Ninfomanía: segunda parte
Drama
Historia de una ninfómana contada por ella misma. Una fría noche invernal, un viejo solterón (Stellan Skarsgård) encuentra en un callejón a una joven (Charlotte Gainsbourg) herida y casi inconsciente. Después de recogerla y cuidarla, siente curiosidad por saber cómo pudo haber llegado a semejante situación; escucha atentamente el relato que ella hace de su vida, una vida llena de conflictos y turbias relaciones. Para su estreno ... [+]
4 de septiembre de 2015
4 de septiembre de 2015
8 de 8 usuarios han encontrado esta crítica útil
Todo esperanza de obtener algo enriquecedor en esta película se abandona en la segunda entrega, la falta de coherencia se hace patente perdiéndose en una historia repleta de sinsentidos buscando despertar en el público el morbo de un modo insultantemente fácil. La guinda del pastel la encontramos en los últimos ocho minutos de la película, donde el autor intenta resolver de una forma estrepitosa lo que ha sido un conjunto de errores pretenciosos.
13 de febrero de 2014
13 de febrero de 2014
17 de 27 usuarios han encontrado esta crítica útil
Después del buen sabor de boca que me dejó la primera parte me he llevado una desilusión con la segunda parte. No voy a citar nada de la primera mitad " Nymphomaniac.Volumen 1 " , sino que me voy a centrar en esta segunda parte.
La continuación de la historia retoma la relación entre Gainsbourg y LaBeouf, y no aporta absolutamente nada que impacte o se pueda recordar. La película se vendió como impactante y con escenas nunca vistas, pero la conclusión es que ha sido un marketing para que la gente vea las dos partes. No creo que la película íntegra contenga algo diferente, y si fuera así me parecería una estafa para los espectadores que hemos pagado la entrada de cine.
En la parte final se busca provocar con dos situaciones, que tratan dos temas delicados como " el racismo " y " la pedofilia " . Pero ni siquiera en estos casos tiene ningún interés, y todo está hecho de manera basta y sin ningún tipo de sutileza e imaginación. El final tampoco me convence en esa historia que Joe cuenta a Seligman.
La continuación de la historia retoma la relación entre Gainsbourg y LaBeouf, y no aporta absolutamente nada que impacte o se pueda recordar. La película se vendió como impactante y con escenas nunca vistas, pero la conclusión es que ha sido un marketing para que la gente vea las dos partes. No creo que la película íntegra contenga algo diferente, y si fuera así me parecería una estafa para los espectadores que hemos pagado la entrada de cine.
En la parte final se busca provocar con dos situaciones, que tratan dos temas delicados como " el racismo " y " la pedofilia " . Pero ni siquiera en estos casos tiene ningún interés, y todo está hecho de manera basta y sin ningún tipo de sutileza e imaginación. El final tampoco me convence en esa historia que Joe cuenta a Seligman.

Charlotte Gainsbourg
No soy la única persona a la que ha defraudado esta segunda parte, ya que a quienes no gustara la parte inicial no se habrán acercado a ver esta conclusión.
Entiendo que pueda gustar esta versión de " Nymphomaniac " , pero está muy lejos de otras grandes películas de Lars Von Trier como " Rompiendo las olas " , " Melancolía " , " Bailar en la oscuridad " y " Dogville " . Todas estas películas también fueron transgresoras, y tuvo mucha gente a la que no gustaron nada (incluso con espectadores abandonando la sala, al desconocer el tipo de cine que iban a ver).
Si la película mantiene algo de interés es por la excelente actuación de Charlotte Gainsbourg y la banda sonora.
Recomendable para el que disfrutó de la primera parte. Aunque a mí no me haya gustado, hay bastantes espectadores y críticos a los que les han gustado las dos partes.
Entiendo que pueda gustar esta versión de " Nymphomaniac " , pero está muy lejos de otras grandes películas de Lars Von Trier como " Rompiendo las olas " , " Melancolía " , " Bailar en la oscuridad " y " Dogville " . Todas estas películas también fueron transgresoras, y tuvo mucha gente a la que no gustaron nada (incluso con espectadores abandonando la sala, al desconocer el tipo de cine que iban a ver).
