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Género: Tarkovski. Subgénero: Tarkovski. Clase: cósmica
Aviso: he leído las críticas que se han hecho sobre Stalker. Me interesaba. En general, todas me parecen correctas. Quiero decir que entiendo que para algunos sea un puto rollo y para otras una obra "maestra". A mí me encanta Stalker. Creo que perdurará muuuuucho tiempo, pero jamás se la recomendaría a nadie. Como los últimos cuartetos de Beethoven o la música de Varese (por ponerme gafapastoso), hay que llegar por uno mismo. ¡Cómo vas a recomendar a alguien que vea Stalker!. Stalker es una película muy hermosa y vibrante, pero entiendo que a la mayoría le resulte aburridísima, como a mis hermanos, a los que una vez intenté aleccionar y desde entonces crearon el dicho, que me suelen recordar: "Eres más coñazo que Stalker". Pues eso es lo que hay. A Stalker no se llega a través de su innegable perfección técnica o en la búsqueda de sus muy diversas interpretaciones metacinematográficas, "cosmovisionistas" o lo que sea. Para mí es más fácil: hay algo en Stalker que tiene que ver más con lo sensitivo que con el puro análisis de cada uno de sus planos (que no son tantos si se comparan con el metraje), un goce del tiempo similar al de la contemplación de la lluvia a través de la ventana (otra vez gafapasta): no sólo disfrutas de la visión, saboreas el tiempo, sientes, de algún modo, físicamente, la humedad, hasta puedes olerla a pesar del cristal con doble aislamiento, y si no lo crees píllate un barómetro. No quiero soltar un rollo zen con todo esto: de verdad, no te recomiendo que veas Stalker pero si un día se cruza en tu camino y tienes la suerte de engancharte bienvenido al club. Fdo.: uno que nunca fue gafapasta.
Emilio Cappa Segis 
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| 138 de 172 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Francisco
Sevilla (España)
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Su valoración:  |
4 de Julio de 2006 |
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Stalker se desarrolla en el gran momento de creatividad del director ruso, los años setenta. Además, es la última que realizó en la Unión Soviética antes de emprender su exilio voluntario a Italia, como consecuencia de las continuas presiones que recibia Tarkovski en la URSS fruto de la gran abstracción que estaba adquiriendo su cine -recordemos que la productora de nuestro director era Mosfilms. Tanto el exilio como su creciente abstracción quizás tengan una expicación que intentaremos elucidar en lo que sigue.
Tarkovski fue haciéndose consciente de forma paulatina de las tesis cinematográficas de Vertov, según las cuales el cine es un arte que goza de su propia autonomía con respecto a otras artes como la fotografía, la música o la literatura. Este proceso se fue plasmando progresivamente en sus películas, de modo que cada vez más las imágenes se desvinculan de una referencia exterior como pudiera ser una trama narrativa, o un relato mitológico, es decir, su cine cada vez se hace más autorreferencial; la fotografía, los planos, la dirección de actores, los sonidos rítmicos (que no sólo música) señalaban más a sí mismos que a otra cosa, a sus propias condiciones de posibilidad dentro de la articulación conceptual que supone el montaje de una película. ¿Por qué procedió de este modo el ralizador ruso? Lo hizo porque asumió que esta especificidad cinematográfica debía de verse reflejada en ceder al espectador la obligación de construir él mismo el propio contenido semántico de las imágenes, y eso es, pienso, a lo que se refería Tarkovski cuando hablaba de “lo absoluto en la imagen”. Uno siente verdaderamente la necesidad de construir el contenido de cada película de Tarkovski en su interior cuando la ve, por eso, él se zafa de la posibilidad de haber hecho una película, sensible de error o acierto, sino que elabora la via para que nosotros la terminemos de realizar en nuestro interior. En este sentido, no realiza globalmente una película, sino que anima a los espectadores a que haga cada uno la suya; en esto radica para el realizador soviético la auténtica sinceridad que todo artista ha de tener para con la obra de arte, la de no involucrarse únicamente él en la misma.
