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Hola, mi nombre es Doris

5,8
1.383
votos
Sinopsis
Un seminario de autoayuda inspira a Doris, una mujer sesentañera, para perseguir románticamente a su joven y nuevo compañero de trabajo. (FILMAFFINITY)
Críticas ordenadas por:
1 2 3 >>
10 de julio de 2016
9 de 10 usuarios han encontrado esta crítica útil
"Hello, My Name is Doris" apoyado en una fascinante actuación de la siempre solvente Sally Fields en tono de comedia nos compenetra en el drama de la mujer adulta, solitaria, en busca de una relación que la pueda satisfacer física e intelectualmente. Objetivamente vemos cómo la sociedad maneja criterios contrapuestos para hombres y mujeres. Mientras es común ver que un hombre mayor seduzca a una mujer joven y frecuentemente logre el objetivo, pareciera algo utópico que una mujer mayor consiga un logro similar con un hombre joven. Con elegancia y sobriedad el filme trata el tema enfocado a través de la excentricidad de Doris y su objeto del deseo, quien es un hombre atractivo de ideas abiertas y de valores firmes.
Es un filme que mire con simpatía a algo que por ahora está fuera de los límites del "amor".
OscarLaguna
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7 de enero de 2017
9 de 10 usuarios han encontrado esta crítica útil
No es ingenua, ni tampoco estúpida. Tampoco podría ingresar en el genero de comedia convencional. Posee cierta trascendencia más allá de la capacidad para hacernos reír. Aunque no son risas lo que creo que se buscan, sino complicidades.
El tema de la mujer mayor enamorada del chico joven, está tratado con gran sensibilidad, sin permitir caer en la burla, o el engaño.
El espectador sabe que está sucediendo en todo momento, y se convierte en cómplice, lo que permite traspasar la barrera para empatizar más si cabe con los sentimientos de la vieja Doris.

El final es estupendo, un giro hermoso que nos deja una puerta abierta, que nunca sabremos si se cerró del todo...

UN 6
LEUGIM
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7 de agosto de 2016
5 de 5 usuarios han encontrado esta crítica útil
Doris, llamada así por la mítica actriz y cantante Doris Day, es una mujer sesentona que acaba de perder a su madre y compañera de piso. Al igual que su progenitora, Doris padece de una personalidad extravagante que tiene su máxima expresión en el síndrome de Diógenes que le lleva a acumular trastos inútiles en casa y en una escasa capacidad para hacer migas con sus compañeros de trabajo. Al menos hasta que conoce a John, un joven que acaba de ingresar en su empresa y que será el epicentro de todos los sueños y proyectos de futuro de la protagonista.

Hello, My Name Is Doris no es un título que genere demasiadas expectativas a los que no somos muy amantes de este tipo de comedias sobre personajes rarunos. Sin embargo, es necesario reconocer que la obra del director y guionista Michael Showalter (en su segundo largometraje tras The Baxter) acaba teniendo su punto y apenas posee parecidos razonables con esas películas relamidas entre las que en un principio parecía que esta cinta se iba a incluir.

Sally Field es la responsable de cargar con la tarea de interpretar a tan peculiar protagonista. Y lo cierto es que la veterana actriz caracteriza muy bien a Doris, llegando justo a ese nexo entre la ternura y la hilaridad que allana el camino para que el resto del film resulte perfectamente digerible. No estamos ante un papel de leyenda, pero desde luego que tampoco se puede minusvalorar lo difícil que es para cualquier cómico alcanzar un cierto grado de credibilidad sin abandonar la senda humorística. Bien complementada por un grupo de secundarios entre los que podemos encontrar muchos actores y actrices bastante conocidos en series televisivas (quizá por la carrera que se ha labrado Showalter en ese sector), Field consigue reivindicarse y firmar un papel que, por otra parte, parecía irle como anillo al dedo.

Sin pasarse de buenrollista y con un humor menos evidente de lo que aparenta, permitiéndose incluso realizar alguna que otra crítica a aspectos que están a debate hoy día como la fragilidad de las redes sociales (donde cualquier troll te puede causar un problema personal) o algunas prácticas laborales muy dudosas, Hello, My Name Is Doris renuncia a ser un producto estúpido que peque de ingenuo o tome por tonto al espectador, ofreciéndole tanto espectáculo humorístico como varias segundas lecturas que la comedia, mal que piensen algunos, puede transmitir como cualquier gran drama. A este objetivo colaboran la ausencia de grandes arquetipos (con excepción de la jefa, no hay ningún personaje exageradísimo), la no pretensión de sentar cátedra moral con los actos de la protagonista y, especialmente, la habilidad de Showalter para echar el freno cuando la escena está tomando un camino demasiado sensiblero.

El principal aspecto por el que algunos rechazarán la propuesta de Hello, My Name Is Doris es precisamente por su planteamiento de base: ¿realmente una sexagenaria puede enamorarse tan apasionadamente de un chaval de veinte años? Siendo razonable esta cuestión, y aceptando que en ciertos momentos la película pueda tantear un terreno absurdo, lo que es necesario preguntarse es si la obra de Michael Showalter se podría reducir simplemente a ese punto. Y la respuesta es negativa, ya que Hello, My Name Is Doris sabe manejar esta circunstancia huyendo tanto de lo absurdo como de lo trascendental, dejando tras de sí algunas secuencias bastante logradas (especialmente simpática es la del concierto) y culminando en una película que hace reír sin dar vergüenza ajena. Apta para todo tipo de público, incluso para aquellos que tienden (tendemos) a ser escépticos con esta clase de films.


