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| 26 de 26 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Servadac
Madrid (España)
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Su valoración:  |
4 de Enero de 2010 |
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Para narrar la trayectoria que va del punto A hasta el punto B, la convención formal señala que es preciso mostrar uno o dos puntos intermedios.
David Lynch, en sus mejores cintas, suprime los enlaces. Nos muestra el punto A y el punto B, desordenados y desnudos. Nace así su imagen pura, heredera de Hitchcock. Fascina y desconcierta. Los analistas de historias reciben un rompecabezas cuya resolución procura un placer tibio. Los sensuales, reciben el don de la ebriedad, placer en vena ilimitado. Los hay, naturalmente, que declinan entrar en ese juego; bostezan y se salen de la cinta.
Para narrar la trayectoria que va del punto A hasta el punto B, Béla Tarr nos muestra todo el intervalo. El camino es irreducible a sus momentos decisivos. No puede resumirse. Cada paso, aislado, es irrelevante. Pero imprescincible para conocer la suma total del recorrido.
David Lynch nos ofrece el resultado de la suma, apuesta por la intensidad. Béla Tarr nos dice que la suma es una serie inacabable de momentos repetidos. Apuesta por el círculo fatal.
Lynch retrata noblemente nuestra angustia. Tarr ofrece cabalmente la desolación.
Aunque, de momento, disfruto más con el primero, ambos extremos me complacen.
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Sátántangó es el mar en el que desemboca la corriente algo menor de ‘La condena’. Es el retrato de la espera indefinida. Una espera tan antigua como el hombre, tan bíblica como el diluvio universal. Tan triste y tan anciana como el mundo.
Tarr se pregunta en esta cinta: ¿Cuál es la línea que separa el cielo de la tierra, lo oscuro de la luz? ¿Qué diferencia al hombre de la bestia?
(El resto de la crítica puede contar partes de la película)
Ver todo
spoiler: [Animales]
Las vacas, los granjeros.
Los caballos pulcros en un escenario palaciego. La jerarquía dominante.
El vigilante, preso dentro de sí mismo. El cerdo que se observa en la ventana.
El gato maltratado está en la propia niña que lo inmola y se suicida.
En un primer momento, pensamos que Irimías es Satán. Pero no es cierto. Es sólo su profeta. Satán es el trabajo lento y silencioso de la araña. Como Moisés, el tartamudo, tiene un defecto en la dicción (un leve ceceo). Utiliza la muerte de la niña para embaucar al auditorio de granjeros.
Los cazadores de hombres son burócratas.
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En lo visual, abundan los huecos, las ventanas. En un principio, con visillos, como si hubiera algo que esconder. Después, sólo cristal. Y, finalmente, agujeros abiertos. Los interiores, umbríos, hacen que, por sobreexposición, las oquedades de luz parezcan deslumbrantes. ¡Hay luz al otro lado!
Pero al otro lado reina la misma oscuridad, grisácea e indolente.
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[Dos secuencias]
1) El doctor vigilante, en su odisea para llenar la garrafa de brandy de frutas, se desvía. Visita a dos prostitutas de las que era cliente habitual. No hace nada con ellas y se marcha. ¿Para qué ese desvío con lo que le cuesta al hombre dar un paso?
Al ir, vemos un agujero (una trampilla) de la que salen unas voces. Pensamos: ¿qué será? Tras un rodeo penoso, el doctor llega al otro lado. Al otro lado están charlando las dos putas. Vemos, de nuevo, el hueco (la trampilla). Eso es lo que hay al otro lado. Tanto si nos situamos a un lado como al otro del misterio, el misterio siempre queda en la otra parte. Y en un mundo sin Dios, la nada es el misterio.
2) Una toma circular y cenital en la que se nos muestra a los granjeros dormidos mientras una voz en off nos dice lo que sueñan.
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¿Cómo hacer que el espectador se olvide de la historia y se sumerja en la pureza del sonido y de la imagen?
Lynch marea y descoloca los fragmentos.
