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La soledad del corredor de fondo

7,6
3.501
votos
Sinopsis
Colin Smith es un joven de clase obrera que vive en los alrededores de Nottingham. Un día comete un robo en una panadería y es enviado a un reformatorio. Una vez allí empieza a correr, y gracias a sus cualidades como corredor de fondo va ganando puestos en la institución penitenciaria. Durante sus entrenamientos reflexiona sobre su vida anterior y empieza a comprender que se encuentra en una situación privilegiada. (FILMAFFINITY)
Críticas ordenadas por:
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12 de marzo de 2006
48 de 53 usuarios han encontrado esta crítica útil
Producida y dirigida por Tony Richardson, es su tercer largo. Implicó la eclosión del "FreeCinema" en el RU, movimiento próximo a la "Nouvelle vague" francesa, pero de menor duración. Obtuvo el BAFTA al mejor actor principal debutante y el premio al mejor actor del Festival del Mar del Plata.

La acción tiene lugar en Nottingham y alrededores en 1961/62. Narra la historia de Colin Smith (Tom Courtenay), hijo de una familia obrera, el mayor de 4 hermanos, de 15/16 años, que ha vivido la experiencia traumática de la muerte dolorosa del padre y ha sufrido las penurias de la pobreza familiar, gestionada por una madre poco equilibrada y nada cariñosa. La obsesión de la madre por el dinero le lleva al robo y al Ruxton Towers Reformatory, que imparte una educación represiva y punitiva.

La película muestra la realidad de los menores infractores de los años 60; la inadecuación de los métodos de educación y socialización de los reformatorios; y los sentimientos de inconformismo y rebeldía que anida en los muchachos internos. Pese a la ubicación temporal de los hechos en los primeros 60, la película conserva su interés y su frescura en relación al momento actual, en el que muchos menores viven en situaciones de riesgo social. La narración de la historia es sólida, está bien construída y su realización es magnífica. El mundo interior de Colin se ve afectado por la pulsación de experiencias que han dejado en él huellas de dolor y desarrraigo, a causa de la pobreza y la desestructuración familiar, el desafecto de la madre, el egoismo del padastro, el maltrato psicológico y emocional del reformatorio, la arbitrariedad del director. La transgresión es para el chico una vía de obtención de lo que la sociedad le ha quitado, de compensación de la falta de comprensión y afecto que padece y de manifestación de su rebeldía contra la injusticia. No quiere privilegios: quiere lo que merece.

La música, de instrumentos de viento, sobre todo el clarinete, subraya la estridencia de los hechos que se exponen. La fotografía presenta en paralelo, mediante un brillante juego de flashbacks, el presente y los recuerdos del muchacho. Explora con lucidez el interior del reformatorio, el alma de los educadores, el conservadurismo del director, el liberalismo del nuevo educador, la utilización de Colin en provecho de la vanidad personal del director, etc. El guión construye una narración tensa, dramática y conmovedora de la historia de un muchacho que se rebela a la luz de una inteligencia superior a la media de su edad y de unas aptitudes físicas superiores. La interpretación de Tom Courtenay es magnífica y convincente. La dirección impone a la obra un fuerte ritmo, una gran coherencia narrativa y una profundidad psicológica inusual.

Película que mira hacia los problemas reales que afectan a los menores, sus causas y sus secuelas. En los 60 y ahora, la educación de los menores es obligación de todos.
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
Miquel
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16 de enero de 2010
28 de 28 usuarios han encontrado esta crítica útil
Colin Smith corre que se las pela. No en vano, nos dice, su familia tiene experiencia en salir huyendo de la policía. Tiene el tío, además, el perfil del buen fondista: es enjuto y espigado y tiene una poderosa zancada. Es cierto que bebe y fuma y que su estilo es claramente mejorable (bracea mucho y se tambalea tanto que da la impresión de que va a caerse de un momento a otro), pero esa fragilidad es sólo aparente, porque lo cierto es que el tío deja atrás a cualquiera y aguanta lo que le echen.

