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El editor de libros

5,8
2.481
votos
Año
2016
País
Reino Unido
Director
Reparto
Género
Drama | Biográfico. Literatura
Sinopsis
Una crónica de los tiempos de Max Perkins (Colin Firth), el editor de libros más admirado en el mundo, que presentó al público a los más grandes escritores de este siglo, revolucionando la literatura americana. Incasablemente comprometido con el fomento del talento, fue la fuerza detrás de grandes estrellas literarias como F. Scott Fitzgerald (Guy Pearce), Ernest Hemingway (Dominic West) y Thomas Wolfe (Jude Law). (FILMAFFINITY)
Críticas ordenadas por:
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21 de diciembre de 2016
21 de 27 usuarios han encontrado esta crítica útil
Íbamos bien. Hasta casi la mitad la historia tenía interés, los personajes eran buenos, había bellas palabras y estupendos contrastes, lo apolìneo y lo dionisíaco se batían en duelo, Thomas Wolfe nos tenía cogidos del cuello y nos arrastraba con su fuerza huracanada y su yo torrencial. Estábamos gozando moderadamente, si cabe tal contradicción aberrante y timorata.
Difícil me sería delimitar el momento preciso en el que se jodió el invento. Me gustaría echarle todas las culpas a la petarda de la Kidman (hubo un tiempo en que fue más maja), a su personaje insufrible y lastimoso, grotesca representación de imposible asunción. Pero tampoco, ella es solo la chispa que enciende el pandemónium resultante, ese engendro repleto de sermones a contrapelo, lloreras sin cuento, dramones a flor de piel y grandes luminarias de las letras convertidas en fantoches lamentables (Fitzgerald y Hemingway a cada cual más reducido a un arquetipo más simple, facilón y penoso), como títeres descabezados.
Diría, centrándome un poco más, que la cosa se tuerce cuando se pasa de la literatura a la histeria, o de los libros al psicodrama familiar, o del proceso de creación a la amistad más grande que el mundo; del arte a la homilía. Lo que apuntaba a recreación feliz de una relación fructífera y conflictiva se nos viene encima como fórmula narrativa esquemática y simplona con un contenido moral digno de una catequesis. Pero no nos adelantemos, antes deberíamos desmenuzar algunas cuestiones simpáticas. Por ejemplo:
- La escritura a cuatro manos. El escritor crea el boceto y posteriormente lo poda y desbroza en compañía del editor, que es el que dirige la orquesta formada por esos dos individuos tan extraños y dispares.
- El yo del autor como un monstruoso animal que arrasa con todo, ahíto de egoísmo y desmadre.
- El peligro, o el acierto, según se mire, de convertir la escritura en un juego en el que las palabras solo remiten a sí mismas y no cuentan nada, millones de sílabas danzando en torno a una música enloquecida, autorreferencial y delirante.
- La bohemia frente al orden. El quizás necesario cierto desequilibrio del autor debe ser constreñido, domeñado o compensado en alguna medida para que sus obra no sea ilegible, nada más que puro desahogo narcisista e incomunicable.
Y ahora veamos sus numerosos defectos:
- La innecesaria utilización de los elementos familiares como adornos engorrosos que trivializan, enfangan y atontan la narración. Tal y como están planteados, no aportan nada. Nicole es un estrambote. Laura apenas son tres o cuatro miradas. O las explicas bien o no las pones. No vale con recurrir al tópico de la queja y la muy cansina y socorrida letanía del siempre me dejas sola por tu trabajo, querido maridito o amante mío al que tanto quiero y deseo y que poco me lo agradece el puñetero con lo que yo lo valgo y le doy, ay.
- La correción política y la moralina apolillada. La película no se abre en torno a preguntas y ambigüedades, al contrario, se cierra y empequeñece cuando se dedica a impostar lecciones morales y soflamas clericales.
- Se tiende a la caricatura de museo de cera, al exceso, el meno, el mareo y el memuero, a la brocha gorda y la poca sutileza.
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
Ferdydurke
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22 de diciembre de 2016
18 de 24 usuarios han encontrado esta crítica útil
El Editor de Libros se basa en el libro de 1978, Max Perkins: Editor de Genius por A. Scott Berg, y cuenta la historia de la simbiótica relación entre el editor Max Perkins (Colin Firth) y el excéntrico novelista Thomas Wolfe (Jude Law). Se puede afirmar con total rotundidad que Perkins (1884-1947) cambió la literatura americana más que cualquier otro editor y fue un héroe desconocido durante décadas que se preocupó por sus escritores más allá de la fama y del dinero. Trabajando en Nueva York para Scribners, fue el responsable de descubrir y dar forma la obra de genios literarios de la envergadura de F. Scott Fitzgerald y Ernest Hemingway, y en 1929 cuando conoció en su despacho a un Wolfe desilusionado e incrédulo tras haber sido rechazado en todas las editoriales visitadas, y después de leer sus extensos manuscritos, pensó que había encontrado a un nuevo talento al que pulir.

