Ninfomanía: segunda parte
Drama
Historia de una ninfómana contada por ella misma. Una fría noche invernal, un viejo solterón (Stellan Skarsgård) encuentra en un callejón a una joven (Charlotte Gainsbourg) herida y casi inconsciente. Después de recogerla y cuidarla, siente curiosidad por saber cómo pudo haber llegado a semejante situación; escucha atentamente el relato que ella hace de su vida, una vida llena de conflictos y turbias relaciones. Para su estreno ... [+]
5 de agosto de 2014
5 de agosto de 2014
25 de 27 usuarios han encontrado esta crítica útil
A lo largo de la filmografía de Lars von Trier se presenta de manera recurrente la creencia de que los seres humanos son esencialmente malvados y egoístas. Para Lars, por ejemplo, las facultades racionales no son más que un mecanismo para hacer más dañino el mal, para ser malvados de manera más perversa. Esta idea, que implica una concepción muy torpe o pobre de los procesos mentales, no está mal como broma o, incluso, como excusa para hacer unas cuantas películas siempre y cuando no se las tome demasiado en serio. Lars, sin embargo, en esta ocasión se dedica cuatro horas a pontificar sobre el tema.
Su ego es tan grande que en vez de construir y desarrollar personajes se dedica a plantar dos esquemas más o menos opuestos que le sirvan de mostrador de (sus) ideas (estúpidas) sobre el sexo, el arte o la condición humana. Son personajes al servicio de los rancios y vetustos prejuicios de su director, personajes sin identidad a través de los cuales Lars nos expone su misantropía, lo deprimente que le resulta la vida y lo incomprendido que se siente… en Cannes.
Su ego es tan grande que en vez de construir y desarrollar personajes se dedica a plantar dos esquemas más o menos opuestos que le sirvan de mostrador de (sus) ideas (estúpidas) sobre el sexo, el arte o la condición humana. Son personajes al servicio de los rancios y vetustos prejuicios de su director, personajes sin identidad a través de los cuales Lars nos expone su misantropía, lo deprimente que le resulta la vida y lo incomprendido que se siente… en Cannes.

Charlotte Gainsbourg & Jamie Bell
Así esboza un personaje femenino que carece de imaginación para negar el erotismo. Y una vez negado concluye que el amor o los sentimientos son una mentira, que sólo existe el sexo. Y la violencia. En efecto, una vez que uno se deshace de ese proceso de sublimación, de esa represión de una pulsión instintiva que ha caracterizado a los seres humanos desde que salieron de las cuevas y gracias a la cual existe, entre otras cosas, gran parte del Arte, lo que queda no son más que unos agujeros que llenar. Así, Lars, y en esto es consecuente, graba el sexo sin imaginación, como si fueran conejos en una granja o la reproducción del escarabajo pelotero, un sexo quizá factible entre la fauna ibicenca pero no, creo, entre seres humanos desarrollados. Y jactancioso nos repite, una y otra y otra vez, aquello que ya nos dijeron, y mucho mejor, desde el marqués de Sade hasta Freud, entre otros, esto es, que cuando al sexo se le despoja del erotismo lo que queda es una mera pulsión autodestructiva.

Charlotte Gainsbourg
Relacionar la polifonía, la pesca con mosca o el número áureo con la ninfomanía no es más que el desvarío de una mente confusa con pretensiones fuera de su alcance, una digresión solipsista que enlaza mediante el subjetivismo radical lo que evidentemente no tiene relación alguna. Apelar a ese subjetivismo en el que los elementos del discurso se relacionan de manera forzada por el interlocutor es un acto de cinismo que rompe la comunicación, restándole seriedad y credibilidad; puede ser gracioso, pero nunca debería aspirar a tomarse en serio así mismo ya que supone dinamitar desde dentro la misma tesis que se pretende sostener.
Por si no fuera suficiente con el intelectualismo de cómic también hay moralismo de pandereta, personificado en esa mujer que se jacta de estar completamente libre de los prejuicios burgueses (machismo, cristianismo...) pero que capítulo tras capítulo es sometida y dominada por los sucesivos personajes masculinos que jalonan su existencia; de hecho, la propia narración expiatoria la realiza frente a otro hombre, el cual actúa como catalizador de su redención.
