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Críticas de "Adiós, muchachos"
Adiós, muchachos
Notable
Louis Malle
(1987)


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64 de 67 usuarios han encontrado esta crítica útil.
Miquel   Palma de Mallorca (España)
Su valoración: Muy buena 19 de Octubre de 2005
Dirigida, escrita y producida por Louis Malle, fue la primera de las cuatro películas que realizó tras su regreso de los EEUU. Nominada a dos Oscar (película extranjera y guión), ganó el León de Oro de Venecia, siete Cesar y otros premios.

La acción tiene lugar en el internado del colegio de los Padres Carmelitas en Fontainebleau, entre octubre de 1943 y enero de 1944, durante la ocupación alemana. Narra la historia, autobiográfica, de amistad y lealtad entre Julien Quentin (Gerard Manesse), un muchacho católico, de 13 años, hijo de padres parisinos acomodados, y Jean Bonnet/Jean Kippeinstein (Raphael Fejtö), hijo de padres judíos, separado de la familia y oculto en el internado. La obra, sutil y compleja, propone diversas líneas de reflexión. Explica el desarrollo de una relación de amistad entre dos adolescentes que encuentran motivos de encuentro en la lectura en común, la música al piano que interpreta Jean, los juegos y en el descubrimeinto por parte de Julien del secreto de Jean, que guarda celosamente en silencio. Revela el trauma de unos chicos judíos, sin familia, ocultos bajo una falsa identidad, inmersos en la práctica de unos ritos religiosos que no son los suyos y en la enseñanza de unas creencias que no comparten. La narración no contiene juicios de valor explícitos e intencionados: no contiene ni elogios ni condenas. Los hechos hablan por si mismos. No se pueden evitar, sin embargo, ni el contraste entre los uniformes, visualmente perturbadores, de los soldados alemanes y los hábitos sobrios y austeros de los carmelitas, ni las diferencias entre las amabilidad verbal de éstos y los gritos áperos del jefe de la Gesapo. No se oculta el colaboracionismo de compatriotas, con sus secuelas de delaciones, traiciones y venganzas interesadas. Son escenas destacadas del film la despedida de la madre en la estación de París, la lectura nocturna que los dos chicos hacen de una escena de amor, los juegos de guerra en el patio, la furtiva y rápida mirada pedófila en la sala de duchas y las magníficas escenas finales.

La música recoge solos de piano tomados del "Movimiento musical nº 2" de Schubert y del "Rondó caprichoso" de Saint-Saëns. La fotografía, con predominio de colores neutros, resalta el dibujo mediante contrastes de tonos y un excelente movimiento de cámara. El guión, del propio director, muy trabajado y bien construído, pone el acento en la descripción de la inocencia, ternura y sinceridad de la infancia. La interpretación de los dos protagonistas brilla por la naturalidad y espontaneidad. Debuta en cine Irene Jacob con un breve papel de maestra de piano. La dirección imprime a la acción un ritmo atenuado y equilibrado, que subraya la emotividad del relato en una progresión magistral.

La película marcó el inicio de la consagración internacional del autor. Constituye una invitación a favor de la inocencia, tolerancia y amistad y una denuncia contra de la barbarie del racismo.
Miquel
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33 de 34 usuarios han encontrado esta crítica útil.
Taylor   Terrassa (Polonia)
Su valoración: Notable 26 de Noviembre de 2009
Muchos han sido los que han subrayado una y mil veces la sutil emotividad de esta peli. Aún así, considero que no está de más reincidir nuevamente en ella porque esta es, sin lugar a dudas, su cualidad más eminente y peculiar. Entiendo y comprendo también, sin embargo, a todos los que echan de menos en “Au revoir, les enfants” un tono algo más dramático e intenso. Los entiendo y los comprendo porque yo tampoco me tengo precisamente por un embajador de la sutileza y porque -para que nos vamos a engañar- a mi lo que me pone de verdad es el drama, la épica y la pasión. Supongo, en cualquier caso, que Malle optó por adoptar esa postura sobria y contenida para intentar abordar de la forma más honesta y veraz posible una obra cuyo cariz autobiográfico así lo requería. Obviamente, lo consiguió.

