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El gran hotel Budapest

7,3
33.892
votos
Sinopsis
Gustave H. (Ralph Fiennes), un legendario conserje de un famoso hotel europeo de entreguerras, entabla amistad con Zero Moustafa (Tony Revolori), un joven empleado al que convierte en su protegido. La historia trata sobre el robo y la recuperación de una pintura renacentista de valor incalculable y sobre la batalla que enfrenta a los miembros de una familia por una inmensa fortuna. Como telón de fondo, los levantamientos que ... [+]
Críticas ordenadas por:
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17 de marzo de 2014
34 de 41 usuarios han encontrado esta crítica útil
El número 13 de la calle del Percebe —que por conservación de la memoria histórica ha sido recordado como 13, Rue del Percebe— ha sido finalmente localizado, y no en España como se esperaba, sino en Centroeuropa, concretamente en la república de Zubrowka (cuyo jefe de gobierno sospechamos que pudiera ser el mismísimo Rufus T. Firefly, dadas las implacables e insólitas medidas de seguridad que su país lleva a cabo). El enorme y destartalado Gran Hotel Budapest se levanta en tan singular localización, como reminiscencia de lo magnífico y lujoso que un día fue. Un botones Sacarino un tanto aljamiado y ya convertido en figura respetable de la institución, nos da la oportunidad de conocer, de primera mano, la fabulosa historia que esconden las envejecidas paredes de ese parador.
Wes Anderson es al cine lo que Francisco Ibáñez al cómic. Un genio cuyo reconocimiento no ha alcanzado la proyección que debiera, pero al que su transgresión, su novedoso, a la vez que sorprendente, punto de vista y su sin par estructura narrativa lo convierten en uno de los referentes a la hora de escapar de la monotonía cinematográfica que, mejor o peor encaminada, monopoliza las grandes pantallas de la mayor parte de occidente. Para lograr semejante atropello a los convencionalismos, el director no duda en enfrentar dos géneros fílmicos tan antagónicos como el drama y la comedia: sus películas, por lo general, son dramas en los cuales el espectador disfruta con el sufrimiento de sus protagonistas, ya que lo realmente triste de la narración, ha sido caricaturizado de tal manera que quede irreconocible —véase la versión “zezeista” que realiza de las SS— impidiendo a nuestro cerebro cualquier asociación con la trágica situación que se esconde tras el inherente pesimismo de la realidad. De esta forma, toda acción, por cruel que sea (incluimos en este apartado el asesinato de inofensivas y adorables mascotas), queda hilarantemente ejecutada por medio de escabrosos golpes de humor o reacciones inesperadas.
Así pues, el periodo de entreguerras representado por Anderson, donde las tensiones políticas podían desatar un tiroteo en el lugar más insospechado, ha sido distorsionado aberrantemente por medio de la amplitud y el extremismo cromático, y la creación de unos personajes tan excéntricos y entrañables como conflictivos. Un reparto de estrellas impresionante que no duda en acompañar y servir de apoyo para el verdadero tándem protagonista de la cinta (como también ocurriera en el anterior filme de Anderson: Moonrise Kingdom, 2012) compuesto por Gustave H, un espectacular Ralph Fiennes en el papel de un regente de hotel de exquisitos modales, y el mozo en periodo de aprendizaje bajo su mando, Zero, un joven que ha sabido contrarrestar el honor que hace a su nombre en cuanto a experiencia y educación, con una lealtad incondicional a su patrón. La muerte de Madame D, protegida y amante de Gustave (una de tantas), y el legado de su testamento, va a originar un revuelo de repercusión internacional que implicará directamente al señor H, y por extensión a su inseparable secuaz, por ser el beneficiario de un cuadro muy valioso que, ni la familia (de índole fascista y violento) de la difunta, ni la propia prefectura de policía, parecen dispuestas a entregarle.
