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Orgullo y prejuicio

Romance. Drama Las cinco hermanas Bennet han sido criadas por una madre obsesionada por encontrarles marido. Pero una de ellas, Lizzie, inteligente y con carácter, desea una vida con perspectivas más abiertas, un anhelo respaldado por su padre. Cuando el señor Bingley (Simon Woods), un soltero rico, y su círculo de sofisticados amigos se instalan en una mansión vecina para pasar el verano, las Bennett se entusiasman con la posibilidad de encontrar ... [+]
Críticas 220
Críticas ordenadas por utilidad
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8
28 de octubre de 2009
32 de 37 usuarios han encontrado esta crítica útil
Romper la cáscara de una tozuda es jodido. Y más si el que intenta dicha hazaña es también de armas tomar.

Llevarle la contraria a un marisabidillo es jodido. Y más si la que intenta esa proeza también es del club de la última palabra.

Convencer a alguien que cree que mientes de que se equivoca es jodido. Y más si el que lo intenta es demasiado orgulloso para dar explicaciones.

Romper el corse de un estirado (y más si es de un inglés dieciochesco) es jodido. Y más si la que intenta dicho reto odia los convencionalismos sociales.

Pero una vez que el orgullo y los prejuicios son echados abajo por algo tan simple y humano como el amor, los obstáculos desapareceren y Lizzie y el Sr. Darcy por fin pueden observar sus verdaderas caras, fuera de los usos sociales tan estrictos de la época.

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La película podría haber caído en el tufillo del culebrón pero no lo hace por diversas causas:
Matthew Macfadyen & Keira Knightley
La narración, llena de ese humor sutil tan típico de los ingleses que hace que el aburrimiento nunca aparezca.

Los personajes, perfumados con esa doble moral de la burguesía inglesa de la época. Un gesto dice más que mil palabras.

Localizaciones reales en fincas inglesas que le dejan a uno con la boca abierta.

Una fotografía naturalista preciosa que huye de los focos siempre que puede para dar paso a la luz de El Sol.

Una dirección simplemente soberbia, con unos actores que están a las altura y unos planos- secuencia preciosos marca de la casa Wright, que lleva paso de convertirse en un realizador a tener muy en cuenta en este nuevo siglo.

Si te la enchufa la novia no protestes, te gustará. Un placer para los sentidos.
9
8 de enero de 2007
30 de 36 usuarios han encontrado esta crítica útil
La mejor película de Joe Wright hasta el día de hoy. Como director, Joe Wright, ha hecho una obra de cine preciosa de ver y gozosa de seguir. Además filma escenas con enorme maestría, por ejemplo: cuando en la celebración de un baile los personajes principales se buscan mutuamente y la cámara corre de una estancia de la casa a otra como si a la vez estuviese bailando, es algo digno de observarse con atención. Una película muy bella, romántica y con el acierto de jugar con el final: cuando el expectador espera a lo largo de toda la cinta que acabará encogido del corazón, resulta que finaliza de modo que sólo quedan ganas de decir: ¡Gracias Wright, por orgullo, prejuicio y romanticismo de calidad!

Fej Delvahe
8
15 de junio de 2010
25 de 28 usuarios han encontrado esta crítica útil
Se torna complicada la tarea de escribir unas líneas sobre tan preciosa película, pero un servidor debe intentarlo empujado por los sentimientos que ha conseguido reunir tras el visionado de esta magnífica adaptación de la novela escrita por Jane Austen, hecha posible gracias al director Joe Wright y la guionista Deborah Moggach. La obra vive un crescendo permanente que parte desde unas escenas maravillosas y repletas tanto como de preciosismo narrativo como fotográfico y musical, aupado por el poderío interpretativo de un reparto que raya la perfección hasta instalarse en lo sobresaliente. El mérito de la cinta no reside sólo en una historia cautivadora, sino en todo un conjunto que ha sido mimado por la realización, consiguiendo como resultado una película fiel a su estatus de adaptación, con una atmósfera y ambiente llevado a cabo por Wright, muy respetuoso y acertado con las formas de la época, de forma que lo sublime de un cuento y una historia romántica se presenta con la fidelidad del retrato de una época y una sociedad con sus diversas clases y formas, haciendo alusión al título de esta película con una fuerte inclinación desde todos los ángulos por el orgullo y el prejuicio del que se hace gala por muchos de los personajes del argumento en multitud de ocasiones.
Matthew Macfadyen
La trama se desarrolla en la Inglaterra del siglo XVIII, teniendo como trasfondo a la enternecedora familia de clase humilde que nace en el matrimonio formado por el apacible y sensato Sr. Bennet (Donald Sutherland) y la nerviosa Sra. Bennet (Brenda Blethyn), siempre preocupada por guardar las apariencias ante la alta sociedad y ansiosa de casar a todas y cada una de sus hijas, de las que son cabeza visible las más mayores, Jane (Rosamund Pike) y Lizzie (Keira Knightley), siendo la primera algo opaca a la hora de mostrar sus sentimientos y la más guapa de las hermanas según el argumento -algo de lo que discrepo, pues este honor recae sobre el personaje de Knightley-, y la segunda, esperando el amor verdadero desde una mirada que transmite rubor y sinceridad, con una inteligencia que le permite desenvolverse con total normalidad entre las punzantes palabras que se disparan de las bocas de los que han sido mejor formados que ella.

