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El gran hotel Budapest

7,3
23.182
votos
Sinopsis
Gustave H. (Ralph Fiennes), un legendario conserje de un famoso hotel europeo de entreguerras, entabla amistad con Zero Moustafa (Tony Revolori), un joven empleado al que convierte en su protegido. La historia trata sobre el robo y la recuperación de una pintura renacentista de valor incalculable y sobre la batalla que enfrenta a los miembros de una familia por una inmensa fortuna. Como telón de fondo, los levantamientos que ... [+]
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user-icon Alberto   Cartagena (España)
Notable
17 de Marzo de 2014
30 de 36 usuarios han encontrado esta crítica útil
El número 13 de la calle del Percebe —que por conservación de la memoria histórica ha sido recordado como 13, Rue del Percebe— ha sido finalmente localizado, y no en España como se esperaba, sino en Centroeuropa, concretamente en la república de Zubrowka (cuyo jefe de gobierno sospechamos que pudiera ser el mismísimo Rufus T. Firefly, dadas las implacables e insólitas medidas de seguridad que su país lleva a cabo). El enorme y destartalado Gran Hotel Budapest se levanta en tan singular localización, como reminiscencia de lo magnífico y lujoso que un día fue. Un botones Sacarino un tanto aljamiado y ya convertido en figura respetable de la institución, nos da la oportunidad de conocer, de primera mano, la fabulosa historia que esconden las envejecidas paredes de ese parador.
Wes Anderson es al cine lo que Francisco Ibáñez al cómic. Un genio cuyo reconocimiento no ha alcanzado la proyección que debiera, pero al que su transgresión, su novedoso, a la vez que sorprendente, punto de vista y su sin par estructura narrativa lo convierten en uno de los referentes a la hora de escapar de la monotonía cinematográfica que, mejor o peor encaminada, monopoliza las grandes pantallas de la mayor parte de occidente. Para lograr semejante atropello a los convencionalismos, el director no duda en enfrentar dos géneros fílmicos tan antagónicos como el drama y la comedia: sus películas, por lo general, son dramas en los cuales el espectador disfruta con el sufrimiento de sus protagonistas, ya que lo realmente triste de la narración, ha sido caricaturizado de tal manera que quede irreconocible —véase la versión “zezeista” que realiza de las SS— impidiendo a nuestro cerebro cualquier asociación con la trágica situación que se esconde tras el inherente pesimismo de la realidad. De esta forma, toda acción, por cruel que sea (incluimos en este apartado el asesinato de inofensivas y adorables mascotas), queda hilarantemente ejecutada por medio de escabrosos golpes de humor o reacciones inesperadas.
Así pues, el periodo de entreguerras representado por Anderson, donde las tensiones políticas podían desatar un tiroteo en el lugar más insospechado, ha sido distorsionado aberrantemente por medio de la amplitud y el extremismo cromático, y la creación de unos personajes tan excéntricos y entrañables como conflictivos. Un reparto de estrellas impresionante que no duda en acompañar y servir de apoyo para el verdadero tándem protagonista de la cinta (como también ocurriera en el anterior filme de Anderson: Moonrise Kingdom, 2012) compuesto por Gustave H, un espectacular Ralph Fiennes en el papel de un regente de hotel de exquisitos modales, y el mozo en periodo de aprendizaje bajo su mando, Zero, un joven que ha sabido contrarrestar el honor que hace a su nombre en cuanto a experiencia y educación, con una lealtad incondicional a su patrón. La muerte de Madame D, protegida y amante de Gustave (una de tantas), y el legado de su testamento, va a originar un revuelo de repercusión internacional que implicará directamente al señor H, y por extensión a su inseparable secuaz, por ser el beneficiario de un cuadro muy valioso que, ni la familia (de índole fascista y violento) de la difunta, ni la propia prefectura de policía, parecen dispuestas a entregarle.
