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Blue Jasmine

6,8
25.461
votos
Sinopsis
Jasmine, una mujer rica y glamourosa de la alta sociedad neoyorquina, se encuentra de repente sin dinero y sin casa. Decide entonces mudarse a San Francisco a vivir con su hermana Ginger, una mujer de clase trabajadora que vive con su novio en un pequeño apartamento. Jasmine, que atraviesa el momento más crítico de su vida, se dedica a tomar antidepresivos y a recordar su antigua vida en Manhattan. (FILMAFFINITY)
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user-icon Neathara   Demonlandia (Tajikistan)
Muy buena
26 de noviembre de 2013
32 de 43 usuarios han encontrado esta crítica útil
Érase una vez una chica que se llamaba...no recuerdo cómo se llamaba.

La chica tenía una sombra que la seguía a todas partes. La sombra se llamaba Jasmine.

Un buen día, la chica conoció a un chico. El chico no la veía a ella, pero veía a su sombra. Y se enamoró de la sombra y se casaron.

La sombra se empezó a dar la gran vida: se compró ropa preciosa y muy cara; se trasladó a una mansión con impresionantes vistas al mar; organizó fiestas estupendas; conoció a un montón de gente glamurosa; viajó por todo el mundo en primera clase; bebió el mejor vino, degustó las mejores delicatessen.

La sombra era tan bonita, tan resplandeciente, estaba tan bien vestida y vivía tan bien, que la chica empezó a creer que ella era la sombra y en realidad, la chica no existía.

Pero eso la asustaba un poco y para aplacarlo, bebía algo más de lo recomendable y tomaba unas pastillas mágicas que borraban sus recuerdos de no haber sido una sombra.

Sin embargo, un buen día, desaparecieron todas aquellas cosas. Las fiestas, los vestidos, los viajes, las vistas al mar y el chico.

La chica y su sombra lo perdieron todo y se marcharon.

La chica seguía siendo la chica: pero la sombra cada día se volvía un poco más pequeñita.

La chica empezó a asustarse. Tomó más pastillas y bebió más copas para olvidar que la sombra estaba despareciendo.

Un buen día, la chica se levantó y no vio a la sombra.

¿Qué sucedió después?