La monotonía de vida rural que viven los Bennet se rompe cuando en la finca vecina se instalan unos amigos de estatus aristócrata y chocante -aunque entre ellos, compatibles- personalidad, pues uno, el Sr. Bingley (Simon Woods), es simpático, abierto y hasta imprudente con sus formas según su hermana Caroline (Kelly Reilly), que no ponen barreras entre la alta sociedad y la clase humilde, y otro, el Sr. Darcy (Matthew Macfadyen), encerrado en una coraza de exigencia sobre quienes le rodean y dejando ver de su persona una vida amarga, arrogante e infeliz: una especie de imponente castillo que no abre sus puertas a nadie.
(Sigue en el SPOILER sin desvelar detalles del argumento, por falta de espacio)
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
spoiler:
Todas las figuras citadas en estas líneas se conocerán en una fiesta inicial que servirá de apertura del telón para toda una serie de historias románticas que para producirse deberán sortear la vanidad y los escrúpulos nacidos en la diferencia de clases y el orgullo personal.

Todo el argumento se ve beneficiado por tener como escenario el de unos paisajes estupendos que parecen buscar imágenes de postales. La fusión entre la fotografía y la extraordinaria música de Dario Marianelli consigue reunir un conglomerado hermoso y atractivo que, sumándole todos los extras citados en el primer párrafo de esta crítica, se apodera del espectador invitándole a pasar dos horas exquisitamente agradables y de añorada felicidad. El reparto se ocupa de conseguir que los personajes, hasta el más insignificante dentro de la trama, importen al espectador, sabiendo combinar lo dramático y romántico de la historia con la parte cómica que la compone. La arrebatadora Keira Knightley se apodera de casi todos los minutos del metraje, llevando a cabo un inconmensurable trabajo que permite ver en ella sus grandes cualidades como actriz. Matthew Macfadyen presenta con mesura el carácter de un complejo personaje, arrogante y altivo, habiéndome gustado especialmente. Donald Sutherland se come cada momento en el que aparece en pantalla, sólo con una mirada. Sorprende cómo desde su personaje, que parecía abocado a un tercer o cuarto plano, es capaz de crear algunos de los momentos más emotivos de la película.
En definitiva, una gran película que consigue llenar el vacío impuesto por muchas cintas del género que buscaron el momento fácil desde escenas obligadas. Aquí, todo es natural, bello y encantador. La primera parte del metraje ya sirve como excusa para ver el resto de la película, pues resulta de lo más acertada hasta el inicio del desarrollo de todas unas emociones que se prolongarán hasta los minutos finales de la cinta. Es una obra que consigue emocionar transmitiendo esplendor, finura, elegancia y buen gusto en general, en estos tiempos que corren en los que para llegar al corazón de alguien, las películas buscan imponer escenas salpicadas de sorpresas desagradables. Aquí, el problema y la solución, es el amor. El amor de unas personas que pretende romper barreras, mientras deja por el camino toda una serie de lecciones que bien pudiéramos aplicarnos muchos, pues a pesar de los tiempos que corren, muy distantes de los basados en la película, las situaciones vividas hoy, ya no sólo desde el ámbito romántico, sino social en general, siguen calcándose incluso ganando en desprecio. Con todo esto, un precioso cuento, de agradable degustación y con un nivel muy alto de calidad desde todos sus puntos técnicos y argumentales.
7
15 de julio de 2006
21 de 25 usuarios han encontrado esta crítica útil
Debú en cine de Joe Wright (33 años), procedente de la TV. Adapta al cine la novela "Pride And Prejudice", de Jane Austen (1775-1817), llevada a la pantalla en 1940 con el título "Más fuerte que el orgullo" y objeto de varias adaptaciones televisivas, como la celebrada miniserie de la BBC (1995). La novela de Austen ha inspirado numerosas películas, como "Bridget Jones", "Bridget Jones: sobreviviré" y otras. Se rodó en exteriores e interiores reales de Inglaterra (RU), durante 11 semanas, con un presupuesto de 28 M dólares. Sólo una escena (el baile de los Bingley) se realizó en plató. Nominada a 4 Oscar, obtuvo 9 premios y otras 28 nominaciones. Se estrenó el 16-IX-2005.

