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Vacaciones en Roma

Comedia. Romance Durante una visita a Roma, Ana, la joven princesa de un pequeño país centroeuropeo, trata de eludir el protocolo y las obligaciones que implica, escapándose de palacio para visitar la ciudad de incógnito. Así conoce a Joe, un periodista americano que busca una exclusiva y finge desconocer la identidad de la princesa. La pareja vivirá unas jornadas inolvidables recorriendo la ciudad. (FILMAFFINITY)
Críticas 112
Críticas ordenadas por utilidad
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9
25 de agosto de 2023 3 de 3 usuarios han encontrado esta crítica útil
El todoterreno William Wyler produjo y dirigió esta maravillosa comedia romántica con el protagonismo de Gregory Peck y una bellísima y oscarizada Audrey Hepburn.

Magistral película que aúna el espíritu de cuento de hadas con el asunto de la falsa identidad, uniendo románticamente a una atractiva y encantadora pareja, desbordante de glamour en la mítica secuencia de la escapada a lomos de una Vespa.

Wyler utiliza fabulosamente los exteriores de la ciudad de Roma, mientras que las conseguidas pinceladas de humor se alejan de la estridencia para ofrecer una indudable elegancia y refinamiento.

Los aspectos románticos nunca caen en el sentimentalismo fácil en esta gozosa cinta, una de las mejores comedias románticas de la historia del cine.
9
14 de diciembre de 2023 3 de 3 usuarios han encontrado esta crítica útil
Nunca estuve en Roma, y me gustaría verla alguna vez. Y si hay algo que me empuja a visitarla, aparte los comentarios de gente que ya ha estado, es alguna novela, como Finalmusik, de Justo Navarro (Anagrama, 2007).
Una novela espléndida, por cierto. Si hay algo que es el mayor aliciente para ir, digo, es esta película de William Wyler, que habré visto ya cinco veces por lo menos, algunas quedándome dormido, todas las veces en versión doblada, menos anoche, que por fin la pude ver en versión original. Y conviene, porque las voces originales de los actores son importantes. En esta cinta, Roma aparece en todo su  esplendor, no en vano al comienzo ya lo indica un rótulo, que fue rodada enteramente en escenarios naturales de la Ciudad Eterna. Rodarían también en Cinecittà, claro, pero la peli es conocida, es ya Historia del Cine, por esas secuencias rodadas al aire libre, en sus calles, plazas y monumentos.

Como bien han dicho otros, es un cuento de hadas, el cuento de la Cenicienta pero al revés. Tal vez su magia resida en eso, en que es un cuento, y desde el principio lo sabemos. Y todos hemos sido pequeños, y nos ha gustado que nos contaran cuentos, y cuanto más increíble la historia, mejor. Esa dialéctica de los reyes y príncipes, por un lado, y los plebeyos, la gente del pueblo, por otro, es tal vez la temática que más se repite. Dalton Trumbo y los otros guionistas escribieron una historia maravillosa, muy bien dirigida por ese gran artesano que fue Wyler (también gran director de actores) y, sobre todo, maravillosamente interpretada por una pareja de oro, irrepetible. Tal vez Peck no era el más adecuado para el papel, vale. Y estaría, como su personaje Joe Bradley, un poco “arrastraculo”, refunfuñando un poco, hasta que por fin se animó y ya se situó en órbita… La que está como los ángeles es la joven Audrey Hepburn, 25 años (los créditos iniciales no engañan, dice: Introducing Audrey Hepburn). ¿No es delicioso, un rostro así, un papel que le va como anillo al dedo, y por el que ganó un merecido Oscar? Pero es que, además, todos los demás están estupendos, desde Eddie Albert, como el fotógrafo un poco despistado, hasta los más secundarios: el peluquero, que luego aparece en el baile junto al río; el taxista gruñón; el viejecito que le alquila el apartamento a Bradley, etc.

Lo que tenemos aquí, a fin de cuentas, es una mezcla muy conseguida: los tradicionales elementos de la comedia norteamericana, unido a un cierto estilo neorrealista propio del cine italiano de la época. Es como si Wyler y su equipo se hubieran aplicado el dicho: “Allí donde fueres, haz lo que vieres”. Estamos en 1953, no han pasado tantos años del final de la Segunda Guerra Mundial, y aunque Italia aún no era la del milagro económico, ya se veían algunos elementos en ciernes.

En esta película, que puede estar perfectamente entre las mejores de la Historia del Cine, sentimentalmente hablando, todo roza la perfección, no falta ni sobra un plano, todo transcurre de la manera más eficaz, y la cámara está siempre donde tiene que estar. Por ejemplo, fijémonos, al comienzo casi, cómo la cámara nos introduce en la timba en donde están Bradley su compinche Radovich, liados con las cartas…, de la forma más natural, tras dejar a un lado a la princesa Ann. Así, siempre. Lo que empieza siendo una burla de todo el sistema aristocrático europeo, poco a poco se transforma en una comedia maravillosa, en donde se juega con el doble sentido de “encantada” (Ann no para de decirlo, porque está drogada; es el saludo que constantemente dice, y que repite como un mantra; pero “encantada” es como se encuentra, también, pasando de un mundo a otro, de esta manera etérea, nunca mejor dicho). Decir que esa primera mitad, hasta que Bradley descubre la verdadera identidad de la chica, es sencillamente deliciosa, y te ríes, pero no como con los Hermanos Max, claro…