Colin, sin embargo, tiene un grave problema: no sabe hacia dónde correr. Sus piernas están preparadas, son fibrosas y resistentes, pero no tienen ningún lugar al que dirigirse. Colin no tiene meta alguna. No topa más que con muros. No hay expectativas. Su vida es un asco. Colin quema billetes porque el dinero no sirve para comprar lo que quiere, aunque no sabe lo que quiere. Roba coches y asalta panaderías en busca de una respuesta, pero la sociedad ignora sus preguntas y señala, en cambio, el camino del reformatorio: ahí, jovencito, aprenderás lo que es correcto, sabrás qué esperamos de ti, encontrarás una meta. Oh, y durante un tiempo la encuentra, es cierto que la encuentra: la meta es la libertad y el camino recorre la hermosa campiña inglesa a través de los bosques de Nottingham. Mírala, míra la meta, ahí está, corre, Colin, corre, ¿no oyes cómo vitorea la gente tu nombre? Sólo faltan unos metros, Colin, unos metros y la libertad, unos metros y el derecho a ser considerado un honrado y respetable ciudadano británico. Porque eso es lo que quieres, Colin, ¿verdad? Responde, Colin, decídete, ¿es eso lo que quieres, o no?

Tom Courtenay tenía 25 años cuando encarnó, brillantemente, al adolescente Colin Smith, pero ni esa aparente discordancia ni las chirriantes escenas en cámara rápida empañan la pervivencia de uno de los grandes clásicos del “free cinema” británico, que explora el conflicto entre una sociedad aparentemente plácida y sosegada y el malestar latente y la rebeldía de sus jóvenes, que no encuentran su sitio en un orden social represivo y autoritario, incapaz de entender y asimilar unas demandas que sobrepasan sus rígidas y anquilosadas estructuras. Mediante un uso ejemplar del flashback, que hace que ambas partes del relato encajen a la perfección, Tony Richardson narra con brío, sin sermones y con mucho sarcasmo, una historia de rebeldía que culmina en un desenlace de los que no se olvidan, pero que guarda también otros momentos memorables, como esa tediosa función teatral que acaba con los chicos del correccional cantando a pleno pulmón el poema “Jerusalem” de William Blake, el mismo que nada ociosamente suena también al final de la peli:

¡Traedme mi arco de oro ardiente!
¡Traedme mis flechas de deseo!
¡Traedme mi lanza! ¡Oh nubes, abríos!
¡Traedme mi carroza de fuego!
No cesaré en mi lucha mental,
Ni dormirá mi espada en mi mano
Mientras una nueva Jerusalén no hayamos construido
En la verde y placentera Inglaterra.
Normelvis Bates
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22 de noviembre de 2005
26 de 33 usuarios han encontrado esta crítica útil
Gran título, algo rimbombante pero muy sugestivo, y gran punto de partida. Contar una historia a través de la reconstrucción de hechos que hace un personaje mientras entrena para una carrera o en la propia carrera me parece una fantástica idea.

Richardson, a partir de esos elementos, plantea una historia de resistencias, rebeldías con causa y rechazo contra la escasez de oportunidades y esperanzas. El protagonista es uno de los “excluidos” por el conservador sistema establecido y se rebelará, en el intensísimo final, con un mero gesto algo obvio pero de potente simbología (mejor esto que liarse a tiros). La temática, por tanto, es la típica del Free cinema inglés, aquí centrándose en los reformatorios y en los problemáticos chicos de clase baja que no encontraban su sitio.

