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Sinopsis
Adaptación de la obra teatral homónima de la autora francesa Yasmina Reza. Ha sido rodada en Europa, pero la historia se desarrolla en Nueva York. En la obra original, los protagonistas son dos matrimonios que se reúnen, en principio de manera civilizada, para hablar de la reciente pelea que han tenido sus hijos en un parque. Pero el encuentro se complicará ... Leer sinopsis completa
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11 de Octubre de 2011
145 de 172 usuarios han encontrado esta crítica útil.
¿Qué somos cuando pervertimos los códigos morales por los que nos regimos? Roman Polanski, basándose en una obra de Yasmina Reza, rasga la máscara de la sociedad para descubrir la verdadera cara de nuestra personalidad.
Esta película es una pseudo comedia inteligente, negra y con un delicioso matiz de crueldad, donde lo que parece no es y lo que es, es mucho peor. "Un Dios Salvaje" es una obra curiosa y muy interesante que bajo la amable apariencia de una comedia de situación oculta una cruda reflexión sobre la incomunicación del hombre (y la mujer) occidental. Y con ella las hipocresías, miseria y pequeñas mentiras con que nos autoengañamos todos los días. Es sin lugar a dudas una comedia, pero con aires trágicos.
Toda esta reflexión arranca de una situación de lo más civilizada. Dos parejas de padres se reúnen para dirimir de una manera políticamente correcta una disputa entre sus hijos que ha acabado con los colmillos rotos de uno de ellos. Lo que en principio empieza muy educadamente como una reunión de gente culta, civilizada y sensata va endureciéndose, conforme los diferentes caracteres de los personajes van chocando, acabando la historia como el rosario de la aurora en un enfrentamiento primario entre estos entes contradictorios, del que ninguno sale vencedor.
Bravo a Roman Polanski, que ha sabido captar la esencia pura de Reza, maestra como pocos en el juego de alianzas de los personajes, creando un verdadero regalo para la vista y el oído.
Aunque esta joya cinematográfica no habría llegado a ser lo que es sin este excelente elenco de actores que dan vida a los cuatro protagonistas en unos papeles complicados y llenos de matices. Si los dos actores masculinos Christoph Waltz y John C. Reilly están francamente notables, resulta excelente la labor de las dos actrices, Kate Winslet y Jodie Foster, quienes, en unos papeles que se ajustan muy bien a sus características, ofrecen un cara a cara frenético y arriesgado, demostrando una gran solvencia y madurez interpretativa digna de tener en cuenta.
"Un dios salvaje" es sin lugar a dudas una magnífica obra digna de ser vista. He dicho.
Meroe  |
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19 de Noviembre de 2011
101 de 127 usuarios han encontrado esta crítica útil.
Roman Polanski rueda ‘Un dios salvaje’ con unidad de acción, tiempo y lugar; sin elipsis y en un solo apartamento; con cámara “invisible”, ritmo ágil y timing excelente de comedia. Una sitcom de altura urdida por Yasmina Reza y realizada por un director menos salvaje que burlón.
Cuatro actores componen el menú. Cristoph Waltz descuella; John C. Reilly está más que notable; Kate Winslet sólo desentona un poco en la ebriedad; Jodie Foster es solvente, pero sobreactúa en los momentos de mayor tensión.
Cada vez que suena el móvil de Alan Cowan, nos reímos. Waltz consigue hacer que un mismo chiste, contado hasta la saciedad, no pierda su frescura.
El texto es puro juego malabar. Dobles parejas enfrentadas… Una pareja de clase media baja recibe a una pareja de clase media alta para discutir sobre sus hijos respectivos. Hay quien ve a Buñuel en ese no salir afuera (‘El ángel exterminador’) o en el absurdo del ceremonial civilizado (‘El discreto encanto de la burguesía’). Yo veo mucho más, en tono e intenciones, al dramaturgo Dario Fo.
Lo políticamente incorrecto se va adueñando de la cinta. Las batallas ganan en intensidad a medida que cambian de bando los soldados (un matrimonio frente a otro; mujeres contra hombres y, sobre todo, cada oveja contra su pareja). El texto fluye y resplandece, satírico y gracioso. Pero las parejas que se forman son, en calidad interpretativa, desiguales. Por una parte, Kate Winslet y Cristoph Waltz pueden con Jodie Foster y John C. Reilly. Por otra, Cristoph y John C. superan claramente a Jodie y Kate.