La película, pese al sexo y a las ganas de provocar, es aburrida. Sus diálogos son insustanciales y reiterativos. Sus inverosímiles personajes son cargantes, incoherentes y cansinos. Sus situaciones son pesadas, forzadas y previsibles. Y como ejemplo de todo lo anterior un pequeño spoiler:
Por si no fuera suficiente con el intelectualismo de cómic también hay moralismo de pandereta, personificado en esa mujer que se jacta de estar completamente libre de los prejuicios burgueses (machismo, cristianismo...) pero que capítulo tras capítulo es sometida y dominada por los sucesivos personajes masculinos que jalonan su existencia; de hecho, la propia narración expiatoria la realiza frente a otro hombre, el cual actúa como catalizador de su redención.
La película, pese al sexo y a las ganas de provocar, es aburrida. Sus diálogos son insustanciales y reiterativos. Sus inverosímiles personajes son cargantes, incoherentes y cansinos. Sus situaciones son pesadas, forzadas y previsibles. Y como ejemplo de todo lo anterior un pequeño spoiler:
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
spoiler:
Tras insistir durante tres horas cincuenta y cinco minutos en que el personaje interpretado por Skarsgard es un intelectual judío (original, sí) que vive poco menos que enclaustrado, un humanista (todo ello en los particulares términos del director: puros estereotipos, falsos y sin sustancia alguna) que se ha elevado tanto gracias al conocimiento que cual monje budista ha superado sus propios deseos y se ha trascendido en actividades tan edificantes como la pesca con mosca o la lectura de no sabemos exactamente qué, en pocas palabras: alguien que no sólo es virgen sino que ni siquiera sintió los ardores de la juventud; el director nos lo presenta asaltando, con sus sesenta y tantos años, de manera alevosa y con la polla en la mano (sic.), el lecho de un mujer convaleciente, y cuando ésta despierta y le rechaza, al humanista, al filántropo, al cenobita que ha superado el deseo mismo, no se le ocurre otra cosa que decir: Pero si has follado con miles, ¿por qué conmigo no?
25 de enero de 2014
25 de enero de 2014
27 de 33 usuarios han encontrado esta crítica útil
Si Lars Von Trier juega a ser explícito yo no voy a andarme con rodeos, porque el principal problema de una película como "Nymphomaniac. Volumen 2" es que una vez vista y asimilada como parte de un todo, uno puede llegar a la conclusión de que no hacía falta. De la versión completa del film de Trier no puedo hablar pero es curioso que el "Volumen 1", estrenado el día de navidad de 2013, tuviera un cierre tan hermético y a todas luces redondo. Lo que se cuenta aquí es una extensión de lo ya visto, hay una oscuridad más intensa en su metraje, da gusto volver a encontrarse con Joe y Seligman, seguir ahondando en la vida de esa ninfómana. Pero, en el fondo, ¿necesitábamos saber más? No. Como si los responsables del montaje fueran conscientes esta continuación funciona en realidad como un anexo que encuentra su verdadera razón de ser en su final definitivo, con un cierre tremendo por devolvernos el lado más turbio -a todos los niveles- del danés, el más juguetón también, el más oscuro.
Si en el "Volumen 1" descubrimos el despertar sexual de Joe -desde los dos años, nada menos- y la acompañamos [SPOILER] hasta que perdió la capacidad de sentir algo al practicar sexo [FIN SPOILER], aquí se parte de este punto para entender de forma casi psicológica cómo intentó el personaje salir adelante: terapias de grupo, sadomasoquismo, sexo con extraños apuntando a morbo de las etnias... todo vale cuando se trata de la ninfomanía y mientras Joe nos cuenta su historia, una vez mas, Seligman enlaza con temas en paralelo que pueden complementar esa experiencia. A diferencia de lo que ocurría en el primer volumen, en este segundo hay una conciencia más plena de las situaciones y la relación entre ambos personajes parece haber avanzado hasta el punto de la cuasi-comprensión. Ayuda la evolución del huésped con su revelación y la confirmación de que sexo y ausencia de él funcionan de la misma manera en lo que respecta a la comprensión del mundo.
