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Críticas 6.302
Críticas ordenadas por utilidad
Críticas ordenadas por utilidad
7
22 de octubre de 2017 5 de 5 usuarios han encontrado esta crítica útil
246/17(19/10/17) Film parteaguas en la historia del Séptimo Arte, por ser considerado el primer largometraje comercial con sonido sincronizado (parcialmente), dirigido por Alan Crosland y estrenado en Nueva York el 6 de octubre de 1927, cumpliendo este mes 90 años de su lanzamiento, utilizó el sistema sonoro "Vitaphone" (grabación de sonido sobre un disco). A partir de ese momento, el cine cambia de manera radical, aunque se siguieron produciendo películas silentes por directores que opinaban el cine mudo se bastaba así mismo. Desde entonces, las comedias musicales se multiplicaron. En total, la película contiene apenas dos minutos de diálogo con sonido, en gran parte o todo ello improvisado. El resto del diálogo se presenta a través de intertítulos. Antes de la primera ceremonia de los Premios de la Academia se celebrara en mayo de 1929, en honor a las películas estrenadas entre agosto de 1927 y julio de 1928, The Jazz Singer fue declarada inelegible para los dos primeros premios- la imagen excepcional, la producción y única en Producción Artística -sobre la base de que habría sido una competencia desleal por las imágenes en silencio en consideración. A mediados de 1929, Hollywood producía casi exclusivamente películas sonoras; a fines del año siguiente, lo mismo sucedía en gran parte de Europa occidental. Algunos dirían que en realidad no se trata del primer ejemplo de cine sonoro, pues en realidad es un “part-talkie”, es decir, una película muda que contiene ciertas escenas habladas y algunas canciones. Warner decidió asumir gran riesgo invirtiendo en sistema de sonido Vitaphone para "Don Juan", una película muda con música y efectos de sonido. Luego, en 1927, el estudio adaptó éxito de Samson Raphaelson Broadway "The Jazz Singer", con números musicales reales, resto no hablaba. Revolucionó la industria cinematográfica, siendo un desastre para cientos de actores que no recitaban bien sus líneas, e hicieron estrellas de desconocidos se morían por dar voz a las películas. Cinéfilos de todo el mundo se reunieron para ver una película histórica, se sintieron electrificados por las palabras de Jolson mientras se adentraba en inmortalidad con declaraciones a Besserer: "Espera un minuto, espera un minuto, no se oye nada, aún. Espera un minuto, te lo digo. Todavía no se escucha nada. Quieres escuchar 'Toot, Toot, Tootsie'?", a su madre Besserer, quien le devuelve algunas palabras (La primera voz que se escucha en la película es en realidad la de Bobby Gordon, quien interpreta a Jakie de niño, cantando en un salón durante la secuencia de apertura)”. El plan era que la película solo tuviera música sincronizada, no diálogos, Jolson habló después de canción 'Dirty Hands, Dirty Face'. El director lo dejó sabiamente y Sam Warner insistió que estaba incluido en película, ganándose apodo de "Padre de los Talkies", obtuvo 3.500.000 dólares al momento lanzamiento, suma enorme para su día, convirtiendo instantáneamente a la Warner Bros, de estudio en dificultades en una de las tres compañías cinematográficas más grandes USA, Sam Warner, murió a la edad prematura de 41 años, paradójicamente un día antes del estreno de “THE JAZZ SINGER”. En realidad solo hay un pequeño diálogo en la película, cuando Jakie Rabinowitz de Al Jolson habla con su madre (Eugenie Besserer), una vez en privado, mientras él se sienta al piano y otra vez mientras ella se sienta en una audiencia mirándolo cantar. Jugando a Jakie Rabinowitz, Jolson habla 281 palabras (improvisadas), apenas dos minutos de diálogos. Film donde sus valores técnico están muy por encima de su relato plano, un guión previsible, sin sobresaltos, argumento clásico de confrontación generacional entre padres e hijos, entre lo tradicional (lo religioso) y lo moderno (la pagana música jazzística), el viejo mundo europeo anclado en la ortodoxia religiosa y el nuevo mundo y progresista Estados Unidos, si acaso reseñable por su valor antropológico al llevar Crosland su cámara al ghetto judío de Nueva York alrededor de las calles Hester y Orchard y luego a lo largo del Gran Camino Blanco de Broadway, pero todo revestido de un buenismo demasiado azucarado, en un melodrama simplista y artificioso, con lo que su mayor interés recae en una película cuyo atractivo es casi exclusivamente histórico.

El guión de Alfred A. Cohn, con títulos de Jack Jamunth, adapta el relato breve “The Day of Atonement” (1922), basado en la vida de Al Jolson, y la obra de teatro “The Jazz Singer” (1925), de Samson Raphaelson. Obra teatral había sido éxito en Broadway en versión original de 1925 protagonizada por George Jessel, revivida en 1927 con Al Jolson como protagonista. La Warner Bros en primera instancia quiso fichar de protagonista a Jessel, pero este fue rechazado por sus exigencias salariales, el estudio se acercó a Eddie Cantor, a este también le pareció poco su salario, entonces fue ofrecido el papel a Al Jolson, quien, como describió el historiador Donald Crafton, «entusiasmaba a la audiencia con vitalidad y el sex appeal de sus gestos y canciones con raíces más bien afro-americanas». Jolson brilla en temas como “My Mammy”, “Toot, Toot, Tootsie” o “Blue Skies”, en 1927, cuando se filmó esta película, Al Jolson llevaba ya más de quince años siendo el artista más popular y respetado en los teatros de todo el país, gracias a un estilo vocal contagioso e inimitable, pero esta película lo elevó a la categoría de leyenda. Tuvo dos versiones posteriores, primera de Michael Curtiz en 1952, con Danny Thomas, segunda de Richard Fleischer en 1980, con Neil Diamond, en 1996 fue considerada «cultural, histórica y estéticamente significativa» por la Biblioteca del Congreso de Estados Unidos y seleccionada para su preservación en el National Film Registry.
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spoiler:
Narra la historia de una familia judía ultra ortodoxa, el rabino Rabinowitz (Warner Oland), quiere que su único hijo Jakie (Al Jolson de adulto, Robert Gordon de niño), dé continuación a la tradición familiar y se convierta en la quinta generación de rabinos, pero éste elige otro camino y por lo tanto otra forma de expresión para sus aptitudes vocales: decide convertirse en un cantante de jazz. Tendrá importancia en la historia la madre de Jack, Sara (Eugenie Besserer), y la cantante Mary Dale (May McAvoy), interés amoroso de Jack.

