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El proceso

Intriga. Drama Cuando un hombre se despierta por la mañana, se encuentra con que la policía ha entrado en su habitación y lo arresta, tras acusarlo de haber cometido un crimen.
Críticas 67
Críticas ordenadas por utilidad
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5
24 de agosto de 2016
16 de 17 usuarios han encontrado esta crítica útil
He aquí un filme que adapta la novela de Kafka libremente, pues modifica la concepción de los personajes, añade personajes o escenas y crea diálogos nuevos, pero permanece fiel a la esencia de la novela. Respecto al tema, en primer lugar, no hay tal proceso ni tal culpabilidad, ni hecho determinado alguno que pueda configurarlo.

Es el proceso puro: el peso permanente de la amenaza de una culpabilidad sin culpa, de un proceso sin proceso y de una condena sin justificación. Y en segundo lugar, la víctima (Joseph Kay), poco a poco, acepta el papel de víctima y acaba por aceptar asimismo su condena de muerte.

Toda la existencia humana se halla bajo el peso de una inminente condena: bajo la amenaza inasible e inconcretable, pero cierta e insuprimible, de la insignificancia y de la nada, amenaza que se interrumpe y se concluye con la muerte. Se trata del sentido negativo y paralizante de las posibilidades humanas, del ser humano limitado en su capacidad y en sus poderes.
Anthony Perkins & Orson Welles
A lo largo de cada escena y secuencia, la ansiedad del absurdo va creciendo constantemente hasta alcanzar un paroxismo casi histérico cuando estalla la situación disparatada, con lo que lleva en etapas sin solución de continuidad el “crescendo” total del filme hasta estos dos valores fundamentales: el absurdo y la angustia.
9
1 de agosto de 2007
17 de 20 usuarios han encontrado esta crítica útil
Una gran película, que -no olvidemos- con los recursos técnicos de 45 años atrás, logra transmitirnos a la perfección esa atmósfera onírica kafkiana de laberintos interminables; esa angustia de pesadilla del absurdo; esa alegoría infernal de la injusticia humana.
A lo largo de nuestra historia, Cuantos seres debieron padecer procesos igualmente oscuros, absurdos, angustiantes e injustos? Bajo regímenes de distintos signos y tendencias, estados más o menos controladores o policiales, Cuántos debieron intentar explicar lo inexplicable, defenderse de lo inentendible, y sucumbir ante la estupidez del ser humano?
Una película sorprendente y maravillosa, con el talento de dos monstruos: Kafka y Welles.
7
30 de noviembre de 2008
16 de 19 usuarios han encontrado esta crítica útil
Hollywood construyó su propia imagen a base de mitos. Uno de ellos se erigió en un leiv motiv tan cursi como efectivo: la fábrica de sueños. Cierto es que a través del sistema denominado método de representación institucional se consiguió crear una máquina perfectamente engrasada cuyo objetivo de gratificación esperada alcanzó su objetivo básico: satisfacer los gustos del gran público. No menos cierto es que este sistema fue, en diversas ocasiones, un Saturno devorando a sus hijos, un ingrato mecanismo que sacrificó a creadores (autores como más tarde serían llamados) de indudable talento pero con un estilo que se rebelaba contra una forma de hacer cine que consideraban previsible y poco arriesgada.

Precisamente esta adaptación de un texto de Kafka parece, aún sin serlo, un reflejo de la propia lucha de Welles contra un sistema de imposición de estilo cinematográfico que le negaba constantemente el desarrollo libre de su talento. No parece pues casualidad que este film fuera realizado al margen de la industria americana, concretamente en Francia, coincidiendo además con la eclosión de la Nouvelle Vague y el inicio de la era del cine de autor.
Orson Welles & Anthony Perkins
Welles pretende crear una película basada en las texturas, en las sensaciones, un intento de mostrar el material del que están hechas las pesadillas. Los elementos claves para desarrollar esta idea son el uso de la puesta en escena y el espectro de luz. Así encontramos a un protagonista que oscila entre ambientes claustrofóbicos enmarcados por techos bajos, poca profundidad de campo, personajes amontonados en espacios reducidos y planos muy cortos, y un empequeñecimiento absoluto ante una ambientación donde predomina el gigantismo de los decorados y una cámara que se centra en el plano general para dar sensación de profundidad infinita. Este contraste fluye de forma natural con un montaje continuo, en el que se pasa de un lugar a otro mediante la simple apertura de una puerta. Si además juntamos esto con el hecho de que en ningún momento hay ninguna referencia visual temporal, y que la luz siempre es claramente artificial en interior y muy monocromática en exteriores, se acaba configurando una sensación de distorsión espacio-temporal y de confusión absoluta.
Este escenario está diseñado con una doble función, por un lado ser fiel al universo kafkiano, pero más importante es que sirve como correa de transmisión de los sentimientos del protagonista, una forma de que empaticemos con su angustia y sufrimiento ante una lucha contra una superestructura burocrática e incomprensible que sabemos de antemano perdida.
(sigue en spoiler)
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
spoiler:
Sin embargo, a pesar de la interesante ruptura con los códigos tanto narrativos como de género que se nos propone, la película no acaba de funcionar debido a la escasa atención prestada a la correlación entre imágenes y construcción psicológica de personajes. El protagonista tiene una transición demasiado artificial entre su miedo inicial y su actitud posterior donde, lejos de sentir angustia, casi percibimos un cierto disfrute del viaje realizado. También es notable la falta de empaque argumental de los secundarios, dibujados a trazos gruesos y con unos diálogos cuya intelectualidad críptica los convierte en intercambiables y sin personalidad.

