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| 15 de 19 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Archilupo
Llanes (España)
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Su valoración:  |
3 de Abril de 2010 |
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En vehemente alegato contra la pena de muerte, la quinta película de la serie contrapone el homicidio salvaje y el legal, dos estilos de dureza, dos formas de lo mismo, cada una con sus características, tratadas con especial detenimiento por Kieslovski.
Un taxista sale del bloque de pisos para lavar su taxi, recreándose mientras tanto en los muslos de una adolescente que descarga cajas de fruta.
Un joven vagabundea por la parte vieja de Varsovia, el centro lleno de edificios monumentales y turistas. Hace un desplante a una anciana que le reprocha molestar a las palomas. Arroja café al cristal a través del cual le observan unas niñas.
Del encuentro de ambos personajes, taxista y joven, se deriva un crimen.
Y desde el principio un abogado bisoño y aturdido, que defiende insuficientemente al acusado, comenta el proceso en que se enjuicia ese crimen y se dicta sentencia.
Gran parte de la película está virada a un amarillo crudo, y filmada la imagen con lente distorsionadora. El efecto se hace hoy reiterativo y, desde el punto de vista estético, burdo y empobrecedor.
Por otra parte, el pasaje en que el reo abre su corazón al abogado tiene un tratamiento insólitamente naif y tendencioso.
Ambos defectos restan cierta calidad al episodio, ligeramente inferior al resto de la serie, a pesar de su marcada voluntad ética.
Archilupo 
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| 7 de 7 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Macarrones
Burgos (España)
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Su valoración:  |
9 de Noviembre de 2011 |
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Muy buena película, más ambiciosa que otras del ciclo, mejor hecha, más sentida. Todo se vuelve onírico. Kieslowki es más atrevido, mejor cineasta, incluso más gracioso. Hay un actor más que no aparece en los rótulos: la muerte. Grandes rostros. Aire desolado. Me encanta.
Macarrones 
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| 7 de 8 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Ennis
Madrid (España)
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Su valoración:  |
25 de Septiembre de 2008 |
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Kieslowski hace un retrato urbano opresivo con esos altos bloques de pisos (lugar común en todo el Decálogo) y ambiente gélido, en una condensación de la versión extendida (No matarás) que se estrenó en los cines atesorando más detalles, aunque aquí aparece la misma esencia.
El comienzo son, en boca del joven abogado, reflexiones sobre el sinsentido de la pena de muerte (¿Para qué una ley que castiga y no previene?), continuando, sin escatimar crudeza, hacia un amargo, desesperado y sobrecogedor alegato contra la pena capital y la sociedad que la aplica.
(El resto de la crítica puede contar partes de la película)
Ver todo
spoiler: Tras sus alegaciones durante el juicio (que no vemos en una contundente elipsis) el sensible abogado plantea a solas al juez dudas ante su propia defensa, a lo que éste le responde que ha sido la mejor posible y, en todo caso, debería haber contado con un juez mejor.
Ennis 
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| 7 de 9 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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aka IDIOT
No os mováis tanto, (Estados Unidos)
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Su valoración:  |
14 de Abril de 2009 |
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Dostoievski se sentiría orgulloso, por varias razones, por el homenaje que Kieslowski se marca en el quinto capítulo de la serie. Y es que el No matarás de la tradición bíblica fue llevado a la maestría literaria por el ruso y reinterpretado por el polaco tanto en este capítulo como en la película del mismo nombre, que si mal no recuerdo, utiliza gran parte de las imágenes de esta obra.
El punto de contacto más evidente entre las dos obras es el temático: sin razón aparente, Jacek acaba con la vida de un taxista, mientras que Raskolnikoff asesina a una usurera y a su hermana. Es el enfoque posterior del hecho el que resulta diferente, adecuado cada uno a su respectiva época, diríamos. Ninguna de las dos obras se centra en justificar la postura del asesino, ocultando las supuestas razones en un caso y relacionándolas con algún problema mental en el otro. Es más, la época contemporánea o más reciente que ambienta este capítulo del Decálogo hace necesaria la aparición de esa trama legal en la que el joven abogado asume su protagonismo encarnando un brillante final.
No es mi intención destripar ambas historias, pero los paralelismos están más que claros para aquellos que las hayan disfrutado (o aborrecido, que de todo hay por ahí suelto).
Por otra parte, es interesante mencionar un par de puntos que se alejan de esta comparación y engrandecen un poco más, a mi modo de ver, el resultado final de la película. En primer lugar, el lentísimo discurrir de las cosas sólo sale bien cuando es tratado con un sentido del ritmo bastante complejo de conseguir, Kieslowski es quien de hacer que todo fluya en su justa medida y mantener alerta al espectador mientras observa, por ejemplo, al taxista lavando el coche o cruzándose con personajes de los que nunca se va a saber más, ni falta que hace. A esto, supongo, ayuda en gran medida la faceta estética, pues cualquier amante de la fotografía puede encontrar durante el desarrollo de la hora escasa que dura el metraje (especialmente en la primera parte) estampas de gran calidad de encuadre, composición e iluminación, destacando un tratamiento del color que resulta llamativamente curioso. Un alarde técnico acorde con lo que se cuenta, pues pierde su protagonismo cuando es el drama ético quien gana terreno.
En mi opinión y de lo visto hasta ahora, lo mejorcito de este Decálogo lo podemos encontrar en su quinto capítulo.
PD: Hace ya unos meses que no avanzo en el libro de marras (100 páginas me deben de quedar) y el amigo Dostoiesvki pasa a engrosar mi lista de escritores rusos que no soporto (Chéjov y Tolstoi son los otros). Igual que en el cine, son plásticos y barrocos, pero eso me es más difícil de digerir tras las letras.
Hala, ya os podeis despachar conmigo a gusto.
aka IDIOT 
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| 5 de 5 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Demoledor alegato en contra de la pena capital realizado por Kieslowski en honor al quinto mandamiento: no matarás. Se aleja un tanto, salvo en contados planos, de los bloques grisáceos regentados hasta ahora por sus personajes, y nos mantiene en vilo todavía el personaje de Artur Barcis.
La primera parte del mediometraje se dedica a resaltar a los tres individuos protagonistas de manera alternada. Un joven que deambula por las calles de Varsovia. Un taxista con sus particulares rutinas. Un abogado que encarna la lucha contra la ejecución. Luego viene el agónico e iracundo detonante del capítulo, y por fin, el cineasta polaco dedica la segunda parte para hacer estallar el sentimiento, la frustración y el desgarro de la ejecución a sangre fría.
Tanto da si es obra de un psicópata o de un simple verdugo en su quehacer diario. O si es fruto de la pasión, o de la venganza. En este caso, Jacek mata por despecho, por desarraigo, por dolor, por locura, con su mente obsesionada con su hermana pequeña. Y la venganza, la justicia del Estado caerá con todo su peso sobre él. Dos muertes deben ser suficientes para que Kieslowski explicite su total repugnancia frente ambas, dejándonos una obra dura, de esas que cuesta engullir por su falta de suavidad y tacto. El tema pedía a gritos un capítulo como este.
The Motorcycle Boy 
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