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| 3 de 5 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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brunovazquez
Madrid (España)
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Su valoración:  |
15 de Mayo de 2008 |
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Al ser del Free Cinema esperaba algo mucho más rompedor, más cercano a su manifiesto. Pero esta película es bastante standard. En realidad se parece mucho a los 400 golpes, pero sin la innovación que supuso esta en su momento; podría ser su hermana gemela inglesa.
El problema principal que le veo es que la banda sonora es malísima. Cada vez que salía ese saxo mortífero me echaba las manos a la cabeza. Lástima, hubiera sido una buena película sin la música.
Otro problema es que es un tema, un argumento y una dirección que ya hemos visto muchas otras veces. Al ser free cinema esperaba variantes, maneras diferentes de afrontar la dirección, realismo, saltos de eje, planos experimentales, etc..
Bueno, de todas maneras se deja ver. La interpretación de Tom Courtenay es bastante buena y el principio de la película y el final son lo suficientemente buenos como para salvarla.
brunovazquez 
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| 1 de 1 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Mientras Melville, Truffaut, Godard, Rivette, Rohmer y Chabrol entre otros daban forma a la “Nouvelle Vague” francesa, en Inglaterra surgía un movimiento paralelo influído por ellos como respuesta de rebeldía ante la artificialidad narrativa de Hollywood y de la dramaturgia británica. Se caracterizaba por implementar una estética realista en el cine de ficción y documental ocupándose de lo cotidiano y del compromiso social ante los problemas de su tiempo. Nació en los años 50 del pasado siglo, su nombre era “Free Cinema” y su película más representativa pudo ser “La soledad del corredor de fondo” de Tony Richardson.
El joven Colin Smith es enviado a un reformatorio tras ser sorprendido robando en una panadería. Su habilidad como corredor de fondo le sitúa, dentro del reformatorio en una posición privilegiada, gracias a la cual realiza una reflexión que le lleva a considerarse como un joven afortunado.
Dentro del marco y la crítica social al que se adscribe, vista hoy resulta una película agradable de ver, entretenida y comprometida con su causa. Se acerca más al estilo de Truffaut o Godard, que a la sordidez del neorrealismo italiano. A pesar de su intención protestataria y rebelde, no deja de la idea del cine como arte o entretenimiento. Recuerda en algunos momentos al estilo de “Ascensor hacia el cadalso” (Ascenseur pour l'Echafaud, 1957) y “Banda aparte” (Bande á part, 1964).
Sus personajes se sienten vivos, realmente tienen algo que contar, su historia es importante y así nos lo hacen sentir. De esto se encarga Tony Richardson, con una dirección artesanal y una cámara vivaz y siempre en movimiento, que le aporta un ritmo dinámico y que gusta de jugar con la profundidad de campo y los sentimientos de los protagonistas.
La actuación de Tom Courtenay en el papel protagonista es memorable, por su habilidad para enfatizar estados de ánimo y las particularidades propias del personaje. Se siente identificado con su personaje de una forma muy especial.
La fotografía en blanco y negro fundida con la climatología típica inglesa, hace de la pantalla un paisaje cinematográfico tremendamente evocador, con aroma a cine clásico, en contraposición a su naturaleza vanguardista.
(El resto de la crítica puede contar partes de la película)
Ver todo
spoiler: El trabajo de montaje que gusta de juegos temporales a modo de flashbacks es magnífico, por el ritmo y la cadencia y por su interés narrativo y explicativo del personaje.
Los planos generales cámara en mano son ejemplos claros de esa pretendida ruptura con el orden cinematográfico preestablecido y el entendimiento del cine como un arte tan complejo como libre. La belleza de algunos de esos planos generales en contraposición a la sociedad decadente y tradicionalista que retrata le proporciona una belleza original y diferente. Esa idea de libertad se refleja en cada plano y en cada secuencia formalmente y en cada gesto y frase de un protagonista magníficamente interpretado. Otra cuestión muy distinta sería la de compartir las opiniones y sensibilidades vertidas en una narración puramente liberal. Los valores que rezuma la historia quedan explicados y justificados únicamente bajo la perspectiva de su situación geográfica y temporal, pero que podrían unirse de forma absolutamente lógica con su hermana de sangre, la nouvelle vague.
