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Tom en el granero

Drama Tom, un joven publicitario, asiste al funeral de su novio, que ha muerto en un accidente de tráfico. En una granja aislada se encuentra por primera vez con la madre de su amado. Ella no lo conoce ni sabe qué clase de relación mantuvo con su hijo. Tom descubrirá entonces que su novio había estado enamorado de una mujer llamada Sarah. (FILMAFFINITY)
Críticas 27
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6
9 de octubre de 2016 3 de 3 usuarios han encontrado esta crítica útil
Relaciones nocivas de deseos inconfesos.

Ya nada más empezar hay una clara distorsión entre música e imagen, desconexión irresistible que sirve de base para después conformar un cuadro extraño, alentador y divergente según se van añadiendo los personajes.
Un novio al funeral de su amante, una desconsolada madre que busca respuestas y un violento hermano, cuya frustración es cárcel que le oprime y asfixia; todos participan del juego de la verdad no dicha, a través de mentiras edulcoradas que ensucian e incumplen con el propósito de la calma y las apariencias.
Inventar para ocultar la necesidad de deseo interno, agredir como manifestación de unos sentimientos que no se controlan y devoran por dentro, incomprensión por un trato tirante, abrupto y dañino que seduce e hipnotiza, por el amor encubierto que hay detrás de cada golpe.
El perdón del maltrato por la estima y cariño que encierra, quien no sabe expresarse de otra manera que hiriendo, el dolor como enganche, la brutalidad como expresión, la lástima como entendimiento, la petición de ayuda como reclamo, la esperanza de felicidad como excusa; atrapado entre el deseo de huir y la tendencia de permanecer, de olvidar y alejarse, de ser fiel y aguantar; las emociones se confunden y colapsan alrededor del recuerdo de un muerto, que también vivía a través de las mentiras, enseñanza familiar de supervivencia con la que tropieza un enamorado doloso, con aspiración a sentir de nuevo, ante esa bofetada imprevista de misterio, rabia, engaño y lujuria que despierta en él su inesperado compañero de cuarto.
Invitado en peculiar hogar aprende a conocer a sus miembros, al tiempo que se integra y participa de su insana y degenerada existencia, con ese malabarismo de extremos que se tocan, para unas sensaciones caóticas e interesantes en su perjuicio para la salud, que abren la puerta a tu atención por ellos.
Xavier Dolan, responsable absoluto de este amorío tenso, malsano y perjudicial, que cautiva a su víctima por lo que no da por impotencia, por lo que ofrece por represión, por lo que aportaría en caso de libertad emocional; sexualidad enfrascada en ese atoramiento de negar quien se es y explotar ante quien se pretende ser, enigma paisajístico de soledad y aislamiento encantador y mareante, turbulento y fascinador, que viene a envolver esa doble cara de abrazo y rechazo, de amor y odio que envuelve a un maltratador y a su necesitada víctima peón.
Es alocada, revuelta, trastocada y enamoradiza, no aburre/tampoco alienta, ni gusta del todo ni disgusta completamente, anonadada vas a tropezados pasos, pues al igual que el protagonista, intentas descubrir el tapete, el juego, enlazar las piezas y entender las reglas de cada ficha participante, mientras éstas se mueven sin compás, sin lógica, sin entendimiento, al batiburrillo de impulsos, cabreos, pasiones y revelaciones afectivas, que se reparten según momento, situación y estado anímico del figurante.
Xavier Dolan
En nombre del amor, palos, moratones y lo que sea necesario, destruye queriendo crear, resquebraja buscando unir, un pulso triangular de tensiones cortantes en inquietante granja, donde la sequedad del aire vicia y trastorna la mente; thriller dramático, de psicología homosexual, que alterna entre el subconsciente y la realidad de los demonios y fantasmas no admitidos por cada uno.
Relaciones turbias, de secretismo inicial, que no enlaza con supremacía su desarrollo -dado sus previos trabajos, más completos- al esquivar la intensidad sustancial de lo que les carcome, famélicos instintos cuyo hambriento suceder bombea la temática de la cinta, la cual mantiene el sello personal de este joven director/escritor/actor, que en su cuarto trabajo va confirmando lo ya comprobado anteriormente, ese pulso narrativo, de acorralado ambiente, para personajes perniciosos que hablan con el cuerpo y la mirada, mientras silencian esa expresión hablada que finge y mutila.
Perplejidad observativa, de deducción enrevesada, para los miedos y terrores de personas dañadas; asombro que por secuencias aumenta o disminuye su vigor y fuerza; no es rotunda, no es contundente, es aturdida y esquiva, logra mayor uniformidad y solidez en la primera parte, luego se aprecia y valora por tramos, pero en conjunto estás atenta, pendiente y disponible a consumir, desmenuzar y evaluar el interior corrosivo de estos confinados granjeros.
“Tom à la ferme”, pesadilla de granja, cuya vuelta es un martirio de tortuoso escape.

