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Los jinetes del albaMiniserie

Serie de TV. Drama Miniserie de TV (5 episodios). La historia arranca en 1922 en un pueblo asturiano, Las Caldas. El tranquilo pulso de esta pequeña localidad sólo se ve alterado por la existencia de un balneario regentado por una rica indiana. Su sobrina, Marian, la protagonista vive con la ambición de llegar a ser la dueña del establecimiento. Diferentes amores cruzados y los acontecimientos históricos marcan el ritmo del argumento junto a la llegada de ... [+]
Críticas 3
Críticas ordenadas por utilidad
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9
21 de julio de 2019
11 de 12 usuarios han encontrado esta crítica útil
Vicente Aranda es un artesano. Un buen director de oficio que todo lo que hace lo hace bien. Sabe contar historias.
Los Jinetes del Alba es una producción para televisión tan cuidada que soporta perfectamente el formato de la gran pantalla, tanto por su duración como por la calidad de la puesta en escena. Los actores y la ambientación están impecables. Las escenas con trenes a vapor son de las que se recuerdan siempre.
7
10 de septiembre de 2014
11 de 13 usuarios han encontrado esta crítica útil
Interesante retrato social de un momento crítico para la sociedad española de 1934 y más concretamente de la asturiana. Buen reparto y buenos diálogos. Tener dos partes bien diferenciadas: las opresivas relaciones personales en el balneario de Las Caldas, donde confluyen las clases pudientes y las trabajadoras; y el aumento de fervor revolucionario minero en una segunda mitad; una buena serie.
1
31 de diciembre de 2021
10 de 13 usuarios han encontrado esta crítica útil
El balneario de Martín Gaite o el de Battle Creek de Coraghessan Boyle y Alan Parker se cruzan muy malamente con del mismo Aranda Amantes, reincidente, del año siguiente a esta que ahora nos ocupa (aunque aquella, película, que no serie, la recuerdo como infinitamente superior), de hecho los jinetes del alba serían o supondrían el ensayo general de la otra más famosa obra ya que repite el trío de actores, el director y el asunto sexual enredado, más Libertarias, también de Vicente y Los pazos de Ulloa o de Caldas en Asturias, no en Galicia.
Cuánta escabrosidad, truculencia y disparate. Menudo sindiós. Vaya acumulación inopinada de dislates y horrores. Todo es grueso, grotesco, grosero, excesivo, morboso en el peor sentido, desviado y enfermo, pervertido, un retrato pavoroso brutal de una España atávica y estremecedora, extrema, de esos polvos, estos lodos, una visión chocarrera y oligofrénica del mundo, un engendro diabólico y estupefaciente, no ha lugar a un mínimo de humor, elegancia o sutileza, es una oda al mal gusto, a la bajeza, a la ordinariez y la brocha gorda, realismo saturado de espanto, sexo a troche y moche sin venir a cuento, humillaciones, depravaciones, barrabasadas, personajes caricaturescos y salidos de madre, sin ningún control, pasiones borrascosas y bochornosas, monstruos, santería, superstición, guerra, destrucción a mansalva, asesinatos, parto de los montes, putas, chulos, macarras, revolucionarios majaderos y fachas de miedo, todo es malo y está putrefacto, galería de las abominaciones, el infierno en la tierra, oficio de tinieblas cinco o veinticinco.
Y, aun así, con todo, se echan de menos estas series que se hacían antes en España en los ochenta sobre todo, esta los frisa, es del noventa, basadas en obras literarias de alto copete y alma popular, aunque en este caso sea tan claramente mala, terroríficamente cutre, cuando la democracia no hace tanto iniciada todavía tenía alguna esperanza y al público no con tanta saña maltrataba, cuando se mantenía cierta inocente virginidad cultural, es cierto que llena también de barbarie y brutalidad ambiental, crimen y estupor mediante, pero eso, algo de generosidad existía, al público había que culturizarle, mostrarle la santa tradición, no solo darle mierda y burda propaganda, mentira y miedo y basura a todas horas como ahora.
Victoria Abril, estupenda actriz, siempre se entrega en cuerpo y alma, Mariana es una amoral y una arribista que hace de todo para conseguir su sueño, dream come true, el balneario, las plegarias atendidas son las más dolorosas, y que solo tiene la debilidad de Sanz, un mierda que va dando tumbos sin ningún sentido, haciendo el ridículo, mamporrero y palanganero, que también se lía o tiene relación con la Verdú que pasaba por allí como alma sin pena, de lerda a revolucionaria, haciendo también mucho el indio. Y así todos, Guillén siempre como malvado de cómic, qué le verían al pobre, o la madre, Gloria Muñoz, que ni se sabe bien el qué ni el cómo o la dueña ambidiestra mihija, Graciela Borges. Y muchos secundarios, el gran Antonio Iranzo, creí ver incluso a Imanol Arias un segundo, a Pastora Vega alguno más, a Lola Baldrich en dos ratos lamentables, pobre chica, vaya panorama o carajal, Pedro Martínez del Corral, Conrado San Martín y un largo etcétera no muy afortunado en este desgraciado caso, les tocó bailar a los pobres con la más fea, tuerta, manca, bizca y coja para más inri.
Fresco histórico ficcionado sobre los años previos, desde poco antes de la dictadura de Primo de Rivera, a la guerra civil y los inmediatamente posteriores.
Suma de cafradas y miserias humanas al por mayor, en aluvión, sin fin. Los junos y los jotros matándose a gritos, a palos de ciego, como topos o hurones o sabandijas o hienas, monta tanto, tal vez simplemente como subnormales, los idiotas. Eso.
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
spoiler:
Tarantino copió de aquí lo del monstruo de Pulp Fiction, qué duda cabe.
Todo lo relacionado con el santero o capón es insuperablemente lamentable.
El encuentro sexual con la Verdú no tiene perdón de Dios, o cuando llevan sin verse los dos enamorados protagonistas no sé cuánto largo tiempo, sin ninguna noticia al respecto del amado, y es llegar él y al segundo siguiente ella ya se está desnudando y abriéndose de piernas sin apenas media palabra ni mínimo preámbulo humano de por medio, oye cómo estás, amor, y todo eso, nada, no es necesario que se cuenten la vida entera, claro, pero tampoco la reducción de una relación de manera tan pueril y obsesiva a la pura jodienda mecánica e impersonal, tétricamente presente, caiga quien caiga, es de pena, su plasmación en imágenes, y también de risa, en verdad aquí todo el mundo se despelota a la que puede, se lanza a la cama, venga, ni puritanos ni tampoco criajos, hombre, un poco de tiento y medida, algo de humanidad, no somos todos tan bellos caballos. Casi cada escena es peor si cabe que la anterior, gran competición, más forzada y atrabiliaria.
Maroto el de la moto es un personaje que también tiene lo suyo, cada vez que aparece en escena es para montarla mayor, para gritar o hacer más estupideces o sandeces si cabe.
Hasta a las humillaciones se acostumbra uno, dice Martín y sabe de lo que habla.
Todo es animal, reptante, no hay ni una luz, la razón no existe, un carrusel aberrante, chismes de lavadero y crueldad sin sentido.
El simbolismo de los caballos que bajan sin freno, España, o del garañón que las vuelve locas a todas, como siempre.
Si te dicen que caí. Celos. Lolita's Club. Las obsesiones de Aranda, el vicio, el encoñamiento o la pérdida definitiva del oremus, el absurdo carnal, la materia loca.
La resurrección final de Martín es otra gran barbaridad (y así pensaban matar a nadie), tanta buena dinamita para nada.
Esperpento moral mamarracho.
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