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La barrera invisible

6,9
1.048
votos
Año
1947
País
Estados Unidos
Director
Reparto
Género
Drama | Racismo
Sinopsis
Un escritor que escribe un libro sobre el antisemitismo decide hacerse pasar por judío. Esta experiencia le será muy útil: nunca había imaginado que fueran tantas las dificultades que tiene que afrontar una persona judía. También le resultará muy instructivo observar cómo reaccionan sus amigos y compañeros de trabajo cuando se enteran de su origen semita. (FILMAFFINITY)
Críticas ordenadas por:
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12 de diciembre de 2005
24 de 26 usuarios han encontrado esta crítica útil
Aunque no carece de elementos atractivos, esta es una de las películas menos interesantes de la notable trayectoria de Elia Kazan. O al menos una de las que no han resistido tan bien el paso del tiempo. Sin embargo, no se puede cuestionar el rigor formal de su puesta en escena, la claridad con que el cineasta conduce el relato y la habitual maestría de su dirección de actores. Sin embargo, lo que en su época impactó a las audiencias e hizo reflexionar a toda una nación -la necesaria mirada al antisemitismo que el estadounidense no estaba dispuesto a reconocer aunque lo practicaba casi a diario-, hoy aparece algo avejentado. No porque dicho antisemitismo haya dejado de existir, sino porque el enfoque del guión del prestigioso Moss Hart es demasiado obvio, blando y didáctico, y sus buenas intenciones lo hacen caer en la ingenuidad y la simpleza, lo que incluso puede hacer que el espectador actual la juzgue como exagerada y superficial; por lo mismo Kazan no alcanza los niveles de agudeza, precisión e intensidad que sí alcanzó en clásicos como “Al este del Edén”, “La ley del silencio” o “Esplendor en la hierba”, por nombrar algunos. De todos modos “La barrera invisible” es válida como testimonio de la sociedad del Estados Unidos de posguerra, siempre dispuesta a cuestionar la doble moral e intolerancia de los demás pero reticente a admitir la propia: un presagio de la célebre Caza de Brujas en la que posteriormente se vería tristemente implicado el propio Kazan. Los actores están muy bien y son quizás la única razón de peso para darle una oportunidad a esta cinta: la habitual credibilidad y humanidad de Gregory Peck en uno de sus típicos roles positivos, la presencia de John Garfield, los sólidos desempeños secundarios de Celeste Holm y Anne Revere, y sobre todo la estupenda y habitualmente subvalorada Dorothy McGuire, conmovedora y creíble en su proceso interno, como queda demostrado en su diálogo junto a Garfield. Una gran actriz a la que no se recuerda lo suficiente.
Lawrence
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20 de marzo de 2008
24 de 29 usuarios han encontrado esta crítica útil
Película algo extraña, interesante sin lugar a dudas y algo etnocentrista con el judaísmo, a cuyos seguidores presenta como víctimas principales de segregación o trato discriminatorio en EE.UU. Un planteamiento bastante exagerado —claro que hay que comprender que el filme es del año 1947, dos años después de acabada la II G.M. y con el desvelamiento aún fresco por aquel entonces de la matanza horrorosa de millones de judíos en los campos alemanes de exterminio—; al menos visto desde hoy en día nos parece algo extremo el planteamiento del guión, pues la sociedad estadounidense como cualquier otra tiene barreras invisibles, racismo y comportamientos despreciativos hacia muchos colectivos, pero NO son precisamente los judíos los más agraviados. Hay en Norte América muchísimo más anti-indigenismo, anti-negrismo, anti-latinos, anti-comunismo o anti-nipones o personas de ojos rasgados, mucho más que anti-judaísmo (al referirse a esta cuestión de ir contra los judíos lo mejor es emplear el término "anti-judaísmo" y no "antisemitismo", porque semitas son también los árabes, palestinos y otros pueblos del Cercano Oriente por más que la ignorancia común de la gente se crea que semistas sólo son los hebreos).

No obstante, este filme es digno de verse; sobre todo, más que por las lecciones plausibles que ofrece en pro de mitigar el antijudaísmo, lo cual resulta un tanto paternalista y exacerbado, por la buena filmación de las relaciones amorosas o noviazgo entre los personajes de Gregory Peck y Dorothy McGuire, ambos escenificando estupendamente los tira y afloja tan característicos de lo masculino y lo femenino cuando se emparejan por dejar bien atado desde un primer momento quién será el que de los dos lleve los pantalones o el mando en el devenir conyugal.