Historia que nos habla de la brecha generacional, tanto de edad, como de espacio, padre e hijo, la vieja Europa la moderna USA, la tradición impuesta por el sentido del deber ancestral, frente a la libertad individual de seguir tu vocación aunque defraudes a los que quieres, el añejo costumbrismo ha de adaptarse a los jóvenes tiempos, el atávico inmovilismo ha de evolucionar, hay que ser flexible para no extinguirse, apostando la cinta nítidamente a favor de la juventud, de su entusiasmo, vitalidad e impulso, una oda al respeto a nuestros viejos valores pero un canto a desafiar nuestra ilusión idealista, por nuestra libertad de elección en nuestro futuro sin ataduras impuestas del pasado.

Lástima que todo esto esté contado de modo sensiblero y manipulador, y es que no me creo a los personajes. Cinta que si no fuera por el hecho histórico ya mencionado hubiera pasado sin pena ni gloria, solo estimable la escena en que Jack canta el "Kol Nidre" durante el Yon Kippur en la sinagoga y el espíritu de su padre se le aparece detrás y le toca el hombro en señal de cariño.

Posee un atractivo sociológico en el modo de reflejar la cultura judía ortodoxa de principio de SXX en Nueva York, ciudad cosmopolita donde había una gran colonia proveniente de Europa donde por la xenofobia y purgas se sentían acosados y viajaron al nuevo mundo en busca de libertad y tolerancia religiosa. Pero paradójicamente esta tolerancia religiosa es saboteada por un racismo humillante por lo caricaturesco hacia los negros, y es que la imagen icónica del film es Al Jolson cantando sobre un escenario mediante blackface, es decir, un hombre blanco fingiendo ser un hombre negro, (intérprete blanco con la cara pintada de negro y los labios pintados en blanco o sin pintar, y una peluca afro), acentuando el estereotipo, interpretando música de raíces negras para público blanco. Durante el siglo XIX y parte del XX, había público blanco que disfrutaba del jazz u otros estilos con evidentes raíces negras que, sin embargo, no soportaba idea de ver a un negro real sobre el escenario, por lo que empezaron a surgir cantantes blancos pintaban su rostro de negro para interpretar estilos para el público blanco sin «ofender su sensibilidad». Curiosamente este rasgo racista la emparenta contra icónica película muda como “The Birth of a Nation” (1915), esta ensalzando al Ku Kux Klan.


El gran elemento diferencial son lñas canciones que se oyen, son del repertorio de variedades de Al Jolson como “My Mammy”, “Toot, Toot, Tootsie”, “Dirty Hands, Dirty Face”, "Blue Skies", "My Gal Sal", "Waiting for the Robert E. Lee", contrastado este aire banal por el himno judío “Kol Nidre”; se oyen algunos cortes de Tchaikovsky (“Romeo y Julieta”) y Sibelius (“Peleas y Melisanda”).

En conjunto me queda una cinta con un Colosal interés histórico (hecho por el que la puntuación puede estar hinchada), pero que su guión resulta escasamente estimulante en una bonhomía demasiado edulcorada. Fuerza y honor!!!
16 de septiembre de 2017 5 de 5 usuarios han encontrado esta crítica útil
192/02804/08/17) Segundo film del pretencioso y sobrevalorado (por lo menos en esta obra) realizador y guionista de Illinois Terrence Malick, un melodrama bellísimo visual (tonalidades, tomas cuidadas con mimo, lienzos paisajísticos,…) y sensorialmente, con composiciones de cuadros cuasi-pictóricos, gracias en gran medida al cinematógrafo barcelonés Néstor Almendros (Oscar por su labor), y al maestro musical romano Ennio Morricone, pero un melodrama romántico plúmbeo, huero, pedante, que me deja frío, un envoltorio precioso en su ambientación pero que no es capaz de sostener su débil entramado interior, que pretende muchísimo más de lo que alcanza. Cinta que aborda el mantra de temas existenciales de Malick en su parca filmografía, como es el situar al ser humano en su pequeñez insignificante frente al infinito universo, creando de modo artificioso (por lo menos aquí) un mundo interior impostado. Lo bueno y lírico de su continente no pude proyectar la evocación de sentimientos que nos empaticen con los personajes, en unas relaciones acartonados entre ellos que emiten de todo menos autenticidad, ello relatado por una meliflua muy poética pero bajo mi modesta opinión totalmente innecesario por el subrayado de lo que estamos viendo, denotando en realidad falta de seguridad en lo que hace el director, derivando en sensación de insustancialidad letárgica, y es que a pesar de durar apenas hora y media, parece eternizarse en su inanidad corpórea, queriendo ser melancólica-nihilista y solo alcanza a provocar tedio en muchos tramos. La edición tomó a Malick tres años, debido a la dificultad con el logro de un flujo general y el montaje de las escenas, esto fue resuelto eventual con una narración agregada, improvisada por Linda Manz. Ganó un Premio de la Academia a la Mejor Cinematografía junto con tres nominaciones para la partitura, diseño de vestuario y sonido. Malick también ganó el Premio al Mejor Director en el Festival de Cine de Cannes.
Estamos en fija en 1916 en la industrial Chicago, allí Bill (Richard Gere) trabaja en un siderurgia de acero, pero tras un altercado con el jefe huye en tren a Texas, lo hace con su novia Abby (Brooke Adams), a la que sin motivo aparente presenta a todo el mundo como su hermana, también viaja con su verdadera hermana, una adolescente, Linda (Linda Manz), que a su vez es la narrador omnisciente de la historia. Los tres llegan a una granja donde trabajaran de braceros recogiendo trigo para un hacendado Chuck (Sam Shepard), tendrá importancia en el relato el capataz (Robert J. Wilke).