Algunos de los recursos estilísticos de esta cinta han quedado bastante obsoletos (el riesgo de las vanguardias) y la banda sonora está lejos de ser memorable (la música parece a veces de una peli de terror de serie b ¡de los 80!), pero la realización se mantiene a día de hoy como un ejemplo de película bien trazada, contada con talento y nervio.
Y es que Richardson, más allá de aspiraciones renovadoras, era un narrador bastante eficaz y su pulso acaba imponiéndose a cámaras rápidas, cortinillas con estrella y demás horteradas. La ejecución era lo suficientemente novedosa por sí misma como para apreciar su talento e intenciones. Desde ese punto de vista los travellings, los planos detalle, la a ratos frenética manera de mover la cámara..., la forma en definitiva de construir visualmente la película es distinta al clasicismo hollywoodiense más reposado y, además, plenamente coherente con lo que se pretendía contar, no hacía falta rizar el rizo con esos elementos de barraca de feria, sobre todo porque no encajan en absoluto con el tono de la película. En todo caso y como se ha dicho, esos errores son anecdóticos y además comprensibles por la época y las aspiraciones de estos directores.
Bloomsday
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9 de marzo de 2011
13 de 17 usuarios han encontrado esta crítica útil
Los aficionados al atletismo y los atletas aficionados (pueden ser cosas diferentes y la misma a la vez) no van a encontrar un despliegue exhaustivo de la disciplina pese al sugestivo título de la película. Me incluyo en el título sólo por la parte que me toca, hago mía esa sensación de soledad de un deporte tan individual, tan exigente, pero hay más, mucho más tras la anarquía que abandera al excepcional Tom Courtenay. Su rebeldía sin reflexión le lleva a una desolación interior extrema, sin rumbo, casi existiendo sin saber por qué, de ahí que su soledad sea extensiva al deporte, es una soledad vital, fea y mala.

No esperaba gran cosa del "Free cinema", rareza afrancesada, y he recibido lo justo. Estoy de acuerdo con muchos otros al detestar la terrible banda sonora y esos absurdos recursos de ofrecer el movimiento acelerado, puntuales pero imperdonables. Sin embargo opino que es muy correcta la manera, ese cómo, la forma en que Richardson explica las dos historias, tal vez unidas por esa desalentadora visión de la vida, del desdichado protagonista, la presente en el reformatorio y la pasada, la que le llevó allí. Todo lo demás puede que esté de más, su imposible integración en la sociedad, lo que hay de crítica, que no quiera trabajar, que afirme que prefiere parasitar... al menos no es yanqui, eso sería insoportable.
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
Luisito
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6 de octubre de 2011
7 de 7 usuarios han encontrado esta crítica útil
Quisiera pedir perdón por adelantado si da la impresión de que me desvío un poco del tema, pero es que el título da pie a ello, es sencillamente precioso. Y es que, en efecto, yo de 'Free Cinema' y demás corrientes cinematográficas vengo a saber lo justo, que es ni más ni menos que lo que Filmaffinity me sopla si me diera por pinchar en cierta pestañita azul, también llamada enlace. Así, mis motivos para elegir ver esta película y no otra fueron puramente azarosos, una extraña sensación de que valdría la pena arriesgarse y lanzarse a la piscina, un antojo de embarazada, vamos. Lo cierto es que no me equivoqué, la cinta, a pesar de los diversos fallos (estilísticos y justificables) que tanto y tan bien se han enumerado en otras críticas, es buena. Cierto es también que su poesía es bastante liviana y no termina de inspirarme, pero que funciona por momentos y que su tratamiento es el correcto es innegable. El cine inglés es bastante fiable en ese sentido.

Ahora, volviendo al título... "La soledad del corredor de fondo"... Uau. No me digan que no es maravilloso, como he dicho. Y es que poco importa que uno no haya corrido en su vida, profesionalmente hablando, o que jamás haya sentido la llamada del podio, literalmente hablando, pues, si nos ponemos perroflautas con el uso del lenguaje, no creo que haya nadie que se libre de tener aspiraciones, de mayor o menor calado, qué más da, si al fin y al cabo las mejores batallas se libran en terrenos pequeños, donde un ligero traspiés te puede desmontar el circo. Temblemos. Del mismo modo, no creo que la soledad sea una característica sólo propia del que corre, buscando cruzar cierta línea blanca dibujada allá en el suelo, buscando apasionado sus aplausos, buscando reinventarse y huir de un pasado oscuro. No, definitivamente no hay que ser un marginado inglés de los 60 para conocer esas prisas por llegar a alguna parte, sin saber muy bien qué será lo que encontremos.

Decía que el título es precioso, y lo sigo repitiendo. Sigo repitiendo que todos somos corredores (sin calzado) de fondo (sin destino) y que más a menudo de lo que quisiéramos, estamos solos.
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
FullPush
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