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Animia de cariño

Drama Anica regenta una agencia llamada Animia, que ofrece compañía a personas solitarias. Cuando aparece un nuevo cliente, Turkin, reconoce con sorpresa a un compañero de Alcohólicos Anónimos, por el que siente algo más que aprecio. Así que trata de obtener su amor. (FILMAFFINITY)
Críticas ordenadas por:
27 de enero de 2009
3 de 3 usuarios han encontrado esta crítica útil
Animia de cariño es sencilamente una obra genial: nada anterior se le parece, y anticipa las formas de interpretar que van a dominar la mejor comedia española diez años después de su estreno. Plagada de fallos técnicos (hay películas que se hacen sin dinero porque sus autores no se pueden aguantar las ganas de hacerla, sea como sea), muestra un desprecio absoluto por cualquier tipo de piedad. De ahí su bárbara y poderosa capacidad de anonadamiento, haciendo cómico todo lo que es penoso y dejando claro que Carmelo Espinosa es un ogro de la poética. Cómo no, y tras tamaña maravilla, a su director no se le permitió continuar haciendo cine. Arrebato es inofensiva comparada con Animia, y en su mismo altar debe resplandecer.
alberto
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21 de julio de 2016
3 de 4 usuarios han encontrado esta crítica útil
Estrenada casi tres años después de haberse rodado y en una única sala de cine, la película de Carmelo Espinosa hace que suene a broma hablar de malditismo con el Arrebato de Iván Zulueta o el Fotos de Elio Quiroga, films que si bien carecieron de distribución y exhibición dignas, al menos contaron con determinados voceros que paliaron dichas carencias. En el caso de la primera el griterío recayó en el moderneo pudiente -perdón por el pleonasmo- de La Movida, mientras que en la segunda fue Quentin Tarantino quien inició el culto tras verla en un Festival de Sitges. Animia De Cariño no ha tenido esa suerte, ya que sólo habló de ella Joe D´allesandro desde la imprescindible publicación Mondo Brutto. Un texto que hizo que buscásemos la película y la viésemos hará ahora diez años aproximadamente. Y si de aquellas nos pareció una aberración, una puta mierda, qué no pensarían de ella los cuatro espectadores que la vieran en sala en su momento. El motivo de esa primera impresión reside en lo adelantada que resulta al espacio tiempo coetáneo a sus tres primeros lustros de vida y la capacidad de entendederas de esos espectadores: formalmente no, pero el bombardeo de ideas y nuevas sendas que va soltando sin freno el film durante su desarrollo permite especular con que el copyright original fuese del 2011 y que decidiese viajar atrás en el tiempo a 1994 para optar a ayudas a la producción una vez denegadas las de su año.

En Animia de Cariño tenemos a Pere Ponce con unas orejas que ni Franco Battiato en Perduto Amor yendo a reuniones de alcóholicos anónimos solo para entablar trato con la gente. Dos años antes de que se publicase El Club De La Lucha. Es una película que habla de La Soledad, pero sin introducir un elemento turbador a lo la película homónima de Jaime Rosales; eso de una bomba de la ETA habría sido maravilloso para Pere Ponce, seguro que le habría hecho conocer a alguien ya fuera al llegar el SAMUR, al salir de Urgencias o al gestionar paguitas vitalicias con la AVT. Esa misma soledad es la que le obliga a ir a un extraño negociado llamado Animia De Cariño, suerte de agencia de contactos que también proporciona compañía ocasional (ya sea masculina o femenina y para coyunda o no) conforme los clientes la demanden. Madres ficticias, amigos de reemplazo, sexo ocasional, lo que se quiera. Un año antes de la mediocre Familia de Fernandito León de Aranoa y casi dos décadas adelantada a la brillante Alps de Giorgos Lanthimos. La jefa de la agencia –una fantástica Isabel Ordaz- conoce a Pere casualmente en una de sus avanzadillas en alcohólicos anónimos y le ronda, pero en estas que aparece Emilio Gutierrez Caba, a la sazón padre del pobre infeliz, y se instala en su casa. Por joder. Por evitar que su hijo intime con mujeres. Por hacer extensible a su vástago su propia infelicidad. Y vemos a través de unos flashbacks –que a veces se confunden con lo onírico- la manera en la que Emilio condiciona las creencias de su hijo desde pequeño con maniobras que van desde el aseverar que una niña en la que se ha fijado es un niño a decirle que el ser humano sólo está preparado a relacionarse con mujeres una vez se queda calvo y se le arruga la cara. Que salvo por no ser El Castillo De La Pureza que era la finca de Canino –de nuevo Lanthimos-, no se diferencian demasiado estas maniobras de las de corte semántico (los juegos de alteraciones entre significante y significado) y de las de sesgo cognitivo (aquello de sólo abandonar la finca cuando perdiesen el canino) que salían en la sublime película griega.

Una película difícil, crispante en un primer visionado y con la que no es fácil sintonizar, si bien de inicio ya se puede apreciar que también va años por delante de la moda del cine low cost que impera en el cine nacional hoy día, del tipo de humor que se estila en muchas de estas películas –ese humor del casi no querer ni mirar de mal que se pasa- y de ciertos formalismos estéticos, aunque esto probablemente sea por no haber tenido más opciones y no por una puesta en escena premeditada. Aunque, viendo las emisiones del canal de TV -con mucho en común con otra película con la que forma una dupla de cine español esencial noventero (Mamá Es Boba)-, tampoco se puede afirmar tal cosa de forma categórica. Obra maestra a reivindicar una y mil veces.
Jark Prongo
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