En una comedia tan de actores, hubiera sido deseable que los cuatro despuntaran por igual. La dinámica de réplicas y contrarréplicas no toma partido por ninguno de los personajes: todos tienen su cuota de ridículo. En la interpretación está el desequilibrio.
Pienso en ‘Secretos de un matrimonio’, de Ingmar Bergman. Esa cinta funcionaría peor sin la armonía y el equilibrio en la interpretación de sus protagonistas: Liv Ullmann y Erland Josephson. Gracias a ellos, la película se erige en la mejor escenificación cinematográfica que yo recuerde de la lucha de cerebros ideada por Strindberg –mente contra mente, en una espiral de violencia psicológica.
¿Hay lucha de cerebros en ‘Un dios salvaje’? En mi opinión, nunca se sobrepasan los límites de la comedia. En todo caso, lucha de cerebros light y digerible, más cercana a Woody Allen que a August Strindberg o Ingmar Bergman.
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No sé cuántos kilos de cine puede haber en una cinta de teatro. Aunque reconozco que, entre una risa y otra, me ha venido a la cabeza esa pregunta.
La cantidad de arte es complicada de pesar, pero he sido muy feliz una hora y veinte.
Servadac  |
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19 de Noviembre de 2011
89 de 114 usuarios han encontrado esta crítica útil.
Es complicado hoy en día que al pisar una sala de cine uno adivine a los diez minutos de proyección que está ante una obra maestra. Es lo que me ha ocurrido hace unas horas con una historia en principio supérflua aunque incómoda con la que a buen seguro muchos guionistas hubiesen peleado en vano para desarrollarla con un mínimo de sustancia. En nuestro mundo actual aparentamos diplomacia exterior cuando nos enfrentamos a hechos desagradables, cuando lo que en realidad prefiere nuestro fuero interno es desenterrar el hacha de guerra y liarnos a machetazos a la menor oportunidad.
El autocontrol inicial, representado en el cartel del film por las sonrisas hipócritas de los cuatro espléndidos intérpretes, dura únicamente los primeros diez minutos. Los preparativos para la batalla se esconden tras tres o cuatro adjetivos malintencionados, dispersos y agazapados entre oraciones subordinadas de exquisita educación. Son los disparos de advertencia, cuya única función es la de minar las defensas psicológicas de los antagonistas. Tras ellos, las incisivas puyas van ganando intensidad y los cuatro personajes se ponen en guardia, toman posiciones en el campo de batalla y examinan el terreno sobre el que se van a batir. Comienzan las primeras escaramuzas: un móvil que no deja de sonar, un vómito que se incrusta entre páginas de arte y pantalones de ochocientos euros, un secador que no cesa de rugir, un "¿cómo se gana usted la vida?", y entre medio algunas fingidas retiradas que pretenden confundir al enemigo. En el ecuador de la película la batalla se libra ya a campo abierto. Posiciones abiertas y fuego a discreción: una botella de whisky, un móvil que deja de sonar, ráfagas de fuego amigo que pueden liquidarte ahí mismo, flores convertidas en peligrosa metralla, altavoces a todo volumen para infundir el desánimo y causar estress, deserciones momentáneas y mucha mala hostia escudada siempre en la causa de los dos jóvenes príncipes que ambos contendientes defienden.
En resumen, si te atrae la hipocresía y el cinismo (de los demás), o te gusta practicarlos más que verlos, disfrutarás como un enano de este ejercicio teatral coordinado por un genial Polanski que ha sabido elegir para este proyecto a cuatro actores que nos regalan una interpretación magistral (Jodie Foster de los nervios es algo digno de mencionar) sobre un guión y unos diálogos más que notables. 9.5
“La rapidez de acción es el factor esencial de la condición de la fuerza militar, aprovechándose de los fallos de los adversarios, desplazándose por caminos que no esperan y atacando cuando no están en guardia”. Sun Tzu, El arte de la guerra (483 a.C.)
Txarly  |
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15 de Noviembre de 2011
44 de 52 usuarios han encontrado esta crítica útil.
