Corazón de cristal
1976 

6,3
1.034
Drama
Siglo XVIII. En un pequeño pueblo de Baviera cuya población vive de la fama del cristal de rubí elaborado con una antigua técnica secreta, muere el maestro cristalero sin revelar el secreto a su aprendiz. El nuevo encargado de la factoría acude entonces a un pastor con fama de visionario para que le desvele el secreto. (FILMAFFINITY)
24 de diciembre de 2005
24 de diciembre de 2005
31 de 32 usuarios han encontrado esta crítica útil
Producida, coescrita y dirigida por Herzog, se inspira en una leyenda bávara tradicional. Obtuvo el premio de la crítica alemana y la Cinta de oro a la mejor fotografía.
La acción tiene lugar, en los primeros años del XVIII (antes de la revolución Industrial), en una pequeña aldea bávara, cuya economía se basa en la producción de vidrio soplado de color rojo rubí. Narra la historia colectiva de una aldea dedicada a la producción de objetos de vidrio rojo, que se ve sacudida por el fallecimiento repentino del maestro cristalero, que guardaba en la memoria el secreto de la fórmula del color. Ante la imposibilidad de recuperarla, el propietario del taller solicita a un pastor, Ilias (Josef Bierbichler), visionario y profeta, que trate de recuperar con sus medios la fórmula perdida. Puesto a la labor, no logra dar con ella, pero entrevé el futuro de los aldeanos y de la aldea. La película evoca las consecuencias que tendrá para la vida rural y la producción artesanal la inminente revolución industrial y la emergencia de una sociedad basada en los servicios, nuevas tecnologías y nuevas fuentes de energía. La emigración del campo a la ciudad y de Europa a América se anticipa como un fenómeno próximo e inexorables. El trance que se vive en el lugar mientras los aldeanos se debaten entre la sorpresa, el estupor, la incertidumbre, el imparable declive económico, el desánimo y el futuro apocalíptico que anuncia Ilias, constituye el eje de la narración. En este caso, el protagonista no es un personaje individual, sino una colectividad que se encuentra perdida entre un pasado irrecuperable y un futuro imprevisible. Al hilo del relato, el autor construye una alegoría de gran belleza y de gran profundidad conceptual. Se refiere no tanto a la revolución industrial como al presente de los años 70, dominados por la Guerra fría, el equilibrio del terror asociado a la capacidad de destrucción masiva de las dos superpotencias (EEUU y URSS), la crisis del petróleo de 1973-77 y los avances de la ingeniería espacial.
La música corre a cargo del grupo Popol Vuh ("Aguirre", "Fitzcarraldo", "Cobra verde"), que compone fragmentos de aires germánicos y tiroleses, que acentúan el clima de angustia y desavarío colectivo. La fotografía se inspira en la estética del claroscuro, en la que destacaron los pintores alemanes clásicos. Predominan las escenas nebulosas y oscuras que suscitan sentimientos de opresión y temor. El guión se detiene en la descripción del mundo interior de unos aldeanos que transitan de la incredulidad a la locura. La interpretación, apoyada en la aplicación de hipnosis a los actores, salvo al pastor Ilias, crea una atmósfera palpable de enajenación que absorbe y perturba. La dirección construye una historia fascinante, muy potente conceptualmente y estéticamente.
Película de gran belleza, de extraordinaria fuerza y de indiscutible actualidad. Es una obra excelente, original y de notable interés cinematográfico.