La segunda mitad (es una cinta larga, de dos horas) es lo que da sentido al título: vacaciones en Roma, claro. Pero no unas vacaciones cualquiera… Vemos los monumentos más importantes de la ciudad (bueno, una mínima parte), sentados en nuestro sofá, tranquilamente, y desternillándonos de risa, con la famosa secuencia en moto (vespa), que es ya parte de la iconografía del cine. Hasta hubo alguna secuencia que fue rodada sobre la marcha, como la de la Boca de la Verdad, lo que añade mayor realismo y naturalidad (ver la reacción de Audrey es sencillamente maravilloso). ¿Cómo una película puede ser tan perfecta, en su simplicidad? ¿Cómo una actriz que debuta, a los 25 años, lo puede hacer tan bien? Audrey Hepburn no es sólo la mejor actriz que ha existido, sino que ella es EL CINE. Luego vendrían muchas más, como Desayuno con diamantes, etc. Pero es aquí donde comenzó a forjar su leyenda. Curiosamente, Franz Planer fue el director de fotografía en ambas; la que nos ocupa, en B & N; la de Blake Edwards, en color. Uno de los grandes directores de fotografía de la época, y responsable tal vez de la magia que desprende la Hepburn. En este tour guiado, al final las cosas no salen como se esperaban, pero es que en la vida real es así: nada sale nunca como te lo esperas. Es en el mundo aristocrático que está todo planeado, todo agendado, no hay libertad de movimientos. En el mundo real, en esa parte, lo que iba en una dirección, al final termina en otra. Hay una secuencia, casi al final de esta parte, que es EL MOMENTO, o uno de los momentos más románticos de la Historia del Cine (con permiso de Casablanca y unas cuantas otras). Se produce, lo que uno casi que esperaba, cuando se encuentran estos dos. Ahí, en ese choque de caracteres y físicos (Audrey es una muñequita encantadora, Peck es un galán, pero un tipo muy normal, y un poco desabrido, para qué engañarnos), es donde reside también la magia de la cinta. Lo demás es Historia.
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spoiler:
Wyler y su equipo nos tienen reservada una larga secuencia final, sin la cual esta cinta no sería tan grande, tan emocionante. Es la rueda de prensa, o el Encuentro con la Prensa, que tiene lugar al día siguiente de la aventura romana. Ahí, todo ha vuelto a la normalidad, el sueño se ha terminado. ¡No me digas que todo fue un sueño! Pues sí, qué te creías. Ahí, la princesa Ann contesta a las preguntas que se le hacen, pero en realidad, no puede concentrarse, porque sus miradas están todo el tiempo concentradas en Joe Bradley, su amor, su amor tan nuevo, es mi hombre, mi hombre del pueblo, el periodista que quería sacar tajada, pero a la mierda todo, porque lo importante es el amor, todo lo demás es secundario. Ese juego de miradas, que está rodado con gran precisión, es lo que hace que se te vuelvan a saltar las lágrimas (y ya se te saltaron, ahí debajo del puente). Roma siempre permanecerá en mi corazón. Roma, mi Roma. Bradley, sin embargo, tiene que resignarse: igual que antes, en la anoche, tuvo que “no mirar” cuando ella se iba hacia la Embajada, ahora el reto es salir de allí, sin mirar atrás. La cámara registra esa salida, en uno de los finales más perfectos y emocionantes que se han rodado nunca.
10
13 de mayo de 2006
6 de 10 usuarios han encontrado esta crítica útil
Excelentísima película donde se unen tres talentos: el de Audrey Hepburn, el de Gregory Peck y el de William Wyler. Es como la cenicienta pero a lo moderno; lamentable actuación la del fotógrafo despistado de Peck, uno de los peores secundarios de la historia del cine. Triste es también que sólo obtuviera tres premios de la Academia, pero positivo el hecho de que fue una de las más nominadas en su momento y una de las que más en la historia del celuloide.
La fotografía es muy buena y los exteriores inigualables: Roma, una ciudad maravillosa dónde en cualquier parte hay una obra de arte.
Es divertido a su vez ver como era la ciudad a principios de los 50, igual que ahora, motos y gente por todas partes.
Si van a Roma, miren el día antes el film, como yo hice, pues veran que donde se encuentran en aquel momento allí estuvo también Audrey y Greg: la Fontana de Trevi, la plaza de España, el Colisseo, etc...
10
5 de mayo de 2007
6 de 10 usuarios han encontrado esta crítica útil
Buenísima película. Agradables aromas a cine italiano y lo mejor del cine en blanco y negro: Audrey, una auténtica diosa. Sin desperdicio.
5
28 de julio de 2014
6 de 10 usuarios han encontrado esta crítica útil
Lección de saber hacer comedia romántica, en poco más de hora y media: pareja protagonista con química, historia inocua, entretenida y tan olvidable como simpática.
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