Es más, en lo que a mí respecta, Malle consiguió retrotraerme a mi infancia en los Padres Carmelitas de Terrassa. Y así, a medida que la peli iba avanzando, multitud de imágenes, sonidos, olores y sabores se agolpaban en mi mente: el griterío ensordecedor de doscientos niños jugando incontables y simultáneos partidos de fútbol en la misma pista, el inconfundible tufillo a tigre en clase después de la hora de recreo, el persistente sabor del regaliz en los labios, los despiadados tirones de oreja del Padre José, los impresionantes fajos de cromos repes que trajinaban algunos privilegiados... Pero si algún recuerdo sobresalía por encima de los demás era el de mi insobornable complicidad con Jeremías o Roberto, mis compañeros del alma. Algo que Malle, mediante Jean y Julien, logra plasmar en “Au revoir, les enfants” con una naturalidad insultante. Y cuando una peli consigue hurgar en la nostalgia con tanta espontaneidad, sin afectación ni artificio alguno, es que tiene algo especial. Llamadlo guión, dirección, fotografía, ritmo narrativo, manejo de cámara o lo que queráis. Yo lo llamo magia.
Taylor
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24 de 29 usuarios han encontrado esta crítica útil.
Manu_A   Barcelona (España)
Su valoración: Buena 22 de Septiembre de 2007
Difícil tarea la de escribir un comentario de este film. No quiero ser injusto con el film pero creo que acabaré siéndolo y no le haré justicia.
Lo digo porque lo percibo como un buen film en todos los niveles pero que a mí....me dejó terriblemente frío. No sé como transmitirlo. Recuerdo que tuve similar sensación con El pianista de Roman Polanski.
No hubo implicación emocional activa con el film y eso es algo que me defraudó. Me mantuve en el burladero cuando hubiese preferido saltar a la plaza.

Estamos ante una historia de la pérdida de la inocencia entre otras cosas. Ambientada durante la ocupación alemana en Francia en la 2ª Guerra mundial, la película bajo una rigurosidad ética describe muy acertadamente y con gran precisión el momento en el que se sitúa, y describe con suma perfección la ambivalencia de los franceses ante la ocupación alemana y cómo estas circunstancias agitadas acaban influyendo decisivamente en el microcosmos en el que se centra la acción, un colegio para burgueses y de cariz católico. Por dicha perfección se percibe desde el principio su tamiz autobiográfico y la implicación emocional del director ante la historia que cuenta. Una implicación emocional desprendida de todo sentimentalismo y de nostalgia empalagosa que ofusque el resultado de la película.
Precisamente, esa falta de sentimentalismo, que no es un defecto sino más bien una virtud en este caso, en mi caso acaba jugando en su contra, ya que echo en falta más emotividad al tratamiento.

Otro punto que influye en la recepción fría del film me viene provocada por el retrato del protagonista. No le objeto ningún pero al retrato, ya que la introspección psicológica está muy bien construida (la de él y la de todos los personajes). El problema es que me resulta sumamente antipático y no me reconcilio con dicho personaje en ningún momento. Eso evidentemente, provoca que me distancie del film junto lo ya mencionado.

Hay alguna escena prescindible (como la escena en la que se pierden en el bosque los dos protagonistas), pero en conjunto la película se sigue con interés. No le pido ritmo a una película francesa pero afortunadamente no existen escenas contemplativas y de presunta trascendencia. Eso sí, no hay acción entendida como movimiento, sino más bien, hay descripción de situaciones que todas ellas van creando y conformando el clima de la historia hasta el desenlace.