Álvaro Casanova - @Alvcasanova
Crítica para www.cinemaldito.com (@CineMaldito)
Kasanovic
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10 de mayo de 2016
5 de 8 usuarios han encontrado esta crítica útil
"Que sera, sera. Whatever will be, will be. The future's not ours to see. Que sera, sera. What will be, will be".
Lo mismo la cantaba en su Salón lleno de cosas Doris, llamada así por Doris Day, y es que cuando uno se enamora lo mismo le da por cantar.
Doris (la pobre) ha llevado una vida que traumatizaría a cualquiera, cuidar a su madre enferma y coge el ferry para llegar al trabajo, pero un día como en todo cuento o película en este caso llega una especie de Príncipe azul moderno de sonrisa Profidén que hace que a Doris le dé un vuelco la vida.
Shally Field es Doris, y Shally Field es también "My name is Doris", es decir que ella es la película, aunque tengo que reconocer que todos los actores están genial en la película, con una dilatada carrera y teniendo alguna comedia en ella, Shally Field nos ofrece aquí un divertido personaje que hace que hagas lo que propone la peli, simplemente pasar un buen rato.
javi rojo
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14 de agosto de 2016
2 de 2 usuarios han encontrado esta crítica útil
“¿Por qué no yo?”

Con la sensación de que, debería dar más gracia de lo que en verdad hace, recorres todo su espacio con ese sentimiento absurdo, con esa ambivalencia de ser una comedia un tanto fallida, cuyo drama se siente con contundencia pero que, en conjunto y como mezcla, no llena.
Una sexagenaria, con corazón adolescente y mente revuelta, que con ardientes delirios románticos endulza la tristeza rutinaria de su existencia, esas pasionales ensoñaciones que permiten elaborar su propia historia de amor imposible, donde es ella la bella damisela conquistada por su apuesto príncipe; herida en desilusionada vida, en resquemor pasado que nunca fue como esperaba, todo ello le sitúan en un presente enfermo de soledad y relleno de fantasías noveladas, que recrea con desmadrada insistencia.
La cinta es Sally Field, el relato se vive gracias a ella, se absorbe con ella y conmociona a través de su intensa y deslumbrante actuación, es su desenvolverse natural, su extrovertida interpretación, su intimidad cautiva, su locura inocente, su extravagante vestir -puro cliché-, su rebuscada imagen, su aniñada esperanza, su corazón inquieto, su daño emocional, su quebrada alma..., es toda ella, en ignorancia espléndida, quien logra interesar y cohibir a su público, aunque no tanto como deseas.
Como perturbada vecina, estrafalaria compañera de trabajo, amiga de rutina pasiva, excéntrica hermana, hija por fin liberada, chiquilla inmadura en maduro cuerpo..., la conoces y acompañas en sus invenciones coloreadas, con mirada aplaudida por la magnífica labor intérprete, pero un tanto desapercibida respecto al resto, un tanto distraída respecto a esa divertida historia y su tragedia cómica, mucho más de lo que quisieras cuando la escoges para verla.
Un relato discreto y breve, emotivo y compasivo, adaptación del corto “Doris y el becario”, llevado a la pantalla como cine independiente e indie, que nos expone, con soltura fresca de animación neutra, a una desfasada moza, en traje añejo, que no encaja con el entorno en que se mueve ni al que aspira, dispuesta a revolucionar el ocaso de sus días con el ataque decidido de ir a por el amor de sus sueños.
Entrañable, querida y patética por partes iguales, es labor exclusiva de la excelente y magistral actriz protagonista ese cariñoso ridículo que se percibe por esta bella durmiente, que por fin despierta, y que va a la caza de su beso pendiente y de su “..., y fueron felices y comieron perdices”.
Pequeña y modesta película que escribe y rueda Michael Showalter, que se mueve con esa trágica burla de observar a quien, entrada en años, se comporta como veinteañera recién inaugurada; sonríes, que no ríes -excepto escenas aisladas de situación humillante y mofa penosa-, aunque, mayoritariamente, sufres de lástima bondadosa por esta desequilibrada novia a la espera, que aún piensa “soy posible”, donde el problema no es la perspectiva del vaso medio lleno/medio vacío, es que ni siquiera existe esa copa que valorar, pues todas sus afecciones personales, familiares y laborales -de indagación más profunda, perspicaz y sugerente de lo exhibido- son un engranaje, de alboroto estado, que se debe arreglar con psicóloga urgencia.
Bonita, cálida, para todo público aunque, queriendo complacer y acaparar a todos ellos, deja parte de sus aspiraciones dramáticas y humorísticas por el camino; pretende más de lo que logra, no pudiendo evitar esa sensación de disfrutar menos de lo debido, de apreciar con modestia, pero no respirar con devoción su aroma.

Lo mejor; Sally Field, sin duda alguna.
Lo peor; se conforma con tibieza de logro, sin rematar los esbozos creados.

lulupalomitasrojas.blogspot.com.es
lourdes lulu lou
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