Durante el arresto policial que mantuvo a Polanski encerrado en su casa en Gstaad (Suiza) el realizador aprovecho para adaptar junto a Yasmina Reza, autora de la obra teatral Un Dios Salvaje, el salto de ésta a la pantalla. La obra de Reza es una de la más populares de los últimos años, en Madrid fue representada por Pere Ponce, Aitana Sánchez Gijón, Maribel Verdú y Antonio Molero y en Broadway donde se alzo con el Tony a mejor obra teatral por Jeff Daniels, James Gandolfini, Hope Davis y Marcia Gay Harden.
Mientras que aparecen los títulos de créditos vemos como un chaval “armado” con un palo le atiza al otro un golpe en la cara, ésta es la única vez que salimos al exterior hasta que vuelven a aparecer los créditos del final. Los padres de la víctima y del agresor se han reunido en la casa de los primeros para tomar un café y hablar sobre el asunto, lo que empieza siendo una reunión civilizada acaba convirtiéndose en toda una carnicería (tal y como reza el título original de la película) en la que los fluidos corporales, bolsos, móviles y tulipanes acaban volando al ritmo de gritos y alcohol.
Parece difícil pensar en un nombre mejor que el de Polanski para la adaptación de esta obra, no es la primera vez que el realizador polaco adapta una obra de teatro, ya lo hizo anteriormente con La Muerte y la Doncella o MacBeth. Pero sobre todo si algo caracteriza a Polanski es el juego y provecho que sabe sacar a los espacios pequeños y cerrados, desde sus apartamentos en Repulsión, El quimérico Inquilino y La Semilla del Diablo a más recientemente la casa de El Escritor. Pese a que prácticamente durante todo el metraje los cuatro protagonistas permanecen en el mismo lugar, Polanski con una sabia elección de planos y encuadres consigue hacer desaparecer toda la sensación de teatralidad que una película como ésta podría acarrear.
Cómo ocurría en El Ángel Exterminador de Buñuel, una extraña fuerza parece que hace imposible que los invitados puedan abandonar el piso, pese a la disposición a irse nada más comenzar la película, éstos permanecen dentro en todo momento, los ataques no comienzan desde el principio (“Los cuatro somos personas civilizadas” dice Michael al comienzo sin saber lo que se les avecina), si no que poco a poco la situación se va volviendo insostenible y aunque ya empieza a dejar atisbos y momentos bastante sangrantes, no es hasta el comienzo del segundo round, marcado por una divertida aunque esperada vomitona cuando los trastos no comienza a volar.
Continúa en el spoiler por falta de espacio
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spoiler:
Los papeles se cambian continuamente, lo que empieza a ser una lucha entre parejas, de repente se vuelve en maridos contra mujeres para virar poco a poco a un todos contra todos, el ritmo se va a acelerando en todo momento y las carcajadas son incesables, un cúmulo de situaciones histriónicas mezcladas con un guión brillante y divertidísimo, que va soltando perlas en cada frase que sueltan los protagonistas, y sobre todo un excelente timing cómico, hacen que sin darnos cuenta los escasos 80 minutos del metraje pasen por nuestros ojos sin apenas habernos percatado, cuando llega el momento Polanski sabe como tocar el gong final de una manera magistral, una última carcajada para cerrar una impecable obra maestra que funciona con una precisión casi mecánica.
Un Dios Salvaje es sobre todo una película humanista, un viaje de no retorno hasta lo peor del ser humano, llevado a cabo con cuatro personajes fantásticos, que no atacan de forma gratuita si no por una corrosiva necesidad de defenderse desde sus impulsos más salvajes, y lo que es peor hace que el espectador sienta hasta normales cada una de sus (exageradas) reacciones. Es normal que el intento de civismo de Penelope se vea crispado ante el pasotismo de Alan que parece más bien poco interesado por lo que se está hablando y no deja de estar pegado a su teléfono móvil. Que el cóctel mortal de Nancy la haga explotar (literalmente) desde sus entrañas, y que Michael se sienta vulnerable y atacado hasta que por fin decide abrir la botella de whisky. Por supuesto su reparto funciona a las mil maravillas y aunque la mayor pega que se le puede poner es que parece difícil creernos a Jodie Foster junto a John C. Reilly en el momento que éste comienza a destapar su patetismo y mediocridad nos encaja a la perfección. Es de hecho Foster la que más sorprende con un histrionismo nada esperado, pero es Waltz el que se lleva la mejor parte del guión con el personaje más bestia de todo el guión al que el actor le aporta una malévola sonrisa y una forma de recitar sus frases casi susurradas al cuello de la camisa y una fantástica e impertérrita expresión de cinismo.
