Al límite del atardecerTV
6.4
2,398
Drama
Un hombre evita en el último momento que otro se suicide tirándose a las vías del metro. A partir de ese momento se establece entre ambos una intensa relación basada sobre todo en encendidas discusiones de carácter ideológico. Sus contrapuestos puntos de vista están en parte determinados por sus distintas circunstancias vitales. Adaptación de la obra de Cormac McCarthy. (FILMAFFINITY)
3 de abril de 2011
3 de abril de 2011
90 de 125 usuarios han encontrado esta crítica útil
Estamos ante un filme de escenificación y metodología propia del teatro, cuyo tema principal es la teodicea y el existencialismo.
Fue el filósofo Leibniz, en 1710 quien bautizó oficialmente con el nombre de teodicea la pregunta “¿por qué, si Dios existe, no sólo hay felicidad sino también infelicidad en la relación entre sus criaturas?”; es decir, la teodicea como tratado se ocupa, al igual que esta película, de Dios, pero cuestionándolo por el mal, la infelicidad, el sufrimiento y todo el sentido cruel que conlleva la vida humana. Y en cuanto al existencialismo, es un movimiento filosófico iniciado en el s. XIX con Søren Kierkegaard, que puso su centro de reflexión en el significado de la existencia y del sufrimiento o angustia humana, al igual que también hace este filme.
Toda la película transcurre en una habitación y con dos hombres dialogando entre sí. La dialéctica va y viene entre uno y otro, a veces parece que el creyente con su esperanza en Dios y en una vida en el más allá tienen más peso, pero en otros momentos el ateo se impone retóricamente.
De la postura del ateo deduzco al menos tres puntos importantes:
1º Que el ateísmo es una fe, más o menos como cualquier otra, una fe porque no le es posible demostrar la inexistencia de Dios.
2º Que la humanidad o racionalidad que no apunta a la trascendencia se debilita, angustia y degenera en una dinámica suicida. O sea, que cuando niegas la esencia divina que conllevas internamente, te conviertes en un ser desgraciado, vacío de lo principal.
Y 3º Que los seres humanos no debemos mirar al sol (o Dios) cara a cara, sino más bien contemplar con agradecimiento todo lo que el sol (o Dios) ilumina; hacer lo primero ciega, mientras que hacer lo segundo da contento existencial.
De la postura del creyente o temeroso de Dios entresaco otros tres puntos a tener en cuenta:
1º Que la teología, como tratado relevante entre los tratados científicos, es una idea que se remonta a Aristóteles (¡y ojo, para quienes aún no se hayan enterado, Aristóteles no era un teólogo cristiano!). Es decir, Aristóteles consideraba a la teología o metafísica como “ciencia del ser” y como una rama de la filosofía más fundamental que las matemáticas o que la filosofía natural, por más que hoy en día sea una moda universitaria e intelectual despreciar esta disciplina académica.
2º Que o somos seres humanos con un cerebro capaz de generar la experiencia espiritual-religiosa; o somos seres espirituales-religiosos capaces de generar una experiencia humana-cerebral; o incluso somos un compendio de ambas posibilidades. Y que el creyente en Dios, cree inteligentemente en que somos seres espirituales que hoy tenemos cuerpos, o en que si cabe la primera posibilidad, ésta no anula que Dios o lo espiritual esté en el fondo de todo.
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Fue el filósofo Leibniz, en 1710 quien bautizó oficialmente con el nombre de teodicea la pregunta “¿por qué, si Dios existe, no sólo hay felicidad sino también infelicidad en la relación entre sus criaturas?”; es decir, la teodicea como tratado se ocupa, al igual que esta película, de Dios, pero cuestionándolo por el mal, la infelicidad, el sufrimiento y todo el sentido cruel que conlleva la vida humana. Y en cuanto al existencialismo, es un movimiento filosófico iniciado en el s. XIX con Søren Kierkegaard, que puso su centro de reflexión en el significado de la existencia y del sufrimiento o angustia humana, al igual que también hace este filme.
