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Miquel
Palma de Mallorca (España)
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Su valoración:  |
17 de Abril de 2006 |
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Escrita, producida y dirigida por Ingmar Bergman, fue su primera colaboración con Liv Ullman. Se rodó en estudio y en la costa de Gotlands Lan, al sur de Suecia. Nominada a un BAFTA, ganó 5 premios.
La acción tiene lugar en un hospital y en una finca próxima al mar. Narra la historia de Alma (Bibi Andersson), de 25 años, enfermera, que atiende a Elisabeth Vogler (Liv Ullman), actriz de teatro, casada, madre de un hijo, que hace 3 meses, durante una representación de Electra, dejó de hablar. No hay causas que expliquen su postración y su silencio. La doctora (Margaretha Krook) las envía, durante una temporada, a la finca que tiene junto al mar.
La secuencia prólogo contiene referencias a 5 temas: religión (araña/dios, crucifixión, cordero pascual), sexo (falo, vagina), arte/ilusión (proyector, cine mudo, pantalla), vanidad de la vida humana (personaje que inutilmente trata de trabajar) y muerte (personaje mudo, depósito mortuorio). Parece sugerir una de las ideas centrales del autor: el ser humano, al constatar la vanidad de su destino, la muerte, trata de encontrar la inmortalidad a través del sexo, el arte y la religión. El cordero pascual muere, las manos crucificadas mueren, la araña mata, ¿puede la religión librar de la muerte? El arte, como el cine, es una ilusión finita: concluye cuando finaliza la película o se quema la cinta. El sexo engendra hijos destinados a vivir en un mundo de mentira y muerte. ¿El ser humano se engaña o se afirma cuando busca la inmortalidad? El proyector, el foco, la cinta, la pantalla y otros elementos del prólogo ponen de manifiesto que el cine no crea una realidad trascendente, sino sólo una ilusión de realidad, que puede ser inmensamente bella, pero no puede dejar de ser irreal. La obra explica que el relato en cine se puede crear sin diálogo, sin personajes y sin argumento. El diálogo se puede sustituir por un largo monólogo. Los personajes que interactúan pueden ser, en realidad, dos imágenes de una misma persona (Alma es conciliadora y locuaz, Elisabeth es obstinada e iracunda: dos perfiles o expresiones de una sola persona). La posible inexistencia de un argumento o motivo básico se explica a través de la falsa enfermedad de Elisabeth, que no es más que el reflejo de la búsqueda de un refugio hermético, que la aisle del mundo de mentiras y de muerte, que no acepta. La locuacidad de Alma es la vía a través de la que trata de huir de si misma, de su verdad, su debilidad y su oculto rechazo de la muerte. El largo monólogo de Alma recuerda "La vida es sueño", de Calderón.
La película, escrita por Bergman en un hospital durante la convalescencia de un fuerte estrés, es un relato concebido en plena libertad. La fotografía es magistral. La interpretación de Bibi Andersson es extraordinaria. La obra es una de las más depuradas y personales del director. Plantea preguntas, siembra inquietudes y disipa falsas ilusiones. Invita, sobretodo, a la reflexión y a gozar del buen cine.
(El resto de la crítica puede contar partes de la película)
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spoiler: La referencia a Electra evoca la aproximación de ésta al mundo de los muertos y su acumulación de ira, rabia y deseos incontenibles de venganza, por la muerte del padre, que no acepta.
Miquel 
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| 152 de 179 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Bloomsday
AA-licante (España)
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Su valoración:  |
20 de Diciembre de 2006 |
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El proceso creativo, el artista. Bergman nos rompe la ilusión de realidad, esa madriguera calentita del que ve una película creyendo por unos minutos, aunque sepa que no es así, que la imagen proyectada es cierta, que sucede realmente. Bergman prefiere ser el cirujano que constantemente rompe la narración, que nos sacude el letargo del hilo narrativo con un fuerte olor a cloroformo (mostrándonos arcos de luz, desenfocando la imagen...) para indicar que alguien está manejando el asunto, que alguien plantea sus dudas, sus contradicciones y su propia experiencia a través de una mera ilusión de realidad. Que Bergman, y por extensión el cine mismo, nos está colocando sus propias cuitas en primer término de forma mucho más desnuda que las películas convencionales.
