El nido
7,1
2.538
Drama
La aburrida vida en un pueblo de Salamanca de Don Alejandro, un antiguo director de orquesta viudo, escéptico y solitario, da un vuelco cuando conoce a Goyita, una niña de trece años inteligente, imaginativa y sensible. Se trata de un amor platónico, pero que no obstante incomoda a algunos vecinos influyentes. (FILMAFFINITY)
13 de junio de 2026
13 de junio de 2026
1 de 1 usuarios han encontrado esta crítica útil
Uno de los films más valientes y arriesgados de nuestra cinematografía, el guión del propio Jaime de Armiñán zambulle de cabeza al espectador, durante sus etéreos 107 minutos, en una delicada relación que navega entre la amistad profunda y el amor prohibido. “El nido” (1980) es la historia de un hombre mayor viudo y a la deriva (Héctor Alterio), ateo aunque su mejor amigo sea el cura del pueblo, que inicia una relación de amistad muy intensa con una niña de 13 años (Ana Torrent). Pero, al contrario de lo que pudiera parecer “ab initio”, es ella la que controla y domina la situación en todo momento y él quien se deja llevar por un torrente emocional complicado, indefinido, indefinible, fronterizo y escurridizo como pocos, pero siempre limpio y bienintencionado.
El poder del calor de otro ser humano lo saca de su aislamiento fabricado en torno a la música para llevarlo a territorios inciertos de amor condenado, cual Romeo y Julieta del siglo XX. Es lo que puede parecer, porque lo que existe en realidad entre ellos es simplemente un océano de sensibilidad y empatía que les hace descubrir una nueva forma de amor alejado de lo físico y en territorios exclusivamente mentales. En un momento dado, su protagonista afirma: “Estoy viviendo por primera vez en mi vida”. Dos seres de épocas distintas se encuentran para salvarse. La belleza intrínseca de esa relación intransferible salva todas las barreras, distancias y prejuicios.
El poder del calor de otro ser humano lo saca de su aislamiento fabricado en torno a la música para llevarlo a territorios inciertos de amor condenado, cual Romeo y Julieta del siglo XX. Es lo que puede parecer, porque lo que existe en realidad entre ellos es simplemente un océano de sensibilidad y empatía que les hace descubrir una nueva forma de amor alejado de lo físico y en territorios exclusivamente mentales. En un momento dado, su protagonista afirma: “Estoy viviendo por primera vez en mi vida”. Dos seres de épocas distintas se encuentran para salvarse. La belleza intrínseca de esa relación intransferible salva todas las barreras, distancias y prejuicios.

Ana Torrent & Héctor Alterio
Teodoro Escamilla sabe que una historia tan profundamente sensible requiere de una dirección de fotografía sutil y susurrante y así lo consigue, acompañada de la mucho más que adecuada música de Alejandro Massó. Pero todo cede ante la intensidad y perfección sublime del trabajo de su pareja protagonista, un Héctor Alterio que sabe mostrar en su rostro la debilidad que la edad va marcando en el ser humano y una joven Ana Torrent que refleja el empuje de la savia nueva. Ese director de orquesta viudo y ajado resucita ante la vida a borbotones que le ofrece Goyita, con sus 13 años de niña imaginativa, sensible y decidida. Puro amor platónico que no es bien entendido por nadie y que condena a sus personajes a un camino espinoso hacia ninguna parte.
Goyita es la que lleva las riendas de la situación en todo momento. Una niña hija de Guardia Civil que vive a destiempo y con desgana en la Casa Cuartel y que busca con ansiedad experiencias vitales y culturales que en casa jamás encontrará. Mientras tanto, una galería espléndida de personajes secundarios van compareciendo por su trama, desde el sargento de la Guardia Civil interpretado por el gran Agustín González hasta Patricia Adriani como la maestra de Goyita, pasando por Luis Politti como Don Eladio, el cura del pueblo con el que un Héctor Alterio ateo sostiene conversaciones inolvidables que se acaban convirtiendo en las mejores secuencias del film.