Toda la película transcurre en una habitación y con dos hombres dialogando entre sí. La dialéctica va y viene entre uno y otro, a veces parece que el creyente con su esperanza en Dios y en una vida en el más allá tienen más peso, pero en otros momentos el ateo se impone retóricamente.
De la postura del ateo deduzco al menos tres puntos importantes:
1º Que el ateísmo es una fe, más o menos como cualquier otra, una fe porque no le es posible demostrar la inexistencia de Dios.
2º Que la humanidad o racionalidad que no apunta a la trascendencia se debilita, angustia y degenera en una dinámica suicida. O sea, que cuando niegas la esencia divina que conllevas internamente, te conviertes en un ser desgraciado, vacío de lo principal.
Y 3º Que los seres humanos no debemos mirar al sol (o Dios) cara a cara, sino más bien contemplar con agradecimiento todo lo que el sol (o Dios) ilumina; hacer lo primero ciega, mientras que hacer lo segundo da contento existencial.
De la postura del creyente o temeroso de Dios entresaco otros tres puntos a tener en cuenta:
1º Que la teología, como tratado relevante entre los tratados científicos, es una idea que se remonta a Aristóteles (¡y ojo, para quienes aún no se hayan enterado, Aristóteles no era un teólogo cristiano!). Es decir, Aristóteles consideraba a la teología o metafísica como “ciencia del ser” y como una rama de la filosofía más fundamental que las matemáticas o que la filosofía natural, por más que hoy en día sea una moda universitaria e intelectual despreciar esta disciplina académica.
2º Que o somos seres humanos con un cerebro capaz de generar la experiencia espiritual-religiosa; o somos seres espirituales-religiosos capaces de generar una experiencia humana-cerebral; o incluso somos un compendio de ambas posibilidades. Y que el creyente en Dios, cree inteligentemente en que somos seres espirituales que hoy tenemos cuerpos, o en que si cabe la primera posibilidad, ésta no anula que Dios o lo espiritual esté en el fondo de todo.
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SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
spoiler:
Y 3º Que la forma en que Dios se hace presente, si no se está en sintonía teológica, es precisamente la presencia en ausencia; es decir como decía Eberhard Jüngel, teólogo alemán, profesor de Teología Sistemática y Filosofía de la Religión en la Universidad de Tübingen: “Si alguien por excelencia se hace presente en forma de ausencia, ese es Dios”; o dicho de otra manera, que esa unión de ocultamiento y manifestación salvadora de Dios, por el momento es un misterio que se escapa a todas las “lógicas” y razonamientos del ser humano.
Todo esto y más se puede extraer de esta interesante película dialéctica en torno a Dios, la existencia humana, la teodicea, la nada, la escatología, etc.
Destaco dos momentos deslumbrantes del diálogo:
Uno: cuando “Black” dice: “Incluso siendo un ferviente creyente, no soy un escéptico, pero sí inquisitivo”. A lo cual el ateo “White” pregunta: “¿Cuál es la diferencia?”. Y el esperanzado en Dios le contesta: “Alguien inquisitivo busca la verdad. Un escéptico, en cambio, quiere que le digan que eso no existe.”
Y dos: cuando, el ateo “White” le suelta al samaritano y temeroso de Dios que tiene como interlocutor: “Tal vez yo quiera ser perdonado, pero no hay nadie a quien pedirle perdón.” Ante lo cual “Black” se queda meditabundo y no sabe replicarle.