En las cuatro horas que suma el metraje estrenado en España de "Nymphomaniac" se pasa por varios estados a través de un personaje desarrollado en episodios, se ahonda en numerosos elementos de la condición humana y se establecen unos lazos que van mucho más allá de lo que se había publicitado, exclusivamente, como 'la película porno de Lars Von Trier'. Hay una chicha, un interés delante y tras las imágenes. Sin embargo, en mi opinión lo mejor se encontraba condensado en aquel primer volumen, con la excepción del bloque de 'P' en este segundo capítulo, muy notable y suficientemente turbio. ¿Merece la pena el 'Volumen 2"? Por supuesto. Ahora bien, el anterior tenía más entidad como obra independiente, estaba mejor terminado en lo relativo a tono, con más momentos brillantes (el capítulo del metro, el de Uma Thurman, la parte del hospital, el montaje con pantallas divididas, su final...) y aquí hay incluso partes que invitan un poco al aburrimiento (lo relativo al sadomaso).
Una película interesante, no obstante, que no es tan notable como la primera pero que la puede complementar sin conseguir ponerse a su altura. Trier ha hecho más de lo que cabría esperar; así que ya sólo queda ver lo que nos hemos perdido de sus cinco horas y media del montaje completo.
Si en el "Volumen 1" descubrimos el despertar sexual de Joe -desde los dos años, nada menos- y la acompañamos [SPOILER] hasta que perdió la capacidad de sentir algo al practicar sexo [FIN SPOILER], aquí se parte de este punto para entender de forma casi psicológica cómo intentó el personaje salir adelante: terapias de grupo, sadomasoquismo, sexo con extraños apuntando a morbo de las etnias... todo vale cuando se trata de la ninfomanía y mientras Joe nos cuenta su historia, una vez mas, Seligman enlaza con temas en paralelo que pueden complementar esa experiencia. A diferencia de lo que ocurría en el primer volumen, en este segundo hay una conciencia más plena de las situaciones y la relación entre ambos personajes parece haber avanzado hasta el punto de la cuasi-comprensión. Ayuda la evolución del huésped con su revelación y la confirmación de que sexo y ausencia de él funcionan de la misma manera en lo que respecta a la comprensión del mundo.
En las cuatro horas que suma el metraje estrenado en España de "Nymphomaniac" se pasa por varios estados a través de un personaje desarrollado en episodios, se ahonda en numerosos elementos de la condición humana y se establecen unos lazos que van mucho más allá de lo que se había publicitado, exclusivamente, como 'la película porno de Lars Von Trier'. Hay una chicha, un interés delante y tras las imágenes. Sin embargo, en mi opinión lo mejor se encontraba condensado en aquel primer volumen, con la excepción del bloque de 'P' en este segundo capítulo, muy notable y suficientemente turbio. ¿Merece la pena el 'Volumen 2"? Por supuesto. Ahora bien, el anterior tenía más entidad como obra independiente, estaba mejor terminado en lo relativo a tono, con más momentos brillantes (el capítulo del metro, el de Uma Thurman, la parte del hospital, el montaje con pantallas divididas, su final...) y aquí hay incluso partes que invitan un poco al aburrimiento (lo relativo al sadomaso).
Una película interesante, no obstante, que no es tan notable como la primera pero que la puede complementar sin conseguir ponerse a su altura. Trier ha hecho más de lo que cabría esperar; así que ya sólo queda ver lo que nos hemos perdido de sus cinco horas y media del montaje completo.
6 de junio de 2016
6 de junio de 2016
26 de 31 usuarios han encontrado esta crítica útil
Segunda parte del horripilante truño dirigido por Lars von Trier y protagonizado inexplicablemente por Charlotte Gainsbourg, tan infame o más, si cabe, que la parte primera.
Continúo reproduciendo con algunas licencias poéticas el fascinante diálogo que tiene lugar entre la desfallecida dama y el amable caballero que la recoge y la invita a pasar la noche en su casa:
Continúo reproduciendo con algunas licencias poéticas el fascinante diálogo que tiene lugar entre la desfallecida dama y el amable caballero que la recoge y la invita a pasar la noche en su casa:
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
spoiler:
Dama: En esto que cuando me bajé del metro, debo confesar que un tanto maltrecha y dolorida, decidí ir al zoo, donde había un gorila gigante que me encantó y me dije a mí misma: tiene que estar bien hacérselo con un homínido distinto al homo sapiens. Y me apuntaría un importante tanto en mi currículo. Oye, no te estarás excitando con todo esto que te estoy contando, no?