A pesar de ello, El Proceso se erige en un film a rescatar en la filmografía de Welles, quizás no a la altura de sus obras maestras, pero sí como intento rompedor y como muestra de un cine que, a pesar de no estar dentro de la maquinaria hollywoodiense, ha sentado bases para que géneros que pueden ir desde el cine de terror hasta el video arte hayan usado los elementos más significativos de ella.
10
10 de abril de 2010
16 de 19 usuarios han encontrado esta crítica útil
Ante la ley: Un hombre llega pidiendo ser admitido por la ley. A la entrada hay un centinela apostado. El centinela le dice que sólo él tiene el poder de hacerlo entrar Y que no intente pasar sin su permiso. Pasa el tiempo y el hombre decide esperar ya que “la ley es accesible para todos”. La espera se trasforma en larga, El hombre se va debilitando hasta volverse un moribundo, pero no hay forma que el centinela lo deje entrar a pesar que por la puerta se filtra una luz blanca. Un día después de muchos años el hombre pregunta: si él tuvo que esperar tantos años, por qué no se había acercado otra gente. Es centinela contesta: Tú no entiendes ESTA PUERTA FUE COLOCADA PARA TI, y ahora la voy a cerrar. El mismo Orson Welles dice con voz en off, esta historia tiene la lógica de un sueño o de una pesadilla.
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spoiler:
Joseph K es informado de su arresto en la pensión donde vivía una mañana muy temprano. Los inspectores, consideran que todo lo que dice K es sospechoso. Nunca le informan cuál había sido su delito. K se pone nervioso y confunde las palabras. Pide que no toquen su fonógrafo y dice “ pornóforo”, investigan una marca ovoide en el piso, que era la huella que había dejado el sillón de odontólogo del dueño fallecido de la pensión que habita K. También se apropian de algunas de sus camisas, ya que no las iba a necesitar mas.
K se presenta en la sala de audiencias atestada de gente, e intenta advertirlos de que estaban conspirando contra él y que no caigan en la misma trampa. Toda clase de escenas muestran la corrupción que rodea al sistema, mujeres que aparecen fornicando en mitad de la audiencia, fotos pornográficas dentro de los libros del juzgado. Lo primero que le preguntan a K es si es pintor de Brocha Gorda, su indignación crece y por consejo de su tío Leni van a ver al juez Haessler ( Welles) que tenía contactos muy influyentes, pero K va percibiendo que no podían hacer nada por él.
Anthony Perkins
En una escena en los claustros judiciales hay muchos hombres, ancianos inmóviles que están esperando que su proceso se resuelva. En algún momento todos ven a pasar a Joseph K y se quitan el sombrero, al principio él creyó que lo confundían con un juez, luego se dio cuenta que por la expresión de sus labios esta gente ya sabía su destino final, y por eso le rendían sus respetos. En la audiencia pública K denuncia que le habían robado pertenencias, sin saber que luego esos dos detectives iban a ser azotados, ya que ellos cumplían su trabajo pero tampoco sabían de qué estaba acusado K. En algún momento que estaba con su tío Leni oyó chillidos y pensó que era un perrito. Eran esos detectives que estan siendo azotados pero que se taparon la boca con una cinta para no hacer ruido. K se angustia y lucha estoicamente para intentar defenderse. El manejo de los ángulos, tomas y balances de blanco y negro con una música recurrente del adagio de Tomasso Albinoni, la trasforma para mí en la mejor obra de Orson Welles muy a pesar de Citizen Kaine, El que se mete en la película se siente como K. Por supuesto termina ajusticiado sin saber de qué se lo acusaba
10
5 de abril de 2016
14 de 16 usuarios han encontrado esta crítica útil
57/20(29/03/16) Obra Maestra del genial Orson Welles, arrollador drama psicológico, adaptación libre de la famosa novela inacabada de Franz Kafka “The trial” (1925), publicada tras su muerte. Arrebatadora propuesta fascina por su absorbente estética, apabullante reflejo de cómo a través de la ambientación un film consigue trasladarnos con punzamiento lo que siente el protagonista. Relato con narrativa que divaga entre lo surrealista y lo gótico nos adentra en una corrosiva y ácida crítica a la fría burocracia, a la desalmada justicia, a las dictaduras de pensamiento, a la corrupción del poder, o las injusticias. Welles declaró " The Trial . Es la mejor película que he hecho". Charles Chaplin dijo de esta película “ ...esta es la cumbre del arte cinematográfico”.