Si la película mantiene algo de interés es por la excelente actuación de Charlotte Gainsbourg y la banda sonora.
Recomendable para el que disfrutó de la primera parte. Aunque a mí no me haya gustado, hay bastantes espectadores y críticos a los que les han gustado las dos partes.
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
spoiler:
La última parte llamada " pistola " explica el momento anterior a que Joe fuera rescatada por Seligman. No le funcionaba la pistola, pero no sabía que había que cargarla. Una vez que Seligman se lo explica la joven ninfómana le mata y desaparece.
Ese disparo no lo vemos, sino que escuchamos el disparo con la pantalla en negro, y nos damos cuenta de lo que ha sucedido cuando vuelve la imagen. Este es un final muy mejorable y decepcionante.
Ese disparo no lo vemos, sino que escuchamos el disparo con la pantalla en negro, y nos damos cuenta de lo que ha sucedido cuando vuelve la imagen. Este es un final muy mejorable y decepcionante.
28 de octubre de 2014
28 de octubre de 2014
11 de 15 usuarios han encontrado esta crítica útil
El desfile final. Más de lo mismo pero ya sin esperanza; cautivo y desarmado, derrengado y sorprendido, sin dar crédito a que una de las mayores luminarias del cine "independiente" europeo, de calidad y sin ataduras, sea capaz de hacer tanto el ridículo, de perpetrar algo tan enfermizo y grotesco, tan triste y patético.
En fin, vayamos a lo importante, a la traducción para despistados, incultos y gente de pocas luces.
Yo tenía doce años y levitaba, el orgasmo me hacía feliz y se me aparecía gente del pasado, putas babilónicas y grandes rameras romanas. Crecí y quise conocer a esos extraños hombrecillos que hablaban muy raro y estaban pintados de negro, por eso de que se rumoreaba que las tenían muy grandes y eran muy fogosos, pues sí, que ricura y hermosura. Pero yo estaba frígida perdida y ya no sentía nada al hacerlo con... nadie. Por lo que decidí, ya que era rebelde y libre como el viento, meterme al club de la lucha (por K, Kafka, que partía la pana de lo guapo y limpio que era), al pégame un poquito que quiero llegar a fin de mes contenta, por eso de reafirmarme en mi independencia y ahondar en mis contradicciones. Pero tenía un niño pequeño muy pesado y lo tuve que dejar, ya sabes, porque odio a muerte el sentimentalismo, vamos, que no creo en eso, que son todo mentiras y yo soy verdadera. Y después de no sé cuántas zurras eclesiásticas, porque no pensarán que fue así como así, no, se equivocan, había emprendido el camino desde la iglesia ortodoxa a la católica, de la luz a la oscuridad, lo mismo que Wagner y el oro del Rin. Bueno, sigo que me pierdo. Me salió una llaga en el coño y decidí dejarlo. Me metí en una secta de adictos y me aburrí. Les canté las cuarenta, les dije que yo con mi potorro hago lo que me sale del moño, que me quiero mucho y nadie me tose. Por lo que cambié de trabajo y me entregué al fascinante mundo de la extorsión Freudiana. Apadriné un método revolucionario, un detector infalible de pederastas buenos, y me enamoré de una oreja deforme que jugaba muy mal al baloncesto. De ahí concluí que era lesbiana y compulsiva lectora de James (Bond, no el futbolista).
En fin, vayamos a lo importante, a la traducción para despistados, incultos y gente de pocas luces.
