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Críticas de "La vaquilla"
La vaquilla
Buena
Luis García Berlanga
(1985)


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81 de 93 usuarios han encontrado esta crítica útil.
Sines Crupulos   Voy al cine (Emiratos Árabes)
Su valoración: Notable 2 de Junio de 2008
Uno de los tres peores subgéneros de todos los tiempos (el de las películas sobre la guerra civil española, por debajo, todo sea dicho, de las de ETA y de las de alumnos rebeldes con profesor liberal) tiene en esta comedia el único de sus componentes que no produce vergüenza ajena, especialmente porque no trata de manipularte y porque goza de unas actuaciones más que sensacionales.

Toda el metraje transcurre ligero y desenfadado, sacando los colores a la España actual, que se cree moderna pero sigue siendo mentalmente paleta, mediante detalles en los que se puede ver reflejado el menos pintado.

Como toda buena comedia, tiene escenas que dejan caer un trasfondo dramático, pero Berlanga, uno de los más grandes, tan sólo nos lo enseña en un par de frases de Alfredo Landa y en el metafórico plano que cierra la cinta.

Así que te ves la película con una sonrisa en la boca (e incluso con alguna carcajada) y además te quedas un rato pensando.
Sines Crupulos
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49 de 59 usuarios han encontrado esta crítica útil.
CANéO   burgos (España)
Su valoración: Excelente 1 de Febrero de 2007
¿Son necesario más silencios en planos crepusculares para que algún iluminado vea algo más que una satírica comedieta?
¿Es necesario un primer plano de un tipo moqueando para reconocer una buena interpretación?
Sres. Ésto es "La Vaquilla", Berlanga+Azcona en estado puro, con un inconmensurable Alfredo Landa en estado de gracia, a pesar de que su personaje no tenga ningun plano moqueando, ni ninguna tara reconocida, ni ninguna filia enfermiza, además de la del tabaco y las ganas de meterla en caliente.
CANéO
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33 de 35 usuarios han encontrado esta crítica útil.
Strhoeimniano   A Coruña (España)
Su valoración: Excelente 3 de Noviembre de 2005
¿Tiene la Guerra Civil Española material suficiente para una comedia? Si quien está detrás de las cámaras es el tándem Berlanga & Azcona, la respuesta es un rotundo SÍ. Aunque filmada en los años ochenta, este proyecto estaba en la cabeza de sus creadores mucho antes; sólo que dar una versión de la contienda alejada del espíritu triunfalista y redentor era una misión del todo imposible. Un ejercicio tan libérrimo como el aquí nos presentan, en la que quizá sea su última mejor obra, precisa de esa sobredosis de aire que da la libertad de expresión.
La guerra de Berlanga no es un ejercicio dramático; pero sí trágico, profundamente trágico. Su esperpéntica visión nos acerca a un realismo más cotidiano que naturalista. El esbozo magistral de la infinidad de personajes, marca de la casa de ambos autores, nos muestra el papel del azar que existe en todas las contiendas a la hora de arrollar la vida de las gentes (magistral la secuencia en la que G. Montesinos da una vuelta enorme para ver cómo están sus tierras y arremete contra su ejército por bombardearlas). Así, este hermanos contra hermanos que tiene toda guerra civil, no es producto de una convicción ideológica (los ideólogos son los que ordenan, pero no los que mueren), sino de estar en lugar inadecuado a la hora errada. El lugar: el frente de Aragón, que no se mueve desde hace meses; la hora: las fiestas del pueblo en el bando nacional. La unión de este espacio y tiempo servirá para seguir las peripecias de cinco soldados republicanos en territorio enemigo obstinados en boicotear las fiestas secuestrando a la vaquilla.
Este desastre de tropa está encabezada por un genial Alfredo Landa, pero bien escoltado por José Sacristán como el Teniente Broseta, más ágil con la navaja (es barbero) que para dar órdenes que se cumplan; Santiago Ramos (impagable ese “Limeño” que compone, con más “cornás” de cobardía que arrojo en su toreo), Guillermo Montesinos, que interpreta a Mariano, un natural del pueblo que terminará más cornudo que la vaquilla a la que pretende secuestrar, y Carlos Velat, como cura. Como no podía ser menos en el cine de Berlanga, el reparto está espectacular. Son viejos conocidos suyos, pero que bajo su batuta están espléndidos: Mª Luisa Ponte, Antonio Gamero, Agustín González, Luis Ciges y un largo etcétera para esta película coral en la que las risas se dan sobre un telón de fondo que amarga esta comedia. Punto y aparte merece Violeta Cela. Es la “jamona” de la película; pero hace una interpretación tan espectacular que nos habla de lo desaprovechada que está esta gran actriz, aquí componiendo una mujer dejada llevar por la historia que le toca mamar, pero con esa energía que cuando sale pone los puntos sobre las íes.
El final, de los más inspirados que se pueden ver en una pantalla, una de esas imágenes en la que es cierto ese dicho de que lo que ves, vale más que mil palabras. Por eso hay que ver “La Vaquilla”, es Berlanga, es buen cine.
Strhoeimniano
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McKnight   Villardeciervos (España)
Su valoración: Muy buena 2 de Marzo de 2007
Por una vez, y son pocas, no estoy de acuerdo con Carlos Boyero en absoluto al decir que esta película es decepcionate. Se trata de una historia genial sostenida sobre un guión magnífico; La escopeta nacional y mas recientemente Paris-Tombuctu me parecen bastante mediocres pero esta es la gran joya del cine español. Un acercamiento en clave de comedia a nuestro gran tema del ya siglo pasado, la guerra civil. Los actores están inmesos, los principales y los secundarios, especialmente ese mito llamado Alfredo Landa, las escenas con diversos personajes actuando al unísono y en escenas largas tienen una fluidez dificil de alcanzar. Despues de verla innumerables veces aun da gusto revisistarla porque es un placer aunque se haya perdido la frescura del toque cómico por el conociemiento de las situaciones.
McKnight
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Clínex rotos   Islas Caimán (Jamaica)
Su valoración: Buena 24 de Octubre de 2009
Jamás se da un documento de cultura que no lo sea
a la vez de la barbarie. E igual que él mismo no está
libre de barbarie, tampoco lo está el proceso
de transmisión en el que pasa de uno a otro.
Por eso el materialista histórico se distancia de él
en la medida de lo posible. Considera cometido
suyo pasarle a la historia el cepillo a contrapelo.
Walter Benjamin, Tesis de filosofía de la historia, VII.