Tarr hace justo lo contrario. Reduce la historia a un mínimo pretexto argumental (se puede resumir en una sola línea: Irimías, en connivencia con la autoridad, engaña y estafa a un puñado de granjeros, que serán previsiblemente encarcelados) y estira el tempo de la narración. Como consecuencia, la historia se ahoga en el mar de metraje y nos centramos en la imagen y el sonido.
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Suena la campana en una iglesia. Un individuo grita: ¡Que vienen los turcos, que vienen los turcos! (Ha de entenderse: los infieles).
La exclamación es irónica. En un mundo sin Dios, qué más dará que vengan los infieles. En un mundo sin Dios, Satán lo ocupa todo. Tarr lo resume con la imagen de un páramo encharcado, semejante a la tela de una araña.
Entonces, ¿la única salida es la embriaguez?
El último fragmento se titula ‘No hay salida’.
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El vigilante tapia la ventana y se hace la completa oscuridad.
[Para Cris, Raquel y Luis. Gracias, Félix]
Servadac 
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| 22 de 22 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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helen
Madrid (España)
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Su valoración:  |
3 de Enero de 2010 |
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Mi primera vez con Béla Tarr y ha tenido que ser la de los 450 minutos.
No se puede hacer una crítica de semejante película; sólo esbozar pequeñas pinceladas de un inmenso puzzle entretejido por infinidad de pequeños detalles que no puedes perderte, lo que supone estar atenta a cada fotograma para seguir el hilo de una historia que ya de por sí es prácticamente inexistente. Y el esfuerzo que supone es mastodóntico.
Sátántangó nos cuenta la historia de seducción y tortura (¿voluntaria?) de una docena de campesinos de una granja de mierda húngara por parte del mandamás administrador y sus secuaces. Seducción, porque se dejan engañar con promesas vacías; tortura, porque cada intento de rebelión es sofocado por Irimiás (¿Jeremías?), el del pico de oro, que con un par de palabras hace sentir a los pobres campesinos como mierda indigna de manchar sus botas.
Detalles a destacar: La narración desde diferentes puntos de vista. La trampa del tratamiento de la luz interior y exterior. La riquísima fisonomía de los actores. El plano de las vacas, que será todo lo aburrido que queráis pero es una metáfora genial de esos infelices granjeros. El capítulo de la niña y el gato. La conversación entre Irimiás, Petrina y el Capitán. El plano de la basura volando y acompañando a los 3 villanos. El tratamiento del sonido en cada aparición del Doctor. La puñetera lluvia que ocupa un 80% del metraje y te cala los huesos. El peculiar humor húngaro, del que decir negro es poco. Lo bien que comen los ricos. Nuestro particular Satán, un tipo con buena planta, atractivo, poeta, profeta vocacional y que, además, cecea.
Tiene que ser una gozada no depender de exigencias comerciales, no tener que ceñirte a los 120 minutos que marca el guión y el productor y rodar lo que te salga de las narices porque tienes todo el tiempo y medios del mundo. Barra libre abierta (y no sólo de alcohol).
Un 7, un punto por cada hora de película. Es lo justo. Acabarla es el mayor reto, sólo para poder contarle a los nietos "yo vi una película húngara de 7 horas y media sin echar una sola cabezada". Y es cierto, hay testigos.
Al final van a acabar por volverme una gafapasta. Y lo que es peor, me acabará gustando.
(El resto de la crítica puede contar partes de la película)
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spoiler: Sí, eso va por vosotros. Cuanto más gafapasta se sea, más se disfruta con Sátántangó. Y más aprendemos las novatas.
El título también se aplica al espectador.
helen 
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| 22 de 23 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Lupo
Madrid (España)
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Su valoración:  |
3 de Enero de 2010 |
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En nuestra civilización el tiempo es oro. Paradigma de la acción: cerrar un negocio lucrativo mirando al reloj. Se deben alcanzar los objetivos por el camino rápido, atajando en línea recta. Así se asegura el provecho, lo rentable, la productividad.
Pues bien, dejando tal noción fuera de combate ya con el plano inicial, los ocho minutos dedicados a mostrar cómo unas vacas salen de la cuadra, Bela Tarr deja claro que no pretende un producto industrial.