Lo mejor; la incógnita de su apertura.
Lo peor; la pérdida de robustez en su avance.

lulupalomitasrojas.blogspot.com.es
3
17 de enero de 2018 3 de 3 usuarios han encontrado esta crítica útil
Los personajes están totalmente encerrados en una camisa de fuerza y sus reacciones son exageradísimas al igual que sus motivaciones. Dolan no sabe establecer los límites de sus films que van dando tumbos entre sus caprichos personales y la manifestación artística al servicio de una historia. Lo primero siempre sale a flote arruinando lo segundo. No he podido ni entenderé jamás como hay personas que tienen en buena estima la obra de este autor si no se respira autenticidad ni honestidad por ningún lado solo histeria, exageración y egocentrismo.
5
24 de diciembre de 2014 3 de 4 usuarios han encontrado esta crítica útil
Tom (Xavier Dolan) es un joven que vive y trabaja en Montreal, llega a un pequeño pueblo rural de granjeros donde no conoce a nadie para asistir al funeral de su amante, se instala en la casa de la mamá de su pareja quien lo considera un amigo y compañero de trabajo. Su otro hijo es Francis (Pierre-Yves Cardinal), un tipo tosco de casi treinta años que trabaja en la granja de la familia y quien recibe a Tom de la peor forma posible. Él no desea que su madre sepa de la relación homosexual de su hermano, el protagonista, por el contrario, desea contarle la verdad a la señora, cuestión que da el eje dramático de la obra y teje un entramado de violencia y seducción.

En la película que es narrada con un tono de intriga, es más que evidente que Francis tiene problemas psicológicos, de ahí su actitud tan cambiante e ilógica, cuestión que puede afectar seguir la línea de lo que hace. Más allá de eso, que puede ser intención del realizador, está la actitud de Tom frente a todo lo que sucede a su alrededor, es inexplicable la actitud que toma frente a las agresiones que sufre. Lo mismo sucede en el corto lapso que tiene en pantalla Sarah (Evelyne Brochu), quien era la supuesta amante del fallecido.

Aquí lo que se tiene entonces son dos vacíos, primero se pierde el sentido de la obra. El protagonista se mantiene en dicho lugar para contarle la verdad a quien sería su suegra, sin embargo, hay un corte más evidente de esto que se pierde por ahí de la mitad y su estancia pierde sentido. Por otro lado pero aunado a esto, está el asunto de la intriga, Dolan quiere vender un film de dicho género, junto al drama psicológico, por este motivo renuncia a su forma tan particular de dirigir, presentando un trabajo más oscuro respecto al resto de su filmografía, al menos anterior a esta. Con solo escuchar la música a cargo de Gabriel Yared nos damos cuenta de esto, sin embargo el largometraje termina nadando en las aguas del drama melodramático y de la violencia sin mayor sentido.

