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España España · Granada
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Voto de Kikivall:
8
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8
Drama Samuel Dodsworth es un magnate de la industria del automóvil, el típico hombre de negocios que empezando desde abajo ha llegado a la cima del éxito. Él y su esposa deciden pasar una segunda luna de miel en Europa, pero durante el viaje descubre que ella le es infiel, y su mundo empieza a tambalearse. (FILMAFFINITY)
20 de mayo de 2026 Sé el primero en valorar esta crítica
La película se centra en el estudio de un matrimonio en crisis. El magnate automovilístico Samuel Dodsworth, recientemente retirado, y su narcisista y pedorra esposa Fran, durante un largo viaje por Europa, descubren que desean cosas muy diferentes en la vida, lo que pone a prueba su matrimonio.

Adaptada de una novela de Sinclair Lewis, escrito el guion por Sydney Howard y dirigida por William Wyler, es una de las mejores películas estadounidenses sobre el fin de un matrimonio. David Mamet la considera una película "perfecta", y algunos críticos la sitúan en la cima de las obras Wyller.

Al comienzo de la película, Sam y Fran Dodsworth llevan más de dos décadas casados. Tienen hijos adultos y un nieto nace a mitad de la película.

La película muestra a un matrimonio que, poco a poco, se libera de la rigidez mental que los ha caracterizado, descubriendo ahora que pueden ser más libres. Sam es un gran empresario del automóvil en los EE. UU., que vende su fábrica al comienzo de la película, abandonando las instalaciones, con infinidad de empleados (curiosamente no hay revueltas y sí agradecimiento de los trabajadores).

Ante la insistencia de su esposa, ha accedido a tomarse sus primeras vacaciones en veinte años, unas vacaciones sin fecha límite en Europa.

Sam parte, desconcertado por su nueva falta de propósito, pero con la mente abierta, está dispuesto a encontrarse con Europa. Fran ansía retomar el hilo de su juventud, abandonada hace tanto tiempo para ser la esposa obediente del gran ricachón y magnate automovilístico: «Oh, Sammy, cariño, te ruego, quiero vivir», le dice a su marido antes del viaje. «No, no es cierto», «lo exijo».

Una de las ironías que exploran tanto la novela como la película es que Fran, aparentemente europeísta, es en realidad más provinciana que su marido. Fran se ve a sí misma como una mujer sofisticada y sufrida, sacrificada por la carrera de su esposo en un rincón remoto de Norteamérica, aunque, la verdad, viviendo a cuerpo de rey.

Ahora que tiene todo a su alcance, vemos lo superficial que es como turista, una estadounidense insegura que busca estatus y se obsesiona con conocer a personas con títulos aristocráticos. Fran proyecta en Europa sus ansiedades sobre su juventud y atractivo, que, al acercarse a los cuarenta, ve que se le escapan. Se mete, así, en una serie de romances con hombres extranjeros que le resultan más interesantes que su impasible marido.

Tenemos una sobria interpretación de Walter Huston como Sam, un personaje que afronta la inquietud y la infidelidad de su esposa con compasión. Aún enamorado de ella, consciente de los problemas que se vienen encima, Sam intenta darle a Fran la libertad que anhela, protegiéndola al mismo tiempo de sus peores instintos. Huston transmite una decencia impasible e intencionada, no ingenua.

Ruth Chatterton dota al personaje de Fran de la sutil histeria propia de una niña traviesa y cuarentona que lo niega. Wyler estaba decidido a que Fran no fuera una simple villana, sino un personaje comprensible, una mujer que busca una felicidad imposible. Si bien el personaje puede ser caprichoso y autoengañado, Wyler nos permite presenciar cómo ambos cónyuges aceptan su incompatibilidad a pesar de sus buenas intenciones.

Sentimos compasión por Sam en la extraordinaria escena de la estación de tren cuando ella lo despide para poder casarse con un atractivo joven noble vienés, del mismo modo que sentimos compasión por Fran cuando se derrumba ante la inamovible roca negra de la actriz Maria Ouspenskaya, que interpreta a la madre del noble, quien prohíbe el matrimonio y le recuerda a Fran que es mayor, que no puede tener hijos y niega la venia para el matrimonio.

Espléndida interpretación de Mary Astor, que interpreta a Edith Cortright, una estadounidense viuda que vive en Italia y que, al final de la película, se convierte en refugio y nuevo amor para Sam. Uno de los aciertos de Howard es presentar al personaje al principio de la película, en lugar de al final de la historia, como ocurre en la novela.

Cortright, otra estadounidense exiliada, comparte y nutre la capacidad de Sam para ver con honestidad Estados Unidos y Europa, a sí mismo y a los demás. Astor transmite una profunda experiencia, una comprensión de las personas y las cosas basada en lo que realmente son, en lugar de en nociones ilusorias. Se percibe que ha sufrido, que ha pasado por momentos difíciles y, por lo tanto, puede comprender a Sam tal como es y esperarlo mientras él atraviesa su propio calvario matrimonial.

Esta obra fue un éxito, con críticas entusiastas. La película obtuvo siete nominaciones al Óscar. Aunque al parecer, le película tuvo una mala recaudación en taquilla. Era una gran película, pero nadie quería verla, según se dijo. Sin embargo, como dice Daniel Eagan, sigue siendo «una de las representaciones más inteligentes, aunque melancólicas, del matrimonio jamás filmadas».
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