El tema principal de la película consiste en cómo, con la ayuda de Perkins, Wolfe fue capaz de reducir sus novelas de miles de páginas a una longitud razonable, convirtiéndose así en poco tiempo en un afamado y reconocido novelista. El proceso de cómo esto sucedió proporciona las escenas más entretenidas y originales de la película sobre todo en las que Perkins está agobiando a Wolfe para cortar y simplificar sus recargadas novelas de efectos literarios y en la tensa lucha que mantienen para crear un libro legible y comercial que no sea excesivamente largo y así reducir costes, ni demasiado descriptivo para hacer más amena la lectura, de esta manera lo que comienza como un hermoso párrafo elaboradamente escrito se reduce finalmente a unas pocas frases.

Sin embargo, el resto del relato da una sensación de déjà vu, de haberlo visto antes en otros muchos biopics, con personajes demasiado estereotipados donde el protagonista es una estrella en pleno ascenso, demasiado egocéntrico que termina dando de lado a todas las personas que le ayudaron en sus inicios.

Es bastante irónico que cerca de la conclusión de la película, aparece una visita de Wolfe convertido en una estrella y figura mediática de su época (Hasta el punto que Sinclair Lewis le citó en su discurso al recibir el Premio Nobel) a un casi olvidado F. Scott Fitzgerald en su casa de Hollywood al cuidado de su enferma mujer Zelda, y sin embargo, hoy en día Fitzgerald es considerado como uno de los autores americanos más importantes por no decir el mejor de la primera mitad del siglo veinte, a pesar de que William Faulkner, tras la muerte de Wolfe dijo que se había ido el mejor escritor de su generación.

Lo más destacado de la película es su magnífico reparto repleto de actores consagrados. Colin Firth interpreta de forma muy contenida a Maxwell Perkins, un individuo reservado y discreto cuya vida está completamente dedicada a la edición de libros. Jude Law en el papel del arrogante y talentoso escritor sureño Thomas Wolfe con una interpretación excesivamente histriónica. Guy Pearce aparece en algunas escenas como F. Scott Fitzgerald en sus años de decadencia, y Dominic West con una breve aparición en la que apenas se puede valorar sus registros como Ernest Hemingway. En cuanto a los papeles femeninos, no son muy bien tratados en este film, Laura Linney tiene el ingrato papel de ser la esposa de Perkins con la que tiene cinco hijas, sufriendo largo tiempo por la devoción de su marido a trabajar en los libros de Tom en detrimento de su familia, mientras que Nicole Kidman interpreta a una desequilibrada diseñadora, Aline Bernstein, una mujer casada que mantiene una tóxica relación sentimental con Wolfe, y extrañamente celosa por todo el tiempo que pasa su amante con Maxwell.

Todas mis críticas en:
http://timejust.es/author/barriodelensanchegmail-com/
Eduargil
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26 de agosto de 2016
12 de 15 usuarios han encontrado esta crítica útil
O0O0O0


Una buena película sin faltas de ortografía pero de un sólo párrafo. No hay frase que exprese mejor lo que este film produce a cualquier cinéfilo amante de la literatura.