De unos años para acá, todo el mundo parece haber llegado al feliz consenso de que el mejor cine de Berlanga fue el que éste rodó bajo la censura franquista; no seré yo, ni mucho menos, el encargado de discutir o corroborar tal afirmación, pero sí que me gustaría señalar sin titubeos que La vaquilla, con todo lo que tiene de deslazado, roza en varias ocasiones la maestría absoluta. El motivo de que no se instale definitivamente en dicho estado de intensidad creo que se encuentra más vinculado a la decadencia generalizada de medios y de mentalidad que salpicaba al conjunto del cine español de entonces (1985) antes que a una sincera falta de creatividad. Y es que frente a la visión neorromántica, demagógica y sesgada que la derecha y la izquierda española tienen en torno a la II República y la guerra (in)civil, La vaquilla supone una nada desdeñable tercera vía apoyada, como no podía ser de otro modo, en el humor y el esperpento. Siempre he sostenido que Berlanga y Azcona son dos de las pocas cabezas abiertamente lúcidas de las que puede presumir esa cosa llamada España y no sólo por motivos cinematográficos —que también—; Berlanga y Azcona recono-cen hasta tal punto la chapucería y el esperpento nacionales (o sea, la mentalidad española), que la enfocan de la única manera posible: con una cínica ironía. Así, nos muestran una guerra (in)civil alejada de las leyendas y la novelería con la que habitualmente se nos vende la moto y la narran como lo que en realidad debió de ser: una contienda cutre y miserable entre el bando tradicional (el de los toros y el machismo, la misa y las procesiones, las sevillanas y el caudillaje) y el progresista (supuestamente alejado del folklore anterior, aunque habría que ver hasta qué punto en realidad fue así). Berlanga y Azcona, en última instancia, lo que hacen es reírse de un pueblo que tiene la malsana costumbre de reírse poco de sí mismo y tomarse demasiado en serio. Y ya se sabe que tan estirada y gris actitud nunca puede conducir a nada medianamente fructífero, pues la seriedad suele ser, por norma general, un refugio con demasiados traumas sin ventilar…
Clínex rotos
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