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| 13 de 15 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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ChuckyGoo
Granada (España)
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Su valoración:  |
7 de Junio de 2006 |
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Meg Ryan abandona el papel de paguata de sus comedias románticas tradicionales para dejarse llevar por Jane Campion en un thriller dramático poco común.
En Carne Viva es una película poco comercial, poética, intimista y noctámbula. Es cierto que es un thriller y que la trama podía ser de cualquier película palomitera (crímenes, investigaciones, sospechosos...), pero la peculiar puesta en escena, en la que reina la pausa y el erotismo es lo que la enriquecerá para algunos o espantará a los amantes del género más cañero.
La cinta se desarrolla en un ámbiente lúgubre, urbano, oscuro y depresivo; un mundo en el que parece que nadie pueda ser feliz. Para plasmar este mundo hostíl la cámara deambula entre conversaciones, con continuos desenfoques que crean imágenes borrosas y herméticas. La cámara no se preocupa de buscar el mejor encuadre ni el plano perfecto, simplemente capta sensaciones y palabras. En la fotografía abundan los rojos y verdes, sobre todo cuando los personajes se encuentran en interiores o locales, en las que en su aspecto se ven unas luces inúsuales, tanto que a veces parece que los actores están dentro de una botella de Heineken.
Meg Ryan pone toda la carne en el asador para meterse en la piel de una mujer madura, solitaria y aburrida, desde el comienzo de la cinta parece que se encuentre en profunda depresión. Tambíen podemos ver a Jennifer Jason Leigh, que se pasa la película con el mismo chute que la Ryan interpretando a su hermanastra. Sabemos de sobra que a Meg Ryan le dio tiempo a pasar por quirofano para lucirse bien en sus despelotes, pero parece que a Jason Leigh la pillaron el plena dieta de la hamburguesa.
En resumen, una cinta extraña. Me atrevo a afirmar que cuando el espectador medio finalice el visionado de la película, la catalogará de pésima, y habitualmente será incomprendida. No es mala, de hecho el submundo creado está realmente coseguido, pero no deja de ser la obra de una friki que pretende levantar expectación.
Lo mejor: El ambiente sucio
Lo peor: Así de claro, puede no gustar.
ChuckyGoo 
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| 5 de 6 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Cinematic
Bilbao (España)
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Su valoración:  |
31 de Octubre de 2006 |
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Me gustó mucho la morbosa combinación de un sexo morboso con intriga policial y ciertos toques dramáticos. Meg Ryan sorprende en un registro completamente opuesto a lo que suele hacer, al igual que el notable actor Mark Ruffalo, que en esta película está más soso que de costumbre. La historia no es nada del otro mundo, pero su inquietante atmósfera, los fabulosos secundarios (Kevin Bacon, Jennifer Jason Leigh), ese morbo que desprende y lo impactante de algunas escenas consiguen que el film hipnotize y se aleje del montón.
Como aspecto negativo, destacar lo gratuito de algunas escenas de sexo (esto para muchos será más una virtud que un defecto) y la endeblez (tampoco exagerada) de la trama.
Ciertamente, es inferior a la obra cumbre de Jane Campion "El piano", pero demuestra la versatilidad de géneros que es capaz de afrontar.
Cinematic 
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| 6 de 9 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Con la expresión “thriller erótico” vienen a la mente, por antonomasia, títulos baratos tipo “Basic Instinct” y sus innumerables refritos. Esta película es definitivamente un “thriller erótico” pero uno que redefine el término y profundiza en los vericuetos de la psique femenina en vez de limitarse a mostrar tetas.
La crudeza y provocación que caracterizan a Jane Campion están presentes y el resultado de su esfuerzo es una historia pasional con el trasfondo de un drama policíaco, relativamente débil, que sobrevive gracias a un trabajo básicamente bien hecho y a la fenomenal Meg Ryan.
Frannie (Ryan), una profesora de redacción creativa, atestigua un encontronazo sexual entre un hombre y una mujer en un callejón oscuro, aquella mujer amanece muerta dando paso a que el Detective Giovanny Malloy (Ruffalo) ingrese a la vida íntima de Frannie. La atracción entre Frannie y Giovanny es intensa y va subiendo de temperatura al tiempo que se desarrolla la respectiva trama policial.
El atractivo de esta película radica en un sentido muy orgánico y primario del sexo y de lo que constituye ser hombre o mujer. La fotografía de Dion Bebee respalda este atractivo proporcionándole un estilo visual que se debate entre el drama, el terror y el porno.
