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Críticas de "Inland Empire"
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| 225 de 289 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Tomine
A Coruña (España)
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Su valoración:  |
24 de Febrero de 2007 |
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Lynch, no te mueras nunca. Cuando tú te vayas, no quedará nadie.
Sus cortos en digital me habían parecido indudablemente flojos. El trailer me echó para atrás, con esas imágenes feas, descuidadas. Las críticas eran casi unánimemente negativas, incluídas las de sus seguidores. Todo parecía indicar el declive de un cineasta que había hecho, en la era moderna, varias obras maestras. Me esperaba ver el “Topaz” particular de David Lynch, su caída manierista, al sentarme en la butaca.
Tres horas más tarde, salí del cine con lágrimas en los ojos, incrédulo ante lo que acababa de ver. En una era de mediocridad generalizada, de películas basura, de globos inflados por la crítica y genios de todo a cien, de decepción tras decepción y que pase la siguiente, voy y me encuentro, en cine de estreno, con esto. Una obra monumental, profunda y sentida, en la que el autor se deja el alma y el corazón. Que traspasa la barrera de producto elaborado para adquirir la forma de un trozo de alma, de exorcismo personal llevado al límite, sin miedo a arrugarse el traje. Entiende el camino del largometraje no como un avance lineal, sino en profundidad. Si la película dura tres horas, significa que debe tener esa dimensión, en el sentido más amplio del término, y no solamente esa duración. ¿Os acordáis del Detalle, esa cosa en vías de extinción? ¿Os acordáis de él, de Velázquez, de Bach, de Frank Lloyd Wright, de Vértigo, de Twin Peaks? ¿De cómo la Obra Maestra se construía ladrillo a ladrillo, del baile de relaciones, preciso, enigmático, entre el conjunto y el detalle, su elevación paulatina, la magia escondida bajo la alfombra? Debéis acordaros. Debéis recordar los tiempos en que el espectador MIRABA y era activo, cuando éste iba a por la obra y no al revés. Cuando inquiría curioso, estudiaba la esquina, se empapaba de Emoción. Pura. Y dura. No es un experimento, es el fin del camino. Las pruebas quedaron atrás y desembocaron en este mar. ¿Puedes ver el baile de formas, la asociación de imágenes, el diálogo preciso, nítido, con la música? ¿Puedes ver su magia pura, su capacidad conmovedora infinita? Nadie sabe hoy parar el tempo. Hacer que el tiempo se detenga, flotante, y prolongar esa mueca de idiota, esa mirada escrutadora a la pantalla, durante minutos. La película no dura ni tres horas ni tres días, la película NO dura. ¿Se me entiende? Lynch oyó mis gritos y mató al guión. Muerte al guión, descanso eterno para el argumento. El guión es una herramienta más, un elemento de rodaje más, papel mojado encima de una mesa. Lo saben los Lumière, lo saben los primigenios y lo sabe el cine, de definición: Imágenes y Música. Seis años después, algo volvió a suceder en una sala oscura. Que esto no acabe, por Hitch. Que esto no se apague nunca.
Tomine
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| 72 de 101 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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carlitos
barcelona (España)
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Su valoración:  |
24 de Febrero de 2007 |
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David Lynch ha marcado un antes y un después en la historia del cine. Con “Inland Empire”, ha concebido lo que muchos directores de cine hubieran deseado crear o incluso idear. Quizás, sólo Lynch hubiera sido capaz de imaginar tal propósito. El controvertido y onírico realizador ha estado divulgando el estreno de “Inland Empire” desde aquella críptica “Cabeza Borradora” que se estrenó en 1976. Treinta años después, sus mejores tics y dotes de cineasta pueden verse en su último largometraje.
“Inland Empire” cuenta la historia de una mujer (Laura Dern) que recibe el privilegio o la desdicha de trabajar en una película aparentemente maldita. Digo aparentemente, pues todo lo que aparece en la película es ilusorio, figurado, e imaginario. Laura Dern irrumpe se forma obsesiva en diferentes mundos fantásticos e imaginarios (cada uno de ellos insociable e incomunicado mediante una puerta), que dan pie a una película brutalmente inextricable y enredada.