Bueno, yo le habría contestado que si no hay nadie a quien pedirle perdón, ¿por qué se toma tan en serio el exterminio humano llevado a cabo por los nazis en el s. XX? —argumento que suelen esgrimir algunos filósofos existencialistas-ateos como justificativo de la no existencia de Dios, también aquí el protagonista “White”—. Y le citaría el testimonio de Edie Eger, contado por ella con 68 años de edad y sin odio: esta mujer, con 16 años, llegó al campo de concentración de Auschwitz en 1944, después de bajar del vagón de ganado en el que ella y su familia habían sido trasladados desde Hungría, los prisioneros se repartieron en dos filas. El tristemente célebre doctor Méngüele, “el ángel de la muerte”, señaló la fila de la izquierda y Edie empezó a seguir a su madre hacia la fila. Pero Méngüele gritó a Edie y a su hermana para que se colocaran en la fila de la derecha. La fila de la izquierda era para “los prescindibles”, las personas de edad o de aspecto enfermizo. Quienes estaban en la fila de la derecha acabarían trabajando como esclavos y quizá viviendo un día más. Más adelante, mientras todavía se encontraba en la fila, Edie preguntó a una mujer que estaba a su lado cuándo volvería a ver a su madre. La mujer señaló una columna de humo que salía de los hornos y dijo: “Ahí la tienes. La están quemando.” Edie se abrazó a su hermana menor, que le dijo: “El alma nunca muere”.
En definitiva, que la contemplación de la muerte por parte de un creyente en Dios Salvador tiene amplitud de miras vitales, mientras que para un ateo se asemeja a una puesta de sol de corto alcance o bastante limitada (The sunset limited).
Fej Delvahe
Todo esto y más se puede extraer de esta interesante película dialéctica en torno a Dios, la existencia humana, la teodicea, la nada, la escatología, etc.
Destaco dos momentos deslumbrantes del diálogo:
Uno: cuando “Black” dice: “Incluso siendo un ferviente creyente, no soy un escéptico, pero sí inquisitivo”. A lo cual el ateo “White” pregunta: “¿Cuál es la diferencia?”. Y el esperanzado en Dios le contesta: “Alguien inquisitivo busca la verdad. Un escéptico, en cambio, quiere que le digan que eso no existe.”
Y dos: cuando, el ateo “White” le suelta al samaritano y temeroso de Dios que tiene como interlocutor: “Tal vez yo quiera ser perdonado, pero no hay nadie a quien pedirle perdón.” Ante lo cual “Black” se queda meditabundo y no sabe replicarle.
Bueno, yo le habría contestado que si no hay nadie a quien pedirle perdón, ¿por qué se toma tan en serio el exterminio humano llevado a cabo por los nazis en el s. XX? —argumento que suelen esgrimir algunos filósofos existencialistas-ateos como justificativo de la no existencia de Dios, también aquí el protagonista “White”—. Y le citaría el testimonio de Edie Eger, contado por ella con 68 años de edad y sin odio: esta mujer, con 16 años, llegó al campo de concentración de Auschwitz en 1944, después de bajar del vagón de ganado en el que ella y su familia habían sido trasladados desde Hungría, los prisioneros se repartieron en dos filas. El tristemente célebre doctor Méngüele, “el ángel de la muerte”, señaló la fila de la izquierda y Edie empezó a seguir a su madre hacia la fila. Pero Méngüele gritó a Edie y a su hermana para que se colocaran en la fila de la derecha. La fila de la izquierda era para “los prescindibles”, las personas de edad o de aspecto enfermizo. Quienes estaban en la fila de la derecha acabarían trabajando como esclavos y quizá viviendo un día más. Más adelante, mientras todavía se encontraba en la fila, Edie preguntó a una mujer que estaba a su lado cuándo volvería a ver a su madre. La mujer señaló una columna de humo que salía de los hornos y dijo: “Ahí la tienes. La están quemando.” Edie se abrazó a su hermana menor, que le dijo: “El alma nunca muere”.
En definitiva, que la contemplación de la muerte por parte de un creyente en Dios Salvador tiene amplitud de miras vitales, mientras que para un ateo se asemeja a una puesta de sol de corto alcance o bastante limitada (The sunset limited).
