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Desengaño

Drama Samuel Dodsworth es un magnate de la industria del automóvil, el típico hombre de negocios que empezando desde abajo ha llegado a la cima del éxito. Él y su esposa deciden pasar una segunda luna de miel en Europa, pero durante el viaje descubre que ella le es infiel, y su mundo empieza a tambalearse. (FILMAFFINITY)
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7
28 de octubre de 2014 2 de 4 usuarios han encontrado esta crítica útil
Desengaño de William Wyler es un drama basado en un matrimonio de clase alta cuya mujer es infiel a su marido sin este saberlo. Dirigida con un ritmo activo y con un estilo que muestra historias de engaño en un matrimonio fallido, es una obra sencilla que se empeña en desmantelar la ocultación de una pareja cuyo amor solo es partícipe por el lado del marido, que desengañado intenta recuperar su vida con su mujer. Realizada de modo implacable por la trama en sí, tiene un resultado espléndido que merece la pena ser descubierto por los cinéfilos clásicos en general.
La fotografía en blanco y negro hace gran uso de los claroscuros y es evocadora a cada uno de los lugares visitados por la pareja en un soberbio trabajo visual. La música es emotiva en sus sonidos melódicos en gran parte del film, dando en ocasiones tristeza en una encantadora tarea que acompaña sensacionalmente la cinta gracias a Alfred Newman. Los planos y movimientos de cámara completan un sobrio y correcto trabajo técnico mediante el uso de los subjetivos, seguimiento, avanti, generales, plano-contraplanos y reconocimiento.
Las actuaciones son auténticas y deslumbrantes. Como protagonistas Walter Huston esta remarcable en un papel con carácter y convicción, Ruth Chatterton está apropiada en su papel de ama de casa infiel y Mary Astor natural y creíble en su tarea, siendo notables los acompañamientos de David Nivel, Paul Lukas y John Payne entre otros. Emplea para estos la dirección artística unos vestuarios impolutos y distinguidos que junto con los lujosos decorados, marcan claramente la alta clase social a la que pertenecen los protagonistas en una magnífica labor.
El guion, escrito por Sidney Howard y basado en la novela de Sinclair Lewis, es provocador al mostrar con claridad una historia de infidelidad matrimonial en una época en la que era prácticamente impensable, cumpliendo con una trama realista y admirable por cómo se plasma la obra y como capta la atención del público en un buen trabajo que no pasa desapercibido. Esto se lleva a cabo con una narrativa intachable y clásica que es muy expresiva y sobre todo insinuante a la hora de verse las intenciones de cada uno de los personajes en cuanto a inocencia, maldad y ocultación.
En definitiva, la considero una obra entretenida y con momentos apasionantes que llevan a cabo una historia que profundiza en el matrimonio fallido y la infidelidad en un momento en la que esta era prácticamente impensable por el lado de la mujer. Recomendable por su dirección, guion, actuaciones, fotografía, música, planos, movimientos de cámara, vestuarios, decorados y narrativa que vuelven a Desengaño, un film digno de ver aunque no luce entre las mejores y más señaladas obras del director.
7
29 de abril de 2023 1 de 2 usuarios han encontrado esta crítica útil
Me ha gustado. No es de las mejores de Wyler, pero es una buena película, que tiene setenta años, que ya son.
Me ha gustado mucho, como siempre Walter Huston, que es un actor de una pieza, en varios registros, siempre dando la talla, con su corpulencia y su mirada varonil. Me encanta. Y en esta ocasión me he fijado más en Mary Astor, y me parece una actriz bastante notable. Acostumbrado a verla en esos papeles de esposa de un detective con el perrito Asta que les sigue a todas partes no me había fijado lo interesante que es.
Los demás en sus papeles.
Lo que no queda claro en la cinta es que ella, la mujer infiel, tiene sus propios medios económicos. No es la clásica mujer de un empresario que vive de él, o con él. Parece la heredera de un capital, y que no necesita a su marido. Eso explica algunas cosas, no sólo la autonomía económica, sino, sobre todo, la necesidad que tiene la mujer de ser el centro de atención en todo momento, como si fuese una mujer veinte años menor.
Wyler es uno de los grandes del cine, sin ninguna duda. Cada vez me gusta más.
8
20 de mayo de 2026 Sé el primero en valorar esta crítica
La película se centra en el estudio de un matrimonio en crisis. El magnate automovilístico Samuel Dodsworth, recientemente retirado, y su narcisista y pedorra esposa Fran, durante un largo viaje por Europa, descubren que desean cosas muy diferentes en la vida, lo que pone a prueba su matrimonio.