“Inland Empire” tiene esa dulzura monstruosa que sugirió Lynch en “El hombre elefante”; esa utopía futurista de “Dune”; esas pesadillas de la realidad que se ocultan en los pliegues de lo cotidiano que insinuó en “Terciopelo Azul”. Por otro lado, tiene también esa violencia y fanatismo descarnado y divertido de “Corazón salvaje”, ese hermético mundo onírico de “Twin Peaks” y esa fantasía enigmática turbia y sensacional de “Mulholland Drive”. Las últimas películas de David Lynch ya advertían que se estrenaría “Inland Empire” y consecuentemente, es probable el notorio director haya llevado a cabo una trilogía que parte desde “Carretera perdida” pasando por “Mulholland Drive” y desaguando en “Inland Empire”.
Por otro lado, es primordial recalcar el paso que ha dado Lynch en la historia del cine. Su película será recordada con abucheos o admiración, pero lo que es irrefutable es que Lynch ha cimentado un nuevo género en el cine. David Lynch ha concebido el cine surrealista en todos los sentidos. Por fin ha logrado llevar a cabo el proyecto que siempre ha deseado filmar. Ha filmado con una cámara digital que intensifica las enigmáticas escenas, sus más oscuros e impenetrables sueños. O lo tomas o lo dejas.
Es probable que “Inland Empire” no tenga ningún sentido. Aunque eso no importa. Eso no debería inquietarle a UN público que lo único que ha de hacer es aguzar los sentidos y contemplar uno de los mejores trabajos jamás filmados. El universo fantástico, el cine nebuloso, los misterios de la vida y lo más inconcebible está vigente en esta película.
Por otro lado, no se puede ignorar la extraordinaria y portentosa labor interpretativa que realiza Laura Dern. David Lynch le ha concedido el papel de su vida. Dern juega con armonía y musicalidad todas las notas interpretativas posibles, y lo que es más loable: sin desafinar una sola.
Hoy, día 23 de Febrero, se ha estrenado en España la película de David Lynch más sugerente, provocativa y alucinante. La polémica está servida. Obra maestra absoluta.
carlitos
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| 73 de 113 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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La sala nº 5 de los cines Renoir de Plaza España podría formar parte del universo de David Lynch. Reducida como si de un alargado pasillo se tratase. Filas con la numeración cubierta con cinta adhesiva negra, compuestas por butacas tapizadas de tela violeta y una numeración ilógica: 3-1-2-4. Pese a que el espectador puede estar perdido por unos instantes todo es coherente: tan sólo hay que preguntar y contar las filas. Una vez sentado se debe esperar a que en la diminuta pantalla se proyecte la película.
El espectador también se encuentra perdido cuando visiona “Inland Empire”, cuando Laura Dern abre puertas adentrándose en universos paralelos y oníricos.
Tomine nos remonta a los inicios, cuando el cine era IMAGEN, cuando la FASCINACIÓN trasportaba al espectador a otro mundo, a otro universo dónde la MÚSICA se fusionaba con la proyección. El cine era así pero el espectador corría el riesgo de perderse. ¿Cómo entendería ese espectador un flash-black? ¿Cómo podría introducirse en una narración compleja como la de “La carreta fantasma” (1921)? Existía a veces una figura en los cines. Un narrador que explicaba al espectador lo que se proyectaba. Lo que era un sueño, un recuerdo, lo que formaba parte del relato y el porqué se encontraba en la narración.
Ahora el espectador no está perdido. No necesita de ayuda. El cine actual le ofrece una fórmula de fácil solución. Le muestra una suma simple: “dos más dos son…” y el espectador ha averiguado desde los primeros diez minutos la solución lógica al problema.
Pero Lynch es insobornable desde que se adentró a la deformación del subconsciente fílmico con “Cabeza borradora”. Podría ser el nuevo Tod Browning (“El hombre elefante”) o el moderno John Ford (“Una historia verdadera”) pero eligió otro camino, otra senda cinematográfica, otros riesgos, otro cine. Un cine inimitable que sigue los pasos, ahora en formato digital, de “Carretera perdida” y “Mulholland Drive”.