Es un drama con aroma nostálgico imbuido por la narración en off de alguien que filtra sus pensamientos a través de sus recuerdos, evocando con su percepción unos hechos puede que quebrantados y limitados, esto sustentado en elipsis atrofiadas que nos descabalgan del desarrollo, confundiendo en el modo de interrelacionarse los personajes, lo cual en parte impide percepción de lo que vemos, produce confusión, orgánicamente se atropella, negándome la conexión emocional con lo que ocurre. Una narración que se apoya fundamentalmente en el poder de la imagen, en los contrastes entre la industrial ciudad y el rural campo infinito en sus horizontes, siendo sus diálogos sin fuerza, planos, inanes (olvidables). Siendo un hermoso canto a la naturaleza explotada esto en sus secuencias que dan vigor a los espacios abiertos.
Trata temas universales como el amor, la ambición, el amor puro, las ansias de salir de la pobreza, la traición, los celos, la duda, la soledad, la lucha de clases, en lo que puede ser visto como un perverso cuento sobre el sempiterno “Sueño Americano”. Malick pretende situar a sus personajes en medio de la inmensa naturaleza, queriendo entroncar con ser un relato humanista con trazos naturalistas: cielos infinitos que se funden en el horizonte con los maizales, los ríos, caballos, fuego, faisanes, langostas, saltamontes, perros, etc.

Malick en su espiritualidad deja destellos de alegorías bíblicas muy marcadas, ello con ínfulas que la historia no cubre, en este sentido los campos de trigo pueden ser vistos como el paraíso, la tierra prometida, la mansión puede simbolizar el árbol prohibido, que al coger la manzana prohibida, en este caso la boda de Abby con Chuck desencadena la tragedia, y con ella llegan las plagas bíblicas, la plaga de langosta y el posterior fuego infernal.

Entre sus taras ya mencionadas hay que sumar un final embarullado, apresurado, sin el caldo sentimental que anhela; Tampoco suma que Brooke Adams se convierta en objeto lujurioso a la mirada del rico hacendado Chuck, no cuela, y más bien resta su actuación blandengue, no me creo que alguien pierda el sentido por ella, no veo química con Shepard, huele a artificioso, a que porque lo dice el guión; Aunque para actuación desangelada e inexpresiva no hay más capeón que un cara de palo Richard Gere, que parece ni sentir, ni padecer, pero eso sí, sabe poner cara de modelo y poses fashion.

El que si saca provecho es un gran Sam Shepard que con una ceja da más expresividad los dos mencionados con todo su cuerpo, el actor aporta tristeza, soledad, necesidad de amor, bondad, ingenuidad, lo hace con sutilidad, con la mirada, con lenguaje gestual mesurado que deja entrever reflexión, posee alma; Rober J. Wilke como el capataz dota a su rol de dureza, crudeza, adustez, poseyendo buena compenetración con Shepard; Linda Manz es la poética narradora, peor en la actuación queda difusa.
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spoiler:
El mayor pilar de la película es su preciosista puesta en escena, con un sobresaliente diseño de producción de Jack Fisk (“Pozos de ambición” o “El renacido”), rodando para recrear Texas en Alberta-Canadá (Waterton Lakes National Park, Banff National Park, Raymond, Lethbridge, Calgary), diseñó y construyó la mansión de madera contrachapada en el campo de trigo y casas pequeñas donde vivían trabajadores, la mansión no es solo fachada, como era costumbre, recreada dentro y fuera con colores de época: marrón, caoba y madera oscura para los interioresTodo esto atomizado por la fascinante fotografía del catalán Néstor Almendros (“La decisión de Sophie” o “El lago Azul”) y Haskell Wexler (no acreditado), dotando de profundidades de campo, encuadres cuidados de modo sibarita, composiciones estéticas arraigadas en influencias pictóricas realistas de norteamericanos como el neoyorquino Edward Hopper (la mansión gótica en la colina inspirada en el cuadro “La casa del ferrocarril” de 1925) y el de Pennsylvania, Andrew Wyeth (paisajes de praderas), o bebiendo también de los holandeses Johannes Vermeer y Van Goch (por lo de los campos de trigo mecidos por el viento), o el galo Jean-François Millet (por lo delos campesinos que rezan). Teniendo crucial importancia la iluminación, mucha de ella natural, rodándose en la llamada “hora mágica”, Almendros dijo “Hora mágica es un eufemismo, porque no es una hora, sino alrededor de 25 minutos como máximo. Es el momento en que el sol se pone, y después de que el sol se pone y antes de que sea El cielo tiene luz, pero no hay sol real, la luz es muy suave y hay algo mágico, nos limita a unos veinte minutos al día, pero merece la pena, de aspecto mágico, de belleza y romanticismo". Esto sirve para crear secuencias revestidas de un halo cuasi-hipnótico, marcando siluetas de los personajes de moco cuasi-místico, con crepúsculos elegiacos, cielos azules tenues, grabando en interiores con luz natural proveniente del exterior. La producción se alargó tanto que tanto Almendros y su operador de cámara John Bailey tuvieron que abandonar debido a un compromiso previo con François Truffaut “Mis problemas con las mujeres” (1977), Almendros se acercó al cineasta Haskell Wexler para completarla, trabajaron juntos durante una semana para Wexler pudiera familiarizarse con el estilo visual de la película. Música compuesta y dirigida por Ennio Morricone (“Hasta que llegó su hora” o “La misión”), de resonancias melancólicas, con efluvios country, con sonidos de flauta, con evocador tema de amor, se añaden canciones aportadas por el guitarrista Leo Kottke.
Spoiler:

El momento por el que merece ser recordado el film es el impresionante tramo de la plaga de langosta, apocalíptico, de un realismo acongojante. Para filmarla, donde millones de insectos se elevan al cielo, los cineastas dejaron caer cáscaras de cacahuete de helicópteros, los actores tuvieron que caminar hacia atrás mientras ejecutaban la película al revés a través de la cámara para lograr el efecto, cuando se proyectó, todo avanzó excepto las langostas.