Adaptada de una novela de Sinclair Lewis, escrito el guion por Sydney Howard y dirigida por William Wyler, es una de las mejores películas estadounidenses sobre el fin de un matrimonio. David Mamet la considera una película "perfecta", y algunos críticos la sitúan en la cima de las obras Wyller.

Al comienzo de la película, Sam y Fran Dodsworth llevan más de dos décadas casados. Tienen hijos adultos y un nieto nace a mitad de la película.

La película muestra a un matrimonio que, poco a poco, se libera de la rigidez mental que los ha caracterizado, descubriendo ahora que pueden ser más libres. Sam es un gran empresario del automóvil en los EE. UU., que vende su fábrica al comienzo de la película, abandonando las instalaciones, con infinidad de empleados (curiosamente no hay revueltas y sí agradecimiento de los trabajadores).

Ante la insistencia de su esposa, ha accedido a tomarse sus primeras vacaciones en veinte años, unas vacaciones sin fecha límite en Europa.

Sam parte, desconcertado por su nueva falta de propósito, pero con la mente abierta, está dispuesto a encontrarse con Europa. Fran ansía retomar el hilo de su juventud, abandonada hace tanto tiempo para ser la esposa obediente del gran ricachón y magnate automovilístico: «Oh, Sammy, cariño, te ruego, quiero vivir», le dice a su marido antes del viaje. «No, no es cierto», «lo exijo».

Una de las ironías que exploran tanto la novela como la película es que Fran, aparentemente europeísta, es en realidad más provinciana que su marido. Fran se ve a sí misma como una mujer sofisticada y sufrida, sacrificada por la carrera de su esposo en un rincón remoto de Norteamérica, aunque, la verdad, viviendo a cuerpo de rey.

Ahora que tiene todo a su alcance, vemos lo superficial que es como turista, una estadounidense insegura que busca estatus y se obsesiona con conocer a personas con títulos aristocráticos. Fran proyecta en Europa sus ansiedades sobre su juventud y atractivo, que, al acercarse a los cuarenta, ve que se le escapan. Se mete, así, en una serie de romances con hombres extranjeros que le resultan más interesantes que su impasible marido.

Tenemos una sobria interpretación de Walter Huston como Sam, un personaje que afronta la inquietud y la infidelidad de su esposa con compasión. Aún enamorado de ella, consciente de los problemas que se vienen encima, Sam intenta darle a Fran la libertad que anhela, protegiéndola al mismo tiempo de sus peores instintos. Huston transmite una decencia impasible e intencionada, no ingenua.

Ruth Chatterton dota al personaje de Fran de la sutil histeria propia de una niña traviesa y cuarentona que lo niega. Wyler estaba decidido a que Fran no fuera una simple villana, sino un personaje comprensible, una mujer que busca una felicidad imposible. Si bien el personaje puede ser caprichoso y autoengañado, Wyler nos permite presenciar cómo ambos cónyuges aceptan su incompatibilidad a pesar de sus buenas intenciones.

Sentimos compasión por Sam en la extraordinaria escena de la estación de tren cuando ella lo despide para poder casarse con un atractivo joven noble vienés, del mismo modo que sentimos compasión por Fran cuando se derrumba ante la inamovible roca negra de la actriz Maria Ouspenskaya, que interpreta a la madre del noble, quien prohíbe el matrimonio y le recuerda a Fran que es mayor, que no puede tener hijos y niega la venia para el matrimonio.