El torrente de emociones y el fluir de expresividad de los actores va acrecentándose de manera caótica con el trascurrir de la historia, lo que debería sentirse como un placentero viaje a través del río, acaba por convertirse en el sin sentido de unos rápidos surrealistas, donde el agua va a contracorriente.
La puesta en escena de Jude Law puede parecer sobreactuada pero lo cierto es que, si la obra dejara tiempo a la reflexión, de manera más natural y los momentos sentimentales no fueran tan explosivos, su actuación sería justificada. De igual modo sucede con el resto de actores, sus actuaciones aunque no sobresalientes, encajarían correctamente con la expresividad de Jude Law, siempre y cuando la historia fuera contada de manera sutil.
La dirección no hace mas que incrementar el abrumador efecto de no poder discernir entre el mundo interno de los personajes, los diálogos y sus emociones.

Cual texto exento de signos de puntuación. Si la película fuera un libro, mi único consejo al escritor sería ¡Despide a tu editor!



SSSSSS¡¡
laultimafila
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15 de octubre de 2016
10 de 11 usuarios han encontrado esta crítica útil
El cine que repasa la vida de personalidades del mundo del arte suele tener un acabado impecable y una ambientación certera, y en su mayoría resultan productos ordinarios incapaces de trasgredir sus formas para conocer las genialidades de sus personajes, tal es el caso de la ópera prima de Michael Gandage.

La película narra la historia del editor de libros Max Perkins (Colin Firth), editor responsable de los hoy textos clásicos de escritores como Ernest Hemingway (Dominic West), Francis Scott Fitzgerald (Guy Pearce) y de Thomas Wolfe (Jude Law), obsesivo y brillante capaz de detectar el talento de los escritores como pocos.

El eje de la película se centra en la relación de Perkins con el también obsesivo Wolfe, la relación de éste con su esposa (Nicole Kidman) y la manera en que trabajaban juntos para condensar los kilométricos textos de Wolfe y volverlos un éxito de ventas.

Como ya se mencionaba, la ambientación de la época y sus detalles en que se sucedían los hechos están muy logrados, destacándose el trabajo en el diseño visual y algunas correctas actuaciones, no así el contexto social de la época (La Gran Depresión), el cual apenas se menciona)

Pero el relato no consigue ahondar en la vida y motivaciones de los personajes principales, de los que apenas se esbozan ciertas características, donde Law compone a un Wolfe poco carismático, e incluso se toma un tiempo también totalmente desaprovechado para mostrar algo de Fitzgerald y Hemingway que no suma al resultado final de la película.

Así el exceso de corrección narrativa y un guión más enfocado en explotar sentimentalismos y lugares comunes dan como resultado un filme ordinario, olvidable y carente de pasión.


http://tantocine.com/pasion-por-las-letras-de-michael-grandage/
Quique Mex
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26 de agosto de 2016
8 de 9 usuarios han encontrado esta crítica útil
El novelista se lleva la gloria y el reconocimiento, pero detrás del éxito hay horas de trabajo y mediación entre editor y autor. Y eso es lo que reivindica la película. Para ello elige a uno de los editores más famosos de la historia: Max Pekins, quien fue el hombre detrás de genios como Hemingway, Fitzgerald y sobre todo Wolfe, que es el escritor que ha elegido el biopic para reflejar las relaciones entre editor y escritor.
Si bien Fitzgerald aparece en tres escenas dado vida por el actor Guy Pierce, y Dominic West en otra, dando vida a Hemingway, todo gira en torno al trío que forman un majestuoso Colin Firth como Max Perkins, Guy Pearce como Tom Wolfe, al que se le ve un poco pasado de frenada, o quizá sea que el escritor era realmente así de gilipollas, y la amante despechada de este, a la que da vida Kidman.

Thomas Wolfe, entonces aspirante a escritor, aparece en el vida del editor de Scribner con el original de su primera gran novela: "El ángel que nos mira" tras el éxito de su primera novela, Perkins ayudará a dar forma a su siguiente obra más ambiciosa: "Del tiempo y el río"

Sin decepcionarme del todo, la verdad es que yo esperaba algo más, sobretodo por el potente reparto. La producción está muy bien ambientada, recreando bien el ambiente del periodo de Entreguerras. Aunque me sobran tantos momentos de Perkins leyendo en voz alta fragmentos de las novelas de Wolfe y me faltan más momentos íntimos de su vida con su familia numerosa.
Rufus T Firefly
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