En conjunto un pomposo cuadro en movimiento, de bella factura visual y auditiva, pero a la que le falta emocionar y le sobra artificiosidad, en este sentido me recuerda bastante a “La puerta del cielo” de Michael Cimino. Fuerza y honor!!!
7 de agosto de 2017 5 de 5 usuarios han encontrado esta crítica útil
159/24(26/07/17) Soplo de aire fresco esta notable cinta a reivindicar de la espléndida filmografía del maestro John Ford, una de sus obras más personales y donde se nota más su mano, considerada obra menor por su carácter de tríptico compuesto por tres cortometrajes, con único nexo de estar rodados en Irlanda, rezumando una alegría y vitalidad fulgurantes. Film irlandés en b/n de 80 minutos, filmada en su totalidad con actores reclutados principalmente del Abbey Theatre dublinés. Ford hizo la que iba a ser su última película irlandesa completa, historias se alimentarían de la rica de la ficción irlandesa del primer cuarto del siglo pasado. Ford trabajó gratis, cinta de bajo presupuesto, sin actores conocidos (excepto el maestro de ceremonias, Tyrone Power, también rehusó salario), costó 256.000 $, y fue un fracaso taquillero, recaudando menos de 100.000 $. Ni siquiera los irlandeses estimaron: Prohibido en Irlanda del Norte por su carácter revolucionario contra los ingleses, e incluso por los de la República de Irlanda, por recurrir a parodiar estereotipos del país, como por poner a irlandeses (en el último bloque) parte del régimen represivo inglés. Ford realiza sentido fresco de la Irlanda él tenía idealizada en su mente de descendiente de la Verde Erín, algo parecido a lo que ya hizo en la majestuosa “El Hombre Tranquilo”, lienzo rebosante de nostalgia y melancolía, nos embarca en tres relatos diferentes, pero todos juntos dan semblanza bucólica de la tierra de los padres de John Ford (provenían de Galway), de sus gentes, sus códigos éticos, sus raíces, su costumbrismo, su peculiar modus vivendi, sus paisajes, sus ambientes, desbordando la pantalla con personajes con radiante encanto, y carisma, hermosa elegía sobre Irlanda, bañándonos con tres temas centrales en sus respectivos cortos, el Honor, el saber saborear los placeres de la Vida sin prisa, y el Patriotismo. El libreto es obra del guionista de cámara de Ford, Frank S. Nugent (escribió 11 guiones para él, entre ellos “El Hombre Tranquilo” o “Centauros del desierto”), adaptando tres relatos irlandeses, el de Frank O'Connor "The Majesty of the Law", de Michael J. McHugh "A Minute's Wait", y el de Lady Augusta Gregory "The Rising of the Moon" (da título al film).
Tyrone Power
Tres episodios que derrochan cariño a Irlanda, retratan con ternura entrañable a sus gentes, su carácter alegre, tradiciones, idiosincrasia, valores vitales, personas que hacen del honor, orgullo, amistad, y patriotismo su identidad, ello aprovechando los escenarios naturales para dotar de vigor compenetrándose con los relatos, desde los bellos paisajes rurales, una bulliciosa estación de tren o una urbe gótica, demostrando su genio para la ambientación climática, creando algunas escenas que son lienzos magníficos. Tríptico en el que subyace mucha melancolía crepuscular sobre los antepasados fordianos, transformando en la pantalla una poesía su ancestral tierra, ello con mucho amor, ironía, dignidad y optimismo, tratando géneros tan distintos como el drama costumbrista, la comedia alocada, y el thriller, y a cada registro le impregna de un estilo visual distinto y a la vez prodigioso. Apoyándose en guiones maravillosamente perfilados, describiendo a personajes con maestría en la economía de tiempo memorable, con galería de actores fenomenales derrochan humanidad en sus imperfecciones, con una naturalidad radiante. Sabiendo moverse
1ª "La Majestad de la Ley": Rezuma un lirismo incisivo desde su bucólico arranque con efluvios claros “EL Hombre Tranquilo”, el delicioso paseo del agente a la casa de su amigo, llegando a esa vivienda con efluvios claros a “Blanca Mañana” del mencionado film protagonizado por John Wayne. Con esa charla amistosa entre los dos tipos que desborda nostalgia por un tiempo ya pasado, por una era moderna del “progreso” que en su afán por hacerlo todo rápido arrasa con las ancestrales tradiciones, las canciones o como en este caso alrededor del poteen (licor que hay que destilar con calma), un relato que inunda la pantalla de integridad, de orgullo, de nobleza, de un sentido de cercanía que nos hace querer ser uno más allí, es la exaltación de un modo de vida que tiende a extinguirse con las nuevas generaciones. Diálogos punzantes, humorísticos, con giros sorpresa, con la irrupción de los amigos, toda una oda las raíces; Cyril Cusack está maravilloso, dotando de comprensión y camaradería a su rol; Noel Purcell como el viejo rebelde está sensacional, no te puedes creer que actúe, sublime su encarnación de la Dignidad; Jack MacGowran en papel de Mickey J., recuerda el que hizo en “The Quiet Man”, muy jocosa su curiosidad.
Escena: Una torre en ruinas monumento nacional eclipsa la humilde casa de Purcell, Mickey J. le dice al inspector "De allí a una pequeña cabaña de paja ...(la casa de O'Flaherty está a la sombra de Latorre)", Cusack responde inmediatamente "Bueno, no es el castillo el que hace al rey".

