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Críticas de "Cazador blanco, corazón negro"
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| 44 de 54 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Bloomsday
AA-licante (España)
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Su valoración:  |
11 de Marzo de 2008 |
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Piel gruesa, coriácea, enorme y árida probóscide y marfil de dos metros. Seis toneladas de bicho, seis toneladas de músculo adherido a un barril de costillas y entrañas; un abdomen como cuatro sacos de dormir cosidos con piel; un corazón con ojos de buey en lugar de válvulas, de cadencia de latido pausada, señorial; enormes fuelles intercostales capaces de resoplar un tornado.
Con una licencia se podía conseguir que ese enorme mamífero, ese pedazo de vida pura y salvaje que llena con litros de espuma sanguinolenta el vacío, cayera de costado, se desplomara, mientras la tierra se retuerce en un quejido de infrasonidos.
Huston siempre rodó así, matando elefantes. No es accidental que él adaptara Moby Dick al cine, pero sí es una fascinante casualidad. Se fue al Congo para buscar la casualidad que le permitiera apurar la vida que le había sido concedida. Y, una vez allí, la eventualidad de su afición al whisky probablemente le salvó de caer enfermo de disentería durante el rodaje.
También fue casualidad, que no causalidad, que La reina de África le saliera, después de todo, tan entretenida y encantadora. Pero es que el cine clásico era así muchas veces, y en el caso particular de Huston también. En realidad el cine, con tantos brazos y piernas, tantos egos entrelazados y tanto dinero de por medio, es algo tan complejo de equilibrar y sazonar que no es extraño que las buenas películas salgan un poco por talento y un poco porque sí.
Claro, que si vas a rodar a África para montarte un safari y correrte una cogorza constante con Humphrey Bogart entonces no precisas un azar cualquiera, no, sino una de esas mastodónticas casualidades que también le salvaron el culo a Michael Curtiz.
Y así jugaba al cine Huston, con la ruleta rusa de Raoul Walsh y Howard Hawks, para devorar la vida y dar rienda suelta a la necesidad salvaje de moldear la figura del perdedor que tanto le obsesionaba. Como Errol Flynn, Hemingway y tantos otros, John Huston apuró sus días entre elefantes, boxeo, alcohol, ironía, literatura y cine. Plenamente consciente de que, ya que la muerte es lo único predecible, esto de vivir consiste en cazar casualidades.
Y, si se ponen a tiro, elefantes.
Bloomsday 
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| 25 de 28 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Taylor
Terrassa (Polonia)
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Su valoración:  |
23 de Enero de 2008 |
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Clint Eastwood protagoniza, dirige y produce esta original película de aventuras que alterna con gran destreza y perspectiva una singular recreación de los prolegómenos del rodaje de “La Reina de África” y la obsesión de su realizador por cazar un elefante de portentosos colmillos en plena sabana africana.
No se trata, propiamente, de la típica visión del cine a través del cine aunque, desde luego, los contratiempos en el rodaje y las pullas verbales entre John Wilson (Clint Eastwood), un veterano realizador de vuelta de todo, y los miembros de su equipo no tienen desperdicio. Sin embargo, me gustaría hacer especial hincapié en la extraordinaria construcción del personaje inspirado en John Huston que modela Eastwood. Nadie mejor que un excelente actor reconvertido a mejor director, si cabe, para encarnar a uno de los cineastas norteamericanos de mayor personalidad y carácter. Las prerrogativas de este socarrón, caradura, cabezota, excéntrico, bravucón, mujeriego y bon vivant encuentran en la figura de Huston y en la interpretación de Eastwood la cabida necesaria para desplegar el carisma y la genialidad de todo un personaje. Un tipo que siempre, o casi siempre, supo cómo, cuándo y dónde disparar. Con la cámara, por supuesto.
Taylor 
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| 16 de 16 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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pachu
Santiago DC (España)
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Su valoración:  |
13 de Abril de 2009 |
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Comentaba el otro día con un amigo ausente esta "Cazador blanco, corazón negro", y dimos en clasificarla como una reflexión del mundo del cine. Sin embargo esta película es otra cosa. Es un juego de metaficción, sí. Cine dentro del cine como el que Tom DiCillo 5 años después retratará en su 'Vivir rodando'. Pero también es un homenaje (¿póstumo?) a las grandes superproducciones hollywoodienses rodadas en África, una crítica al colonialismo y al pensamiento postnazi, y sobre todo, un retrato autodestructivo del protagonista John Wilson (Clint Eastwood) que no es sino un disfraz del John Huston de 'La reina de África'.