El uso de recursos como la cámara rápida con música discordante y cómica, le hace perder una seriedad, que creo habría potenciado todas las ideas que plantea. Sin embargo se deja llevar por la pura rebeldía cinematográfica. Esta diferencia patente con la crudeza de la nouvelle vague, hace de la corriente francesa un exponente precisamente de rebeldía bastante más poderoso artística y socialmente.
Navega con agilidad y ritmo entre el drama carcelario, la comedia, el policiaco y el cine social en una fusión de géneros que hace de ella un estilo de cine ácrata que amo profundamente.
En ciertos puntos analiza cualquier revolución social, como un pretexto para que sus líderes de cualquier tipo adquieran los mayores privilegios posibles, cosa que comparto salvo en contadas excepciones. Habla de la hipocresía del poder establecido, así como de los que se rebelan contra ella, con el pretexto de crear un nuevo “orden preestablecido”, idea que me atrae profundamente.
El final de la película cumple con todas nuestras expectativas y hace que este complicado viaje merezca la pena. Es sencillamente espectacular.
El jazz de John Addison le ofrece unas texturas muy agradables, a esos paisajes de campo bajo cielos grises. Mezclado temas más sobrios de clarinete y trompeta, con piezas para orquesta, se presenta por momentos, intensa y dinámica y por momentos llena de excentricidad y comicidad, pero siempre reafirma la idea de las escenas, como plantean los cánones estéticos.
Su carácter transgresor estará siempre vigente y le proporcionará su merecido lugar en la historia, pero sus ideas políticas le privarán de ser en esencia lo que la corriente a la que pertenece predicaba en su sentido más literal, “Free Cinema”. Aún así es por derecho propio un clásico del cine europeo que merece la revisión de cualquiera que guste del séptimo arte.
Juanjo Iglesias 
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| 3 de 6 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Jark Prongo
Madrid (España)
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Su valoración:  |
11 de Agosto de 2009 |
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Tom Courtenay para mí ya es ídolo. Sus muecas moglis están a la altura de Belmondo echándose cigars en mi imaginario. Cucamonas que le hacen pasar de la circunspección que muestra cuando está con gesto normal (así como de persona de principios, rebelde con causa y justificación plena, madura a su modo y melancólica) a la tontada propia inherente a todo chaval de su edad, demostrando que su personaje ha envejecido por las circunstancias y el environment pero en esencia sigue siendo adolescente. Fantástico papel, joder.
La peli, sin haber leído el relato, parece picar un poco de El Guardian Entre El Centeno, Los 400 Golpes (los planos de la playa remiten directamente) y varias corrientes británicas de época, con el matiz deportivo. Más actual imposible, por otra parte: esa realización a través de terceros y el omnipresente deporte, ese canalizar todas las pulsiones a través del mismo y lo que le rodea, el absurdo hecho de que el deporte te aleja de todo ¨lo malo¨ (malo según las convenciones e intereses ya consabidos). Me explico peor que un sordomudo sin extremidades, pero creo que os hacéis una idea, ¿no?
El fallo reside en la horrible música (que recuerda horriblemente a la que acompaña a las tomas aéreas de ciudades costeras que salen en ciertas películas del vergonzante cine español sesentero), las cámaras rápidas de ciertos pasajes (¿produjo Benny Hill?) y las cortinillas/insertos con formas desquiciadas... ¿pero qué mierda es eso, joder?! Le pondría un 8 si no fuera por eso y por el poco realista tema de la omisión de los más que probables affaires homogayers que acaecerían en reformatorios masculinos de adolescentes con energía aún por canalizar. Vamos, o comen bromuro o no me lo explico...
Para la memoria los planos de Tom Courtenay corriendo con charcos. Fascinantes.
Jark Prongo 
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| 3 de 6 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Lobech
Zaragoza (España)
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Su valoración:  |
15 de Noviembre de 2010 |
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Correr es poner un pie detrás de otro muy deprisa. Correr largas distancias no tiene realmente ni pies ni cabeza; hasta que alcanzas una cifra redonda o llegas a alguna parte, porque en realidad uno corre contra sí mismo (excepto si tu nombre es Usain Bolt o Carl Lewis, en ese caso corres contra tu propia leyenda), pero cuando llegas al pueblo de al lado, sea este La Iglesuela del Cid, Fabara o Esplugues de Llobregat (algún día…), entonces todo cobra sentido. Cuando alcanzas el pueblo de al lado sabes que ha llegado el momento de dar la vuelta, y cada paso no es un paso menos que te queda para volver a casa, es realmente un paso más para alcanzar un objetivo, en lugar de ser otro paso de pollo descabezado. Entonces, sabes por qué corres.