Goyita es la que lleva las riendas de la situación en todo momento. Una niña hija de Guardia Civil que vive a destiempo y con desgana en la Casa Cuartel y que busca con ansiedad experiencias vitales y culturales que en casa jamás encontrará. Mientras tanto, una galería espléndida de personajes secundarios van compareciendo por su trama, desde el sargento de la Guardia Civil interpretado por el gran Agustín González hasta Patricia Adriani como la maestra de Goyita, pasando por Luis Politti como Don Eladio, el cura del pueblo con el que un Héctor Alterio ateo sostiene conversaciones inolvidables que se acaban convirtiendo en las mejores secuencias del film.

Ana Torrent
Esta joya injustamente desconocida y a reivindicar fue nominada al Oscar a la Mejor Película de Habla No Inglesa en 1980 para esta maravilla en la que Jaime de Armiñán juega a ser Carlos Saura de manera magistral.
14 de agosto de 2013
14 de agosto de 2013
4 de 8 usuarios han encontrado esta crítica útil
La película cuenta la vida de Alejandro, un director de orquesta retirado. Es una persona solitaria, escéptica y excéntrica. Alejandro (Héctor Alterio) se enamora perdidamente de una niña de trece años (Ana Torrent) vecina de la mansión que habita. Esta amistad incomoda en el pueblo, incluyendo gente influyente.
La película está excelentemente dirigida por Jaime de Armiñán, un meritorio director que ha tocado múltiples palos en el cine y siempre con éxito: "Mi querida señorita", "Mi general", “El amor del capitán Brando”, Juncal”, etc.
En este film, Armiñán analiza con maestría y belleza el amor platónico entre un hombre mayor y una niña. La historia me recuerda un poco la famosa “Lolita”, pues queda claro que es ella la que seduce al hombre mayor. La película ubica la trama bajo el peso de de una sociedad tradicional y represora donde priva la soledad y el imparable paso del tiempo. Además, la aventura que plantea es un reto, un proyecto quijotesco y quimérico. Finalmente, el protagonista entiende que la relación es un imposible, que le hace sufrir mucho y el viejo director de orquesta decide finalizar con su sufrimiento recurriendo a una argucia que acabará con su vida.
La película está excelentemente dirigida por Jaime de Armiñán, un meritorio director que ha tocado múltiples palos en el cine y siempre con éxito: "Mi querida señorita", "Mi general", “El amor del capitán Brando”, Juncal”, etc.
En este film, Armiñán analiza con maestría y belleza el amor platónico entre un hombre mayor y una niña. La historia me recuerda un poco la famosa “Lolita”, pues queda claro que es ella la que seduce al hombre mayor. La película ubica la trama bajo el peso de de una sociedad tradicional y represora donde priva la soledad y el imparable paso del tiempo. Además, la aventura que plantea es un reto, un proyecto quijotesco y quimérico. Finalmente, el protagonista entiende que la relación es un imposible, que le hace sufrir mucho y el viejo director de orquesta decide finalizar con su sufrimiento recurriendo a una argucia que acabará con su vida.

Héctor Alterio & Ana Torrent
Si la dirección es de gran calidad, no lo son menos el guión del propio Armiñán, la fotografía de Teo Escamilla, la música de Alejandro Massó y particularmente las interpretaciones de Héctor Alterio, Ana Torrent, Luis Politti, Agustín González u Ovidi Motllor entre otros. Creo que es una película recomendable.