Yo tenía doce años y levitaba, el orgasmo me hacía feliz y se me aparecía gente del pasado, putas babilónicas y grandes rameras romanas. Crecí y quise conocer a esos extraños hombrecillos que hablaban muy raro y estaban pintados de negro, por eso de que se rumoreaba que las tenían muy grandes y eran muy fogosos, pues sí, que ricura y hermosura. Pero yo estaba frígida perdida y ya no sentía nada al hacerlo con... nadie. Por lo que decidí, ya que era rebelde y libre como el viento, meterme al club de la lucha (por K, Kafka, que partía la pana de lo guapo y limpio que era), al pégame un poquito que quiero llegar a fin de mes contenta, por eso de reafirmarme en mi independencia y ahondar en mis contradicciones. Pero tenía un niño pequeño muy pesado y lo tuve que dejar, ya sabes, porque odio a muerte el sentimentalismo, vamos, que no creo en eso, que son todo mentiras y yo soy verdadera. Y después de no sé cuántas zurras eclesiásticas, porque no pensarán que fue así como así, no, se equivocan, había emprendido el camino desde la iglesia ortodoxa a la católica, de la luz a la oscuridad, lo mismo que Wagner y el oro del Rin. Bueno, sigo que me pierdo. Me salió una llaga en el coño y decidí dejarlo. Me metí en una secta de adictos y me aburrí. Les canté las cuarenta, les dije que yo con mi potorro hago lo que me sale del moño, que me quiero mucho y nadie me tose. Por lo que cambié de trabajo y me entregué al fascinante mundo de la extorsión Freudiana. Apadriné un método revolucionario, un detector infalible de pederastas buenos, y me enamoré de una oreja deforme que jugaba muy mal al baloncesto. De ahí concluí que era lesbiana y compulsiva lectora de James (Bond, no el futbolista).
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
spoiler:
Así que se me encasquilló y la pifié. Me mearon y caí.
El círculo se cerró y aquí estoy.
Está bien, pero a esta magna obra le faltó la zoofilia. Sé que es mucho pedir, pero se me ocurre algo, donde no llega el maestro yo le puedo ayudar, humildemente:
a) De caballos:
- Ella (revolucionaria, Jesucristo femenina y libertaria) nos cuenta: llevaba tiempo teniendo pesadillas con relinchos.
Así que decidí ir a una cuadra para informarme.
- Él (sabio, culto y virgen, científicamente judío) nos dice: sí, Pegaso ya lo dijo, vuela conmigo o vivan las cadenas.
- Ella: lo vi y me enamoré, por su pene descomunal/animal.
- Él: claro, Nietzsche lo entendió perfectamente, como ya explicó con prístina belleza el gran Béla Tarr en
la aclamada "El caballo de Turín".
- Ella: lo hicimos tres semanas seguidas, a ritmo de bolero dance, entre la alfalfa y la mierda, gozando
como gorrinos (equinos).
El círculo se cerró y aquí estoy.
Está bien, pero a esta magna obra le faltó la zoofilia. Sé que es mucho pedir, pero se me ocurre algo, donde no llega el maestro yo le puedo ayudar, humildemente:
a) De caballos:
- Ella (revolucionaria, Jesucristo femenina y libertaria) nos cuenta: llevaba tiempo teniendo pesadillas con relinchos.
Así que decidí ir a una cuadra para informarme.
- Él (sabio, culto y virgen, científicamente judío) nos dice: sí, Pegaso ya lo dijo, vuela conmigo o vivan las cadenas.
- Ella: lo vi y me enamoré, por su pene descomunal/animal.
- Él: claro, Nietzsche lo entendió perfectamente, como ya explicó con prístina belleza el gran Béla Tarr en
la aclamada "El caballo de Turín".
- Ella: lo hicimos tres semanas seguidas, a ritmo de bolero dance, entre la alfalfa y la mierda, gozando
como gorrinos (equinos).

Charlotte Gainsbourg & Jamie Bell
b) Y de perros:
- Ella (ya cansada y con ganas de dormir): fue en la perrera, estaba esquelético pero me atisbó, vi luz en su mirada.
- Él (intentando reprimir una erección inapropiada y levantisca): Cervantes ya lo anunció en su inmortal "Coloquio
de los perros", nunca mires al través de un cancerbero, que tiene tres cabezas y es muy traicionero.
- Ella: pues le hice una mamada muy rica.
- Él: Cannes, la ciudad perruna por excelencia, es muy cinematográfica y ya me ha dado varios premios, así que
cierras la boca de una maldita vez que quiero praxis.