En defintiva, el film es un retrato intimista, ecuánime, de sutilezas y de detalles sin estridencias y buen captor de los diversos matices que pueden adoptar una persona y una situación. Un retrato llevado hasta las últimas consecuencias, ya que acabado el visionado, me dio la sensación de asistir a un retrato con un perfecto acabado pero que no llega a más.....No es así, no es justo este valor, pero ya digo mi subjetividad no ligó con el enfoque del film.
Manu_A
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18 de 21 usuarios han encontrado esta crítica útil.
Amor Perro   Zaragoza (España)
Su valoración: Muy buena 25 de Junio de 2005
Malle, tras una etapa dedicada a trabajar en el cine norteamericano, donde dirigió una joya como 'Atlantic city', regresó a Francia para realizar esta maravillosa película que tenía un fuerte componente autobiográfico, y que está localizada en un colegio católico durante la ocupación nazi de Francia.

Allí se conocen dos niños, el protagonista y un chico judío silencioso, que conectan enseguida dando lugar a uno de los retratos de amistad infantil más commovedores del cine contemporáneo. Pero 'Adios, muchachos' tiene mucho que contar, y no se conforma con esto. Aquí aparece también el antisemitismo, o el retrato del clero que se ocupaba de la educación de los muchachos (sin dejar de mencionar muy leve y sutilmente la pedofilia).

'Adios, muchachos' era la absoluta favorita de aquel año para ganar el Oscar en la categoría de película de habla no inglesa, pero sorprendetemente se la arrebató la correcta producción danesa 'El festín de babette', inferior a todas luces a la sensible obra maestra del gran Louis Malle.
Amor Perro
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15 de 17 usuarios han encontrado esta crítica útil.
George Kaplan   Barcelona (España)
Su valoración: Excelente 18 de Abril de 2007
“Au revoir les enfants” es una película maravillosa, un bellísimo y triste retrato de la infancia, un canto a la amistad y, al mismo tiempo, un duro alegato contra las injusticias que el propio Louis Malle sufrió de niño durante la ocupación alemana de su país natal en la Segunda Guerra Mundial.
La película, que ha sido calificada por el crítico Carlos Boyero, como “sutil, hermosa, compleja, dura, tierna y honesta”, narra la intensa relación de amistad entre dos muchachos, Julien y Jean Bonnet, en un colegio interno dirigido por religiosos durante la ocupación alemana.
Entre ambos chicos, en el difícil intento de vivir, junto a sus compañeros, en un mundo ajeno a la brutalidad de la Francia ocupada, irá surgiendo un fuerte lazo de amistad en una edad en la que comienzan a interesarse por las chicas, mientras gozan del placer de la lectura de “Los tres mosqueteros”, “Las mil y una noches”, y las novelas de Julio Verne. Todo ello, mientras descubren el significado de valores como el compañerismo, la fidelidad o la traición.
El director francés afirmó que “a través de este muchacho que se me parece, he intentado reencontrar aquella primera amistad –la más fuerte- bruscamente destrozada, y representar mi descubrimiento del mundo absurdo de los adultos, con su violencia y sus prejuicios.
El film, ganador del León de Oro en el Festival de Venecia, tiene un guión espléndido. No se me ocurre una mejor manera de contar esta historia, emotiva a la par que desoladora. Destacar también la música de Schubert, la aparición de la bella Irène Jacob, que interpreta el papel de la profesora de música, y la magnífica escena en la que niños y clérigos se reúnen para ver, entre carcajadas, “El inmigrante”, de Chaplin.
“Adiós, muchachos” quizás suponga la obra cumbre de Louis Malle, quien reconoce que “esta película es mi punto de partida, mi origen voluntario, en el que yo me reconozco de verdad”.
Julien no olvidará nunca esa mañana de enero que supone el final de la película, final con el que es prácticamente imposible no emocionarse. Nosotros tampoco seremos capaces de olvidar esta obra maestra y este canto a la amistad que denuncia la brutalidad de sucesos como los ocurridos hace ya más de 70 años.
Como diría W. G. Sebald, “queda el recuerdo, no lo destruyáis”·
George Kaplan
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