La respuesta, en esta espléndida película con la que Woody Allen demuestra que todavía no es suficientemente viejo como para recluirse en la zona de confort.
Neathara
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user-icon Peaky Boy   Birmingham (Reino Unido)
Buena
21 de octubre de 2013
18 de 22 usuarios han encontrado esta crítica útil
Regresa Woody Allen cumplidor a su cita anual con la terapia cinematográfica, y junto a él aparecen su público y crítica incondicionales que alaban todo lo que toca el neoyorquino, y sus más acérrimos detractores que pecan de todo lo contrario. Sí es cierto que, por más que le pese a cierta gente, Allen no ha vuelto a ser aquel genio del humor que, con Manhattan como fondo, ahondaba en la idiosincrasia de las relaciones amorosas a la vez que se desnudaba una y otra vez mostrando al público sus preocupaciones y obsesiones. Es difícil establecer un punto de inflexión en el trabajo del prolífico director, muchos opinan que fue la postrera colaboración con Mia Farrow, Maridos y Mujeres, 1992, la última de sus grandes obras, algo que no está nada mal ya que le otorgaría quince años, a una media de una película por año, en el podio de la cartelera mundial. Sin embargo los hay más generosos, entre los que nos incluimos, ampliando ese espectro cinco años más para no dejar fuera comedias de la talla de Misterioso asesinato en Manhattan, 1993, Balas sobre Broadway, 1994, o Desmontando a Harry, 1997. A partir de entonces las repeticiones en la trama, los triángulos amorosos y las hipocondríacas extravagancias dejaron de ser tan efectivas, cada película proporcionaba una sensación de déjà vu que no ha desaparecido en cada nuevo estreno del alter ego de Alvy Singer. Pero Allen siguió fiel a su estilo y consiguió crear una mirada muy particular de la cinematografía, como si de una terapia se tratase, él continuó abordando los mismos problemas una y otra vez, creando un reflejo de su persona muy característico en todas y cada una de sus obras, unas veces interpretado por él mismo, otras por un actor principal, un actor de reparto o un mero figurante como es el presente caso, reflejado en la aparición, al comienzo de la cinta, de la anciana que pacientemente escucha las interminables historias de la protagonista.
Asumiendo que no vamos a ver una obra maestra, un estreno de Allen se puede afrontar como una forma de criticar y lamentar la ausencia del talento y la imaginación de los que solía hacer gala, o, mucho más recomendable dado que hemos decidido de forma voluntaria pasar unas dos horas acompañados de una de sus películas, dejándonos llevar por las disparatadas situaciones, los estudios sociológicos de gente bastante desequilibrada, y divertirnos con un hombre que sabe perfectamente cómo conseguir hacer reír al espectador que muestre predisposición para ello. Algunas de las obras modernas del realizador, conseguirán mejor este efecto, y otras, por el contrario, serán algo más espesas.
Blue Jasmine, que supone el regreso de Allen a Nueva York tras su periplo europeo, se encuentra dentro de los “aciertos” de esta segunda etapa del director, al parecer el jugar en casa le ha dado ventaja escribiendo uno de los guiones más consistentes de los últimos años y trazando una de las historias que más se aleja de sus recientes productos. La narración de dos historias paralelas, una en el presente y otra en el pasado, mediante el uso de unos flashbacks muy bien conseguidos, aporta mucho dinamismo al filme que se ve reforzado por un diálogo atractivo dentro de un marco más dramático del que acostumbra, pero que pese a la seriedad de la trama, no pierde la esencia cómica gracias a unas actuaciones muy afortunadas, destacando el trabajo de la genial Cate Blanchett, en el papel de la mujer que afronta un cambio radical en su vida con una crisis nerviosa, y de Bobby Cannavale representando al excéntrico temperamental exaltado.
El dinero es el centro de la trama, mostrando la vacuidad, estupidez y dependencia que se desprende de las vidas de todo aquel que lo posee. Su ausencia, o al menos en grandes cantidades, sería la única manera de encontrar la felicidad. Jasmine es una mujer que paseaba tranquila por las tiendas de la quinta avenida, al margen de lo que ocurría en el mundo y en su propia familia, hasta que un día lo pierde todo, se queda sin casa, sin dinero y sin más lujos que un vuelo en primera clase a San Francisco donde la esperan su hermana, el novio de ésta, y un apartamento minúsculo en el que apenas tienen cabida sus maletas Loui Vuitton. Pronto comprenderá que el mundo laboral no está hecho para ella, su completa falta de aptitud le impide buscarse la vida en un momento donde las oportunidades no son fáciles para nadie. Hablando sola por las calles, con la mirada perdida en el horizonte mientras recuerda sus felices días en Los Hamptons, Jasmine está a punto de rendirse cuando una oportunidad aparece en forma de joven millonario. Con la poca energía que le queda e intentando controlar sus ataques nerviosos, opta por la que considera la alternativa más adecuada a sus necesidades, convertirse en lo que se conoce como una Gold Digger. Y así es como de la noche a la mañana se encuentra planificando una nueva vida de abundancia, sin la necesidad de pasar por el incómodo período de transición que toda relación implica, algo que parece un sueño hecho realidad y que sería perfecto de no ser por un factor que nunca se tiene en cuenta hasta que aparece sin previo aviso, el karma.
El español Javier Aguirresarobe plantea una profunda fotografiá, retratando los contrastes de las diferentes clases sociales que envuelven a la obstinada Jasmine, que no acepta la austeridad de su nueva vida y se niega a huir de los fantasmas de su ostentoso pasado, representados por medio de la melancólica canción Blue Moon.
Personal adaptación del drama de Tennessee Williams Un tranvía llamado deseo ya que, a pesar de no estar acreditado, presenta evidentes similitudes con la obra del prolífico dramaturgo. Sorprendente demostración de la habilidad de un director para dar vida a historias cotidianas, y de la facilidad para que sus directrices se vayan uniendo en fotogramas hasta dar como resultado aquello por lo que ha vivido, ya sea de manera obsesiva, compulsiva o romántica, durante más de cuarenta y cinco años; EL CINE.
Peaky Boy
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user-icon Juan_Solo   Zaragoza (España)
Interesante
20 de noviembre de 2013
14 de 15 usuarios han encontrado esta crítica útil
Todos los años me acerco al cine a ver la última de Woody Allen con la misma ilusión. Siendo realista, sé que los tiempos del gran Allen, los de “Manhattan”, los de “Hannah” no volverán, siendo condescendiente, me conformo con tenerlo ahí año tras año en la cartelera, y siendo indulgente, no puedo ser objetivo con un señor que me ha hecho tan feliz en todos estos años de vida cinéfila. Algunos a Woody se lo perdonamos todo, y ello no quiere decir que no nos demos cuenta de lo que hay.