Espléndida interpretación de Mary Astor, que interpreta a Edith Cortright, una estadounidense viuda que vive en Italia y que, al final de la película, se convierte en refugio y nuevo amor para Sam. Uno de los aciertos de Howard es presentar al personaje al principio de la película, en lugar de al final de la historia, como ocurre en la novela.

Cortright, otra estadounidense exiliada, comparte y nutre la capacidad de Sam para ver con honestidad Estados Unidos y Europa, a sí mismo y a los demás. Astor transmite una profunda experiencia, una comprensión de las personas y las cosas basada en lo que realmente son, en lugar de en nociones ilusorias. Se percibe que ha sufrido, que ha pasado por momentos difíciles y, por lo tanto, puede comprender a Sam tal como es y esperarlo mientras él atraviesa su propio calvario matrimonial.

Esta obra fue un éxito, con críticas entusiastas. La película obtuvo siete nominaciones al Óscar. Aunque al parecer, le película tuvo una mala recaudación en taquilla. Era una gran película, pero nadie quería verla, según se dijo. Sin embargo, como dice Daniel Eagan, sigue siendo «una de las representaciones más inteligentes, aunque melancólicas, del matrimonio jamás filmadas».
7
14 de junio de 2017 2 de 5 usuarios han encontrado esta crítica útil
Gran drama del maestro Wyler, quizá un poco lastrado por su naturaleza teatral, pero de increíble puesta en escena, dirección de actores y manejo de todas las situaciones: el maestro era uno de los grandes, y de la vieja escuela.
Nos cuenta el proceso de degradación de un matrimonio: él, un adinerado hombre de negocios, se jubila para viajar junto a su esposa, quien en Europa va a ir pasando de novio en novio. Es una mujer complicada, egoísta, que pretende prolongar la juventud, el "joie de vivre".Él es sencillo, noble. Los americanos aparecen como más liberales, pese a lo que pueda parecer, que los habitantes de la vieja Europa. El film está rodado en 1935, pero no hay ninguna alusión al difícil momento que atravesaba el continente, cuando los nazis ya llevaban dos años en el poder y todo se tambaleaba al son de su barbarie.
Cada vez que aparece en pantalla Mary Astor todo parece rendirse a sus pies, su magia, su belleza, y Walter Huston puede que haga el papel de su vida. Crónica de la soledad, reflejo de la crisis de una pareja, del fin del amor, o mejor, del desmoronamiento de un proyecto vital a pesar de ellos, por las circunstancias de la vida, es una película progresista, con un final en parte feliz, al menos para el magnate. Deja muy buen sabor de boca.
5
27 de enero de 2022 0 de 2 usuarios han encontrado esta crítica útil
La imagen del mar desde el camarote por la ventana nos muestra una belleza diferente. La película está llena de vestidos, trajes, decorados y ambientaciones de varias ciudades.

Tenemos ante nosotros una historia más densa repleta de elipsis, que hace que todo esté más "cortapegado".

Sorprende ver qué estos dos americanos son unos "paletos", como dice el doblaje. Nuevos ricos que quedan flasheados por la vieja y pobre Europa de entreguerras, en donde las fiestas de postín rebosan de famélicos aspirantes a consortes del dólar que se enternecen al tacto de unas pieles y unas cremas carísimas.

El hombre hecho a sí mismo no percibe que la mujer que otrora fuera su sierva anhela libertad. Y él, en su egoísmo rutinario, no ve más allá. Ella vuela atraída por un mundo que no comprende pero que le embelesa. Y él, en el sur de Nápoles, se encuentra a sí mismo, pescando y viviendo con mucho menos lujo, como lo hicieran sus padres y abuelos en Phoenix. Y así, por suerte, cerró ese círculo.
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