Fej Delvahe
20 de febrero de 2011
20 de febrero de 2011
34 de 42 usuarios han encontrado esta crítica útil
Producción modesta y ambiciosa al mismo tiempo que encierra a dos personajes en un cuarto y les pone a hablar sobre sus vidas. Sólo podía salir de la HBO o de algún programa de Telecinco, pero afortunadamente han sido los primeros los que han decidido apostar por Tommy Lee Jones (en su labor de actor y cineasta) para sacarla adelante. "The Three Burials of Melquíades Estrada" (2005) fue su presentación en sociedad como realizador (tras un intento en los '90 con una película para TV) y allí ya demostraba que podía hacerlo bien si le dejaban en sus manos un buen guión y un par de actores entregados. "The Sunset Limited" no vuela tan alto pero el material es, en materia actoral, superior. Samuel L. Jackson y Tommy Lee Jones discuten recitando como quien respira las líneas de la obra del cada vez más famoso Cormac McCarthy, tratando varios temas que se vertebran en la fe, la religión y las creencias, extrapolándose al mundo cotidiano y el día a día.
"White" (Tommy Lee Jones) es un hombre que había pensado tomar el metro -el Sunset Limited del título- de forma literal, suicidándose. En el último momento es salvado por "Black" (Samuel L. Jackson), un hombre que le lleva a su casa y que intenta hacerle ver que este mundo no es tan malo como para abandonarlo prematuramente. Desde este inicio, la cámara se desliza suavemente entre los dos únicos protagonistas y mediante recursos más o menos convencionales se consigue que en la mayoría de los tramos el ritmo no decaiga. Hay ciertos momentos un poco más plomizos pero la conversación nunca deja de ser interesante, incluso a pesar de que cuesta bastante creerse a los personajes en según qué situaciones (el estallido de Tommy Lee Jones). No es redonda (lejos queda de serlo) pero "The Sunset Limited" es una propuesta estimable y de calidad realizada por un director que, si bien abusa del piloto automático y no deslumbra ni emociona, sabe cómo contar las cosas sin caer en excesos y reiteraciones. Dos notables interpretaciones (aún con momentos discutibles) elevan el resto. Quizá no tenga la altísima calidad a la que acostumbran las producciones de la HBO, pero desde luego tiene suficientes elementos a favor como para ser una recomendación (casi) segura para aquellos que puedan soportar un duelo en el que las únicas armas son las palabras.
"White" (Tommy Lee Jones) es un hombre que había pensado tomar el metro -el Sunset Limited del título- de forma literal, suicidándose. En el último momento es salvado por "Black" (Samuel L. Jackson), un hombre que le lleva a su casa y que intenta hacerle ver que este mundo no es tan malo como para abandonarlo prematuramente. Desde este inicio, la cámara se desliza suavemente entre los dos únicos protagonistas y mediante recursos más o menos convencionales se consigue que en la mayoría de los tramos el ritmo no decaiga. Hay ciertos momentos un poco más plomizos pero la conversación nunca deja de ser interesante, incluso a pesar de que cuesta bastante creerse a los personajes en según qué situaciones (el estallido de Tommy Lee Jones). No es redonda (lejos queda de serlo) pero "The Sunset Limited" es una propuesta estimable y de calidad realizada por un director que, si bien abusa del piloto automático y no deslumbra ni emociona, sabe cómo contar las cosas sin caer en excesos y reiteraciones. Dos notables interpretaciones (aún con momentos discutibles) elevan el resto. Quizá no tenga la altísima calidad a la que acostumbran las producciones de la HBO, pero desde luego tiene suficientes elementos a favor como para ser una recomendación (casi) segura para aquellos que puedan soportar un duelo en el que las únicas armas son las palabras.
9 de marzo de 2011
9 de marzo de 2011
22 de 24 usuarios han encontrado esta crítica útil
Producido, dirigido e interpretado por Tomy Lee Jones. Propone un escenario y “solo” dos actores (utilizo las comillas porque considero que Tomy Lee Jones y Samuel L. Jackson son mucho más que “solo” dos actores). Un film brillante que merece o, mas bien, nos merecemos que esté en la pantalla grande y no sea un largometraje para la TV (aunque dada la naturaleza de su argumento poco le debe importar el ámbito de su reproducción).