Welles construye un relato de carácter atemporal y universal, exhibe una sociedad desoladora, decadente, degradada, sin alma, expone lo perdido que esta el ser humano perdido en la inmensidad, habla de su soledad ante la maquinaria del poder, de su indefensión, muestra el individualismo y la libertad de pensamiento han desaparecido en pos de ser los humanos eslabones de una invisible cadena, se impone la pérdida de identidad, dominados por un ente superior cuasi-etéreo. Film que se convierte en un feroz ataque a los poderosos, uno de los mantras de OW, muestra una sociedad desprovista de privacidad, cercana al espíritu de la posterior obra de Orwell “1984”, donde los valores morales son difusos, la doble moral impera, donde las instituciones encargadas de imponer la justicia abusan de su prebenda, abusan de su jerarquía, habla de lo arbitrario de la justicia. Crea con su sublime atmósfera alrededor del un clima angustioso, de desesperación, inquietante, de confusión, de asfixia anímica, de complejidad existencial, cuasi-metafísica, oprimiendo a K poco a poco en un crescendo dramático trémulo, el angustiado personaje se encuentra luchando contra un muro, contra el surrealismo de ser acusado de algo que no sabe que es, indefenso y empequeñecido ante el Monstruo asentimental que nos domina, llegando a creer en la inseguridad abstracta a la que es sometido que es un criminal, pues nadie está libre de culpa.
Jeanne Moreau
OW nos traslada a un microcosmos extraño y turbador, alcanza su objetivo de desconcertarnos, ello en una evolución con un estilo visual neurálgico, con multitud de metáforas en imágenes, de simbolismos, rebosante de detalles inteligentes, un lenguaje estético alegórico de enorme profundidad, una edificación que cautiva por su incisiva fuerza, enganchándonos en su telaraña de emociones, divagando por lo cuasi-onírico, desde su tenso arranque en que unos agentes van a detener a K en su habitación, con encuadres que oprimen, con apenas movimientos de cámara, la profundidad es nula, sentimos la claustrofobia de K, las paredes y techo parecen estrecharse por momentos haciéndonos participes de la incomodidad de K. Esto contrasta con otros momentos en que vemos al protagonista en enormes escenarios repletos de muchedumbre, como en la colosal oficina, en el teatro o en el palacio de justicia, con techos altísimos, donde se graba con gran angular para dar sensación de infinitismo y con ello enanizar a K. Con recursos tan formidables para inocularnos el desconcierto como no saber nunca si es de día o de noche, o con elipsis sutiles que nunca sabes qué tiempo ha pasado, o el singular uso que se hace de las puertas, K cruza las cruza constantemente, estas se agigantan o achican de modo singular según este en un lado u otro, conduciendo estas a pasillos extraños, laberínticos, estrechos, o dando a habitaciones con estanterías con miles de libros, carpetas, folios, archivos, que nos apabullan, pasando de unos espacios a otros de modo surrealista, en un reflejo del desmoronamiento mental de K.
Anthony Perkins
Y es que la puesta en escena es un protagonista más, con una labor de dirección artística espléndida de Jean Marandoux (“Domicilio conyugal”), rodando en Croacia, en Zagreb ( la catedral, escena de la mujer arrastrando el baúl y la fachada de la gran oficina), y en Dubrovnik (en una nave industrial se recreó la fastuosa oficina de cientos de trabajadores), en Italia, en el Cuartel General Del Ministerio Naval de Roma (La fachada del Palacio de Justicia), en el palacio de Justicia de Roma, en Francia, en la Estación de Orsay y en los Studios de Boulogne-Billancourt, crea sentimientos paradójicos, como mencionados arriba, enervadores escenarios que emiten tintes kafkianos, así como la perplejidad de K, algunos deformados y exagerados, con manejo de masas de extras prodigioso, estirados y reducidos por la memorable cámara, atomizados por la fenomenal fotografía en glorioso b/n de Edmond Richard (“Campanadas a medianoche”), con sublimes juegos de iluminación, con contrastes, con sombras, con claroscuros, con luz monocromática artificial que se filtra entre hendiduras, con luces que parpadean, con reflejos en espejos, con tomas distorsionadas, con planos-secuencias (la primera visita de la policía a K) en movimiento, convierte alegóricamente y físicamente a K en un ser diminuto en algunos momentos, para imprimir impresión de un mundo que le supera, contra el que no puede, una lucha desigual, dejándonos envueltos en un aire pesadillesco, esto acentuado por expresivos picados y contrapicados (marca OW), cámara en mano, grúas para captar la inmensidad frente a la nimiedad individual humana, en un manejo de claras reminiscencias al expresionismo alemán, aportando ambigüedad, reflejando algo abstracto como el poder omnímodo e impenetrable de la justicia de estado, sacudiéndonos con tenebrosidad, claustrofobia, con procaces primero planos (brillante el ojo que mira entre las rendijas). Punteado de modo excitante por el adagio de Albinoni arreglado por Jean Ledrut (“Austerlitz”), con alguna melodía de jazz, provocando intensidad dramática en los espectadores. Todo esto sumado hace que empaticemos con el padecimiento del tormento de K. (SIGUE EN SPOILER)
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spoiler:
Anthony Perkins realiza una muy sentida y conmovedora actuación, con un lenguaje gestual primoroso, con un arco de desarrollo extraordinario. Orson Welles deja patente su poderío, su atronador carisma, impone respeto y marca su habitual ambigüedad moral. Jeanne Moreau encarna con brillantez a la vecina de K, aportando melancolía. Romy Schneider está muy bien en su rol, aportando picardía y ternura, posee una gran química con Perkins. Akim Tamiroff esta maravilloso en su papel de apocado cliente que se deja humillar por el abogado, emite ser un pusilánime patético. William Chappell está notable como el pintor, en una sola escena deja impronta, transmite una rara mezcla entre demencia y lucidez sangrante. El resto del elenco cumple de lujo como sibarita apoyo al descenso al averno de K.