Un fresco expresionista que, al igual que la fotografía empleada por Robert D. Yerman, está dotado de cierto aire naif y fuertes contrastes de colores que simbolizan la personalidad de cada personaje. De esta manera, tanto los miembros del hotel, como la propia apariencia del mismo, serán representados por medio de fuertes tonos escarlata y violeta; Agatha (prometida del joven Zero, interpretada por la irlandesa de moda, Saoirse Ronan), transmitirá también esa alegría cromática en la realización de llamativos y sabrosos macarons; para ir oscureciéndose poco a poco, dependiendo del grado de perversidad, hasta llegar a los retorcidos Dmitri y Jopling, que vestirán de negro riguroso. Todos ellos, independientemente de la vestimenta o la recurrencia de su papel, ejecutarán su actuación con una gravedad casi teatral que amplificará la comicidad de sus exageradas acciones. Un ejercicio intencionadamente histriónico que irá en perfecta consonancia con los efectos visuales “vintage” que el director ha utilizado —con una persecución en la nieve incluida, que parece salida del videojuego Winter Olympics, para la consola Master System—.
El argumento se sitúa inicialmente en el presente, pero irá desplazándonos a través de diferentes décadas, mediante saltos temporales, para tratar de explicar la historia del monumento a un escritor (actualidad), que conoció al propietario de un hotel (años 60) donde sucedieron las más extraordinarias aventuras (año 1932 en adelante). Cada flashback quedará visualmente reflejado mediante el uso de una diferente relación de aspecto, o ratio de imagen (ancho y alto, para que nos entendamos), desde el panorámico estándar usado comúnmente en cines, 21:9, para la más moderna de las historias, hasta el “casi” cuadrado que se usaba en los televisores domésticos, 4:3, para referirse a la trama más antigua y principal, pasando por el conocido 16:9 característico de las televisiones actuales de alta definición. Un trabajo geométricamente perfecto que juega astutamente con reflejos, luces y formas para componer este oxímoron cinematográfico tan dramático que hará que nos duelan las mandíbulas de tanto reír.
Peaky Boy
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27 de marzo de 2014
48 de 71 usuarios han encontrado esta crítica útil
Al terminar la película, se encienden las luces, y una sala a rebosar se despereza en medio de un inmenso e incómodo silencio como no había presenciado nunca. No era lo esperado. Tanta crítica alabándola no le hizo ningún bien y el espectador se espera una película redonda.
Wes se recrea en jardines ya cultivados, donde el se encuentra a gusto, pero el espectador pide variedad de flores y ambientes.
Personajes planos, escenas muy teatrales, historia amplificada sin mucho interés y música saltarina y a veces contundente para que no te duermas.
Vosotros sabréis. Yo no la recomiendo. Y me encantaron los Tenembaus.
corocota
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29 de marzo de 2014
57 de 94 usuarios han encontrado esta crítica útil
Hacia bastante tiempo que no salía de un cine con la sensación de que me habían tomado el pelo. Esta película es un bodrio. No puedo entender todas esas críticas tan laudatorias que la preceden. Lo único a destacar es la fotografía y algunas imágenes excelentes.