La acción tiene lugar, en los primeros años del XVIII (antes de la revolución Industrial), en una pequeña aldea bávara, cuya economía se basa en la producción de vidrio soplado de color rojo rubí. Narra la historia colectiva de una aldea dedicada a la producción de objetos de vidrio rojo, que se ve sacudida por el fallecimiento repentino del maestro cristalero, que guardaba en la memoria el secreto de la fórmula del color. Ante la imposibilidad de recuperarla, el propietario del taller solicita a un pastor, Ilias (Josef Bierbichler), visionario y profeta, que trate de recuperar con sus medios la fórmula perdida. Puesto a la labor, no logra dar con ella, pero entrevé el futuro de los aldeanos y de la aldea. La película evoca las consecuencias que tendrá para la vida rural y la producción artesanal la inminente revolución industrial y la emergencia de una sociedad basada en los servicios, nuevas tecnologías y nuevas fuentes de energía. La emigración del campo a la ciudad y de Europa a América se anticipa como un fenómeno próximo e inexorables. El trance que se vive en el lugar mientras los aldeanos se debaten entre la sorpresa, el estupor, la incertidumbre, el imparable declive económico, el desánimo y el futuro apocalíptico que anuncia Ilias, constituye el eje de la narración. En este caso, el protagonista no es un personaje individual, sino una colectividad que se encuentra perdida entre un pasado irrecuperable y un futuro imprevisible. Al hilo del relato, el autor construye una alegoría de gran belleza y de gran profundidad conceptual. Se refiere no tanto a la revolución industrial como al presente de los años 70, dominados por la Guerra fría, el equilibrio del terror asociado a la capacidad de destrucción masiva de las dos superpotencias (EEUU y URSS), la crisis del petróleo de 1973-77 y los avances de la ingeniería espacial.
La música corre a cargo del grupo Popol Vuh ("Aguirre", "Fitzcarraldo", "Cobra verde"), que compone fragmentos de aires germánicos y tiroleses, que acentúan el clima de angustia y desavarío colectivo. La fotografía se inspira en la estética del claroscuro, en la que destacaron los pintores alemanes clásicos. Predominan las escenas nebulosas y oscuras que suscitan sentimientos de opresión y temor. El guión se detiene en la descripción del mundo interior de unos aldeanos que transitan de la incredulidad a la locura. La interpretación, apoyada en la aplicación de hipnosis a los actores, salvo al pastor Ilias, crea una atmósfera palpable de enajenación que absorbe y perturba. La dirección construye una historia fascinante, muy potente conceptualmente y estéticamente.
Película de gran belleza, de extraordinaria fuerza y de indiscutible actualidad. Es una obra excelente, original y de notable interés cinematográfico.
17 de enero de 2007
17 de enero de 2007
11 de 16 usuarios han encontrado esta crítica útil
El porqué a veces los parlamentos discurren lentos o la actuación parece artificiosa o desconcertante es que todos los actores, excepto el visionario pastor, están hipnotizados! El objetivo: un ambiente onírico y alucinante.
23 de febrero de 2013
23 de febrero de 2013
6 de 7 usuarios han encontrado esta crítica útil
Uno de los films más complejos de Werner Herzog (junto con “Los Enanos Empezaron pequeños” (Auch Zwerge haben Klein Angefangen, 1970) o la reflexiva “Fata Morgana” (1970)) por su puesta en escena apadrinada por unos diálogos poéticos que acuñan el estado de ánimo de una pequeña comunidad rural que sobrevive a la artesanía elaborada del vidrio partiendo de la extracción de pequeñas y frágiles joyas elaboradas con el color rojo del rubí. Pero nadie sabe de la fórmula, solo el maestro elaborador que fallece repentinamente y desata la locura entre el resto de sus habitantes que ven peligrar su situación. Acuden a Hias (Josef Bierbichler) un ermitaño de la zona, que con sus profecías preconiza el inicio de una nueva era que puede llevarlos al exilio o a su tumba frente a unos hechos irreversibles. Porque ha llegado una época de cambios y no hay lugar para los débiles.
La actitud del hombre hacia la modernización y el progreso desde una perspectiva psicológica muy profunda animó al realizador alemán de “El Enigma de Kaspar Hauser” (Jeder Für Sich und Gott gegen alle, 1974) a recurrir a un método que creía perfeccionista para que la mayoría del elenco de actores que intervienen en “Herz aus Glas” fueron sometidos en algunas escenas a estado de hipnosis para recalcar su catarsis a una situación que problema indefensos y a una inamovible posición de no afrentar el futuro. El personaje del amo de la fábrica (interpretado por Stefan Güttler) es el que destaca más al demostrar una actitud que va más allá de la locura, muy cercano al Lope de Aguirre de “Aguirre la Cólera de Dios” (Aguirre der zorn Gottes, 1972) cuando anima a sus trabajadores a lanzar cristal de ribí fabricado al lago más cercano y teñir sus aguas e insinuando que su color funcionaria también con la sangre humana.