La acción tiene lugar en la campiña inglesa en la última década del XVIII, a lo largo de más de un año. Narra la historia de Elizabeth "Lizzi" (Keira Kgnightley), de 20 años, segunda de las 5 hijas de los Bennet (Donald Sutherland y Brenda Blethyn). Inteligente, de carácter independiente, aficionada a la lectura y a la música, no acepta casarse por conveniencia. No duda en actuar según su criterio y manifestar su opinión, contra del papel secundario y dependiente de la mujer. Ayuda discretamente a sus hermanas: la guapa Jane (Rosemund Pike), la sacrificada Mary, la infantil Kitty y la indomable Lydia. Se enfrenta a la madre que quiere casarla con el pastor Collins. Sus relaciones con Fitzwilliam Darcy, de 28 añows, están marcadas por el orgullo de ambos y los prejuicios del uno sobre el otro.
Keira Knightley & Matthew Macfadyen
La película sintetiza con corrección la novela más conocida de Jane Austen, de la que conserva la ironía, el humor, la rica ambientación de época y los enredos y mediocridades de la sociedad clasista del momento. Centra la atención en la figura de Lizzi, a través de cuyos ojos se ve la acción. Trata con sarcarmo las rígidas costumbres rurales inglesas a través de dos personajes: el pastor Collins y la Sra. Bennet, de escasas luces, obsesionada en casar a las hijas y dada a meter la pata con frecuencia. La fuerza dramática se basa en la lucha entre el espíritu libre, independiente y cautivador de Lizzi y las dificultades que la coartan, las torpezas de la madre, el apoyo de un padre indolente, los desengaños de Jane, las imprudencias de Lydia cuyas consecuencias no puede evitar y la batalla de reproches, desatenciones y discusiones con Darcy, al que juzga arrogante, egoista y despiadado.

La música, clasicista, combina solos de piano y cello con composiciones orquestales de gran fuerza. La fotografia incluye algunos alardes técnicos como el premonitorio plano picado sobre el carruaje de los Bennet y una toma muy larga en el baile. Se beneficia de un vestuario excelente y unos escenarios naturales magníficos. La interpretación de Knightley es brillante. Destacan las de Blethyn, Dench y Mcfadyen. La dirección trabaja con convicción, pasión y notable habilidad narrativa.
Nueva versión, digna, correcta y muy grata, de una novela romántica emblemática.
7
A veces vivir en la inopia es sinónimo de felicidad. Yo, hasta cierto día traumático de mi vida, desconocía que hubiese personas tan malvadas y crueles. Moraba en una de las plantas superiores de la Torres Gemelas hasta que un avión de Jane Austen Airlines, tripulado por una banda sádica y sedienta de sangre literaria de Talibanas, me arrasó hasta el más absoluto colapso.
Ese día conocí el infierno. El verdadero infierno.

Comprendí entonces que es una verdad mundialmente reconocida que un cinéfilo solitario, poseedor de una gran dvdteca, necesita una consorte que le escuche. Pero aquella compañera que me prestaba atención atentamente, flanqueada por otras de una misma condición que desconocía, torció su gesto, sus ojos palidecieron y sus cejas se denostaron mostrándome una verdad que me era oculta: ¡estaba rodeado de un grupo de Talibanas de Jane Austen!

Mi único y terrible error no fue ocultar mis sentimientos cinéfilos hacía la adaptación de Joe Wright: visualmente poderosa y embelesadora, con una puesta en escena ejemplar y, sobre todo, por mostrarnos un clímax inédito en tiempos de sexo explícito con triples penetraciones, golpes de bolsas escrotales en chapapotes carnales con nominaciones a los efectos sonoros de la academia, mamadas hiperreales en alta definición y morreos con más babas que “Alien, el octavo pasajero”.
Keira Knightley & Matthew Macfadyen
El punto álgido de aquella maravillosa cinta era un beso romántico ¡sin lengua! y con el resplandor de sol irrumpiendo en la apoteosis sentimental. Como un arrebatado orgasmo con sentido y sensibilidad.

Desde ese momento recibí numerosas amenazas verbales y físicas por partes de un sector que se había desenmascarado. Investigando a las Talibanas (conoce a tu enemigo y vencerás) descubrí que la casa de la familia Bennet parecía una corrala: esos animales de toda índole correteando y esos trajes de ignominiosos mendigos que lucen en todo el metraje.
Las radicales de la novelista británica no perdonan todo aquello que no tenga el sello BBC. De hecho se reúnen muchas veces a la luz de la luna llena para verse todos los episodios de la miniserie y bailan desnudas en un aquelarre invocando al espíritu de su Diosa (que conste que sólo era un trabajo de investigación).

Ni los diálogos ni las actuaciones de sus interpretes son perdonadas: ella habla como una personaje de “Al salir de clase”, al actor que ‘interpreta’ a Darcy no le tendrían que dar un papel en su vida y nunca quitarle el palo del orto que lleva en todo el metraje y a su director había que lapidarlo con libros de la Diosa de tapa por supuesto dura.
Que mi triste historia con final prematuro les sirva de ejemplo: nunca muestren sus sentimientos positivos sobre esta película a una mujer. Ni siquiera a su madre. Caerán en un riesgo letal por un orgullo más allá de la duda y prejuicios donde sólo habita el vil resentimiento.
Todas ellas pueden formar parte de Las Talibanas de Jane Austen.
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