Bergman, como digo, se carga esta máscara. Y lo hace para que quede clara su reflexión, para que estemos al tanto de la manipulación y la distancia. Un mecanismo que, además de impactar por su innegable eficacia, sirve de guía.
La metáfora del silencio es fantástica. Me encantaría hacerlo. Creo que es la única solución posible. La falta de voluntad, dejarse llevar por una sinergia que no entendemos, no plantear falsas resistencias que sólo son espejismos. Por ello Bergman rompe la ilusión de la imagen cinematográfica, para hablar de todo esto sin recurrir a la falsa ilusión que proporciona el concepto “película” y que, trazando un paralelismo, es la que nosotros empleamos para vivir. Nuestra vida es una ilusión, una impostura. Una película. El lenguaje, los actos... no hay verdad en ellos. Aunque creamos lo contrario son tan falsos como el cine, sólo incorporan vocación de realidad, nada más. Sólo así se explica que seamos tan contradictorios.
El silencio, la comunicación, el contacto... Las dos mujeres irán desgranando sus miedos hasta demostrar que son una única persona. Dos perspectivas de lo mismo, los miedos y congojas desde dos puntos de vista que, en el fondo, son la misma cosa. Las dos protagonistas representan cosas distintas, tienen planteamientos, digamos, vitales distintos... Pero acaban siendo lo mismo (hipnóticamente representado por Bergman en un plano parte ya de la historia del cine). Se sinceran, se comprenden, se enfrentan... Como cada uno de nosotros hacemos con nosotros mismos.
En esta crítica he obviado cualquier dato de interés sobre posibles explicaciones y elementos que rodearon la gestación de la película ya que sería repetir cuestiones ya mencionadas. En este sentido recomiendo leer todas las críticas anteriores y especialmente las de Miquel y Carsecor. Son una importante pista a la hora de entender algo de este galimatías. El que quiera entender claro, que lo de la comprensión está muy sobrevalorado. Yo prefiero la implicación.
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(El resto de la crítica puede contar partes de la película)
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spoiler: ...
Luego además, Bergman no puede reprimirse, nos habla de la nada, del vacío existencial, de la “náusea” (el desconocimiento de nuestro cometido, la sinrazón de las guerras, sufrimientos etc., la inutilidad de nuestros quehaceres cotidianos, la torpeza del amor, del sexo, la ternura... de esas cosas que consideramos asideros indiscutibles de nuestras vidas). Pero esta parte me interesa menos. No es arrebatadora, no sientes la oquedad de la vida como sí la notas en por ejemplo La náusea de Sartre o Malone muere de Beckett (siento ponerme pedante, como Bergman, pero tengo la excusa de que hablo desde la pasión que siento por estas novelas y desde los magníficos ratos que me han hecho pasar, no desde una erudición de la que, por otra parte, carezco). Desde la perspectiva de este tipo de literatura la desazón existencial que Bergman nos plantea en Persona se me queda un poco corta; no engancha, no acojona. No te hace sentir el vacío, no te abre el pecho. Sólo comprendes de lo que te está hablando. El problema es el enigmático tono que insiste en imponernos. Como si las dudas existenciales más intangibles (la incógnita de un mundo aséptico ante el sufrimiento ajeno, la incógnita de nosotros mismos etc.), y las más, digamos, cercanas (el enigma de un disco sonando, levantarse en una habitación extraña, un papel retorciéndose en el suelo...), no fueran ya suficientemente sombrías. Como si el famoso to be (ser y estar) no fuera suficientemente jodido.
Por tanto mi nota, un magnífico 8, va más por la puesta en escena, las interpretaciones, los hallazgos visuales y la alucinada iluminación en blanco y negro (con sus diferentes texturas)... que por su existencialismo críptico. Y por un par de ideas en la resolución de la cinta que me parecen perfectas. Y porque es claro que forma parte de ese selecto club de películas extravagantemente únicas.
Para verla varias veces tomando apuntes sobre lo que va pasando para así atar cabos al final. No estoy preparado aún para decir que es la cumbre de Bergman. Y además me extraña que tanta gente sí lo esté.
