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España España · PALMA DE MALLORCA
Críticas de Malperra
Ordenadas por:
19 críticas
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9
27 de febrero de 2012
13 de 13 usuarios han encontrado esta crítica útil
Si los románticos del siglo XIX pudieran ver esta película a buen seguro que alucinarían ante semejante compendio de sus motivaciones temáticas, y es que “Doctor Zhivago” destila romanticismo tanto en el fondo como en las formas. Desde temas conceptuales como puedan ser la reivindicación del subjetivismo liberal del protagonista frente al colectivismo bolchevique o la consumación del triunfo de los sentimientos sobre una razón incapaz de dominarlos, hasta manifestaciones formales como el sugerente decadentismo de las imágenes que muestran la mansión familiar abandonada, metáfora de la nostalgia del paraíso perdido, o la exaltación de la naturaleza como fuente evocadora del último halo de libertad de unos personajes oprimidos. Pero esta fascinante comunión de imágenes y sentimientos no alcanza su verdadero clímax hasta que aparece el “Tema de Lara”, el leitmotiv que parece escapar de la banda sonora del film para invadir el espacio diegético, como si sus notas, entre nostálgicas y esperanzadoras, sonaran en el subconsciente de los personajes o brotaran de los pétalos en flor de los campos de girasoles.

Sin embargo “Doctor Zhivago” es mucho más que un melodrama romántico. Es una obra compleja que compagina el relato épico con la crónica socio-política de unos hechos que propiciaron la más drástica transformación sociocultural acaecida en una sociedad moderna y cuyas consecuencias en el devenir de una serie de personajes entrecruzados conforman el hilo conductor de la trama. Unos personajes heterogéneos, tan bien definidos como interpretados, entre los que sobresale un proverbial Víctor Komarovsky (Rod Steiger en estado de gracia), materialista y reaccionario, antítesis del idealismo romántico del protagonista y del fervor revolucionario de Pasha (el mismo Víctor definirá esta disparidad en una de sus lapidarias sentencias) y que protagonizará junto a una Lara adolescente una secuencia sublime al cubrirle la cabeza con un incitador velo que luego doblará libidinosamente sobre sus labios, dejando al descubierto toda la provocadora belleza de su mirada, para después enfrentar, en un plano contra plano, la impúdica lascivia reflejada en los ojos de Víctor y el rubor no exento de deseo que intentará ocultar Lara al retirar bruscamente el velo de su boca. Circula otra versión de este plano, para mí menos afortunada, en la que aparta el velo suavemente mostrando ternura en lugar de falso enojo. La magia del lenguaje de los gestos y de las imágenes que hace del cine un arte.
Malperra
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7
6 de abril de 2012
12 de 12 usuarios han encontrado esta crítica útil
“A todo riesgo” junto con “La evasión” de Becker y “Hasta el último aliento” de Melville conforman la trilogía de guiones escritos por José Giovanni en colaboración con los respectivos directores, basados en sus novelas que a su vez se basan en la propia experiencia del escritor, cuya pena de muerte le fue conmutada por veinte años de trabajos forzados y en cuyo historial carcelario figura un frustrado intento de fuga. No son de extrañar, pues, los puntos en común con la obra de Melville cuyo protagonista, Gustave Minda, es un calco de este Abel Davos, ambos interpretados por un imponente Lino Ventura, y cuyas motivaciones temáticas y argumentales convergen en la ejecución de sendas venganzas por lealtades traicionadas a cargo de un temido delincuente, fugitivo de la justicia, que regresa a sus orígenes en busca de refugio entre los miembros de su antigua banda.

