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Tom en el granero

Drama Tom, un joven publicitario, asiste al funeral de su novio, que ha muerto en un accidente de tráfico. En una granja aislada se encuentra por primera vez con la madre de su amado. Ella no lo conoce ni sabe qué clase de relación mantuvo con su hijo. Tom descubrirá entonces que su novio había estado enamorado de una mujer llamada Sarah. (FILMAFFINITY)
Críticas 27
Críticas ordenadas por utilidad
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8
30 de abril de 2014
33 de 36 usuarios han encontrado esta crítica útil
Llego tarde. Descubro al jovencísimo Xavier Dolan en la que consideran su peor película. Porque con sólo 25 años este quebequés ya cuenta con cuatro obras, una legión de seguidores y un puesto fijo en festivales de renombre como el de Cannes. Ahora es un certamen online, el Atlántida Film Fest, el que nos acerca su cuarto largometraje, un Tom a la fèrme que sus incondicionales consideran demasiado comercial pero que para los neófitos a su filmografía puede suponer la mejor puerta de entrada. Si esta es su peor propuesta, ¿cómo serán las anteriores?

Este particular duelo postmortem, de ambiente viciado y envolvente, despierta el apetito por conocer el universo de un director que ya comparan con veteranos como Wong Kar Wai o Pedro Almodóvar. Sin ir más lejos, Carlos Boyero, por coherencia y convicción, también aborrece a este neohipster pretencioso, así que absténganse los detractores de ese cine que supedita los guiones, no siempre con acierto, a un ejercicio estilístico artificioso. No es el caso, sin embargo, de esta angustiosa cinta, en la que prima la atmósfera de opresión frente a los planos de alarde.
Tom a la fèrme es una historia de dolor reprimido, el que siente el protagonista cuando acude a la granja familiar de su novio para velar su muerte. Forzado por un hermano aterrador, se verá obligado a contener el llanto y a camuflar su relación con el disfraz de una gran amistad. Un ambiente de opresión y violencia en el que se mezclan el miedo, el drama y la tensión, incluida la sexual. Xavier Dolan realiza una labor encomiable, no ya como director sino frente a la cámara asumiendo una personalidad con tantos matices como la de Tom.

La atracción imposible hacia un cuñado psicópata, tan pronto violento como embaucador, es sólo uno de los alicientes de este thriller de toque homosexual, al parecer uno de los hilos conductores de la obra de Dolan. Su otro gran sello está en la belleza formal. Planos cenitales acompañados de una potente y adictiva banda sonora, planos dorsales que convierten al espectador en un cómplice del protagonista, travelings minuciosamente descriptivos de estancias. Imágenes milimetradas que no alteran ni conducen el fondo del filme hacia la estratosfera de la pedantería o el surrealismo.
Xavier Dolan
Finalizados los títulos de crédito de Tom a la fèrme, surge la necesidad de un ciclo Dolan que o bien reafirme la buena impresión o bien contradiga a la corriente en favor de este personalísimo director. ¿Serán sus tres películas previas el paradigma de una obra de arte precoz? Y en ese caso, si su cuarta propuesta es un pequeño traspiés, ¿estará desenmascarando en realidad un precipitado espejismo? Cameo ya tiene editado un pack idóneo en DVD con Yo maté a mi madre, Los amores imaginarios y Laurence anyways pero todas sus existencias están agotadas. Urge reeditarlo.
9
11 de noviembre de 2013
27 de 35 usuarios han encontrado esta crítica útil
A veces se produce una brecha en medio de la noche, un sudor gélido se escurre por las sábanas, y uno, sin saber muy bien por qué, siente miedo, soledad, y quizás incluso algún atisbo de locura. El canadiense Xavier Dolan ha tejido, en su cuarto trabajo, una pesadilla, una película caótica. Un arrebato de cine, o post-cine, o post algo, un ejercicio narrativo absurdo, un desgarro. Tom viaja al Quebec profundo para el funeral de su novio. Todo lo que pasa desde que entra en la granja que da título a la película es una paliza, o un reto, o ambas cosas. Dolan busca que el espectador se rinda. Nada tiene sentido en una película sin género, que no es ni un drama psicológico, ni un thriller terrorífico, ni un noir enfermizo. O es a la vez las tres cosas, o no es ninguna de ellas en absoluto.
Si sus tres películas anteriores funcionaban por acumulación en lo visual, el Dolan de Tom à la ferme se ha despojado del manierismo de antaño, la puesta en escena es limpia, de encuadres perfectos, dibujados con una enfermiza obsesión por la centralidad en el plano. Y sin embargo es una película desenfocada, ahogada en miseria, autodestructiva. La autodestrucción como concepto vital, como algo intrínsecamente humano es algo que está presente en todo el cine de Dolan. Todo hombre ama lo que más daño le hace, y desea lo que más teme. No somos más que prisioneros que arrastran su alma, que construyen sus propias celdas para encerrar todo aquello de ellos mismos que temen, para encerrarse a sí mismos.
El cine de Dolan aterroriza usando códigos totalmente irreales para retratar pulsiones humanas muy plausibles. Ese es su secreto, pocos autores actuales piensan en imágenes como lo hace él, para bien o para mal, o sí, para ambas. Al mismo tiempo que su forma de dirigir se va despojando de elementos, depurando, las hojas de sus guiones se llenan de borrones. Sus otras películas eran una idea, Tom á la ferme es un conjunto de retazos de ideas, de esas que solo nos permitimos tener cuando una pesadilla nos apalea en medio de la noche, cuando la frontera entre lo consciente y lo inconsciente es difusa, cuando tenemos miedo, no de los otros, sino de nosotros mismos.
6
29 de noviembre de 2016
16 de 17 usuarios han encontrado esta crítica útil
Tom à la ferme, es oscura, sucia, complicada, incluso puede resultar enigmática para quien desconoce esos mundos. Bien relatados por XAVIER DOLAN el cual se maneja con habilidad, lo que deja intuir, cierto conocimiento.