Y la ciencia quiso follar, pero la carne es amarga e insolidaria. Y parecía bueno el cabrón.
Y se olvidó de la coprofilia y la necrofilia y... la madre que lo parió. La puñetera corrección política se quiso meter, pero no, un creador libre siempre tiene la última y justa palabra.
Ah, y que quede claro de un vez por todas: el mundo es una mierda. Lo dijo Lars von Trier, punto redondo.
- Ella (ya cansada y con ganas de dormir): fue en la perrera, estaba esquelético pero me atisbó, vi luz en su mirada.
- Él (intentando reprimir una erección inapropiada y levantisca): Cervantes ya lo anunció en su inmortal "Coloquio
de los perros", nunca mires al través de un cancerbero, que tiene tres cabezas y es muy traicionero.
- Ella: pues le hice una mamada muy rica.
- Él: Cannes, la ciudad perruna por excelencia, es muy cinematográfica y ya me ha dado varios premios, así que
cierras la boca de una maldita vez que quiero praxis.
Y la ciencia quiso follar, pero la carne es amarga e insolidaria. Y parecía bueno el cabrón.
Y se olvidó de la coprofilia y la necrofilia y... la madre que lo parió. La puñetera corrección política se quiso meter, pero no, un creador libre siempre tiene la última y justa palabra.
Ah, y que quede claro de un vez por todas: el mundo es una mierda. Lo dijo Lars von Trier, punto redondo.
8 de febrero de 2014
8 de febrero de 2014
9 de 11 usuarios han encontrado esta crítica útil
Cómo duele cuando uno de tus autores favoritos te decepciona. En ocasiones me ha ocurrido porque yo he madurado y ya no me interesa lo que ese autor me puede enseñar. En otros casos, sabes claramente que es el autor el que no tiene nada que contar. Es el caso de Lars von Trier, al cual admiré con su Trilogía Corazón Dorado y que me sorprendió con su Trilogía (de por ahora 2 películas) USA Land of Opportunities. A continuación presentó la muy irregular Anticristo -que homenajea tramposamente (en el buen sentido de la palabra) en una secuencia preciosa en Nymphomaniac; la decepcionante Melancolía; y, ahora, esta película, vendida como porno, dividida en dos largos largometrajes y que cuenta más bien poco (y enseña menos, por si hubiese alguien, al menos, interesado en el porno).
Cuatro larguísimas horas en las que una mujer (inexplicablemente mal actuada Charlotte Gainsbourg) cuenta a un hombre (Skarsgard) que es ninfómana. Él la interrumpe con clases de pesca, política, religión, música, arte... que dan pie, a ella, a inventarse ridículos nombres para los capítulos de su vida. Por cierto, cada uno de esos capítulos corresponde a una forma distinta de practicar sexo: desde el despertar sexual de una niña, hasta la sodomía, hasta el lesbianismo, etc, etc... como si Lars von Trier se hubiera leído recientemente un libro con 18 perversiones sexuales, tantos como capítulos tiene su película.
Sin duda, lo que más me gustó de Nymphomaniac fue Stacy Martin. No sé nunca cómo va a reaccionar Shia LeBeouf y el capítulo de Uma Thurman es sencillamente tronchante, gracias, en parte a su intensidad.
Cuatro larguísimas horas en las que una mujer (inexplicablemente mal actuada Charlotte Gainsbourg) cuenta a un hombre (Skarsgard) que es ninfómana. Él la interrumpe con clases de pesca, política, religión, música, arte... que dan pie, a ella, a inventarse ridículos nombres para los capítulos de su vida. Por cierto, cada uno de esos capítulos corresponde a una forma distinta de practicar sexo: desde el despertar sexual de una niña, hasta la sodomía, hasta el lesbianismo, etc, etc... como si Lars von Trier se hubiera leído recientemente un libro con 18 perversiones sexuales, tantos como capítulos tiene su película.