Colin Smith no sabe por qué corre. Colin Smith es atractivo, espigado, bien parecido y le gusta a una chica atractiva, entregada y bien parecida. Colin Smith puede convertirse en un honrado trabajador, la cabeza del hogar y un referente para sus hermanos pequeños. Pero Colin Smith está confundido porque es joven, y se siente desubicado en un hogar donde su madre acaba de meter a un hombre en la cama aún caliente de su padre recien muerto, así que Colin Smith roba y miente y va al reformatorio. Y corre. Porque correr es lo que mejor se le da a Colin Smith.
Con la perspectiva y la soberbia moral que nos da el tiempo, la doble lectura de la película (joven que corre/joven que huye) puede parecer obvia e incluso naïf, pero cuesta no empatizar con los acerados ojos de Tom Courtenay, su paso torpe y desgarbado, su mirada adulta, y justificarlo a cada paso que da, consciente a la par que maduro, de manera que la escena final tiene todo el sentido del mundo; más de uno incluso... continúa en el spoiler, donde te destripo el final de la película.
Y si no la has visto todavía no sé qué demonios haces perdiento el tiempo leyendo esto
(El resto de la crítica puede contar partes de la película)
Ver todo
spoiler: (SPOILER WARNING!!!). Porque Colin decide dejarse ganar porque ya ha demostrado que es el vencedor moral de la situación; o decide plantar cara al director del reformatorio, golpeando donde más duele; quizás decide dejar de huir y afrontar las consecuencias de sus actos; o decide demostrar que no es un vendido, un perrito faldero que se pliega ante los deseos y necesidades de quien está al cargo a cambio de un par de privilegios; o tal vez decide dar una lección magistral de orgullo de clase, dejando claro cual es su sitio y a qué bando pertenece; o a lo mejor no le encuentre ningún sentido a correr, correr, correr. En cualquier caso, lo más importante es que Colin, por primera vez en su vida, ha tomado una decisión en lugar de dejarse llevar por las circunstancias, y sentirse dueño de su propia vida sabe mucho mejor que vencer a un niño bien.
Citar a los beatnik es importante, si quieres ir de cultureta y postmoderno, pero citar a los Angry Young Men y el Swinging London… oh, citar a los Angry es im-pres-cin-di-ble, así que aunque sólo fuera por darte el gustazo de saber de qué estás hablando por una vez en la vida, merece la pena ver la película. Y vale, no me he leído el libro, pero no me cabe la más mínima duda de que es mucho mejor que la película ya que estoy seguro de que la película pierde matices, se deja cosas y no lo refleja todo de manera sustancial (frase que, evidentemente, no quiere decir nada, pero tampoco la frase de “el libro era mejor”, así que ¿content@?)
Lobech 
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Alberto
Cartagena (España)
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Su valoración:  |
27 de Octubre de 2011 |
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El Free Cinema inglés, alcanzó con esta película el nivel suficiente como para que se le comparara con la Nouvelle Vague francesa, movimiento paralelo, aunque de mayor duración y repercusión. El inconformismo, la falta de recursos de la educación, para llegar a los jóvenes más conflictivos de la década de los 60, un sistema represivo y abusivo, y las consecuencias negativas y efectos contrarios que se obtenían de este modelo de respuesta autoritaria, son algunos de los temas más frecuentes en esta corriente cinematográfica.
Colin Smith, es un joven con una infancia traumática marcada por la muerte de su padre, quedando al cargo de una madre cuya mayor preocupación es el dinero, sin importarle como conseguir este. El joven, sin un modelo en el que fijarse, no tardará en cometer un error que le lleve de cabeza al reformatorio. Allí, gracias a su habilidad para la carrera, se ganará la confianza de los internos y de los docentes, consiguiendo una posición privilegiada desde la que reflexionar sobre su pasado, presente y futuro.
La fotografía en blanco y negro, alternando de forma genial, el presente, con determinados flash backs del protagonista recordando su infancia, capta de manera asombrosa las relaciones que se dan dentro y fuera de la institución.
Tony Richardson dirige con maestría la cinta, haciendo que el abuso de ciertos recursos de post-producción, queden como algo anecdótico e incluso poético, pero sobre todo, sin quitarle un ápice de protagonismo a la historia que Alan Sillitoe adaptó de su propio cuento.
Alberto 
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