La película no puede tener un arranque más prometedor, unos primeros compases que detallan la huída a través de la frontera, ingeniosa en su planificación y trepidante en su desarrollo, en un magnífico blanco y negro de evocadora elocuencia incluso en su época. Pero al film de Claude Sautet (“Las cosas de la vida”), a diferencia del de Melville, le falta el ritmo narrativo necesario para que la tensión no decaiga, el crescendo que conduce a la explosión violenta de pasiones contenidas de “Hasta el último aliento”, y ello es debido , por una parte, a que adolece de unos antagonistas que, habiendo dejado atrás su pasado criminal, carecen de músculo para enfrentarse al protagonista en condiciones de crear el mencionado clima de tensión, y por la otra, a un desenlace apresurado en el que da la sensación de haber sonado el timbre cuando aun quedaban cosas por mostrar.
Malperra
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6
9 de febrero de 2011
12 de 14 usuarios han encontrado esta crítica útil
A esta película le pasa lo que a aquel corredor de fondo que sale demasiado fuerte y poco a poco va perdiendo fuelle hasta que acaba por abandonar. Y, efectivamente, la película termina antes de que el cartero llame por segunda vez. El clásico de Tay Garnett nos mostraba la paradoja del asesino que es declarado inocente de su crimen para posteriormente ser condenado y ejecutado por otro que no ha cometido, cerrando de esta manera el círculo que le reserva el destino, de cuya fatalidad no podrá librarse, tal como nos adelanta el título de la película en su brillante metáfora. El guión que propone Mamet es una mutilación de la historia original que convierte en irrelevante el último tercio de la película al impedir que se cierre el mencionado círculo, brindándole la ocasión a Bob Rafelson de endosarnos un desenlace anticipado al más puro estilo Nouvelle Vague que desvirtúa todo el trabajo realizado y deja en el espectador la sensación de que para este viaje no hacían falta tantas alforjas.
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
Malperra
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9
30 de marzo de 2013
10 de 11 usuarios han encontrado esta crítica útil
Si ha existido un actor nacido para “tipo duro” éste es Lino Ventura. Sus personajes destilan instinto asesino y pundonor a partes iguales. Su mera presencia inspira inquietud en sus adversarios y sosiego entre los suyos. Si a ello unimos un guionista como José Giovanni, acreedor de cuentas pendientes con la gendarmería, el resultado es el cóctel perfecto, una bomba de relojería cuya cuenta atrás se activa en el momento en que el protagonista escapa de la cárcel en la secuencia inicial.

Auténtica perla negra de la filmografía de Melville, narrada con gran sobriedad en el uso de los medios de expresión cinematográfica y con un ritmo que va de menos a más al son de la cronología que va apareciendo en pantalla, su visionado no da tregua al espectador, pues cada diálogo, cada gesto, cada acción contiene información relativa al desarrollo de la trama o a la definición de los personajes.

A diferencia de otros filmes en que el atraco constituye el eje central del argumento, aquí el asalto al furgón es un mero vehículo que conduce a manifestar la verdadera dimensión ética del protagonista contrastándola con su brutalidad asesina, y es por esta cuestión de principios que “Gu” Minda, machacado física y moralmente, consigue tomar ese último aliento que nos deparará lo mejor de la película cuando parecía que estaba próxima a su fin.

Película prototípica del más genuino cine negro francés, más próxima a “Rififi” que a los cánones del "film noir" hollywoodiense, cuyas afinidades con la magistral obra de Dassin son evidentes en términos de economía narrativa, temática argumental y caracterización de personajes, y se ponen de manifiesto en largas secuencias carentes o escasas de diálogos –la fuga inicial o el asalto al furgón-, en el fatalismo existencial del ex presidiario que afronta su último golpe, en el planteamiento de que determinados valores no son patrimonio exclusivo de la gente de bien y, cómo no, en esa iconografía de bajos fondos que distingue al “polar” francés del thriller americano.
Malperra
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9
30 de mayo de 2012
9 de 9 usuarios han encontrado esta crítica útil
Cine narrativo por excelencia, de ese que no gana premios ni marca tendencias, pero que embarca al espectador en una vivencia emocional de dos horas sin exigirle mayor esfuerzo intelectual que la mera contemplación de una sucesión de secuencias perfectamente encadenadas en el tiempo y en el espacio, con unos personajes transparentes, claramente definidos, cuyas motivaciones y pasado no precisan de analepsis ni onirismos, y una trama argumental diáfana en la que todas las piezas encajan a la perfección como lo hacen las argucias urdidas por ese astuto Charlie Warrick para burlar a sus perseguidores, en un relato de intriga y acción cabalmente dosificadas, sin florituras ni tiempos muertos, carente de moralejas y apologías, que nos deleita con un desenlace en cierto modo referencial de una etapa de libertades de expresión cinematográfica ubicada entre los resabios del Código Hays y el posterior dictado de la corrección política.
Malperra
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