2ª "Un minuto de espera”: El que desparrama más comedia de los tres, prodigio en tono coral (los intérpretes rayan a altura homérica) de como meter tropecientas historias en tan poco tiempo y tan bien insertadas orgánicamente, con fluidez narrativa arrolladora en su trepidante ritmo, inundando de alegría vital la pantalla. Especie de extensión a veintitrés minutos del comienzo de la ya mencionada “The Quiet Man” (1952) de Ford, cuando Sean Thornton baja del tren y pregunta por el camino a Innisfree. Posee encanto y energía avasalladores, deja el realizador sus marcas de humor genuino en cada fotograma, con personajes marcados en apenas unos esbozos y ya sabemos cómo son, impresionante síntesis, deja crisol del carácter irlandés en poco metraje, su gusto por beber en el bar, tomarse las cosas con calma, no atada a la rigidez de los horarios, acordar matrimonios, cotillas, pendencieros, su religiosidad, el deporte gaélico (en este caso el hurling), su desprecio a las clases altas, la sencillez de sus gentes,... (sigue en spoiler)
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spoiler:
… disfrutar de la vida, y sobre todo su simpatía. Coreografía apoteósica, divertidísima sátira donde todas las piezas van encajando cual tetris mágico, con un montaje homérico que da un mosaico de personajes y situaciones fascinantes.

3ª "1921": Mediante recursos de thriller político nos narra con ritmo feroz el intento de fuga de un líder feniano, alternando diferentes tonos, desde el drama, la comedia, o la intriga, ello con personajes socarrones, perfectamente punteados por la ironía, el honor, la valentía, y el patriotismo. Con diálogos ingeniosos, con situaciones tensas, en un increscendo climático muy bien llevado, donde se mezclan otra vez señas de identidad de la verde Eryn, como su alegría por vivir en miscelánea con su gusto por las baladas. Relato con efluvios a otra cinta de John Ford, “El delator” (1935), mezclado con otra de temática similar, “Larga es la noche” (1947), con esta guarda además mismo director de fotografía, Robert Krasker (“El tercer hombre”), que marca a fuego la estética del film con un estilo subrayadamente gótico expresionista, con tomas anguladas (planos holandeses), mucho juego de sombras, picados y contrapicados, dando un patinado turbador a cada escena. Aunque aquí el maestro nacido en Maine, John Martin Feeney (nombre con que fue bautizado John Ford), da un tono más de sátira al metraje que en las cintas referidas, haciendo además cálido homenaje a la compañía teatral Abbey que surtió de actores a la película. Con momentos de deliciosos, como el preso disfrazado de “juglar irlandés” riéndose en un control policial de los ingleses, tensando la cuerda de modo jocoso, o las discusiones del sargento irlandés con su marujona esposa, o el encuentro cerca del Arco español en el puerto del “juglar irlandés” con la esposa y policía, espléndido, o la esposa yéndose al hogar prometiendo "mantener la cama caliente" para su cónyuge, o ese final con la balada que da título al film y que escucho de fondo mientras escribo, Homérica. Espectacular también la escena en que vemos a cientos de personas en vigilia frente a la prisión, ello en un plano extraño aéreo soslayado; Dennis O'Dea (ya aparecía en las mencionadas “El delator” y “Larga es la noche”) como el sargento da un rendimiento muy humano, con sus aristas, sus nítido mundo interior que late con lo que ve a su alrededor, excelente su flema ante los ataques de su esposa; Eileen Crowe formidable como esposa del sargento, marujona brillante; Donald Donnelly en su debut cinematográfico está Homérico en su rol de “preso juglar”, muy gracioso disfrazado y con una labia proverbial; Frank Lawton está muy bien en su caracterización del comandante inglés, sin caer en la caricatura fácil, impone carácter y alma.
Noel Purcell
Puesta en escena memorable, teniendo en cuenta el escaso presupuesto, aprovechado cual superproducción hollywoodiense, con sobresaliente dirección artística de Ray Simm (“Plan siniestro”) rodándose en espacios naturales de Galway, Dublín, y las ciudades de Limerick, Castillo de Aughnanure (Galway), Castillo de Lough Cutra, Castillo de King John, Limerick, Ballinalough, y el West Clare Railway en Dunfaill. Esto enaltecido por la gloriosa fotografía en b/n del mencionado Krasker aportando a cada relato pulso estético diferente, desde aires bucólicos del primero, la electricidad mundana del segundo al expresionismo alemán del último, ello sabiendo extraer la mejor de las expresividades de los actores. Sonando además del gran tema musical que da título al film el “Slattery's Mounted Fut” y el “She Is Far from the Land”, que hacen querer que nos traslademos a esa Irlanda idealizada.

En conjunto queda una obra a sacar del arcón de las obras pequeñas, y darle todo el crédito (bueno) que debe, una de esas películas que cuando termina te sientes mejor persona, además de anhelar poder trasladarte a esta tierra idealizada. Fuerza y honor!!!