Caballero: No, tranquila, no me excito nunca. Además soy virgen. Y como el doctor Fausto le dijo a Mefistófeles: te vendo mi alma si me das calma. Oh, Thomas Mann, qué gran escritor! Le he dicho ya que esta novela sigue a grandes rasgos la historia vital de Nietzche?
Dama: No, pero yo no sé si le he contado a usted el día en el que en mitad de una orgía, mientras un señor me estaba introduciendo su miembro por la oreja y otro caballero hacía otro tanto por el ombligo (me encanta el coito umbilical, no se lo había comentado?) me dio un calambre en la pierna.
Caballero: Estaba yo pensando que el polimorfismo del niño, según el profesor Fromm, conlleva la represión del impulso escatológico. Por ello la capacidad del individuo para reinventar el propio ego hace que la asimilación del superego ocupe el espacio de la autosugestión. Está de acuerdo?
Dama. Pues no sé, pero el caso es que después de lo del calambre descubrí que me gustaban las sensaciones fuertes y me apunté a unas sesiones de sadomasoquismo con un famoso castigador que me azotaba el culete hasta que me lo dejaba hecho un ecce homo.
Caballero: Mi querida señorita, llegados a este punto me gustaría hablarle del momento en el que el gran Beethoven inventó la fuga. La Grosse Fuge, un único movimiento para cuarteto de cuerdas que rompe con las normas estéticas y armónicas del momento.
Dama: Y lo último, por lo que me han pegado esta paliza de hoy, es que me metí a chantajista sexual. Primero me follaba a los señores, a las señoras, a las piedras o a lo que se pusiera por delante y luego les pedía una determinada cantidad para no hacer públicos los hechos. Este sustancioso negocio me permitía satisfacer mis infinitas apetencias a la par que conseguir un modo de ganarme la vida con bastante holgura.
Caballero: Algo que está directamente relacionado con la contraposición de la Iglesia Oriental y la Iglesia Occidental; la ortodoxia frente a la heterodoxia, el monoteísmo frente al politeísmo, y la confrontación de ideas frente al blablablablabla…
Y así hasta el infinito y más allá. Una conversación de CUATRO HORAS CUATROOOOOO!!!!... (que se dice pronto) en la que Charlotte Gainsbourg va relatando pormernorizadamente distintos episodios de su vida sexual mientras el caballero mantiene una constante cara de poker y diserta largamente sobre lo divino y lo humano.
Me cuesta imaginar por qué extraña razón Gainsbourg, una actriz que generalmente me encanta, aceptó someterse a este apabullante dechado de gilipolleces cuya ingestión del tirón no le recomendaría ni a mi peor enemigo.
Prometo que lo que voy a contar a continuación es totalmente verídico. Esa noche, tras tragarme enteritas las dos partes del engendro, tuve un inquietante sueño: mi perro Manolo echaba un truño de proporciones gigantescas que tuve que partir en dos para poderlo recoger.
Simple casualidad o un claro mensaje de mi subconsciente? Ah, qui lo sa! Pero sucedió. Palabrita del niño Jesús
Caballero: No, tranquila, no me excito nunca. Además soy virgen. Y como el doctor Fausto le dijo a Mefistófeles: te vendo mi alma si me das calma. Oh, Thomas Mann, qué gran escritor! Le he dicho ya que esta novela sigue a grandes rasgos la historia vital de Nietzche?
Dama: No, pero yo no sé si le he contado a usted el día en el que en mitad de una orgía, mientras un señor me estaba introduciendo su miembro por la oreja y otro caballero hacía otro tanto por el ombligo (me encanta el coito umbilical, no se lo había comentado?) me dio un calambre en la pierna.
Caballero: Estaba yo pensando que el polimorfismo del niño, según el profesor Fromm, conlleva la represión del impulso escatológico. Por ello la capacidad del individuo para reinventar el propio ego hace que la asimilación del superego ocupe el espacio de la autosugestión. Está de acuerdo?
Dama. Pues no sé, pero el caso es que después de lo del calambre descubrí que me gustaban las sensaciones fuertes y me apunté a unas sesiones de sadomasoquismo con un famoso castigador que me azotaba el culete hasta que me lo dejaba hecho un ecce homo.
Caballero: Mi querida señorita, llegados a este punto me gustaría hablarle del momento en el que el gran Beethoven inventó la fuga. La Grosse Fuge, un único movimiento para cuarteto de cuerdas que rompe con las normas estéticas y armónicas del momento.