23 de abril de 2016
23 de abril de 2016
2 de 4 usuarios han encontrado esta crítica útil
Que el enamoramiento supone la negación de la razón es algo conocido y aceptado. Pero que ello lleve al extremo de romper cualquier frontera social no era algo tan asumido en la España rural de finales de los años 70, como quizá no lo haya sido nunca en ningún lugar. Armiñán sale airoso del desafío de relatar una historia muy difícil de contar, en donde habría sido fácil caer en el maniqueísmo o en la sensiblería. “El nido” contiene una evidente crítica social a la España pueblerina de la época. La llegada de la democracia no había servido aún para cuestionar la autoridad del catolicismo y de la Guardia Civil como fuerzas vivas garantes de la corrección en el pensamiento. Pero Armiñán va más allá. La típica historia de la relación imposible entre un hombre maduro y una menor casi preadolescente tiene aquí un desarrollo más cercano y verosímil que nunca. El estrafalario de Don Alejandro vive la paradoja de un descenso a los infiernos de final inevitablemente trágico, con la aceptación de quien siente que su decisión de autodestrucción es también la apuesta por una vida en plenitud nunca experimentada hasta entonces. El personaje de Goyita se construye también en la antítesis entre la inocencia del juego infantil y la dominación implacable de una esfinge hierática y cruel.

Luis Politti
Armiñán nos muestra este torbellino de sentimientos con una gran delicadeza y proximidad, como algo cercano y cotidiano, como si la doble moral y el prejuicio fuesen inherentes al género humano. Los diálogos son afiladísimos pero creíbles. Quizá la escena final del monólogo en la cruz me sobre por edulcorada, pero en cualquier caso “El nido” me ha parecido una singular aproximación al género humano y al mito de Lolita, trascendiendo más allá de la época y del lugar en que está rodada.
5 de marzo de 2016
5 de marzo de 2016
1 de 2 usuarios han encontrado esta crítica útil
Con la cinta El nido, Jaime de Armiñán consigue hilar un film bello pero algo pernicioso a la vez para un momento en el que España estaba en plena transición, ya que su historia de amor entre un hombre mayor y una adolescente, es mal vista por todos excepto por ellos, que lo ven con naturalidad y sin la más mínima maldad. Con esta historia por bandera pocos años después de concluir la dictadora en España, esta película chocaba mucho con lo que estaba acostumbrado a ver la población en general, siendo por tanto un film incitador que va de menos a más hasta alcanzar un buen final que se queda eficazmente en la retina del espectador, sobre todo para el más exigente ávido de buen cine español.
Técnicamente, la película está bien construida y tiene detalles bastante personales que ayudan a aumentar el dramatismo de la trama. Por ejemplo, la cámara en mano continua y los subjetivos colocan al espectador como primera y tercera persona dentro de la inusitada historia de amor. La música, usa en su mayoría sonidos clásicos de ópera que dan cierta emotividad y belleza al film. La fotografía, exalta la naturalidad de sus parajes y juega bien con los claroscuros y los vestuarios son comunes del momento y lugar para transportar junto con los exteriores al espectador a parajes y zonas rurales.
Técnicamente, la película está bien construida y tiene detalles bastante personales que ayudan a aumentar el dramatismo de la trama. Por ejemplo, la cámara en mano continua y los subjetivos colocan al espectador como primera y tercera persona dentro de la inusitada historia de amor. La música, usa en su mayoría sonidos clásicos de ópera que dan cierta emotividad y belleza al film. La fotografía, exalta la naturalidad de sus parajes y juega bien con los claroscuros y los vestuarios son comunes del momento y lugar para transportar junto con los exteriores al espectador a parajes y zonas rurales.

Héctor Alterio & Luis Politti
Cabe destacar del film, además de la desacostumbrada historia de amor de Don Alejandro y Goyita, la amistad existente entre el cura de la localidad y el protagonista, ya que el párroco añade la nota de realismo y cordura a una relación mal vista y desaprobada por todos, aconsejando a su manera a un hombre perdido y ensimismado en sus propios sentimientos. Con todo esto se logra crear en la cinta una atmósfera de un extraño amor platónico en el que los enamorados están cada vez más y más lejos de la realidad y de las opiniones de los demás, que asisten con asombro a una relación vista con malos ojos no solo por la gran diferencia de años, sino además porque ella es una menor de edad.