Mark Ruffalo transpira sexualidad mientras Jennifer Jason Leigh manifiesta auténtica inocencia pero la figura destacada de este show es Meg Ryan (¡!), quien se despoja de su fatuo ropaje de estrella para realizar un “tour de force” interpretativo, con naturalidad asume su personaje y recrea un estudio genuino de la sexualidad femenina.
Es una película difícil de ver, y la crítica no ha llegado a un consenso al juzgarla, usted puede echarle un vistazo y decidir con criterio.
Luigi De Angelis 
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| 5 de 7 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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horacio
Madrid (España)
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Su valoración:  |
29 de Noviembre de 2007 |
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Por una vez, la unión del sexo y el crimen, constante del género negro, se presenta sin titubeos ni claroscuros, y nada menos que con Meg Ryan en algunas escenas tan abiertamente sexuales que su directora logra que nos sintamos allí, a punto de caricia, en un tris de conformar un triángulo realmente fascinante, porque ni sus actores lo han hecho antes para nosotros ni antes supimos en el cine comercial que entre el miedo, la angustia y el deseo, se puede filtrar un encuentro insólito, con situaciones empapadas de sensualidad primero, y luego de sexualidad perturbadora, sin perder en ningún momento la densidad ni la riqueza de la historia.
Por eso sus debilidades narrativas se pueden pasar por alto, igual que algunas obviedades que deterioran la carga de suspense. "En carne viva" bordea excelencias insólitas en el cine americano que suele andar por estos temas cogiéndosela con papel de fumar, y lo hace excitando, emocionando. Y todo con el singular talento de unos intérpretes de excepción.
horacio 
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| 4 de 5 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Vivoleyendo
Huelva (España)
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Su valoración:  |
24 de Mayo de 2011 |
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La Campion sabe filmar la oscuridad, el erotismo, el insondable y solitario interior humano. Sabe filmar gente a la deriva por noches sin propósito, con ese vértigo que aletea en la boca del estómago, en la inseguridad, el miedo y el morbo compinchados para crear un estado de casi irrealidad, de descontrol, de bruma en la que flota una semiinconsciencia aturdida, un sistema nervioso aletargado en una reacción de autoprotección, en ese momento que precede a la crisis que se va a desatar, cuando estamos alejados de las cosas que nos dan tranquilidad, cuando nos creemos perdidos en un mar que tira de nosotros hacia aguas extrañas.
Ese Nueva York poco predecible, semejante a una ciudad de las que aparecen en las pesadillas, en la que los personajes se mueven por ambientes cargados, sórdidos, hostiles, sensuales, lúgubres, sangrientos, donde todo parece una amenaza, hasta tu propia casa, ese Nueva York que no se alza con gallardía sino que abre sus negras entrañas forjadas por diez millones de almas, es el mejor aliciente de un thriller que como policíaco es penosamente fallido pero que en cuanto al clima está casi a la altura de un potable thriller psicológico.
Olvidamos a la Meg Ryan meliflua y a cambio nos regala a una neoyorquina a la defensiva, que se ha construido un muro de hermetismo, desconfiada y que enfrenta el temor con pocas palabras e ironía. No es el prototipo de chica sociable que busca un príncipe azul. Es una mujer soltera hambrienta de calor, de la exploración de los instintos que es lo que más conecta con otro ser, más que las frases vacuas, que los detalles superficiales y convenciones que en realidad sólo son preliminares de lo que en el fondo importa, que es sentir el fuego en los sentidos, el chispazo del placer y del gozo de sentirse uno brevemente con alguien que es prácticamente un desconocido, alguien a quien nunca se conocerá del todo, nunca.
Ruffalo también consigue aumentar la tórrida temperatura alimentando la esquiva hoguera de su objeto de deseo, pero no le va mucho ese puntillo de ambigüedad intencionado que el argumento le exige.
Los secundarios se advierten bastante prescindibles todos ellos, y la incógnita del asesino sabe a forzada, a metida con alfileres, así como la poco convincente casualidad de que muchas cosas parezcan girar alrededor de Frannie, como si ella tuviera un imán especial para el mal fario.
Tanto el papel de su hermana, como el de su alumno, el del ex amante pirado y el del ayudante de Malloy guardan escaso interés, y además se trata de otra novela no muy bien adaptada.
Pero, de verdad, mis felicitaciones a Meg, en el rol más interesante que le he visto hasta la fecha.
Y a esa Gran Manzana que llega a dar escalofríos en su quemazón de ciudad ecléctica y herida.
Vivoleyendo 
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