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Críticas de "Cazador blanco, corazón negro"
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| 11 de 11 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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jastarloaoroz
Madrid (España)
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Su valoración:  |
31 de Octubre de 2005 |
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Para mí, prácticamente a la altura de las mejores de Eastwood. Quizás sea porque me interesa más de lo normal el cine que habla de cómo se hace el propio cine, pero incluso gustará a los que esto les da igual.
La música acompaña perfectamente, la fotografía es más oscura de lo que podría esperarse para una historia ambientada en África y el Eastwood actor cambia sorprendentemente de registro para meterse en la piel de un John Huston (bueno, aquí le han cambiado los apellidos a todos los protagonistas, supongo que para evitar problemas con los derechos) gamberro, ocurrente, obsesivo... bordeando la locura.
jastarloaoroz 
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| 12 de 14 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Taylor
Terrassa (España)
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Su valoración:  |
23 de Enero de 2008 |
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Clint Eastwood protagoniza, dirige y produce esta original película de aventuras que alterna con gran destreza y perspectiva una singular recreación de los prolegómenos del rodaje de “La Reina de África” y la obsesión de su realizador por cazar un elefante de portentosos colmillos en plena sabana africana.
No se trata, propiamente, de la típica visión del cine a través del cine aunque, desde luego, los contratiempos en el rodaje y las pullas verbales entre John Wilson (Clint Eastwood), un veterano realizador de vuelta de todo, y los miembros de su equipo no tienen desperdicio. Sin embargo, me gustaría hacer especial hincapié en la extraordinaria construcción del personaje inspirado en John Huston que modela Eastwood. Nadie mejor que un excelente actor reconvertido a mejor director, si cabe, para encarnar a uno de los cineastas norteamericanos de mayor personalidad y carácter. Las prerrogativas de este socarrón, caradura, cabezota, excéntrico, bravucón, mujeriego y bon vivant encuentran en la figura de Huston y en la interpretación de Eastwood la cabida necesaria para desplegar el carisma y la genialidad de todo un personaje. Un tipo que siempre, o casi siempre, supo cómo, cuándo y dónde disparar. Con la cámara, por supuesto.
Taylor 
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| 17 de 25 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Bloomsday
Alicante (España)
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Su valoración:  |
11 de Marzo de 2008 |
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Piel gruesa, coriácea, enorme y árida probóscide y marfil de dos metros. Seis toneladas de bicho, seis toneladas de músculo adherido a un barril de costillas y entrañas; un abdomen como cuatro sacos de dormir cosidos con piel; un corazón con ojos de buey en lugar de válvulas, de cadencia de latido pausada, señorial; enormes fuelles intercostales capaces de resoplar un tornado.
Con una licencia se podía conseguir que ese enorme mamífero, ese pedazo de vida pura y salvaje que llena con litros de espuma sanguinolenta el vacío, cayera de costado, se desplomara, mientras la tierra se retuerce en un quejido de infrasonidos.
Huston siempre rodó así, matando elefantes. No es accidental que él adaptara Moby Dick al cine, pero sí es una fascinante casualidad. Se fue al Congo para buscar la casualidad que le permitiera apurar la vida que le había sido concedida. Y, una vez allí, la eventualidad de su afición al whisky probablemente le salvó de caer enfermo de disentería durante el rodaje.
También fue casualidad, que no causalidad, que La reina de África le saliera, después de todo, tan entretenida y encantadora. Pero es que el cine clásico era así muchas veces, y en el caso particular de Huston también. En realidad el cine, con tantos brazos y piernas, tantos egos entrelazados y tanto dinero de por medio, es algo tan complejo de equilibrar y sazonar que no es extraño que las buenas películas salgan un poco por talento y un poco porque sí.
Claro, que si vas a rodar a África para montarte un safari y correrte una cogorza constante con Humphrey Bogart entonces no precisas un azar cualquiera, no, sino una de esas mastodónticas casualidades que también le salvaron el culo a Michael Curtiz.
Y así jugaba al cine Huston, con la ruleta rusa de Raoul Walsh y Howard Hawks, para devorar la vida y dar rienda suelta a la necesidad salvaje de moldear la figura del perdedor que tanto le obsesionaba. Como Errol Flynn, Hemingway y tantos otros, John Huston apuró sus días entre elefantes, boxeo, alcohol, ironía, literatura y cine. Plenamente consciente de que, ya que la muerte es lo único predecible, esto de vivir consiste en cazar casualidades.
Y, si se ponen a tiro, elefantes.
Bloomsday 
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| 6 de 7 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Sinceramente, tras terminar de ver esta película, lo primero sobre lo que se me ocurre hacer referencia es acerca del gusto que produce ver una película en la que los personajes, y en especial el principal, están tan bien desarrollados, lo suficiente como para comprender perfectamente a cada uno, mediante una pasmosa fluidez y, además, transmita con ello una idea trascendente sobre la cual reflexionar.
Si a esto sumamos las, para mí, muy buenas interpretaciones, el argumento lo podéis consultar en culaquier parte, así que sólo me queda recomendarla a cualquiera que se interese por ella.
el señor howard 
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| 5 de 6 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Edgar
Pamplona (España)
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Su valoración:  |
29 de Enero de 2006 |
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Magnífica y original historia basada en los momentos previos al rodaje de la famosa película de John Huston "La reina de África". Clint Eastwood produce, dirige y protagoniza esta pequeña joya, cuyo punto más fuerte es el brillante guión, que mezcla de forma inteligente drama y aventura, aderezado con sutiles y oportunos momentos de humor, de forma que la narración, además de su sobriedad, nunca se hace monótona. El tratamiento de los personajes está bien cuidado, otorgando a cada uno de ellos la profundidad necesaria en función de su importancia en la película. Y cómo no, la ambientación está mimada al detalle, tanto en la tranquilidad de la campiña inglesa como en la exhuberancia del tupido paisaje africano. Clint Eastwood se ha convertido en uno de los pocos clásicos que continúan con vida, capaz de generar obras de arte de cualquier guión que cae en sus manos; y "Cazador blanco, corazón negro" no ha sido una excepción.
Edgar 
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