Bloomsday 
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| 70 de 89 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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tantra
Pandereta's Land (Mongolia)
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Su valoración:  |
14 de Febrero de 2006 |
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Si tuviera que quedarme con la obra que más huella me ha dejado durante y tras su visionado y re-visionado (mejor aún, cosa muy poco común en el cine), esa sería sin duda Persona. Advierto al espectador de que la película está basada en el silencio (al igual que la excelente y reciente Hierro 3), en la contemplación, en la exploración de la actitud humana frente a los demás. Recuerdo haber tenido la sensación de ver una película de terror cuando aparece el fundido en negro de Elisabeth y Alma (quizá por la habilidad casi entomológica de Bergman de mostrarnos el alma humana al desnudo), el picado de la cámara sobre Elisabeth o las espectrales imágenes de Alma y Elisabeth de noche. Apoyado por unas soberbias interpretaciones de Bibi Andersson (Representando la sinceridad, la sencillez y la empatía) y sobretodo, Liv Ullmann (más atractiva y fascinante que nunca por la complejidad del personaje que borda), junto con uno de los mejores trabajos de fotografía de la historia (del impagable Sven Nykvist), la película explora los silencios, las miradas, el comportamiento de dos personas que guardan secretos que provocarán que las relaciones se emponzoñen... Una pieza clave en la historia del Séptimo Arte. Imprescindible
tantra 
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| 53 de 61 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Eumelo
Ferrol (España)
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Su valoración:  |
9 de Octubre de 2007 |
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Con “Persona” Bergman llega a la máxima desnudez y minimalismo, tanto formal como argumentalmente, para hablarnos de la lucha que mantenemos con nosotros mismos, en forma de tormentoso debate entre el fingimiento mimético e hipócrita, o sea, el estar continuamente interpretando un papel como si fuéramos actores en nuestra propia vida; y la tentación de liberarnos de los corsés, quitarnos las pesadas máscaras de tragedia griega, abrirnos al mundo y a los demás, ser nosotros mismos (con todo lo que ello pueda conllevar de sacar a la luz aspectos incómodos, oscuros o retorcidos). Entre ambas posturas, aparece la postura intermedia del mutismo, el aislamiento, el encierro silente que nos impermeabilice del dolor, la culpa, y todas las hostilidades y miserias de este mundo cruel.
Ninguna de las tres opciones (liberarse, encerrarse, o simplemente seguir la corriente) aparece como la más idónea. Como de costumbre, Bergman plantea dilemas pero no da soluciones claras.
Propuesta realmente radical, ya que se basa casi toda en el monólogo, pero sin llegar a hacerse pesada gracias a un lenguaje rico, sugerente, subyugante. El empleo de la palabra me ha parecido uno de los más conseguidos en el cine de Bergman (en especial la narración del episodio sexual, que sin una imagen llega a ser más erótico que muchas películas basadas en la evidencia sexual).
Bibi Andersson hace la mejor y más completa interpretación que le haya visto.
Eumelo 
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| 62 de 81 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Servadac
Madrid (España)
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Su valoración:  |
8 de Septiembre de 2007 |
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Hay, para cada uno de nosotros, un reducido número de artistas irremplazables. Artistas que nos llegan tan adentro que no es posible analizarlos ni juzgarlos desapasionadamente.
Ingmar Bergman quizás sea el cineasta que mejor ha retratado la parte más sombría de mi alma; no sabría decir cuánto le debo a ese admirable sueco desgarbado, neurótico y genial.
[...]
Nunca tendrá la menor noción de mi existencia y, sin embargo, ha sido una persona clave para mí. Su desaparición me disminuye y empobrece.
[...]
Se cumple, en mala hora, un voto de silencio.
(El resto de la crítica puede contar partes de la película)
Ver todo
spoiler: ELISABETH (transcurridos casi 80 minutos): Nada.
Adiós, Ingmar. Nos has legado el cine. Y una terrible desazón para todos aquellos que creímos en tu lucha desigual contra la muerte.
Ya sólo nos queda la palabra.
Servadac 
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