Para leer más sobre el film ira: https://conloslumiereempezo.blogspot.com/2017/08/la-salida-de-laluna.html
29 de julio de 2017 5 de 5 usuarios han encontrado esta crítica útil
151/16(16/07/17) Todo un soplo de aire fresco este film sueco dirigido y guionizado por Hannes Holm, basándose en el libro homónimo de 2012 de Fredrik Backman, plasmando un relato rebosante de encanto, de ternura, de cariño a un protagonista y al mundo que le rodea. Una dramedia que tiene momentos realmente emocionantes, ahonda en temas como el amor verdadero y puro, en la fuerza de una comunidad, en la solidaridad, en el sentido del deber, en la tolerancia al diferente, en el sentido de una vejez en solitario, ello con un típico personaje huraño, misántropo, gruñón, aislado en su cerrado mundo, pero que rascando (mucho) se puede ver su enorme corazón, no es algo original pues esto parecido lo hemos visto en films americanos como “Esencia de mujer” (1992), “Mejor imposible” (1997), “A propósito de Schmidt” (2002), “Gran Torino” (2008), o más recientemente en “St. Vincent” (2014), inspirándose seguramente en el más universal de todos, el Mr Scrooge de Charles Dickens, cayendo en algunos modismos y lugares comunes, puede incluso resultar previsible, pero la hace recomendable ese toque nórdico tan especial, esa flema, tiene espacio para aportar chispa en ingenio, como en la hermosa forma en que alterna dos tiempos, el actual y el salpiqueo de la emotiva historia de amor entre los protagonistas Sonja y Ove, equilibrando el relato y provocando que el espectador se sienta enganchado. Elemento básico para elevar la película es su maravilloso protagonista Rolf Lassgård, sublime su encarnación de un tipo despojado de ilusión por seguir adelante y que poco a poco haya algo por lo que continuar. Film nominado a película lengua extranjera y mejor maquillaje en los Oscars. En los recuerdos del pasado hay unas escenas que han sido rodadas en España, en concreto en la isla de Mallorca, en el hotel Araxa de Palma de Mallorca y en la sierra de Tramontana, en la carretera camino a Sa Calobra con sus populares y peligrosas curvas y en el municipio de Valdemosa.
Cinta que te atrapa desde su melancólico inicio, donde en un tono tragicómico nos presentan a Ove, tipo hermético, el cariño por su esposa en el cementerio, en escena con efluvios fordianos, sus manías perfeccionistas en las normas de convivencia, y luego su afán por dejar este mundo para unirse a su amada, para a continuación desplegar una grácil comedia con dosis de humor negro, donde una vecina diametralmente opuesta e él, inmigrante iraní, joven, extrovertida, sociable y embarazada, cual ángel Clarence “Que bello es vivir” (1946), con la que guarda muchos paralelismos, aparece para insuflarle sentido a su ajada existencia sin su amada esposa, haciéndole ver el verdadero valor de la amistad y del altruismo. Y entre los dos surge una entrañable relación que es el núcleo del relato, por lo menos del que ocurre en el presente, ayudándolo en sus problemas se ayudará a sí mismo, trazando una odisea vital con diferentes escalas en personajes como la gata, las hijas de Parvaneh, Rune, el gay, etc. En otro nivel están los flash-back que se producen recordando Ove su pasado, primero con su padre, y luego su encuentro con la que será su amor de toda la vida, Sonja, resultando que en realidad tenía mucho en común con Parvaneh, pudiendo ser esta un alter ego de la hija que nunca tuvo. Entre un relato y el otro se entretejen un binomio de historias que se retroalimentan una a la otra, dejando patente el estado de ánimo en el presente porque es así en Ove, marcando a fuego su personalidad, y que al quedar viudo su presente y futuro son el vacío existencial, haciendo que la delineación del personaje en dual nos conmueva y con ello empaticemos con su padecimiento, su angustia, su amargura. Siendo el centro del relato actual la relación cuasi paterno-filial que se establece entre Parveneh y Ove, sus discusiones, sus disputas, sus charlas de autoayuda, esta amistad que mana de modo entrañable entre los dos hace que a Ove se le caiga la coraza, que la soledad le abandone, y a través de ella Ove evoluciona a alguien mejor.
El humor, sin grandes carcajadas, pero sí de los que te deja un buen regusto, una mueca de satisfacción, brota de modo natural mayormente por el carácter ascético de Ove, de cómo cada vez que intentará suicidarse se lo impedirán cual ángeles de la guarda sus convecinos, de su obsesiva personalidad, señalada por un lado por la pureza absoluta de las normas cívicas, por su fijación enfermiza por los vehículos marca sueca Saab y el odio (irracional) a la también sueca de Volvo, esto quizás reflejando el cainismo de muchas naciones que polemizan enfrentando a sus símbolos mundiales, cuando deberían alegrarse de tenerlos. Todo con un ritmo fluido, que nunca decae, entrelazando situaciones y diálogos ingeniosos, no apareciendo jamás el tedio, apelando a la comedia ingeniosa, riéndose con Ove de su patetismo (sin sentimentalismos simplones), arremetiendo contra las mentes cuadriculadas, contra el aborregamiento de la sociedad aburguesada del bienestar, que al marcar unas reglas de comportamiento puede llegar a dotar de asepsia las relaciones. El guión hábilmente edifica personajes matizados, tridimensionales, transpirando humanidad, donde se hace una reflexión sobre aceptar los golpes que te da la vida, sobre saber levantarse después de una caída, no caer en la desesperanza apoyándote en tus amigos, nadie puede ser una isla, no podemos vivir ajenos a los demás.
La historia no descubre la rueda, pero es de esas películas que al terminar te sientes mejor, sientes que el mundo merece la pena (o puede merecerlo) seguir adelante cuando la vida te da un revés (o varios), rezuma un buenismo muy entusiasta, es algo tramposilla, algo manipuladora, pero esto lo compensa con un desarrollo en que la trama es deliciosamente hilada, con unos personajes radiantes de vida, que hacen que en su final se nos ponga el vello de punta, que más dan sus defectillos si te han hecho pasar un rato ameno que recordaras tiempo.
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spoiler:
Rolf Lassgård encarnando a Ove le da una tremenda humanidad, con mesura y ascetismo interpretativo, dotándolo de aristas, de picos emocionales veraces, componiendo a un antihéroe delicioso al que nos importa lo que le pase; Bahar Pars como la vecina metomentodo de Ove realiza una actuación rebosante de encanto, de simpatía, de vitalidad, se nota el soplo de aire renovado que le ofrece al cascarrabias, entre los dos surge una extraordinaria química, compenetrados de modo fascinante; Ida Engvoll como Sonja, el gran amor de Ove, un rayo de luz que ilumina de modo electrizante al soso Ove de joven, este elemento del enamoramiento queda un poco metido con calzador, porque lo dicta el guión, porque ese flechazo en el compartimento del tren resulta harto crujiente, aun así la actriz derrocha candor cuasi-etéreo.

La puesta en escena es correcta en transmitir ese mundo aséptico en Suecia en que vive Ove, con un buen diseño de producción de Jan Olof Ågren, destacando sobre todo en el viaje a las islas Baleares (rodado este tramo en Mallorca, Valldemossa y el barrio Palmesano Son Armadams donde se encuentra el Hotel Araxa donde se hospedan los protagonistas) con ese contraste con el frío país escandinavo, con sus carreteras serpenteantes en la carretera camino a Sa Calobra, de una belleza retorcida turbadora, en Suecia se filmó en Västra Götalands län, esto filtrado por la fotografía de Göran Hallberg (“El abuelo que saltó por la ventana y se largó”), lumínica y cromática, destacando en las tomas del veraneo en Mallorca. La música es obra de Gaute Storaas (“El último Rey”) aporta calidez e intimismo.