Sin duda, lo que más me gustó de Nymphomaniac fue Stacy Martin. No sé nunca cómo va a reaccionar Shia LeBeouf y el capítulo de Uma Thurman es sencillamente tronchante, gracias, en parte a su intensidad.
27 de enero de 2014
27 de enero de 2014
8 de 9 usuarios han encontrado esta crítica útil
El danés Lars Von Trier es uno de esos directores que cuando ves sus películas te dan la sensación de que están jugando contigo de alguna manera. Cada vez que me he acercado a alguno de esos filmes he tenido la sensación de que me estaba tomando el pelo, que a veces se reía conmigo y a veces se reía de mí, por su particular manera de afrontar el cine, tratando de descolocar al espectador con diversas tácticas. A mediados de los años 90 fue el adalid del movimiento Dogma, que quería recuperar una mayor pureza en el cine haciendo películas como si se tratara de vídeos caseros, con deficiente iluminación, nada de música sino sonaba en la escena, cámara en movimiento e interpretaciones que parecieran reacciones reales. De las películas que surgieron con esa etiqueta quizá la más recordada sea "Los idiotas", que me hizo sentir que Von Trier se estaba riendo de mí, mostrándome una historia y unos personajes ridículos y sin interés. La siguiente que vi fue "Dogville", que tomaba una estructura teatral con todos los personajes sobre un escenario y donde las casas eran dibujos de tiza en el suelo para limitar el espacio. En esa ocasión sentí que el director se reía conmigo y de mí, pero la película me gustó bastante más y después Von Trier ha seguido haciendo cine("Manderlay", "Anticristo", "Melancolía"), ha pasado por tratamientos para curar una fuerte depresión y ha sido expulsado del Festival de Cannes, donde antaño le doraban la píldora, por hacer unas polémicas declaraciones en las que decía entender a Hitler. Queda claro que Von Trier es un bizarro personaje, con una "pedrada" importante, que ha sabido encontrar en el cine un medio de expresión a sus locuras. Y la última de ellas es la ninfomanía.
En el primer volumen, Von Trier muestra que los tiempos de Dogma son historia y elabora una narración con varios montajes con músicas y vídeos que apoyan lo que se está contando, a veces dándole al relato de Joe un toque irónico que puede provocar la risa. No sé si Von Trier se burla de las películas que tienen la necesidad de recalcar visualmente lo que cuentan o si simplemente trata de ilustrar la historia con material de apoyo, con Seligman haciendo paralelismos entre el sexo y la pesca o la música clásica. El personaje de Joe acaba siendo el propio Von Trier, contando la historia como le da la gana pero sin necesidad de excitar a nadie y Seligman acaba siendo ese público deseoso de morbo que quiere sacarle punta y sentido oculto a todo lo que le cuentan.
El segundo volumen (que empieza donde termina el primero, con un corte limpio, como si volviera de una pausa para publicidad) ya está protagonizado casi enteramente por una estupenda Charlotte Gainsbourg (una actriz audaz y sin complejos, digna hija de sus padres, Serge Gainsbourg y Jane Brikin) como la Joe adulta, que sigue manteniendo su apetito sexual y su deseo de no mezclarse sentimentalmente con nadie. En su búsqueda del placer acabará sumergiéndose en las fosas del sadomasoquismo, siendo golpeada con fustas y látigos de nueve colas por el misterioso K (un excelente Jamie Bell, ya crecido de la etapa "Billy Elliot" y que ya en "Jane Eyre" mostró que los personajes cabroncetes se le dan mejor que los buenotes) y donde Von Trier no escatima planos de los daños que ocasiona en el cuerpo de Joe, ironizando esta vez con el sado de diseño, limpio y navideño, de sombras de Grey y similares. Asimismo, Joe conocerá a la joven P (Mia Goth), con la que establecerá una relación amistosa-maternal que tendrá consecuencias.
Debo reconocer que me ha gustado más el primer volumen que el segundo, no sé si porque se hace más fácil de ver o porque ya en él quedan claros los conceptos que acaban siendo redundantes en el segundo volumen, seguramente por ambos motivos. Posiblemente esta historia se podría haber contado igual en una sola película sin llegar a las cuatro o cinco horas.