Polanski sorprende con una comedia de lo más divertida y con un don para ello que hace parecer que lleva toda la vida haciéndolo de la mano de Woody Allen. Un Dios Salvaje no sólo es divertidísima si no que es tan burra y salvaje como su propio título indica, una auténtica carnicería humana en el que los golpes y patadas van al ritmo de frases brillantes en un non-stop total. Polanski firma una de las películas más delirantes de los últimos años, sin lugar a dudas una nueva obra maestra que sumar a la filmografía del director polaco.
Lo mejor: Cuando el alcohol empieza a circular y todo se empieza a descontrolar.
Lo peor: Quedarse con ganas de más.
Banacafalata  |
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20 de Noviembre de 2011
46 de 57 usuarios han encontrado esta crítica útil.
Estoy más cerca de Servadac y Txarly que de Chago.
Al dirigir “Un Dios salvaje” hay un riesgo genérico y dos específicos. El genérico es el mismo de todas las obras teatrales, hacer olvidar al espectador que está viendo teatro.
Los tres espacios que se salen del escenario central nos son mostrados siempre de la misma manera: la cámara los descubre siguiendo a uno o varios personajes. Es una forma hábil de conservar la unidad y a la vez evitar la sensación demasiado teatral que da un “mutis”. Por otra parte Polanski no se obsesiona con sacar la cámara de ese salón, por ejemplo cada vez que se cita un acontecimiento externo o se habla por teléfono, algo que paradójicamente también daría la misma impresión de teatro filmado. Cito a Hitchcock, a propósito de “Crimen perfecto”:
“Sostengo una teoría sobre los films basados en obras de teatro, que incluso aplicaba en tiempos del cine mudo. Muchos cineastas toman una obra de teatro y dicen: "Voy a hacer con esto un film" e inmediatamente se dedican por lo que llaman el "desarrollo", que consiste en destruir la unidad de lugar, saliendo del decorado. (…) olvidan de esta manera que la cualidad fundamental de la obra reside en su concentración. (…)El film que se obtiene de esta manera dura generalmente el tiempo de la comedia más el de algunos rollos que no tiene ningún interés y que se han añadido artificialmente.”
Y, desde luego rueda magníficamente, imponiendo un dinamismo nada estridente, repitiendo planos sólo cuando tiene un significado cinematográfico y mostrando las cuatro paredes con naturalidad. El texto apuesta por la claustrofobia pero la planificación hace que la película respire.
Los riesgos específicos son:
- Ser capaz de controlar el progresivo giro de tono que da la historia
- Contestar a la pregunta que se hace el espectador durante toda la función: ¿Por qué diablos no se van los invitados si tanto lo desean?
(El resto de la crítica puede contar partes de la película)
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spoiler:
Lo primero lo salva Polanski muy al estilo Polanski, con extrema elegancia, filmando exactamente igual cuando la película es una absurda comedia cotidiana que cuando se convierte en una comedia del absurdo cotidiano. El registro interpretativo cambia, sobre todo de las actrices, e inevitablemente se tambalea pero al cabo se mantiene firme, victorioso y, sobre todo, unitario.
Los personajes esconden un “yo” auténtico que va desvelándose paulatinamente e imponiéndose sobre su “yo” aparente. Polanski obra con extrema habilidad, jugando, como hace siempre, con ventaja. Superpone ambos caracteres desde la primera escena, muestra en la interpretación de los actores cómo los personajes navegan entre la necesidad de la apariencia y el impulso por rebelarse contra ella. Así, el personaje de Jodie Foster es una pedante insufrible desde la imagen inicial, catamos la impostura de Kate Winslet sin esfuerzo, Christopher Waltz es odioso nada más aparecer y de John C. Reilly percibimos claramente su patetismo claudicante. Son personas a las que se les ve el fondo pero, y aquí creo que está el acierto de Polanski, no lo bastante como para no recibirlos con amabilidad en nuestro salón.
En cuanto al segundo riesgo, Polanski no contesta a la pregunta. No sabemos realmente por qué los invitados no se largan sin más, y la obra queda inconclusa. Al renunciar a una interpretación superrealista, al estilo de Buñuel, Polanski nos escamotea impunemente una pieza del rompecabezas y se queda tan pancho. Eso también es muy Polanski.
Talibán  |
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