Pero, sin lugar a dudas, lo que más llama la atención de la película es la manipulación a la que Goyita somete a Don Alejandro cuanto este está totalmente enamorado de ella, manejando la adolescente a su antojo a un hombre ya mayor que en principio se presenta como alguien huraño y encerrado en sí mismo, y que sin embargo, con el roce con la joven va cambiando radicalmente hacia una personalidad más extrovertida y sobre todo más infantil. Queda esto totalmente claro cuando le confiesa a su amigo párroco, "ahora estoy empezando a vivir como nunca lo había hecho antes".
Pero, sin lugar a dudas, lo que más llama la atención de la película es la manipulación a la que Goyita somete a Don Alejandro cuanto este está totalmente enamorado de ella, manejando la adolescente a su antojo a un hombre ya mayor que en principio se presenta como alguien huraño y encerrado en sí mismo, y que sin embargo, con el roce con la joven va cambiando radicalmente hacia una personalidad más extrovertida y sobre todo más infantil. Queda esto totalmente claro cuando le confiesa a su amigo párroco, "ahora estoy empezando a vivir como nunca lo había hecho antes".

Ana Torrent & Héctor Alterio
Concluyendo, la considero un notable film cuya historia va de menos a más y en la que el director y guionista juega con la frase "más sabe el diablo por viejo que por diablo", ya que la joven Goyita a base de seducción platónica consigue manipular a su antojo al ya mayor Don Alejandro para incitar al público, son por tanto también las interpretaciones de Héctor Alterio y Ana Torrent algo más que cumplidoras para satisfacer a un público buscador de buen cine español. Por lo que sin duda alguna, es un film totalmente recomendable de ver que no defraudará a nadie tras su visionado y que además deja buen poso a todo aquel que busque en el cine algo más que un simple entretenimiento visual.
20 de diciembre de 2025
20 de diciembre de 2025
1 de 2 usuarios han encontrado esta crítica útil
Creo que he elegido mala película para homenajear al gran Héctor Alterio, recientemente fallecido. En esta "película" no está especialmente inspirado. De todas formas, que sea un bodrio no es culpa suya, sino del tema que trata y cómo lo trata.
Armiñán nos romantiza una historia de pederastia que a cualquier persona normal le debería dar asco. Pretende que empaticemos y nos dé pena don Alejandro (Alterio) que se enamora de una niña de 13 años (una horrible e inaudible Ana Torrent), a la cual manipula y en lugar de decirle que la relación entre un hombre de 50 años y una niña de 13 es imposible, no está bien, no es ético ni moral y que debería relacionarse con los ninos de su edad, le dice que la ama y que "ahora empezaba a vivir." Para más inri, cuando la familia de la niña decide enviarla a kilómetros de distancia, él la persigue. El comportamiento de un psicokiller pederasta por excelencia.
Para más vergüenza, el único amigo del pederasta es el cura del pueblo, que lejos de convencerle de que su comportamiento no es el adecuado, compadrea con él y le dice que "es la mejor persona que ha conocido jamás." No me quiero imaginar a qué tipos de personas conoce el señor cura. Impresentable que la Academia de Hollywood la nominara a los Oscars. Repugnante.
Armiñán nos romantiza una historia de pederastia que a cualquier persona normal le debería dar asco. Pretende que empaticemos y nos dé pena don Alejandro (Alterio) que se enamora de una niña de 13 años (una horrible e inaudible Ana Torrent), a la cual manipula y en lugar de decirle que la relación entre un hombre de 50 años y una niña de 13 es imposible, no está bien, no es ético ni moral y que debería relacionarse con los ninos de su edad, le dice que la ama y que "ahora empezaba a vivir." Para más inri, cuando la familia de la niña decide enviarla a kilómetros de distancia, él la persigue. El comportamiento de un psicokiller pederasta por excelencia.
Para más vergüenza, el único amigo del pederasta es el cura del pueblo, que lejos de convencerle de que su comportamiento no es el adecuado, compadrea con él y le dice que "es la mejor persona que ha conocido jamás." No me quiero imaginar a qué tipos de personas conoce el señor cura. Impresentable que la Academia de Hollywood la nominara a los Oscars. Repugnante.
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