Es este carácter difícil, egocéntrico, soberbio, frívolo, inconsciente y aventurero el que mantiene la tensión narrativa, que crece con cada intervención de Eastwood a cada cuál más acertada (ver en el spoiler su para mi mejor intervención de la obra). Su lucha no es con el productor de Hollywood: él ha trascendido ese universo del celuloide para embarcarse en una lucha más espiritual y de 'corazón negro': cazar al elefante con los colmillos más grandes. Leit motiv de la película que provocará una evolución del protagonista más que interesante narrada con un alto registro interpretativo lleno de silencios, miradas, y gestos.
La mezcla temática resumida en las líneas anteriores hacen de este film uno de los más intelectuales de Eastwood (hecho que se puede extrapolar a su baja recaudación en salas de cine para que cada cuál saque sus propias conclusiones de qué es lo que la masa quiere ver en un cine), y su interpretación y dirección están a la altura de sus grandes éxitos unánimes de crítica y público. Lástima que sea tan desconocida a día de hoy esta película...
(El resto de la crítica puede contar partes de la película)
Ver todo
spoiler: - Me gustaría mucho contarle una anécdota, pero no debe interrumpirme, porque es demasiado bonita como para hacerlo. Estando yo en Londres, a principios de los 40 cenaba yo en el Saboy con un grupo de gente selecta, y a mi lado se sentaba una mujer bellísima, tanto como usted. Mientras cenábamos y caían las bombas, hablábamos de Hitler y le comparábamos con Napoleón. Todos decíamos cosas acertadas, y luego, de repente, aquella mujer habló y dijo que lo único que no le molestaba de Hitler era cómo trataba a los judíos. Naturalmente todos nos lanzamos contra ella, aunque en aquella mesa no había ningún judío, pero ella insistía. En fín, ella empezó a decir lo que opinaba de todo aquello, y que si pudiera los mataría a todos, quemándolos en hornos, igual que Hitler. Todos nos quedamos en silencio. Hasta que yo, dirigiéndome a ella le dije: señora, le aseguro que he cenado con alguna de las zorras más asquerosas de mi época, y he cenado con alguna de las zorras más asquerosas del mundo entero, pero usted, señora, es la zorra más asquerosa de todas. En fin, ella se levantó para irse, tropezó con una silla y cayó al suelo y... todos seguimos sentados. Nadie movió un dedo para ayudarla. Y al final cuando pudo levantarse, le dije una vez más: usted, querida, es la zorra más asquerosa con la que he cenado jamás. ¿Y sabe qué ocurrió? Al día siguiente ella fue a denunciarme a la embajada americana, y me llamaron para reñirme. Y luego cuando investigaron, averiguaron que ella era un agente alemán, y la detuvieron. ¿Qué le parece?
- ¿Por qué me ha contado esa anécdota?
- Pues... no sé. No es que crea que es usted un agente alemán, querida. Pero esta noche... tenía ganas de decirle a usted lo mismo, y no quería que pensara que no lo había dicho nunca. Usted señora es la... bueno, ya conoce el resto.
pachu 
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| 17 de 20 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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jastarloa
Madrid (España)
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Su valoración:  |
31 de Octubre de 2005 |
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Para mí, prácticamente a la altura de las mejores de Eastwood. Quizás sea porque me interesa más de lo normal el cine que habla de cómo se hace el propio cine, pero incluso gustará a los que esto les da igual.
La música acompaña perfectamente, la fotografía es más oscura de lo que podría esperarse para una historia ambientada en África y el Eastwood actor cambia sorprendentemente de registro para meterse en la piel de un John Huston (bueno, aquí le han cambiado los apellidos a todos los protagonistas, supongo que para evitar problemas con los derechos) gamberro, ocurrente, obsesivo... bordeando la locura.
jastarloa 
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| 15 de 18 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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vircenguetorix
Córdoba (Argentina)
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Su valoración:  |
6 de Diciembre de 2009 |
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“Cazador blanco, corazón negro” siempre ha sido una de las películas más discutidas por los seguidores de Clint Eastwood. Conozco (y seguro que ustedes también) a verdaderos valedores de esta obra, hasta el punto que la consideran en la plana mayor del cine de Clint. Yo creo que no, que es una película con atractivos sin lugar a dudas. Diálogos, fotografía, interpretaciones (grande Eastwood) y buenas intenciones son suficientes motivos ya, pero resulta blanda cuando quiere ser dura, y viceversa.
Las películas del cine dentro del cine suelen ser necesarias, algo endogámicas y sobre todo hacen buenas taquillas. Pero son pastiches. Yo no me creo que esté viendo ni a John Huston, y lo que es peor, a nadie del reparto de “La reina de África”. La moraleja y aprendizaje también sobraba. Huston sólo aprendió una cosa en su vida, que el whisky de doce años era cojonudo.
Lo bueno de Eastwood es que no puede ni quiere quedar bien con todos, la película incluye un alegato en favor de los negros, los judíos y un cierto aire ecologista. Sin embargo no puede evitar ser profundamente machista. Han pasado veinte años, ahora no se le ocurriría.
vircenguetorix 
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