Los personajes (los torpes campesinos y todos los demás, en especial el inflado doctor, que vive pegado a una garrafa de brandy de frutas) beben sin cesar destilados de alta graduación. Esa creciente embriaguez es la misma para lo temporal: no se escatima ni ahorra; se dispone del tiempo como de un continuo ilimitado, indivisible y eterno. Según un personaje, es en la Eternidad donde los actos cobran valor y deben justificarse, no en la temporalidad parcial y rasante del mundo humano.
Rige la película un Tiempo circular, en constante ramificación multidireccional. Las escenas vuelven, a través de otros ojos, entrecruzándose las perspectivas.
La narración se extiende seca, sin apoyo poético, a todo lo ancho sobre la llanura desolada, sus árboles pelados y sus barrizales, sus perros tiñosos y sus cristales rotos, hasta atrapar su triste espíritu, con procedimiento rigurosamente materialista, de fisicidad en ocasiones agobiante (respiración asmática, eructos y borborigmos, lluvia constante que cuela humedad por las rendijas, y se diría que también por los bordes de la pantalla), pero espíritu al fin, presente, con la consiguiente conmoción.
Asoma en la profundidad perpendicular de los planos: esas ventanas al fondo de una larga estancia oscura, esos edificios remotos que se alcanzan tras larga caminata, el espectador a la espalda, acompañando al personaje; esos primerísimos planos que pronto derivan en hondos retratos…
Desmantelado el régimen comunista, el paternalismo estatal da paso a una nueva forma de dominación por la misma casta de burócratas y allegados: turbios agentes del poder que en privado proclaman abiertamente un nietzscheano discurso sobre señores y siervos, aplicado en ingeniería social siniestra, tan desalmada que el punto satánico incluido en el título no obedece a exageración.
Se podría objetar que alguna de las doce secciones es irregular (sí, pero no excéntrica), y que alguna de las escenas se prolonga en exceso, pero es que el manejo de lo temporal es ya desde el principio puro exceso, prodigalidad dionisíaca, derroche orgiástico.
Puestos a tomarse todo el tiempo del mundo hasta la embriaguez total, ¡para qué reducir de siete a seis horas, aplicando criterios económicos a costa de romper casi seguro el ritmo despacioso del tango magiar!
Esa entrada del ahorro lo volvería aún más satánico.
(El resto de la crítica puede contar partes de la película)
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spoiler: Se ha hablado de humor negro a propósito de esta película.
Negra lo es a raudales, pero el humor… como no esté en que más de un personaje se ponga a dormir durante varios minutos, y a roncar incluso, o a orinar sonoramente avanzada la proyección, o a comer a dos carrillos hacia el final, cuando el público empieza a sufrir el síndrome de la clase turista y a padecer toda suerte de penalidades corporales…
Pero la delegación de FilmAffinity en la sala, compuesta por Helen, Servadac, Neathara y el que suscribe, resistió heroicamente las provocaciones, con los ojos bien abiertos y las tripas en calma.
Lupo 
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| 22 de 29 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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I)
«Devastadora, fascinante a cada minuto de sus siete horas. Yo me alegraría verla cada año para el resto de mi vida.» —Susan Sontag (1933 – 2004)
Lo había intentado en numerosas ocasiones: para alcanzar el éxtasis de las siete horas y media del cine más puro hay que empezar aguantando su primera hora. ¿Simple? Pues va a ser que no. Siempre se repetía la misma historia. Me recordaba a mí mismo a Phil Connors repitiendo una y otra vez el día de la marmota hasta que con mis ronquidos llegaba un nuevo y repetido día en compañía del director húngaro.
El inicio me provoca terror: esas vacas mugiendo que caminan lentamente seguidas por un interminable travelling. Deberían ser ovejas para facilitar las cosas y poder contarlas.
Son posiblemente los mejores actores que ha encontrado Tarr. Más tarde un lavado de conejo parecía que podía despertarme… pero, de repente, los personajes comienzan a hablar y yo empiezo… a dormirme…. a dormir-zzzZ-zzz-me-ZzZ.
II)
«¿Qué es el tempo? ¿Béla Tarr en movimiento?» —Maldito Bastardo (†)
Antonioni habló sobre la alienación urbana contemporánea, el malestar existencial, la incomunicación, la soledad en esas tres odas: la antinarración de “La aventura”, “La noche”, “El eclipse”. Alcanzó un estatus de maestro universal.