Dama: Y lo último, por lo que me han pegado esta paliza de hoy, es que me metí a chantajista sexual. Primero me follaba a los señores, a las señoras, a las piedras o a lo que se pusiera por delante y luego les pedía una determinada cantidad para no hacer públicos los hechos. Este sustancioso negocio me permitía satisfacer mis infinitas apetencias a la par que conseguir un modo de ganarme la vida con bastante holgura.
Caballero: Algo que está directamente relacionado con la contraposición de la Iglesia Oriental y la Iglesia Occidental; la ortodoxia frente a la heterodoxia, el monoteísmo frente al politeísmo, y la confrontación de ideas frente al blablablablabla…
Y así hasta el infinito y más allá. Una conversación de CUATRO HORAS CUATROOOOOO!!!!... (que se dice pronto) en la que Charlotte Gainsbourg va relatando pormernorizadamente distintos episodios de su vida sexual mientras el caballero mantiene una constante cara de poker y diserta largamente sobre lo divino y lo humano.
Me cuesta imaginar por qué extraña razón Gainsbourg, una actriz que generalmente me encanta, aceptó someterse a este apabullante dechado de gilipolleces cuya ingestión del tirón no le recomendaría ni a mi peor enemigo.
Prometo que lo que voy a contar a continuación es totalmente verídico. Esa noche, tras tragarme enteritas las dos partes del engendro, tuve un inquietante sueño: mi perro Manolo echaba un truño de proporciones gigantescas que tuve que partir en dos para poderlo recoger.
Simple casualidad o un claro mensaje de mi subconsciente? Ah, qui lo sa! Pero sucedió. Palabrita del niño Jesús
29 de mayo de 2014
29 de mayo de 2014
19 de 22 usuarios han encontrado esta crítica útil
Porque a esta continuación de las aventuras y desventuras de la ninfómana Joe se le cae toda la excitación estrepitosamente. Pasa a ser francamente deprimente, no ya sólo porque la protagonista devenga en una caricatura tan patética que no da ni pena, sino porque ya es cansina como ella sola. Y eso conlleva que ante escenas como las de sado y otras casi tan desagradables se esté un pelín harto y hastiado y eso no contribuye a que uno se las pele por empatizar con la pájara y aún menos por continuar escuchando su relato, al menos no con la paciencia de Seligman. Y cuando lo que te has esforzado por asimilar, con mucho trabajito, se te desmonta con el absurdo final, con gusto mandarías a la peli a que le dieran un buen repaso con la fusta.
26 de enero de 2014
26 de enero de 2014
15 de 18 usuarios han encontrado esta crítica útil
Aquí estoy de nuevo para hablar esta vez sobre la segunda parte de Nymphomaniac. Lo primero que debería decir es que habría tenido todo mucho más sentido si no la hubieran cortado en dos partes, pues habríamos sido capaces de verla mejor como conjunto. Después de todo creo que en total han sido unas 4 horas y media, y si se hacen maratones de Star Wars o de El señor de los anillos con unos simples descansos a mitad, también habría sido posible hacerlo con esta película. La versión completa en realidad dura 5 horas y media, y solo será proyectada así en alguna ocasión especial, aunque espero sinceramente que cuando se edite en DVD sea esta su duración porque nos han quitado una hora entera de metraje.
Dicho esto me meto de lleno en la película, que al igual que la primera ha sido cortada sin la colaboración del director. En esta parte, Joe (Charlotte Gainsbourg) le cuenta a Seligman (Stellan Skarsgard) los tres últimos capítulos de su historia: "capítulo 6: la iglesia oriental y la iglesia occidental (el pato mudo)", "capítulo 7: el espejo", y "capítulo 8: la pistola". En ellos, excepto en algunas escenas del principio, la protagonista ya es Gainsbourg. Ha dejado atrás a la chiquilla que fue, los años pasan y pesan, y no solo para ella, pues también podemos ver como esto afecta a Jerome. A pesar de que las circunstancias de su vida han cambiado ella sigue siendo una ninfómana, sigue necesitando el sexo desesperadamente, y más aun cuando sabe que está destrozando su vida, y se va hundiendo en una espiral de degradación personal de la que será difícil salir.