Ideal para quienes disfrutan de la literatura o del teatro, pero sobre todo para quienes disfruten del debate filósofo-teológico, del debate sobre el bien y el mal, de lo “blanco y negro” (de hecho, esos son los nombres, metafóricamente elegidos ,de los dos personajes del film). Una película que descansa sobre el poder de sus diálogos y esto, que puede dormir en pocos minutos a quien no esté dispuesto a leer mucho y se contente con films de acción (lo cual es igualmente de respetable) , es también lo que deslumbra a espectadores que puedan disfrutar de conversaciones reflexivas.
Actuaciones “teatrales” de estas dos estrellas del cine estadounidense, sumado a un guión excepcional, movimientos de cámara, combinación de planos, iluminación y sonido solo dispuestos a acompañar los giros dramáticos del film, desembocan en un maravilloso recital de sentidos audiovisuales para los ojos, y la mente.
Ideal para quienes disfrutan de la literatura o del teatro, pero sobre todo para quienes disfruten del debate filósofo-teológico, del debate sobre el bien y el mal, de lo “blanco y negro” (de hecho, esos son los nombres, metafóricamente elegidos ,de los dos personajes del film). Una película que descansa sobre el poder de sus diálogos y esto, que puede dormir en pocos minutos a quien no esté dispuesto a leer mucho y se contente con films de acción (lo cual es igualmente de respetable) , es también lo que deslumbra a espectadores que puedan disfrutar de conversaciones reflexivas.
Actuaciones “teatrales” de estas dos estrellas del cine estadounidense, sumado a un guión excepcional, movimientos de cámara, combinación de planos, iluminación y sonido solo dispuestos a acompañar los giros dramáticos del film, desembocan en un maravilloso recital de sentidos audiovisuales para los ojos, y la mente.
25 de febrero de 2011
25 de febrero de 2011
19 de 21 usuarios han encontrado esta crítica útil
Obra minimalista producida por la HBO y dirigida por Tommy Lee Jones. Relato sobrecogedor sobre las creencias humanas, la ilusión de la felicidad y el vacío de la nada. Magnética reflexión de la aspiración terrenal y espiritual del hombre.
Estamos ante otra adaptación del lirismo de Cormac McCarthy, reflejado en su carga moral y sus influencias literarias. En este caso, la fuente que carbura el argumento es la religión, la Biblia en concreto. Las discusiones de los protagonistas cimientan exclusivamente el filme, no hay otra ventaja narrativa. De esta manera, las aportaciones por parte de dos actores consagrados eran necesarias. El papel de un profesor abocado a su autodestrucción lo interpreta Tommy Lee Jones, su antagonista, un ex-convicto empeñado en la redención como forma de vida es interpretado por Samuel L. Jackson.
El claro conflicto ideológico esta impecablemente de manifiesto en cada escena, a través de las conversaciones en las que ambos prueban sistemáticamente sus ideales. El dualismo de los personajes esta de manifiesto desde un primer momento, sus nombres son “White” y “Black”, en concordancia con sus respectivo color de piel.
La trama examina el existencialismo humano desde los verdaderos significados de salvación y castigo, por lo que, en contadas ocasiones, se percibe un leve distanciamiento con el espectador (dada su complejidad y carga moral). El humor también esta presente en escenas cotidianas de comportamiento y en esporádicas anécdotas contadas por "Black".
La dirección a cargo de Tommy Lee Jones, limitada al interior de un apartamento, consigue dar dinamismo a la obra. Los sutiles movimientos de cámara y la banda sonora ayudan a sobrellevar la película. Porque el ritmo y la variedad (en el conjunto de la obra) son constantes, dejando clara su exclusión del cine “mainstream”.
Notable adaptación a la pantalla de la laboriosa prosa de McCarthy, fundamentada en alusiones directas a la biblia (“Blood Meridian” es otro claro ejemplo) y en preguntas existenciales como fuerza motriz del relato.
"Perhaps I want forgiveness, but there is no one to ask of it, says White. "And there is no going back. No setting things right. Perhaps once. Not now. Now there is only the hope of nothingness. I cling to that hope. Now open the door, please."