Yo me aburrí como una ostra.
Tarkovski alcanzó la pureza esculpiendo el tiempo, sobrepasando la belleza del plano secuencia y aplastando la narrativa cinematográfica fijando el tiempo. Todos sus caminos “Andrei Rublev”, “Solaris”, “El espejo”, “Stalker”, “Nostalghia” conducirían a un voluntario exilio de su mayor obra “Sacrificio”.
Yo me aburrí como una ostra con todas ellas.
Oliveira empezó, bajo la influencia de Robert Flaherty, se labró en el documental, le añadió la teatralidad, los planos interminables, los diálogos fabricados a fuego lento, modeló el cine contemporáneo.
Yo me aburrí como una ostra.
III)
Después de intentar encontrar los secretos de la teoría cinematográfica en miles de películas uno se pregunta si esos lienzos sin apenas rastro de trazos pueden ser un notable talento o morro.
Arte en estado puro, diarrea catatónica, nuevo tótem de las gafas de pasta gruesa, el nuevo Mesías, es el epicentro del arte, del cine. Opto por la primera de las opciones: Tarr me ha demostrado que su cine es puro, insobornable. Calificar una película como “Sátántangó” es completamente injusto: es el choque explosivo del paroxismo y la quietud, del arrebato y el máximo equilibrio ¿La perfección? Posiblemente. Puede que estas bases funcionen en otras películas que me encantan. Pero esto es una sobredosis directa de la que me costará recuperarme. Aunque no lo pondré contar hasta dentro de doce años… tiempo en el regrese a las siete horas y media más duras que he visto en mi vida. Simplemente “Sátántangó” no es mi cine pero sí el de muchas ostras.
Maldito Bastardo 
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| 16 de 20 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Neathara
Algo huele a podrido en el reino de (Dinamarca)
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Su valoración:  |
4 de Enero de 2010 |
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CLERKS
Randal.- Todos esos inocentes animales mueren. Son bajas de una campaña que no les atañe. Ponte en su lugar: tú eres una vaca húngara pastando feliz en tu pueblo y el gobierno viene y y se lleva a todos los humanos. Tienes tus terneritos y un corral apetecible. De repente, desaparece todo el mundo y te dejan ahí tirada. A ti ni te va ni te viene, no tienes ideas políticas. Sólo quieres pastar y que te ordeñen...
RAMBO II: ACORRALADO
"Si quieres sobrevivir a siete horas de película sobre campesinos húngaros, conviértete en campesino húngaro"
EL SEXTO SENTIDO
"En ocasiones, veo películas de Béla Tarr"
ALTA FIDELIDAD
"¿Quiere una película de Béla Tarr para su hija? ¿Es qué su hija está en coma?"
PULP FICTION
—¿Sabes cómo le dicen al guiso de carne con patatas de toda la vida en húngaro?
—¿No le dicen ragut?
—Eso es en Italia, zoquete..
—¿Entonces, cómo lo llaman?
—Le llaman... "Gulash".
—Pero Hungría no tiene salida al mar.
—¿Y qué tienen que ver las churras con las merinas?.
—¿Pero tú has ido alguna vez a Italia?
—Desde luego que no. Y además soy vegetariano, hijoputa.
DRACULA DE BRAM STOKER
"He cruzado tres planos secuencia con travelling circular de quince minutos cada uno para encontrarte"
FUNNY GAMES
[Escena doble: los crímenes suceden en un interior oscuro. Al otro lado de la partición de tres que conforman marco, puerta y ventana, se ve pastar una vaca. Húngara, por supuesto. Arno Frisch mira a la vaca. La vaca mira a Arno Frisch. Diez minutos para reflexionar sobre el trágico sentido de la existencia y hacer pipí]
WOODY ALLEN
"Nietzsche dice que nosotros viviremos la misma vida nuevamente. ¡Dios!, yo tendré que ver de nuevo Sátántangó"
(El resto de la crítica puede contar partes de la película)
Ver todo
spoiler: TERMINATOR
"Zayonara, baby"
Neathara 
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