Sin duda, esta parte es mucho más cruel, más turbia, y nosotros como espectadores somos perfectamente conscientes del vacío existencial de su vida, de la soledad que la invade. El desasosiego que puede llegar a provocar es enorme. La crudeza de algunas escenas hacen que incluso llegue a parecer antierótica, en especial las escenas con K (Jamie Bell). K es un hombre que se dedica a infligir una violencia consentida sobre una mujeres que acuden a él con este propósito. La relación que establece Von Trier entre el catolicismo y el sadomasoquismo es brutal.
Al igual que la parte anterior, está plagada de metáforas de todo tipo perfectamente ilustradas por el sabio Seligman, desde como hace un nudo hasta un icono ruso, así como referencias histórico-artísticas varias como a la Transfiguración de Rafael o a Mesalina, la mujer del emperador Claudio, al parecer la ninfómana más famosa de la Historia. La música también participa de ello, y si en la primera parte fue Bach quien tuvo mayor relevancia, en esta es Beethoven quien lleva la voz cantante.
Si atiendo a que la película ha sido dividida en dos partes, me gustó más la primera; pero si la veo como conjunto me ha encantado. La reflexión final, gratamente feminista, ayuda a comprender bien la película y la vida de esta mujer. Obviamente si se ha visto la primera parte merece la pena verla pues ver el final es absolutamente necesario... ¡Que final por Dios! ¡Que final! Creo que he resuelto mis dudas definitivamente, no es solo que Lars von Trier esté como una cabra, es que el tío es un maldito genio.
Dicho esto me meto de lleno en la película, que al igual que la primera ha sido cortada sin la colaboración del director. En esta parte, Joe (Charlotte Gainsbourg) le cuenta a Seligman (Stellan Skarsgard) los tres últimos capítulos de su historia: "capítulo 6: la iglesia oriental y la iglesia occidental (el pato mudo)", "capítulo 7: el espejo", y "capítulo 8: la pistola". En ellos, excepto en algunas escenas del principio, la protagonista ya es Gainsbourg. Ha dejado atrás a la chiquilla que fue, los años pasan y pesan, y no solo para ella, pues también podemos ver como esto afecta a Jerome. A pesar de que las circunstancias de su vida han cambiado ella sigue siendo una ninfómana, sigue necesitando el sexo desesperadamente, y más aun cuando sabe que está destrozando su vida, y se va hundiendo en una espiral de degradación personal de la que será difícil salir.
Sin duda, esta parte es mucho más cruel, más turbia, y nosotros como espectadores somos perfectamente conscientes del vacío existencial de su vida, de la soledad que la invade. El desasosiego que puede llegar a provocar es enorme. La crudeza de algunas escenas hacen que incluso llegue a parecer antierótica, en especial las escenas con K (Jamie Bell). K es un hombre que se dedica a infligir una violencia consentida sobre una mujeres que acuden a él con este propósito. La relación que establece Von Trier entre el catolicismo y el sadomasoquismo es brutal.
Al igual que la parte anterior, está plagada de metáforas de todo tipo perfectamente ilustradas por el sabio Seligman, desde como hace un nudo hasta un icono ruso, así como referencias histórico-artísticas varias como a la Transfiguración de Rafael o a Mesalina, la mujer del emperador Claudio, al parecer la ninfómana más famosa de la Historia. La música también participa de ello, y si en la primera parte fue Bach quien tuvo mayor relevancia, en esta es Beethoven quien lleva la voz cantante.
Si atiendo a que la película ha sido dividida en dos partes, me gustó más la primera; pero si la veo como conjunto me ha encantado. La reflexión final, gratamente feminista, ayuda a comprender bien la película y la vida de esta mujer. Obviamente si se ha visto la primera parte merece la pena verla pues ver el final es absolutamente necesario... ¡Que final por Dios! ¡Que final! Creo que he resuelto mis dudas definitivamente, no es solo que Lars von Trier esté como una cabra, es que el tío es un maldito genio.
Cancelar
Limpiar
Aplicar
Filters & Sorts
You can change filter options and sorts from here
US
Canadá
México
España
UK
Irlanda
Australia
Argentina
Chile
Colombia
Uruguay
Paraguay
Perú
Ecuador
Venezuela
Costa Rica
Honduras
Guatemala
Bolivia
Rep. Dominicana