Un fresco expresionista que, al igual que la fotografía empleada por Robert D. Yerman, está dotado de cierto aire naif y fuertes contrastes de colores que simbolizan la personalidad de cada personaje. De esta manera, tanto los miembros del hotel, como la propia apariencia del mismo, serán representados por medio de fuertes tonos escarlata y violeta; Agatha (prometida del joven Zero, interpretada por la irlandesa de moda, Saoirse Ronan), transmitirá también esa alegría cromática en la realización de llamativos y sabrosos macarons; para ir oscureciéndose poco a poco, dependiendo del grado de perversidad, hasta llegar a los retorcidos Dmitri y Jopling, que vestirán de negro riguroso. Todos ellos, independientemente de la vestimenta o la recurrencia de su papel, ejecutarán su actuación con una gravedad casi teatral que amplificará la comicidad de sus exageradas acciones. Un ejercicio intencionadamente histriónico que irá en perfecta consonancia con los efectos visuales “vintage” que el director ha utilizado —con una persecución en la nieve incluida, que parece salida del videojuego Winter Olympics, para la consola Master System—.
El argumento se sitúa inicialmente en el presente, pero irá desplazándonos a través de diferentes décadas, mediante saltos temporales, para tratar de explicar la historia del monumento a un escritor (actualidad), que conoció al propietario de un hotel (años 60) donde sucedieron las más extraordinarias aventuras (año 1932 en adelante). Cada flashback quedará visualmente reflejado mediante el uso de una diferente relación de aspecto, o ratio de imagen (ancho y alto, para que nos entendamos), desde el panorámico estándar usado comúnmente en cines, 21:9, para la más moderna de las historias, hasta el “casi” cuadrado que se usaba en los televisores domésticos, 4:3, para referirse a la trama más antigua y principal, pasando por el conocido 16:9 característico de las televisiones actuales de alta definición. Un trabajo geométricamente perfecto que juega astutamente con reflejos, luces y formas para componer este oxímoron cinematográfico tan dramático que hará que nos duelan las mandíbulas de tanto reír.
Alberto
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user-icon lourdes lulu lou   valencia (España)
Interesante
30 de Marzo de 2014
30 de 37 usuarios han encontrado esta crítica útil
Decepción, que desagradable el uso de esa palabra; que inevitable su acepción en alguna ocasión. Comicidad no palpable, diversión no sentida, risa sobre el papel con grave daño ejecutada, diálogos con gracia que se desvanecen instantáneamente tras una leve sonrisa, poca chispa-nada de llama para un fuego que se pretendía fructuoso en potencia y que rápidamente ha sido apagado. Actores con nombre y experiencia, una estética cuidada y fantásticamente dibujada, una presentación de ensueño, pura fantasía salida de un cuento..., elementos magníficos a tu alcance que no logran absorber tu espíritu; un Charlot descafeinado que ni cautiva tu esencia ni emociona tu alma. En esta clase de películas es donde mayor separación existe entre lo escrito por la prensa y lo sentido por el público; y sin desdeñar un ápice de todos los halagos recibidos en palabras sobre el papel, de nada me sirve sí, sólo soy capaz de apreciarlo visualmente, dentro de una reflexión racional y meditada pero, en ningún caso, emocional o espontánea. Leer un cuento de fantasía y no soñar, observar una fotografía fantástica producto de una imaginación maravillosa y no maravillarse con la misma intensidad, diálogos inteligentes con gran perspicacia oculta y no captar su ironía ni su pretendida acentuada dicción...,relación imposible de establecer por mucha voluntad y ganas que se ponga en ello; sólo cabe admitir que, ante las grandes perspectivas creadas, la ilusión y esperanza inicial con la que acudes al cine, éstas han ido desvaneciéndose poco a poco, simultáneamente, con una desagradable lentitud que resulta casi imposible de parar, ardua tarea a evitar pues, en conjunto, admiro el gran trabajo realizado, el esfuerzo de una mente rica y prodigiosa que ofrece un producto diferente pero éste no ha logrado ni cautivarme ni hechizarme ni fascinarme ni...,por tanto, qué hago ante este sentimiento sino sentir una desdeñable y no-querida decepción? Enhorabuena si no perteneces a este grupo y has logrado salir contento y satisfecho de su visión; ese era mi objetivo inicial!!!