¿Tomadura de pelo? ¿Fascinación? ¿Qué hubiese pasado si Lynch no figurase en los títulos de crédito? ¿Si esa troupe de pedantes más falsos que una moneda de dos caras que siguen y aplauden su obra odiasen esta misma propuesta si la hubiese dirigido otro director? ¿Se es acaso ya un pedante por admirar el cine de Lynch?
Pero aparecen otras preguntas:
¿Dónde acaba la relación de un actor con su personaje? ¿Del director con su obra? ¿Cuánto debe durar una película? ¿Dónde debe encontrarse su final? ¿Dónde está el génesis del personaje? ¿Y si el actor no supiese qué papel está interpretando? ¿Si tuviese que encontrar a los fantasmas y el espectro que lo componen? ¿Con qué sueñan los actores? ¿No soñamos el resto de mortales con nuestro trabajo? ¿Dónde se encuentra ese límite entre realidad y ficción? ¿Existe el meta-meta-meta-cine? ¿No es acaso “Inland Empire” una cinematográfica revisión de Lynch de “Opening Night”? ¿De un reencuentro del actor con el origen de su papel? ¿Del descubrimiento del cine con el cine?
(El resto de la crítica puede contar partes de la película)
Ver todo
spoiler: Una espectadora entró en la sala cuando otros llevábamos dos horas. Estaba perdida: se había equivocado de sesión, de sala, de película. Miró a la pantalla y allí estaban dos actores hablando en polaco. Podría ser cualquier película. Podría ser su película. Revisó su entrada pero no veía nada. Estaba rodeada de una completa oscuridad. Volvió a mirar la pantalla y a las butacas repletas de espectadores. Decidió irse. Nadie la ayudó. Abrió la puerta por la que había entrado y despareció. En ese momento Laura Dern abría otra puerta a otro nuevo universo.
La proyección acabó (con tres bajas) y después de los títulos de crédito se escucharon aplausos. Mi amiga namusi y el que escribe abandonamos la sala con un ‘destello’ que nos indicó el final, el camino a la salida. Nos adentramos nuevamente en la realidad.
Hablamos. Nos preguntábamos a cuántos de esos espectadores que aplaudían les había gustado realmente la película. Prefiero a los que ‘odian’ a Lynch (mi apoyo incondicional para Agitador Nokturno y Gilbert entre otros) que a aquellos que quieren ir de pedantes y modernos, aunque tal vez yo sea uno de ellos y no lo sepa.
Yo no aplaudí pese a que “Inland Empire” me parece una maravilla. El luto y el amor es mejor llevarlos dentro. Esperando a que alguien abra la verdadera puerta y descubra esos ‘sueños’ ocultos.
Maldito Bastardo
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| 105 de 190 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Antes de que me de un aire y aparezca mi nombre en todos los periódicos con el titular: "Joven sufre experiencias cercanas a la muerte tras ver la última bazofia del sectario David Lynch", me gustaría dedicar esta crítica claramente suicida a la que "Gilbert" escribió a "Mulholland Drive", todo un ejemplo de sinceridad y originalidad, con un par.
De seis personas que nos reunimos esta mañana para ver "Inland Empire" ninguno terminamos de ver la película, aunque quizás se quedaron y me mintieron para seguir conservando mi amistad, en fin, yo fuí el primero en marcharme a mi casa una hora y poco más tras su inicio.
Enseguida me cercioré de que "Inland Empire" iba a seguir los catastróficos pasos que "Eraserhead", pasos que se alejaban vertiginosamente de la belleza de "The Elephant Man" y de la magia y la originalidad de "Mulholland Drive", dejando también a un lado la hermosura y coherencia de "The Straight Story (Una historia verdadera)".
• "Inland Empire" es un truño en comparación con sus anteriores "hermanas" ............. 0 de 7 usuarios han encontrado esta crítica útil.