Spoiler:

Momentos recordables: El poético inicio, Welles narra en off una parábola de Kafka "Ante la ley", con el trasfondo de una original animación creada por el artista dibujante ruso Alexandre Alexeieff, realizado a base de pin screen, técnica inventada por él y su amante Claire Parker, dibujos compuestos a base de puntear con agujas, generando relieves, retroiluminándose para generar la imagen en pantalla con su sombra; Al principio el agobiante tramo en que K es “visitado” por dos policías para arrestarle, cuatro minutos de plano secuencia en que apenas la cámara se mueve, con techos bajos rodado en contrapicado para dar más asfixia; Las secuencias en la interminable oficina con cientos de escritorios con secretarias; Cuando vemos una estatua en un descampado, tapada con una sábana, se supone con forma de la justicia con la balanza, cientos de personas semidesnudas, ancianos decrépitos con un cartel colgando de su cuello con un número, en una formación caótica, k cruza entre ellos, donde todos permanecen en sepulcral silencio; La visita en el palacio de Justicia, con cientos de espectadores, K se siente vejado y manipulado por los jueces dando un sentido discurso; El momento con la monumental computadora, con infinitas lucecitas, creando la sensación de omnipotencia sobre el humano; La entrevista con el abogado Hastler, este tumbado cual rey en una ultra barróca cama, demencial sus argumentaciones, tiene este un cliente-esclavo encerrado en una diminuta habitación; La escena de amor entre Leni y K entre montones de folios , picante para su tiempo; La visita de K al pintor Titorelli, llega a su piso por una escalera ruinosa acuciado por decenas de niños, el apartamento es un caos, sus paredes sonde tablas mal puestas, y entre sus rendijas los niños espían, vemos sus ojos observar entre las grietas, tras terminar la charla K se va por otra puerta para huir de los niños, y al cruzarla se encuentra en los pasillos del Palacio de Justicia, con estanterías rebosantes de documentos, tras pasar por otra puerta entra en otro pasillo tipo el apartamento de Titorelli, maderas por las que vemos ojos inquisidores, y oye gritos de acusados, de pronto llega a un túnel de piedra, por el que corre, decenas de personas envueltas en sombras le persiguen un tránsito cuasi-alucinatorio de opresión de la “justicia” y ...; El tremendo final en que K es llevado por dos verdugos por las calles de la ciudad a un descampado, pasando bajo la estatua de la justicia tapada con la sábana, conducido a un hoyo donde es lanzado, ninguno de los verdugos quiere ser el ejecutor, K les grita que son unos cobardes y estos le lanzan unos cartuchos de dinamita encendido, K ríe demente, y explota fuera de plano, formando una nube de humo que evoca las bombas Nucleares.

Obra inclasificable, Obra maestra, Obra imprescindible para todo buen cinéfilo que se precie por su carga de profundidad y su inteligente afán crítico. . Fuerza y honor!!!

Crítica sesgada por el límite de caracteres, ver íntegra en. http://tomregan.blogspot.com/2016/04/el-proceso.html
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