http://lulupalomitasrojas.blogspot.com.es/
lourdes lulu lou
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user-icon corocota   Madrid (España)
Interesante
27 de Marzo de 2014
37 de 60 usuarios han encontrado esta crítica útil
Al terminar la película, se encienden las luces, y una sala a rebosar se despereza en medio de un inmenso e incómodo silencio como no había presenciado nunca. No era lo esperado. Tanta crítica alabándola no le hizo ningún bien y el espectador se espera una película redonda.
Wes se recrea en jardines ya cultivados, donde el se encuentra a gusto, pero el espectador pide variedad de flores y ambientes.
Personajes planos, escenas muy teatrales, historia amplificada sin mucho interés y música saltarina y a veces contundente para que no te duermas.
Vosotros sabréis. Yo no la recomiendo. Y me encantaron los Tenembaus.
corocota
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user-icon Bouns   Barcelona (España)
Muy buena
8 de Febrero de 2014
28 de 43 usuarios han encontrado esta crítica útil
Simplemente magnífica, Wes Anderson se ha vuelto a superar. Ha llevado su mundo al límite, logrando un increíble resultado. Si técnicamente es muy buena, el guión lo es todavía más. Humor constante en estado puro, repleto de pequeños detalles geniales.

Como nos tiene acostumbrados, la estética está muy cuidada y bien lograda, repleta de colorido. Destaca sobretodo el colosal reparto, que querría tener todo director, permitiéndose incluso no sacarle jugo a la mitad de los actores, como a Bill Murray. De entre todos, cabe mencionar especialmente a un tremendo Willem Dafoe, aunque también es cierto que su papel le va como anillo al dedo.

Hermosa, divertida, melancólica... y sobre todo: una película única.
Bouns
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user-icon odaesu   O Carballiño (España)
Notable
21 de Marzo de 2014
17 de 21 usuarios han encontrado esta crítica útil
El cine de Wes Anderson es en cierta forma una celebración de lo melancólico, del descubrimiento, de la aventura, de la infancia como tierra fértil para cultivar lo más asombroso. Y la infancia la articula Anderson en pasado, vista desde el presente adulto, gris. La niñez es una explosión de colores, de saltos, carreras, escondites. Por eso sus películas son como un juego infantil, consisten en correr hacia la victoria, siempre escapando de algo o de alguien. En The Grand Budapest Hotel el lujoso hotel no es más que la “casa” de los juegos infantiles, ese punto en el comienza y termina el juego y dónde todos los jugadores pueden estar seguros. Ese gran tronco de árbol en el que cuentas hasta 10 antes de abrir los ojos. Lejos de quedarse en el hotel, la cámara de Anderson persigue la simetría constante y el ritmo frenético a través de esa Europa imaginaria de la época de la Gran Guerra. Irreal, peligrosa, misteriosa y jodidamente hermosa.

Mientras otros autores han ido vendiendo trozos de su mundo, sí, estoy hablando de gente como Tim Burton, Wes Anderson se ha dedicado a protegerlo contra viento y marea. A protegerlo y aumentarlo. The Grand Budapest Hotel es una orgía visual más desenfrenada, una obsesión por la composición más enfermiza, un diseño de producción más grandilocuente y pomposo, una música aún más atrevida en su belleza (si la partitura de Desplat para Mr. Fox era una maravilla, esta para Budapest no se queda atrás, bendita creatividad), un reparto aún más grande (ha encontrado en Ralph Fiennes al actor perfecto para su cine, puro carisma), una aventura con aún más escenarios. Más. Lejos de recular, Anderson está en plena expansión. Quiere más, quiere llevar su poesía sobre la melancolía a nuevos niveles, jugar en nuevas ligas. The Grand Budapest Hotel no llega a la sensibilidad de Moonrise Kingdom, ni a la diversión de Fantastic Mr. Fox, pero es en cambio más completa, porque se luce en ambos terrenos. También es más accesible que sus primeras películas (Life aquatic era demasiado freak, pensada demasiado hacia adentro) y está dotada de un mayor sentido del espectáculo.

Lo maravilloso del mundo fílmico de Wes Anderson es que toda la pompa y el colorido instagramero, están al servicio de las ideas que lo sustentan, no es un envoltorio vacío, lo que hay tras todas las capas estilísticas es un muy sano afán de emocionar y maravillar al espectador. Las películas de Anderson me hacen sentir vivo, recordar una infancia de playmobils y legos, de cuentos y películas de dibujos. De aventuras que solo tenían lugar en mi cabeza mientras estaba sentado en el suelo moviendo muñecos. Una apología de la imaginación como uno de los mayores dones que tiene el ser humano a su disposición. Las infinitas posibilidades que ofrece la imaginación. El juego entre pasado-juventud-auge del hotel y presente(narrativo)-vejez-caída del hotel, hace que nos preguntemos ¿y si al hacernos viejos también nos volvemos grises? ¿nuestras ideas caen como las hojas de los árboles al llegar el otoño? Y así volvemos a la melancolía, pero lejos del dramatismo, en el cine de Wes Anderson la melancolía se plantea desde el optimismo, si sentimos melancolía es porque tenemos preciosos recuerdos de momentos valiosos, para añorar es necesario haber vivido antes. Quizás la melancolía no sea algo malo, simplemente la constatación del fluir vital del ser humano. Celebrémosla manteniendo intactas las ansias de aventura.
odaesu
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