Lo que me queda claro es que una vez más Von Trier lo vuelve a hacer, vuelvo a tener esa sensación irónica de que se ha reído del espectador pero al mismo tiempo haciéndole reír con él algunas veces, jugando con las expectativas y saliéndose a veces por caminos inesperados. Baste señalar en ese sentido la selección musical, pues la primera parte empieza con un cañero tema de Rammstein que puede hacer presagiar que vamos a ver algo duro que luego no tiene lugar (los que esperen escenas explícitas por doquier que se vayan olvidando) y la segunda termina con una canción interpretada por la propia Charlotte Gainsbourg, cuya letra nos deja la duda de si esta película no será simplemente una pedorreta de Von Trier. Un cineasta genial para unos y odioso para otros, pero que indudablemente cumple con eso de que los directores de cine deben ser como los maestros de ceremonias del circo, capaces de ganarse la atención del público.
En el primer volumen, Von Trier muestra que los tiempos de Dogma son historia y elabora una narración con varios montajes con músicas y vídeos que apoyan lo que se está contando, a veces dándole al relato de Joe un toque irónico que puede provocar la risa. No sé si Von Trier se burla de las películas que tienen la necesidad de recalcar visualmente lo que cuentan o si simplemente trata de ilustrar la historia con material de apoyo, con Seligman haciendo paralelismos entre el sexo y la pesca o la música clásica. El personaje de Joe acaba siendo el propio Von Trier, contando la historia como le da la gana pero sin necesidad de excitar a nadie y Seligman acaba siendo ese público deseoso de morbo que quiere sacarle punta y sentido oculto a todo lo que le cuentan.
El segundo volumen (que empieza donde termina el primero, con un corte limpio, como si volviera de una pausa para publicidad) ya está protagonizado casi enteramente por una estupenda Charlotte Gainsbourg (una actriz audaz y sin complejos, digna hija de sus padres, Serge Gainsbourg y Jane Brikin) como la Joe adulta, que sigue manteniendo su apetito sexual y su deseo de no mezclarse sentimentalmente con nadie. En su búsqueda del placer acabará sumergiéndose en las fosas del sadomasoquismo, siendo golpeada con fustas y látigos de nueve colas por el misterioso K (un excelente Jamie Bell, ya crecido de la etapa "Billy Elliot" y que ya en "Jane Eyre" mostró que los personajes cabroncetes se le dan mejor que los buenotes) y donde Von Trier no escatima planos de los daños que ocasiona en el cuerpo de Joe, ironizando esta vez con el sado de diseño, limpio y navideño, de sombras de Grey y similares. Asimismo, Joe conocerá a la joven P (Mia Goth), con la que establecerá una relación amistosa-maternal que tendrá consecuencias.
Debo reconocer que me ha gustado más el primer volumen que el segundo, no sé si porque se hace más fácil de ver o porque ya en él quedan claros los conceptos que acaban siendo redundantes en el segundo volumen, seguramente por ambos motivos. Posiblemente esta historia se podría haber contado igual en una sola película sin llegar a las cuatro o cinco horas.
Lo que me queda claro es que una vez más Von Trier lo vuelve a hacer, vuelvo a tener esa sensación irónica de que se ha reído del espectador pero al mismo tiempo haciéndole reír con él algunas veces, jugando con las expectativas y saliéndose a veces por caminos inesperados. Baste señalar en ese sentido la selección musical, pues la primera parte empieza con un cañero tema de Rammstein que puede hacer presagiar que vamos a ver algo duro que luego no tiene lugar (los que esperen escenas explícitas por doquier que se vayan olvidando) y la segunda termina con una canción interpretada por la propia Charlotte Gainsbourg, cuya letra nos deja la duda de si esta película no será simplemente una pedorreta de Von Trier. Un cineasta genial para unos y odioso para otros, pero que indudablemente cumple con eso de que los directores de cine deben ser como los maestros de ceremonias del circo, capaces de ganarse la atención del público.
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