El personaje de Pierre-Yves Cardinal no acepta lo que necesita, no se enfrenta a lo que es... Mata y golpea porque su cabeza no le permite follar a quien desearía... Algunos homosexuales no quieren entender lo que son, incluso se lo niegan. Este es el caso del siniestro hermano del fallecido.

La realidad de lo que habita en cada uno, y que llega, transportando la gran infelicidad. Un trabajo de búsquedas sin encuentros. Un guión confuso e inconcluso, de profundidades sin respuestas.
7
1 de abril de 2014
13 de 17 usuarios han encontrado esta crítica útil
Después de haber visto todas las películas de Xavier Dolan, me reafirmo en que estamos ante uno de los directores más interesantes de los últimos tiempos.

En esta, su cuarta y última película, Dolan mantiene ciertas pautas repetidas en las anteriores, por ejemplo ese regusto por el melodrama desmedido, las relaciones pasionales y la identidad sexual y su difícil encaje en la sociedad. Sin embargo, en esta ocasión rompe con su estilismo luminoso, grandilocuente (a veces casi de videoclip) de sus anteriores obras, para llevarnos a un entorno rural, oscuro, cerrado, y además dotar a la historia de una parte de thriller, donde amor y psicopatía confluyen.

El resultado es interesante, la historia mantiene el ritmo, y transmite ese desasosiego enfermizo en que se mueven los personajes. Sin embargo no todo es perfecto, el personaje que interpreta el propio Dolan tiene reacciones no muy justificables, su evolución no está bien explicada, y su propia interpretación no me parece muy brillante. Además esa grandilocuencia de su cine, si bien aquí está muy atemperada, cuando aparece no resulta del todo acertada (la secuencia del baile no es creíble en modo alguno).

En cualquier caso, Dolan sigue siendo un director interesante que ya es una realidad, que aquí se adentra en teritorios más amplios, y que demuestra una inusual imaginación en sus historias y su forma de pasarlas a imágenes.
10
29 de octubre de 2019
7 de 7 usuarios han encontrado esta crítica útil
Una obra maestra contemporánea traída del teatro al cine por el absolutamente genial Xavier Dolan, quien dirige y protagoniza a la perfección.

Volver al pueblo de la persona amada que acaba de morir y descubrir un intrincado pasado no es fácil, mucho menos siendo un completo extraño para todos. Dolan logra la dosis precisa de rareza y elegancia, hace una exploración del luto, de la dependencia, de lo autodestructivo; incluye erotismo a través de la atmósfera, de las miradas, de detalles como la respiración, sin llegar nunca a lo explícito.

Su gran logro es crear un ambiente de tensión e incomodidad desde lo sutil pero sin perder nunca su espíritu contestatario. En todo momento están presentes trasfondos sociales y psicológicos muy profundos. La riqueza de símbolos complementa al máximo el relato. Es una película espectacular en forma y fondo.

Llegó de inmediato a mi top 20. Reverencias a Xavier.
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