribir sobre esta obra intimista y experimental. Sin embargo, un adjetivo la resume eficientemente en toda su magnitud: aburrida.
Lachi
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