El argumento, por llamarlo de alguna manera pues es casi inexistente, es una sucesión de situaciones estúpidas carentes del menor interés, inconexas entre sí, con frases hechas sin contenido. Ni hay ternura, ni parodia, ni humor. Todo es una sarta de estupideces y vacuidades. El pretendido surrealismo de las escenas carece de fuerza dada la estupidez de la trama, lo aburrido y reiterativo del guión. El carrusel de actores famosos da la sensación de servir para diversión de ellos mismos ante la perplejidad y aburrimiento del espectador.

Pero lo que mas me ha molestado ha sido la continua referencia, tanto de su publicidad, declaraciones del director, como en los créditos al final de la misma, al escritor austriaco Stefan Zweig. Utilizar su nombre para engrandecer este film es un despropósito. la obra de Zweig es seria, profunda y llena de contenido. Sus descripciones de ambientes de Europa antes y después de la Gran Guerra son memorables. Muy al contrario que la sarta de trivialidades de esta película. Si lo que se pretende es evocar el mundo de Zweig, el dislate es mayúsculo, pues tanto la Centro Europa de principios de siglo XX como de entre-guerras, queda escualidamente retratada por el director. Otros filmes con menos pretensiones me vienen a la memoria donde esto se ha conseguido.

En conclusión, el Gran Hotel Budapest es un gran timo de los realizadores de este film hacia el espectador.
Norbert
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23 de marzo de 2014
24 de 31 usuarios han encontrado esta crítica útil
Fui a ver esta película con grandes expectativas por la alta calificación que aquí tiene y porque me daba buen rollo. Y la cosa empezó bien: la película se desarrollaba en localizaciones y decorados evocadores (aunque un poco obvios de más), y se planteaba en tono de farsa, con aspiraciones de humor inteligente, surrealista y romántico; como a medio camino entre Charlot y Delicatessen (la película francesa de Jeunet y Caro).
Pero pasado un tercio del metraje empezó a perder gracia, originalidad e interés. El discurso del conserje protagonista se fue haciendo repetitivo y cansino, y la simpática y sugerente expresividad del botones se fue desinflando, a medida que el guión parecía perderse entre lugares comunes y escenas que parecían ya vistas en el cine (pero mejores). Incluso la música terminó resultando machacona y molesta en su animoso acompañamiento de las escenas de acción. Nada que ver con Charlot o Delicatessen, y mucho menos con Stefan Zweig, a quien se tiene el morro de citar como inspirador en los títulos finales.
Por lo demás la película no te saca del cine. Se ve. Tiene atractivo visual (con más pretensiones que logros originales), un buen arranque y buenos momentos. Pero nada más.
Esperaba algo mucho mejor. Otra decepción. A ver si voy a ser yo.
Becerreo
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1 de abril de 2014
20 de 25 usuarios han encontrado esta crítica útil
"El gran hotel Budapest" es quizá la película más equilibrada de Wes Anderson, una en la que la comedia y el drama encajan perfectamente para construir algo excepcional. El realizador, uno de los más grandes de las últimas dos décadas, construye una hermosa historia de amistad como hacía tiempo que no se veía, revistiéndola de un ejercicio de nostalgia por y para el placer de cualquiera que se acerque a ella. Todo esto lo hace en poco más de hora y media, apelando a su universo único e intransferible, si bien (quizá porque tengo recientes varias de sus películas) me haya hecho recordar un poco a Aki Kaurismaki (ese uso del color, el sentido del humor). También puede ser -argumentalmente- la literalización del principio básico de Hitchcock, con un falso culpable del que conocemos toda la información y en torno al cual gira la narración. En cualquier caso, funciona como ejercicio estilístico en primer nivel y como artefacto emocional, inmediatamente después.

La voluntad de Anderson del cambio de formato de imagen dependiendo de la época en la que transcurra la historia puede tener algo de caprichoso al principio, pero adquiere total coherencia cuando se analiza un poco la forma en que ha rodado la película, forzando la simetría de sus imágenes para crear algo casi mágico, una fábula que hace parecer fácil lo difícil. La composición de los planos es extraordinaria y no creo equivocarme al decir que es la película más bella (en este sentido) que he visto en varios años. Simplemente, es un puro placer. Todo esto es indivisible de las melodías que Alexandre Desplat ha compuesto para el film, que no sólo encajan de forma perfecta con la imagen sino que casi parecieran ir a su propio ritmo. De todas las colaboraciones entre el músico y el director, diría que esta es la que más lejos ha llegado a todos los niveles.

"El gran hotel Budapest" es más que una dirección brillante y una música excepcional; también es una historia enternecedora levantada por un reparto en estado de gracia. Anderson siempre ha sacado petróleo de sus actores, pero lo que hace Ralph Fiennes está muy por encima de algo tan maleable como los premios Oscar. Tampoco está mal el recién llegado Tony Revolori, pero es que -Fiennes al margen- no destaca nadie por encima del resto. Todos son magníficos y (además) se nota que han trabajado previamente con el realizador por la forma en que abordan sin complejos ni tics aparentes aquello para lo que han sido elegidos. Dafoe, por ejemplo, parece sacado de un cartoon clásico de Hanna Barbera. Si además de todo lo anterior (¿he dicho ya lo divertida que es? pero no de carcajada gratuita, no, divertida de verdad) se le suma que tiene algunas escenas que pasan al imaginario de lo mejor que ha dado Wes Anderson (esa huída de la cárcel, maravillosa) no queda otra que rendirse al (raro) talento de su realizador y aplaudir su nueva joya, que no tendrá dificultades para mantenerse entre lo mejor del año.
Caith_Sith
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