Por primera vez el joven realizador canadiense firma un guion en coautoría, en este caso junto a Michel Marc Bouchard, quien es el creador de la obra teatral en la que se basa la película. Dolan busca manejar una faceta más madura y no tan personal, pero lo consigue a medias, ¿en realidad hacía falta que actuara? Cuesta creerle, Cardinal como su contraparte se muestra más sobrio. Sin embargo, el film en general tiene un manejo de personajes malo, así sin más. Dolan sigue sin convencer, aún le falta madurar como escritor, porque como director maneja muy bien el lenguaje cinematográfico, pero sus ideas no encajan con su propuesta visual, aún espero su gran película ¿será Mommy?
9
27 de diciembre de 2014 2 de 2 usuarios han encontrado esta crítica útil
Habiendo tenido en general una excelente recepción crítica (y siendo tan difícil de ver en los circuitos comerciales como casi todas sus cintas), The Hollywood Reporter criticó sin piedad Tom à la ferme, y en especial la figura de Xavier Dolan como ególatra enamorado de sí mismo, narcisista y vacuo creador de estampas a su propia persona. Xavier Dolan respondió en Twitter al autor de dicha crítica con un somero “Puedes besar mi culo narcisista”. Y tanto en el ataque como en la respuesta, hay mucho en esta película de Dolan, una película distinta en la forma y el género a las demás de su filmografía (Yo maté a mi madre, Los amores imaginarios, Lawrence Anyways y Mommy), pero tremendamente coherente con su discurso cinematográfico.

¿Es Dolan un insolente (y narcisista) niño mimado de la industria y los festivales de cine? No puedo responder a eso, pero tampoco me importa. No conozco la obra de teatro en que se basa Tom à la ferme, pero la lectura que Dolan ha hecho de ella me parece tan valiente como arriesgada. En cierta forma, puede ser ésta su película más personal, pues al colocarse a sí mismo como centro de la historia, la identificación en el trasvase de personaje/cineasta/persona se hace inevitable. Y Tom à la ferme, en esencia, parece una sublimación de las fantasías sexuales más particulares de Dolan: las de un hipster asediado por la erótica de un bestia, en la fina línea entre el masoquismo y el maltrato (físico y psicológico).

Es interesante observar como Dolan abandona su colorista universo por uno mucho más apagado en esta película. Como deja a un lado prácticamente (aunque no del todo), sus eclécticas elecciones musicales por primera vez en su carrera al apostar por un score puramente instrumental del genio Gabriel Yared (compositor de las maravillas que sonaban en El Paciente Inglés y El talento de Mr. Ripley, entre otras). Y es que Tom à la ferme es su primera película de género, un thriller doméstico de esos que fascinaban en los 90 pero revestido por una atmósfera y unas motivaciones de personajes de cine negro, bañado todo ello por la insinuación erótica homosexual de la relación central de la cinta. Ahí queda eso.

Y por mucho que parezca que Dolan es capaz de alambicar hasta un argumento tan sencillo como el de esta película, la forma en que sugiere los grandes temas de la misma, la forma en que rueda la tensión, en que cuenta miles de detalles sin ser explicativo, en que capta personajes tan espectaculares como el de la madre… es lo que hace de él un director y un creador único, más allá de acusaciones absurdas sobre su narcisismo y egolatría. Porque lo que importa es si Dolan hace buen cine o no. Y lo hace. Tom à la ferme podría ser una de tantas de las historias de psicópatas asediando a un protagonista en un entorno aislado. Pero por su talento, su sutileza y su genio a la hora de jugar con la insinuación, la película se convierte en un tenso y hermoso relato pseudo erótico, y en un llanto por la muerte de los seres queridos.
2
11 de abril de 2018 3 de 5 usuarios han encontrado esta crítica útil
Pues es que no hay por donde cogerla, el rollo granja gay así novedoso pues lo compro que soy una comprometida pero de ahí para adelante lo siento pero se me escapa de las manos.

Intento escribir una review acorde, pero la vi hace mucho tiempo y no me acuerdo de casi nada. Es como esos traumas infantiles que tu celebro bloquea pero son muy recurrentes en las pesadillas. Mas o menos.

Al tinte rubio le doy un cinco por el riesgo que ello conlleva.
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