Estamos ante otra adaptación del lirismo de Cormac McCarthy, reflejado en su carga moral y sus influencias literarias. En este caso, la fuente que carbura el argumento es la religión, la Biblia en concreto. Las discusiones de los protagonistas cimientan exclusivamente el filme, no hay otra ventaja narrativa. De esta manera, las aportaciones por parte de dos actores consagrados eran necesarias. El papel de un profesor abocado a su autodestrucción lo interpreta Tommy Lee Jones, su antagonista, un ex-convicto empeñado en la redención como forma de vida es interpretado por Samuel L. Jackson.
El claro conflicto ideológico esta impecablemente de manifiesto en cada escena, a través de las conversaciones en las que ambos prueban sistemáticamente sus ideales. El dualismo de los personajes esta de manifiesto desde un primer momento, sus nombres son “White” y “Black”, en concordancia con sus respectivo color de piel.
La trama examina el existencialismo humano desde los verdaderos significados de salvación y castigo, por lo que, en contadas ocasiones, se percibe un leve distanciamiento con el espectador (dada su complejidad y carga moral). El humor también esta presente en escenas cotidianas de comportamiento y en esporádicas anécdotas contadas por "Black".
La dirección a cargo de Tommy Lee Jones, limitada al interior de un apartamento, consigue dar dinamismo a la obra. Los sutiles movimientos de cámara y la banda sonora ayudan a sobrellevar la película. Porque el ritmo y la variedad (en el conjunto de la obra) son constantes, dejando clara su exclusión del cine “mainstream”.
Notable adaptación a la pantalla de la laboriosa prosa de McCarthy, fundamentada en alusiones directas a la biblia (“Blood Meridian” es otro claro ejemplo) y en preguntas existenciales como fuerza motriz del relato.
"Perhaps I want forgiveness, but there is no one to ask of it, says White. "And there is no going back. No setting things right. Perhaps once. Not now. Now there is only the hope of nothingness. I cling to that hope. Now open the door, please."
7 de abril de 2011
7 de abril de 2011
17 de 19 usuarios han encontrado esta crítica útil
Dos hombres, una habitación, una biblia, y en el aire el intento de suicidio de uno de ellos. Un texto denso y duro de Cormac McCarthy, el fundamento de esta producción que es puro teatro.
Existe Dios? Es posible la redención? Merece la pena vivir? Necesitamos que alguien perdone nuestros pecados? Es Dios la sencilla solución que hemos encontrado para nuestro miedo a la muerte?
Todas estas preguntas y muchas más van pasando por encima de la mesa en esa modesta habitación en un duelo dialéctico en el que Tommy Lee Jones representa a la razón y el escepticismo y Samuel L. Jackson a la fe ciega e incondicional.
Si queréis saber quién gana tendréis que verla. Sólo adelantaré que, al igual que en "12 hombres sin piedad", a la que me ha recordado muchísimo por su estructura, aquí se empieza con una postura dominante que a lo largo de la película va perdiendo fuelle para terminar completamente derrotada.
Ah, una cosa. No apta para fans de Torrente. Ni se os ocurra.
Existe Dios? Es posible la redención? Merece la pena vivir? Necesitamos que alguien perdone nuestros pecados? Es Dios la sencilla solución que hemos encontrado para nuestro miedo a la muerte?
Todas estas preguntas y muchas más van pasando por encima de la mesa en esa modesta habitación en un duelo dialéctico en el que Tommy Lee Jones representa a la razón y el escepticismo y Samuel L. Jackson a la fe ciega e incondicional.
Si queréis saber quién gana tendréis que verla. Sólo adelantaré que, al igual que en "12 hombres sin piedad", a la que me ha recordado muchísimo por su estructura, aquí se empieza con una postura dominante que a lo largo de la película va perdiendo fuelle para terminar completamente derrotada.
Ah, una cosa. No apta para fans de Torrente. Ni se os ocurra.
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