(El resto de la crítica puede contar partes de la película)
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spoiler: Teniendo esto en cuenta, hablemos de Stalker. Esta película es la culminación, al menos en el resultado, de las tesis de Tarkovski. Con un desarrollo simple, se nos introduce en una historia muy sencilla: existe un lugar llamado La Zona, cuyo origen se desconoce y que tiene la propiedad de hacer cumplir los sueños de los que son capaces de llegar allí. Para ello se valen de unos personajes llamados “stalkers” que hacen las veces de guías o exploradores. La Zona es un lugar en el que las leyes normales de la física no son estrictas, sino que se obedecen al propio capricho del lugar. Es por ello que el idílico lugar constituye un intrincado laberinto de trampas metafísicas (ausencia de causalidad o inversión de la misma en ocasiones) del cual sólo los stalkers pueden poner a salvo a los peregrinos. En nuestra película, el stalker es acompañado por un científico y un escritor (esto no es causal), que tras adentrarse en la zona comienzan un verdadero viaje hacia el interior de sus propios miedos, de sus incertidumbres y opacidades, de modo que finalmente desisten de entrar en el salón de los deseos por miedo a que se cumplan los mismos (la zona no cumplía cualquier deseo, sino los más profundos y ocultos de cada uno, los más anhelados por nosotros, y de los que a veces no somos conscientes).
¿Qué es la zona? La zona, ese enigmático lugar, tal y como al menos yo la entiendo, no es sino una metáfora hasta cierto punto involuntaria del cine de Tarkovski. Él, en una época de gran cuestionamiento estético de su cine abogó por este modo de referir su propio periplo estético a modo de relato metafórico en el que el escritor y el científico representan los polos epistemológicos a través de los que realizamos las categorizaciones de la realidad que agotan o constriñen al cine cuando se lo describe desde conceptos abstractos, es decir, desde relatos que no tienen como trasfondo la propia experiencia vital de cada individuo. Hablar de cine en esos términos es para Tarkovski cercar sus propias posibilidades en un discurso que ya no es cinematográfico. Por eso su Zona es libre de ser categorizada, de ser entendida, explicada de una vez y para siempre, por eso su zona es la aspiración metafórica de su cine, por eso el espectador es el stalker que puede adentarse en la zona sin ayuda, por eso el cine desde aquí habla plenamente de sí mismo.
Francisco 
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| 110 de 129 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Archilupo
Llanes (España)
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Su valoración:  |
26 de Agosto de 2008 |
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1. El Stalker (en inglés, 'que se mueve al acecho') madruga y su mujer le reprocha el riesgo de volver a prisión.
Réplica: Para mí la prisión está en todas partes.
Es sherpa clandestino que guía a la Zona prohibida. Por paisaje herrumbroso, central nuclear al fondo (foto en sepia, metálica), llega a la Taberna donde aguardan el Escritor y el Profesor.
2. Atraviesan en jeep un dédalo de verjas, un control militar a balazos. Entran en la Zona de sucesos misteriosos.
Hubo un meteorito, o una visita extraterrestre, no se sabe.
Aprovechando un desastre del rodaje (gran parte del film se destruyó al revelar), Tarkovsky hizo a los Strugatski reescribir el guión hasta eliminar todo rastro de SF.
La Zona nada tiene de futurista: postes caídos, máquinas oxidadas, verde… No se rige por la física normal: es un sistema de trampas que cambian sin cesar, en interacción psíquica con los visitantes. Lo seguro puede tornarse amenazante, no según capricho sino en función de actitudes: las refleja como espejo tetradimensional de la conciencia.
3. El Escritor, artista egocéntrico, y el Profesor, tecnócrata de laboratorio, son intelectuales sin espíritu que ejercen un escepticismo estéril.
Busca la inspiración perdida uno, investigación meritoria el otro.
P: ¿Sobre qué escribes?
E: Sobre los lectores.