Spoiler:

Momentos recordables: Todos aquellos en que Ove intenta suicidarse (ahorcándose, asfixiándose con monóxido de carbono, pegándose un tiro…), y siempre los “pesados” de sus vecinos se lo impiden pidiéndole un favor, en realidad se lo hacen a él; Maravilloso corto dentro de la película en que Ove cuenta su relación con su vecino Rune a través del Saab que él va renovando con los años mientras su amigo hace lo mismo con su odiado Volvo, esto Ove tras enfadarse lo tolera por el bien de su camaradería, pero entonces Rune cambia a la vejez y se compra un BMW, eso ya es demasiado para Ove; Genial como Ove y por analogía las personas mayores no tienen filtro y dicen lo que piensan, cosa que hace con el chico pakistaní que al verlo con los ojos pintados le pregunta sin malicia alguna si es homosexual, y lo deja a cuadros; El primer encuentro en el tren entre Ove y Sonja, maravillosamente delineado; Cuando Ove intenta darle clases de conducción a Parveneh y esta se pone nerviosa, Ove suelta un arrollador monólogo “Usted sobrevivió a la guerra en Irán, vino aquí y aprendió un nuevo idioma, y se ha casado con ese idiota, conducir un coche no debería ser ningún problema!"; El enfrentamiento con los servicios sociales que intentaran llevarse a Rune, pero los vecinos unidos se lo impiden; Ese formidable final con Parveneh mirando por la ventana la calle nevada, se da cuenta que Ove no está fuera despejando su puerta y dando su ronda matutina, entonces entra en modo pánico, y corre con su marido a casa de Ove, lo hayan con rostro feliz fallecido en su cama junto a su gata, conmovedor final.

Una de esas películas que te deja un sabor duradero sabroso, te deja una mueca de satisfacción en el rostro y eso siempre es de agradecer. Fuerza y honor!!!
27 de junio de 2017 5 de 5 usuarios han encontrado esta crítica útil
127/16(19/06/17) Otro notable acierto de Ryan Murphy (le acompañan Jaffe Cohen, y Michael Zam), ha creado una serie cautivadora para el canal FX, ('Feud' significa "discordia, enemistad, disputa" de largo recorrido) serial autoconclusivo de antología (especialista como ha demostrado con “American horror story” y “American crime story”) centrado en auténticas disputas y rivalidades famosas, en esta primera temporada de ocho episodios se dedica a la legendaria enemistad entre dos divas del cine de la época dorada de Hollywood, Joan Crawford y Bette Davis, teniendo su apogeo en el film que rodaron juntas, “Que fue de Baby Jane” (1962), manteniendo las dos un sibilino duelo de manipulaciones y caprichos, por ser una más que la otra. A pesar de continuos enfados, el film las devolvió al estrellato y Davis estuvo nominada al Oscar por su papel en ella, finalmente no ganó. La historia del difícil rodaje, y sobre todo de cómo el jefe de la Warner (Jack Warner) y el director (Robert Aldrich), explotaron el morbo y pinchaban a las intérpretes para dar que hablar en la prensa (aquí representados en la reina de los cotilleos hollywoodienses [con permiso de Luella Parsons], Hedda Hopper) durante la filmación. El guión siendo escrito, al mismo tiempo que Murphy estaba formando su medio Fundación, que promueve una mayor presencia de mujeres en puestos de producción de cine y televisión. La temporada cuenta con 15 funciones que actúan para mujeres de más de 40, y la mitad de los episodios fueron dirigidos por las mujeres, incluyendo Helen Hunt. Los guiones son escritos por el propio Murphy (dirige 3 ep.), 3 ep. Jaffe Cohen (“Mejor… imposible”), 2 ep. Michael Zam, 2 ep. y dirige 1, Tim Minear (“American Horror History”), y 2 ep. Gina Welch (“Ray Donovan”), Murphy promueve una mayor presencia de mujeres en puestos de producción de cine y televisión, es por ello que esta serie tiene tanto desequilibrio en favor de las féminas, la mitad de los episodios fueron dirigidos por mujeres, Gwyneth Horder-Payton, Liza Johnson, Gina Welch, y la actriz (oscarizada) Helen Hunt. Llama la atención que hay cuatro actrices oscarizadas involucradas en la producción, Jessica Lange, Susan Sarandon y Catherine Zeta-Jones, como actrices, y en la realización (del séptimo ep. Dedicado a la filmación de “Canción de cuna para un cadáver”) Helen Hunt, las tres primeras interpretando a otras tres oscarizadas, Joan Crawford, Bette Davis y Olivia de Havilland, respectivamente. Entre sus sabrosos alicientes que la protagonizan dos Titanes de la actuación, Jessica Lange y Susan Surandon, dos maduras que deslumbran por su carisma y fuerte carácter, manteniendo un tour de forcé apasionante, junto a ellas secundarios de lujo como Alfred Molina, Stanley Tucci y Judy Davis. Tratando tangencialmente a la rivalidad (envidias, egoísmo, divismo, arrogancia, odio, …) temas como el machismo reinante en la Meca del Cine, la discriminación por edad para las actrices, la misoginia, o las complicadas relaciones materno-filiales entre una madre soltera estrella y sus hijas. FX renovó la serie para una segunda temporada de 10 episodios llamada “Carlos y Diana”, centrado en la relación entre Carlos, Príncipe de Gales y Diana, princesa de Gales, se espera su estreno para 2018.
Expone con elegancia y mordacidad incisiva pero sutil la tensa relación reinante entre estas dos caprichosas divas, un trato entre ellas cercano al cainismo, turbador entente que se movía entre la envidia, el amor, el odio, los celos, las travesuras, el respeto profesional y todo ello retroalimentado por las manipulaciones del entorno. Mostrando unas starlets neuróticas, maniáticas, vengativas, egocéntricas, arrogantes, ello en un ecosistema cerrado y voluble como el de Hollywood, gente que vive en una burbuja snob. La serie sirve colateralmente para hacer una radiografía notable del Hollywood del momento, del modo en que eran tratadas las actrices mayores, las que ya en su belleza se comienza ver el crepúsculo, y con ello la derivada del machismo intrínseco de la Meca del Cine, se analiza el modo en que el sistema de Estudios (epítome aquí Jack Warner) maleaba a su antojo (a los intérpretes y realizadores) con tal de elevar sus potenciales réditos taquilleros, asimismo se entra en las dificultades para las estrellas de compaginar su vida profesional con sus relaciones familiares, esto reflejado en las complicadas relaciones materno-filiales alienantes, ejemplo fueron los libros que escribieron sus hijas (Christina Crawford “Queridísima mama”, y de BD Hyman “My mother’s keeper”).
Serie que se desarrolla con un ritmo fluido, en base a diálogos agudos, lacerantes, sibilinos, viperinos, tratando además de los temas referidos la soledad tras el éxito, el vacío que deja a las personas que alguna vez fueron mucho y en su ocaso son un juguete roto. Evolucionando mezclando el drama y el humor, comedia que brota del patetismo de la relación entre las divas, abriéndonos la trastienda del cine, sus complicaciones, el modo en que cada diva intentaba comer terreno a la otra seduciendo al director con sus armas de mujer.