En “Blue Jasmine” he visto un Woody triste y forzado. Un Woody previsible. Siendo un autor con un universo propio y unos tics tan reconocibles, el riesgo de repetirte se multiplica cuando te autoimpones despachar una película por año a tus seguidores. Es la maldición de Allen, nos tiene muy mal acostumbrados, cada año esperamos que sea mejor que el anterior, y eso evidentemente no siempre es posible. Hay quienes le instan a relajarse un poco, a soltar el pie del acelerador, a espaciar más sus estrenos y en consecuencia a cuidar más sus guiones y sus historias. Reconozcámoslo, el de Manhattan no acierta últimamente en lo suyo. Sus dos últimos grandes éxitos vienen de la mano de una comedia negra (“Match Point”) y de aquella maravillosa fantasía retro que era “Midnight in Paris”, pero en lo que tradicionalmente ha sido su fuerte, la tragicomedia humana y de personajes, el cineasta no termina de dar con la tecla desde hace bastante tiempo.

En “Blue Jasmine” Allen tenía la oportunidad de resarcirse. Como base una historia real extraída de una noticia en el periódico, la de una mujer acostumbrada a codearse con la alta sociedad, esclava del lujo y del glamour, que de repente se ve desposeída de todo cuanto tiene y obligada a partir de cero. El perfil de la protagonista encaja con aquel otro que ideara Tennesse Williams para la Blanche Dubois de “Un tranvía llamado deseo” y Woody aprovecha la coincidencia y la lleva a su último extremo. El encuentro entre Jasmine y su hermanastra, de condición social más baja y gustos menos refinados, da pie a la exposición de otro de los temas recurrentes en el último cine del realizador: el contraste entre el mundo rico y el mundo pobre. Lo que parece va a ser finalmente un juicio sumarísimo y moral hacia una época dominada por el engaño y la corrupción se queda en esa oportunidad perdida. Woody pasa de puntillas por el tema. En “Blue Jasmine” hay más faltas que delitos.

Y el director acierta en el dibujo de personajes y de ambientes, tanto los de las clases altas a través de los diferentes “flasbacks” como los de las bajas (aunque la verdad ya cansan esos personajes gañanes y paletos hasta el ridículo), pero eso es algo que ya se lo hemos visto hacer en otras ocasiones. Nada que no hayamos visto otrass veces, en otras historias con el arribismo social de fondo (“Granujas de medio pelo” o la misma “Match Point” ponemos por caso). En lo que no acierta Woody es en el tono, puesto que no puede evitar que muchas veces la ligereza de sus últimas obras se adueñe mecánicamente del drama, y sea imposible así involucrarte en la historia y empatizar con algunos de sus personajes.

Solo en momentos puntuales, aparece el genio. Pero una película no puede sostenerse solo en eso, como tampoco en el excepcional trabajo de sus actrices principales. No digo que sea una mala película porque no lo es, pero a Woody siempre le pedimos más. ¿Dónde están esos diálogos chispeantes y lúcidos de antaño y que aquí solo aparecen con cuentagotas? ¿dónde esos chistes capaces de arrancar la carcajada general de la platea? (en la sesión a la que fui no oí niguna?. Al año que viene más, y esperemos que mejor.
Juan_Solo
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user-icon puentecitor   Granada (España)
Mala
17 de noviembre de 2013
24 de 38 usuarios han encontrado esta crítica útil
Cuando el artista crea por rutina sin la más mínima inspiración pasan estas cosas, cosas como esta película infumable donde Allen hace una caricatura no de sí mismo, sino de su peor versión. Ni siquiera los diálogos entre los personajes que siempre es su fuerte tienen la más mínima chispa durante los más de 90 minutos interminables de este film.