Pero por encima de todo es una película narrada con verso, no apta para público impaciente y no familiarizados con el “cine de Autor”, que en ese momento Herzog era uno de los renovadores del nuevo cine de su país.
La actitud del hombre hacia la modernización y el progreso desde una perspectiva psicológica muy profunda animó al realizador alemán de “El Enigma de Kaspar Hauser” (Jeder Für Sich und Gott gegen alle, 1974) a recurrir a un método que creía perfeccionista para que la mayoría del elenco de actores que intervienen en “Herz aus Glas” fueron sometidos en algunas escenas a estado de hipnosis para recalcar su catarsis a una situación que problema indefensos y a una inamovible posición de no afrentar el futuro. El personaje del amo de la fábrica (interpretado por Stefan Güttler) es el que destaca más al demostrar una actitud que va más allá de la locura, muy cercano al Lope de Aguirre de “Aguirre la Cólera de Dios” (Aguirre der zorn Gottes, 1972) cuando anima a sus trabajadores a lanzar cristal de ribí fabricado al lago más cercano y teñir sus aguas e insinuando que su color funcionaria también con la sangre humana.
Pero por encima de todo es una película narrada con verso, no apta para público impaciente y no familiarizados con el “cine de Autor”, que en ese momento Herzog era uno de los renovadores del nuevo cine de su país.
16 de mayo de 2010
16 de mayo de 2010
5 de 6 usuarios han encontrado esta crítica útil
Herzog es un poeta con las palabras y con las imágenes.
Nos va a contar una historia a través del lenguaje metáforico. Debido a la utilización de ese lenguaje nos encontramos con escenas hilarantes, raras o absurdas, en el límite entre la genialidad y el cine de serie B, pero todas las escenas encajan en el sentido del film. Herzog emplea la poesía para hablar de los temas mas trascendentales, desde la vida, la muerte, el paso del tiempo y reflexiona sobre el papel del hombre en la vida, sus aspiraciones, sus percepciones, como nos afectan los cambios etc. siempre acompañado de ese tono pesimista característico en Herzog.
Werner Herzog es una rara avis en el cine que merece la pena disfrutar, porque explica cosas que nos importan a todos desde un estilo muy personal
Nos va a contar una historia a través del lenguaje metáforico. Debido a la utilización de ese lenguaje nos encontramos con escenas hilarantes, raras o absurdas, en el límite entre la genialidad y el cine de serie B, pero todas las escenas encajan en el sentido del film. Herzog emplea la poesía para hablar de los temas mas trascendentales, desde la vida, la muerte, el paso del tiempo y reflexiona sobre el papel del hombre en la vida, sus aspiraciones, sus percepciones, como nos afectan los cambios etc. siempre acompañado de ese tono pesimista característico en Herzog.
Werner Herzog es una rara avis en el cine que merece la pena disfrutar, porque explica cosas que nos importan a todos desde un estilo muy personal
7 de junio de 2021
7 de junio de 2021
3 de 3 usuarios han encontrado esta crítica útil
Le pongo pasable, por algunas escenas de paisajes, sobre todo hacia el final, pero la historia es de un desnortado, además pretencioso, que aburre. No sé de dónde se ha sacado que el pastor vidente anuncia la Revolución industrial. Más bien parece el Apocalipsis o yo qué sé.
Alguien señala como valor que los actores trabajan hipnotizados. No viene para nada a cuento: como si hubieran salido todos con una nariz postiza.
Abundan las escenas oscuras, donde todos los gatos son pardos.
Reconozco que Herzog nunca me ha gustado, ni siquiera en películas más digeribles. Veo un afán de originalidad (el nuevo cine alemán, se decía) que ha quedado en muy poco. Pero, en fin, hay gustos para todo y aquí se salva con un 6,4 que me temo animará a ver este truño germánico.
Alguien señala como valor que los actores trabajan hipnotizados. No viene para nada a cuento: como si hubieran salido todos con una nariz postiza.
Abundan las escenas oscuras, donde todos los gatos son pardos.
Reconozco que Herzog nunca me ha gustado, ni siquiera en películas más digeribles. Veo un afán de originalidad (el nuevo cine alemán, se decía) que ha quedado en muy poco. Pero, en fin, hay gustos para todo y aquí se salva con un 6,4 que me temo animará a ver este truño germánico.
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