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La sangre de un poetaMediometraje

Drama Experimental y surrealista ópera prima de Jean Cocteau, poeta, novelista y autor teatral, que se sintió atraído por el cine de vanguardia. Fue el Vizconde de Noailles, famoso mecenas, quien financió su primera película. Aclamada por parte de la crítica, pero también tachada de pretenciosa y egocéntrica, retrata una personal incursión en los miedos y obsesiones de un poeta, su relación con el mundo que le rodea y la eterna preocupación ... [+]
Críticas 11
Críticas ordenadas por utilidad
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7
25 de abril de 2008
32 de 38 usuarios han encontrado esta crítica útil
LE SANG D´UN POETE: ANÁLISIS CRÍTICO

La ópera prima de Jean Cocteau, referente de la cinematografía surrealista, supone un viaje al interior de la psique humana, que se ramifica y determina las emociones, los deseos, las preocupaciones y la totalidad viva de un ente pensante.
Pero antes de introducirnos en el análisis del film, conviene hacer un pequeño recorrido por el contexto histórico que lo ve nacer y de esta forma, plantear las preocupaciones, sociales, estéticas y culturales de toda una época.
En 1924, el poeta francés André Bretón proclama el manifiesto surrealista. Éste, se convierte en uno de los referentes artísticos más valiosos y mejor considerados de todo el siglo XX.
El movimiento pretende ensalzar el diluir de los sueños y eleva lo onírico y lo puramente irracional en detrimento de lo objetivo o pragmático. Se valora el símbolo como base de la idea y el subconsciente como trasmisor de la verdad.
Además, cobra una importancia relevante todo lo que tiene que ver con el mundo de lo infantil, porque según afirman sus seguidores, el niño ve más allá de lo empírico y se acerca a la esencia misma del ser humano, a través de la inocencia, de la irracionalidad y de la propia inexperiencia.
La sangre de un poeta, es un film que pretende recoger todos estos referentes y representarlos en escenas de una carga simbólica significativa. Se trata de un recorrido intimista por el conocimiento interior de un creador.
Son muchos los elementos que se dibujan y se perfilan para dar una mayor sensación de autoconciencia y de asimilación de lo subjetivo.
La película es una carrera a través de la historia y un intento de desmenuzar los conceptos de creatividad, arte, artista, mundo del arte, sociedad, política y economía, y sintetizarlos en pos de una única idea: la sangre de un artista es igual pero es distinta.
A partir de aquí, vamos a resumir cuales son los elementos más relevantes para la aceptación del contenido de las imágenes, comprendiendo y aclarando que un principio básico de toda obra de índole vanguardista es lo valioso de ser un producto pluricultural y de una interpretación siempre abierta y en continua fase de experimentación y análisis.
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LA CREACIÓN: EL ARTISTA Y SU OBRA