El hecho de hacer una película sí o sí cada año ha hecho de un brillante autor un irregular autor y la fórmula de su cine realmente se muestra agotada con películas como esta. Además con el transcurrir de los años de irregular está pasando a mediocre, no hay una obra realmente destacada desde "Match Point" en su filmografía, y desde aquella ha estrenado ya la friolera de 8 películas.

La buena actuación de Blanchett para mí ha pasado desapercibida entre una mezcla de tedio y el estupor. Hacía mucho tiempo que no me apetecía salir de la sala antes de que acabase la proyección, un 2.
puentecitor
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user-icon CarlosDL   Un lugar de La Mancha (España)
Notable
17 de noviembre de 2013
12 de 14 usuarios han encontrado esta crítica útil
Corrían los años 80, años de experimentación en la música, el cine y las artes en general. Años en los que los artistas podían surgir de la nada, explotar y desvanecerse al igual que una estrella fugaz al rozar la atmósfera terrestre. Sólo las claves permanecerían en el recuerdo y serían los elegidos para ser recordados. Woody Allen tenía el puesto asegurado. Él siempre fue diferente, polifacético, introvertido y extravagante. Podía sorprender con una comedia absurda o un drama de conversaciones existencialistas sobre la percepción del ser humano en la sociedad... A pesar de ser un gran humorista y músico, puede que la obra que le lanzara a la posteridad fuera Manhattan -obra diferente, cuanto menos-, un drama que odié la primera vez que lo vi, pero al que se aprende a amar poco a poco. Destacado por escribir y dirigir sus obras, parece ser un pozo sin fondo de historias del cual nos sentimos orgullosos por aportarnos al menos una creación al año desde principios de los 80, una promesa bastante vieja, que llevo años secundando con mi asistencia a las salas de cine.

Los saltos entre historias que salen de esta cabeza tan especial confrontan tradiciones, ciudades, estados de ánimo y clases sociales, encontrando en ocasiones algunos trabajos de menor calidad que sirven de aperitivo para obras como Blue Jasmine. Desde 'Match Point' (2005) no veíamos una película tan sencilla en su apariencia y trascendental en su efecto al mismo tiempo. 'Midnight in Paris' (2011) fue una gran obra gracias a su imaginación y la forma de tratar un aspecto de la ciudad que enamora, pero 'Blue Jasmine' da un vuelco ante las últimas obras para crear una fría comedia dramática surgida de aspectos sociales no tan ajenos a la actualidad, enmarcada en el ámbito de una neoyorquina que debe viajar de la ciudad de ensueño a San Francisco, una ciudad altamente trabajadora y sencilla, con una apariencia que recuerda a los aspectos europeos de otras obras del director.

El cinismo y clasicismo de una alta sociedad irritante queda plasmado en un macabro retrato de hipocresía y fatal egoísmo elevado extremos por una actriz que cada día sorprende más. Cate Blanchett forma una personalidad como pocas veces había sido vista gracias a una de las mejores interpretaciones que le hayamos disfrutado en su cine. El resto del reparto cumple con sus intenciones, pero ella consigue que el peso de la película recaiga sobre sus tacones y se mantenga al ritmo de 'Blue Moon' sin tropezar en el intento.

La película acaba adquiriendo un gran valor al aumar la reinvención del personaje con su propio intento de copia, formando situaciones satíricas que ponen en entre dicho las apariencias y las máscaras que cubren a una alta sociedad sin escrúpulos. Acabé gratamente sorprendido de lo que parecía una posible pedantada al estilo Allen y para mí se ha convertido en uno de sus cuadros más valorados.
CarlosDL
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