Los tres primeros episodios se centran en el rodaje del famoso film “Que fue de Baby Jane?”, mostrando la génesis del film, la dificultosa pre-producción, el tensa y alambicado rodaje, los dos siguientes se enfocan sobre los premios Oscars, primero asistimos a la campaña de promoción del film en el que no participa la Crawford, y de esto se aprovecha la Davis, lo que pudo dar lugar a que solo nominaran a la que dio la cara, Bette Davis, esto deriva en el quinto capítulo extraordinaria hoguera de las vanidades. El sexto y séptimo se dedica al intento de reverdecer el éxito de “Que fue de Baay Jane?”, otra vez las dos juntas dirigidas (otra vez) por Aldrich, “Canción de cuna para un cadáver”, pero aquí los problemas se maximizaron por estar la Davis en la producción, explotando los celos de la Crawford hasta llevar la producción al límite… (sigue en spoiler)
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
spoiler:
… El octavo refleja el triste epílogo de las dos actrices, su decadencia profesional, con la Davis cayendo en producciones televisivas y la Crawford en producciones serie Z.

Jessica Lange magnífica en el rol de Joan Crawford (nombre verdadero Lucille Lesueur), mostrando toda una amalgama de emociones encontradas autosuficiencia e inseguridad, amor y odio, arrogancia y fragilidad, dulzura y adustez, impregnando a su rol de carisma, de intensidad, de rabia, de neurosis, de paranoia, de hondura dramática, a todo esto ayuda el buen maquillaje que lleva que le hace junto a su lenguaje gestual mimetizarse con la diva, dotando a su personaje de ese aura de actriz venida a menos y que aún está sedienta de reconocimiento; Susan Sarandon con setenta años (sabiendo parecer mucho menos) demuestra unas tablas y un don para emitir emociones sublime encarnado a Bette davis (Ruth Elizabeth Davis su nombre verdadero), le da profundidad, vulnerabilidad, atractivo, dotando a su rol de un fuerte carácter, de una potencia interpretativa soberbia, siendo un clon de la Davis glorioso, brotando entre las dos antagonistas una química explosiva magna, los mejores momentos son ellas dos juntas, con dos personalidades opuestas que hacen brotar chispas de tensión; Alfred Molina como el realizador Robert Aldrich hace una estupenda actuación, teniendo que lidiar con las dos divas y con el jefazo Jack Warner, haciendo notar su inseguridad por su aspiración de ser reconocido; Stanley Tucci hace del mandamás Jack Warner, manipulador, autoritario, machista, abusivo, y cruel como todos los jefes de estudio de la época dorada de Hollywood; Jackie Hoffman excelente como la abnegada dama de compañía de la Crawford, hierática pero sabiendo exponer con sutilidad expresividad con carácter; Allison Wright como la fiel ayudante de Aldrich viene a ser una extensión más de la misoginia imperante en Hollywood, teniendo aspiraciones de ser algo más allí, se tropa con el furioso machismo; La australiana Judy Davis encarna a la feroz periodista de la prensa amarilla Hedda Hopper, y lo hace de modo radiante, maestra de marionetas de la Crawford, maleándola para sus intereses, anhelando cuanta más ira entre las dos divas mejor, espléndida; Kiernan Shipka como la dulce hija de la Davis está muy bien; Dominic Burgess es el actor Victor Buono, íntimo amigo y confidente de la Davis, da bien con el personaje; Catherine Zeta-Jones superficial en un rol pequeño cumple sin más; Kathy Bates encarna a la actriz Joan Blondell ya en su vejez, rol escaso y parco para las capacidades de la actriz.
Le encuentro algunos defectos de incluir demasiadas subtramas, además lo de que el relato sea en diferentes flash-backs contada la historia en un programa televisivo hace que el ritmo orgánico se resienta, desviando la atención de lo importante.

Puesta en escena de enorme brillantez en trasladarnos a ese glamuroso entorno, comenzando por los extraordinarios créditos iniciales homenajeando al mítico Saul Bass, creados en la producción por Kate Berry (“X-Men Apocalipsis” o “La Bella y la bestia”), y en la edición por Rachel Fowler (“Guerra Mundial Z”), con un notable diseño de producción de Judy Becker (“Brokeback Mountain”), recreando con mimo los escenarios de rodaje, la decadente mansión de la Crawford, las fiestas, la ceremonia del Oscar, el despacho de Jack Warner, ayudando a esta inmersión el fabuloso vestuario creado por Lou Eyrich (“American horror History”), esto filtrado por la cromática y fulgurante fotografía de Nelson Cragg (“Breaking Bad”), resaltando con esmero la expresividad actoral, potenciando el lado glamuroso de Hollywood. El score es obra de Mac Quayre (“Drive”), de melodía jazzísticas que nos retrotraen al cine clásico.

En conjunto queda una notable propuesta, cargada de fuerza dramática incisiva. Fuerza y honor!!!

Para leer más sobre la serie ir a: http://conloslumiereempezo.blogspot.com/2017/06/feud.html
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