En una habitación opaca, sin apenas muebles y sin luz, se encuentra un hombre de aspecto juvenil, con el torso al descubierto, una peluca ilustrada y una pose energética y carismática, con la cabeza bien alta y con los ojos bien abiertos.
La relación que se establece entre el habitáculo cerrado en el que se maneja este ser y él mismo, resulta paradoja y extraña. El personaje aparece consecuente con la imagen distorsionada que durante la historia se ha tenido del creador.
Se convierte así, en una persona solitaria, sumergida en la búsqueda de una fórmula exacta que pueda resolver el problema que se le plantea y altivo, egocéntrico y reservado. Lo curioso es que lleva incorporado varios elementos contradictorios. Sus pantalones, por una parte, son propios de un aristócrata del siglo XVIII y su pelo es también típico de un caballero de esa época.
Pero si nos fijamos en el resto de los detalles que acompañan a la escena, podemos vislumbrar que la sala en el que se encuentra este individuo no refleja en ningún caso la sensación de representar un escenario cortesano del siglo de las luces.
En mi opinión, Cocteau intenta rendir tributo y ensalzar la revolución social, política y cultural más influyente de toda la historia de occidente. Se trata de un claro homenaje a la revolución francesa, el hito histórico más significativo de la contemporaneidad.
Este acontecimiento, además, es un acercamiento a lo complejo del argumento de la película.
Los principios de liberté, egalité et fraternité proponen no sólo un cambio social, ideológico, económico y político, sino que en consecuencia, se ponen en entredicho los valores tradicionales en los que sustenta la grandeza del hombre y comienzan a fraguarse cambios en la moralidad, la jerarquía, tanto eclesiástica como gubernamental y se plantea así, un camino que degenera en la proyección de nuevos ideales artísticos. El concepto de creatividad se relativiza y se proclaman nuevos principios estéticos y culturales.
Toda esta eclosión trae como consecuencia la incorporación de nuevas técnicas y de nuevos estilos. Se dan movimientos divergentes, y se llega despacio pero con firmeza a la diversidad del siglo XX, que dibuja un hacha de doble filo, por un lado se trata de la culminación de la pasión y de la necesidad divulgadora del artista, por otro, de la confrontación entre lo humano y lo irracional, entre lo que es sentimiento universal y lo que es banal y desértico.
El artista, ataviado de una ropa que nos traslada a la época del despertar de la razón, convive con su obra inacabada, un caballete que se jacta de permanecer en un blanco impoluto delante de él.
9
12 de marzo de 2015
7 de 7 usuarios han encontrado esta crítica útil
El mito de Orfeo sirve como vestido a la propuesta artística personal de un autor talentoso y multidisciplinario. Las aventuras que los protagonistas viven en los mundos paralelos, a los que se accede a través de los espejos, son paseos atribulados por las galerías y tramoyas del imaginario del “Poeta”, cuya filosofía se expresa con lucidez, en virtuosa danza con la del espectador, que aprueba, critica o rechaza, pero jamás fuera del marco estético magistral.
6
23 de noviembre de 2017 5 de 5 usuarios han encontrado esta crítica útil
Ya lo decía Machín en su famosa canción: "Siempre que pintas iglesias, pintas angelitos bellos; pero nunca te acordaste de pintar un ángel negro". Cocteau, en cambio, al contrario que aquel pintor, no dudó ni un segundo en colocarle un par de alas angelicales a un esbelto africano, embadurnarlo de aceite hasta la saciedad y colocarlo en escena como un redentor de injusticias poéticas; quizá por esta razón se culpó a su producción de difundir un mensaje anticristiano, ¿quién sabe? el poeta juega en ocasiones el papel de deidad con el uso que hace de las palabras y sus significados, ¿por qué no quitarle a Dios el honor de integrar el primer ángel negro de la historia del cine?. Yendo al grano, la intención y el producto final se encuadran a la perfección con el marco teórico del movimiento surrealista. Breton: toma nota de tu compatriota y añade un epígrafe en tu manifiesto sobre cómo hacer una película en la que, seguramente, solo tú sepas lo que estás diciendo. Cine experimental y, como su propio nombre indica, Cocteau experimenta y de qué manera con un batiburrillo de imágenes oníricas, abstractas y desconcertantes en muchas ocasiones. El objetivo principal del autor es plasmar el mundo interior del artista poético, y esto puede resultar tan complicado que podría ser justamente el movimiento surrealista el que mejor sepa visualizar esta amalgama de instintos, sensaciones y símbolos que recorren la en tantas ocasiones apesadumbrada mente del poeta y que tan complicados son a la hora de presentarse racionalmente para que un público ajeno a las circunstancias individuales de un determinado artista sea capaz de procesarlo. A la hora de juzgar este tipo de películas, tenemos que dejar a un lado la exégesis normativa y, digamos, generalista que se le podría aplicar a cualquier otro tipo de film; las impresiones que suscita no están tan "atadas" a una interpretación unidireccional o bidireccional como lo pudiesen estar en otros casos. Es por esto que esta película, como algunas otras que comparten género y temática con ella, reciben desde los más calurosos halagos a los más acalorados y feroces ataques por parte de la crítica cinematográfica profesional y amateur. En general, una película decente, en mi opinión, en la que el autor se introduce en el mundo del Séptimo Arte, habiendo tocado antes prácticamente casi los otros seis restantes, y consigue realizar un film transgresor para la época en la que se rodó e íntimamente fiel a los preceptos vanguardistas en las demás artes.
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Como conclusión, me ha llamado enormemente la atención la referencia implícita, desconozco si intencional o puramente casual, al también poeta y escritor vanguardista francés Jacques Rigaut. La apariencia física incluso del protagonista me ha recordado de manera muy llamativa a la figura elegante de este "enfant terrible", profeta del suicidio como acto poético, cuando se dispara con un revólver en la sien hasta en dos ocasiones. El personaje continua viviendo aún después de que la bala atraviese su cráneo, experimentando el momento que sirve a la vez de inspiración y de martirio para muchos de los artistas herederos, sobre todo en este caso, de la tradición existencialista francesa y de su obsesión por la muerte. Decía el mismo Rigaut que no podía llegar a sentirse realmente vivo hasta que no sintiese su completa inexistencia; a este, en cambio, no le hizo falta que nadie le diese instrucciones sobre cómo dispararse en el corazón con su propio revólver.
8
9 de noviembre de 2018 4 de 4 usuarios han encontrado esta crítica útil
En plena eclosión del surrealismo en todos los ámbitos del arte, J. Cocteau se estrena en el cine con una propuesta de diseño turbador y matices obsesivos en la que se asoman a la pantalla sus demonios personales como si quisiera hacerlos servir de expiación, de catársis o de ambas.
Penetrar en lo impenetrable, escudriñar lo más oculto, avanzar, retroceder, sudar y volver siempre al punto de partida parece un desafío del que resulta imposible salir, un laberinto letal.
La caverna de Platón siempre aguarda agazapada para ofrecer su respuesta.
Y no hay más.
Comprender esa realidad produce dolor existencial y sólo se puede reflexionar sobre el particular con el lenguaje de la vanguardia.
La narrativa convencional ha perdido su valor y es imposible seguir intentándolo por ese camino.
14 de agosto de 2018 2 de 2 usuarios han encontrado esta crítica útil
Con franqueza os diré que, durante la mayor parte del breve metraje que conforma la ópera prima de Jean Cocteau, no he entendido un carajo de lo que he visto. Nada salvo el hecho de que, una vez adquieren conciencia y voz propia -y esto sucede literalmente-, las inquietudes de un poeta cobran vida a través de su principal instrumento de trabajo, sus manos, arrastrándolo a un abismo de fantasías surrealistas, sueños abstractos y (dolorosos) recuerdos que, sin que él sea consciente de ello, brotan directamente de sus más profundos miedos. Al menos eso es lo que he creído percibir, así un poco por encima. Cocteau traza un universo plástico gobernado por luces y sombras, donde espectros y seres extraños caminan a sus anchas, ignorando si es necesario las leyes de la física. 'La sangre de un poeta' (1932, Jean Cocteau) es un paseo de 50 minutos por la cabeza de un artista. Y si no lo es, me da igual. Así es justo como la siento yo.
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