P: Para halagarles…
E: ¡Tú, con tu triángulo ABC y sus tres lados!
4. La Zona exige respeto, o castiga. Espacio no euclídeo, la línea recta no es lo más directo: se puede avanzar, y aparecer al principio, en bucle. La Habitación de los Deseos cambia de sitio cada vez. El camino se traza lanzando delante tuercas con cinta blanca, como sondas.
Reino del agua: constante goteo, chubasco, cascada, chorro, aguacero, chapoteo… Travellings cenitales de un suelo embaldosado e inundado; una caligrafía visual de impresionante poesía muestra lo sumergido: jeringuillas, monedas, estampas…
También constante el tren, silbido y traqueteo donde se engastan fragmentos musicales: Marsellesa, Wagner, Bolero, 9ª de Beethoven…
5. Se contraponen el saber abstracto y neurótico de los intelectuales, y el vibrante del Stalker, que pugna por mantener la esperanza.
Piensa en voz alta un pasaje del Tao Te King sobre cómo los hombres nacen suaves y blandos, y cuando muertos son rígidos y duros. Sueña una parte del Apocalipsis, la apertura del sexto sello y la llegada del Dies Irae. Sin saber que los otros escuchan ensimismados, pronuncia los versículos de Lucas sobre los discípulos de Emaús, y una ardiente apología de la música.
6. El afán del Stalker es que los guiados salven las trampas, tengan fe bastante, superen su fondo desabrido y pidan su deseo profundo, no el superficial que se formula de palabra.
No pide nada para sí. Le basta con llevar hasta allí a desesperados.
Y, si la jornada concluye, regresar agotado al mundo, entre la comprensión amorosa de la mujer y una muestra de por qué la silenciosa hija es un mutante, un heraldo.
Archilupo 
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| 69 de 89 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Tomine
A Coruña (España)
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Su valoración:  |
8 de Mayo de 2008 |
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Con cuánta frecuencia he visto en el cine a edificios míticos vulgarizados por su paso al celuloide.
Stalker representa lo opuesto: a partir de un espacio anodino, crea un lugar. El lugar no es un espacio, ni un artefacto. Se refiere a una proyección mental de una emoción producida por el entorno.
Así que bienvenido a la zona, que no es nada en sí misma. No opongas resistencia a la invitación de Tarkovsky para adentrarte en el mito del sitio. Tu mente correrá el riesgo de quedar fuera de esa proyección, y el viento dejará de soplar en la habitación paralela.
Tomine 
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| 59 de 83 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Servadac
Madrid (España)
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Su valoración:  |
22 de Enero de 2007 |
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Todo empieza en un rugoso blanco y negro. La suciedad, el viaje y el territorio de frontera dan paso al color y, con él, entramos en la Zona, por la que avanzan los personajes (el escritor, el científico y el guía-sacerdote) a trechos siempre oblicuos, permanentemente inciertos.
Una maravilla fotográfica, un argumento profundo, “egosófico”; la sensación de verdad. Deliciosa para los amantes de la lentitud. ¡El agua, el agua de Tarkovsky! La naturaleza en continuo e inquietante fluir, a la espera, agazapada y huidiza, hermosa y temible. La lucha de contrastes, cuando todo pudiera estar aconteciendo en la cabeza de quienes viajan. La atmósfera de irrealidad, el territorio del sueño.
La película, que utiliza como mecanismo inicial de atracción una hipotética visita extraterrestre, constituye una inmejorable reflexión visual sobre la idea de lo sagrado. En ella es esencial todo aquello que no vemos. Contempla, paladea, déjate llevar por las imágenes y sumérgete en su canto de agonía y esperanza.
(El resto de la crítica puede contar partes de la película)
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spoiler: Los cinco mandamientos del Stalker:
- Medirás tus pasos.
- Temerás el pasillo cilíndrico.
- Aguardarás en el umbral.
- No creerás conocerte.
- Sabrás que una vez dentro, la huida es imposible.
Servadac 
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