La película arranca y uno comienza a ser testigo de un hipnótico y enfermizo desfile de escenas, cuanto menos absurdas, que terminarán desembocando en el dolor de cabeza y en el bostezo sonoro.
Rodada en digital y con un constante y empalagoso toque "videoclipero" que se fusiona a la perfección con la mediocridad de un ambiente musicalmente repelente, logrará agobiar y hastiar sólo a los espectadores más cuerdos y pacientes del planeta.
• Es una sucesión constante de escenas absurdas, deplorables y mal llamadas "ARTE" ............. 3 de 15 usuarios han encontrado esta crítica útil.
Personalmente, recomiendo a todas aquellas personas que no aconstumbran a ver este tipo de cintas que se abstengan a no ser que un impulso masoquista o un friki armado con una katana de plástico les obligue a ello.
Y para iniciar la cuenta atrás para el suicidio de esta crítica:
• Terminaré de verla, cuando me receten un par de somniferos ............. 4 de 25 usuarios han encontrado esta crítica útil.
• Posiblemente estemos ante el peor "tic anal" de Lynch ............. 5 de 37 usuarios han encontrado esta crítica útil.
• Si "Inland Empire" es considera "ARTE", una mierda pinchada en un palillo debería de tener el mismo derecho a ser considerada como tal ............. 9 de 48 usuarios han encontrado esta crítica útil.
• Mientras usted malgasta miserablemente su tiempo y dinero, Lynch, fornica salvajemente con los miembros de su secta a los que disfraza de conejos saltarines ............. 11 de 127 usuarios han encontrado esta crítica útil.
• Finalmente, nunca pensé que sería tan duro con usted señor Lynch, estoy listo para los votos negativos que me van a caer, pero he escrito lo que muchas personas engañadas piensan: "Jubílese ya" ............. 12 de 1.369 usuarios no quieren atar de pies y manos al autor de esta crítica y sodomizarle hasta la muerte.
Agitador Nokturno
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| 26 de 33 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Gordon Cole
Valladolid (España)
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Su valoración:  |
7 de Abril de 2007 |
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INLAND EMPIRE es un laberinto. De pasillos, habitaciones, decorados de estudio, calles, puertas. Y la sala en la que se proyecta, en la que estás sentado, forma parte de ese laberinto. INLAND EMPIRE no se ve, en INLAND EMPIRE se entra (o no se entra). Se experimenta, se vive, se recorre. Puede resultar complicado entrar, pero una vez conseguido se me antoja imposible poder salir.
INLAND EMPIRE es como ese disco de vinilo que abre la película. No avanza en línea recta desde un principio hasta un final, sino "en círculos" desde fuera hacia dentro. En profundidad, como dijo Tomine en su magnífica crítica. Y ahí te quedas. Y al igual que ese disco, y al igual que el mejor cine esculpido, no es un divertimento de usar y tirar. Su disfrute no está limitado a un primer visionado, sino que tanto o más se disfruta el segundo, y el tercero, y el décimo (vale, este último supuesto es actualmente sólo teórico teniendo en cuenta que no la he visto 10 veces).
INLAND EMPIRE no es un final. No es la última entrega de una trilogía formada por Carretera perdida, Mulholland Drive y ella misma. INLAND EMPIRE es un principio. Una forma diferente de entender y hacer el cine. Elementos y resultados (en cuanto a sensaciones producidas en el espectador) comunes a otras obras del artista, sí. Pero INLAND EMPIRE no se parece a nada. La primera vez que fui a verla iba pensando que me encontraría una "Mulholland Drive a lo bestia", pero no lo es. Es otra cosa.
Y hablando una vez más y para terminar del disco de vinilo, no del disco sino de cómo nos muestra David Lynch el disco, me parece el perfecto resumen de la grandeza de la obra en cuanto al gozo sensitivo que produce: algo real, normal, cotidiano, que visto a través del objetivo de la cámara digital del genio se torna oscuro, turbio, inquietante, misterioso, de una plasticidad casi aterradora y una onírica angustiosa.
Qué suerte la nuestra por ser contemporáneos de David Lynch y poder disfrutar sus estrenos en una sala de cine.
Gordon Cole
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