Fej Delvahe
Fej Delvahe
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30 de septiembre de 2010
9 de 9 usuarios han encontrado esta crítica útil
Un Kazan, cada vez más genial, filma la primera de sus excelsas películas. En " La barrera invisible ", Kazan lucha -porque lo suyo es una lucha cruenta y salvaje- contra el antisemitismo, pero sobre todo golpea al que abandera la causa de la protesta por el antisemitismo imperante y luego no es más que un despreciable y " educado " racista. Contra ello Kazan no descansa y al personaje de Philip se le revuelve el estómago contra los falsos pactos de caballero y contra la hipocresía del "ni una mala palabra, ni una buena acción ".
La puesta en escena y la fotografía son espléndidas. El guión magnífico. Los personajes, bien perfilados,magistralmente dirigidos y soberbiamente representados. Es difícil destacar a uno por encima de otro porque todos presentan un nivel excepcional. Claro que...como hombre no puedo dejar de admirar la feminidad y dulzura del personaje interpretado por Dorothy McGuire.
" La barrera invisible " es una joya del séptimo arte.Casi una obra maestra.
el chulucu
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5 de septiembre de 2008
9 de 10 usuarios han encontrado esta crítica útil
Siempre que leo críticas sobre esta película me encuentro que si el tiempo la ha dejado en clara decadencia, que si es demasiada exagerada...
En aquella época es cierto que existía mucho más racismo hacia los negros que a los judíos, pero ya que a Zanuck se le ocurrió llevar este guión al cine pues hablemos de ellos. Aunque sea mínima la discriminación la había y ya es excusa como para llevarla al cine, y si a esto unimos que hacía solo dos años lo del holocausto nazi. No veo propuesta más modesta que la que nos ocupa.

En los demás campos no creo que haya que hablar mucho, Elia Kazan cumple perfectamente con su habitual maestría. Gregory Peck, el americano ideal, está muy bien, al igual que John Garfield y el apartado femenino, Dorothy MCGuire, Celeste Holm, Anne Revere...

Por último decir que no me ha parecido la mejor película de Kazan, pero ni mucho menos la menos interesante, un gran drama con un mensaje claro y sincero.
Dusty Rivers
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13 de febrero de 2015
5 de 5 usuarios han encontrado esta crítica útil
“Gentleman´s agreement” o “Pacto de caballeros” que diríamos en español, es el título del film, que se refiere obviamente, a un pacto racista de silencio que no consta en ningún documento, pero que se cumple estrictamente y subyace en una sociedad provinciana y timorata. Un film de notable interés, valiente y arriesgado, en su momento – ampliamente recompensado por la Academia de Hollywood –, que siguiendo las pautas marcadas por Laura Z. Hobson en su novela y con guión de Moss Hart, trata el tema que desgraciadamente, incluso hoy subsiste, y es el antisemitismo, no olvidemos que en 1947, aún no se había creado el estado de Israel y el mundo estaba horrorizado por el exterminio nazi. Es el inicio de la colaboración de Elia Kazan y Darryl F. Zanuck, el magnate de la Fox, fuertemente influenciado por éste último que impone los temas sociales del momento, el antisemitismo y el racismo con “Pinky”, la siguiente película de Kazan.

Con un gran presupuesto y partiendo de una idea sugerente, que permanece viva porque habla de sentimientos encontrados, de incomprensión y de valores morales, el film narra las vicisitudes de un escritor Phillip Green (un excelente Gregory Peck), viudo y con un hijo al que intenta educar con valores nobles de respeto y tolerancia hacia sus semejantes, que se dispone a escribir para una revista neoyorquina una serie de artículos sobre el antisemitismo, haciéndose pasar por hebreo, atravesando esa barrera invisible que todos asumen y nadie denuncia. A partir de entonces, Kazan pone el dedo en la llaga pero trata de “endulzarlo” elegantemente a la vez, con los problemas sentimentales de una relación amorosa con Kathy (estupenda, Dorothy McGuire), sobrina del editor, amortiguando la posible corrosividad de la denuncia social.

El cineasta no recurre a grandes gestos ni a situaciones extremas que reclamen la adhesión del espectador, sino poniendo el dedo sobre las heridas que produce la convivencia cotidiana, esas frecuentes manifestaciones racistas subconscientes, esos repugnantes chistes que no solo no deberían hacer gracia sino que deberían reprobarse, esas miradas que lo expresan todo sin que nadie diga nada en voz alta, esos rechazos en la vida social provocados por reacción a lo que se cree diferente o a lo que no coincide con los intereses del grupo dominante: algo que sigue dándose hoy en todo el mundo apoyándose a veces en bonitos discursos populacheros que si dejan algo claro es que la bestia del fascismo, sigue ahí, agazapada entre nosotros.

Aunque Elia Kazan en 1947 era considerado un gran director teatral, con mucho prestigio, en el terreno del cine rodaba sus primeras películas, concretamente la cuarta, y se mostraba muy interesado por buscar soluciones de puesta en escena menos dependientes de su experiencia teatral, en cierto modo, se trataba de un redescubrimiento personal de ciertas propiedades expresivas del cine. Construyendo planos dinámicos, realizando panorámicas, lentos “travellings” de aproximación a los personajes, aprovechando la profundidad de campo, eludiendo la presunta teatralidad del encuadre fijo y queriendo mostrar el estado de ánimo de sus personajes. “La barrea invisible” fue para Kazan su espaldarazo al mundo del cine que alternaba con sus montajes teatrales, luego fundó junto a otros el “Actor´s Studio” y vino la “caza de brujas” con su delación, pero eso es otra historia.
Antonio Morales
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