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Hamnet

Drama La historia de Agnes, la esposa de William Shakespeare, en su lucha por superar la tragedia familiar que irrumpe en su vida. Una historia con el telón de fondo de la creación de una de las más importantes obras de Shakespeare, 'Hamlet'.
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Críticas ordenadas por utilidad
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5
8 de febrero de 2026
17 de 23 usuarios han encontrado esta crítica útil
La cosecha del 2025 es infumable en casi todos los frentes. En la batalla de las series nos ha sorprendido gratamente Pluribus, a pesar de su acelerado final. Todo lo demás es bastante lamentable, lo que, sumado a un público despistado, desentrenado y enganchado al momentazo, al flash, al bofetón tiktoker, consigue que se aupen a los primeros puestos de las listas los productos engrasados con el algoritmo, fabricados para gustar, pero con lagunas de cohesión narrativa, con inexistente profundidad en la caracterización de personajes. Sin ritmo en el peor de los casos como es este. Películas que van a trompicones, como si ir de momento en momento surfeando la credibilidad fuese suficiente ya para que una película sea considerada como una obra maestra. Es la maestría de estirar el Tik Tok hasta convertirlo en películas de dos horas. Y seguimos destripando en zona spoiler:
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
spoiler:
Esta es una película que lo apuesta todo a la muerte de un crío, hijo de los protas (el Hamnet del título). Son dos minutos del tiempo total de duración establecido en dos horas. Es la cumbre. Está situado en la mitad del metraje. Si se llega hasta ahí, rellenando el principio con un poquito de amor tontaina de te quiero mucho como la trucha al trucho, llegaremos ya al final a ver qué es lo que pasa con tanto sufrimiento sobreactuado. Así está construido este artificio. Un truco para que tragemos el resto: el excipiente.

¿Qué tenemos antes y después de esa muerte? Tenemos dos agujeros de guion. Antes del hecho luctuoso, nos presentan a Agnes (mujer de Shakespeare) que un día es considerada como una zorra por su suegra y al día siguiente se le adora. No sabemos el motivo. Será porque sabe con qué hierbas se hace una manzanilla. Después del hecho luctuoso tenemos al propio William Shakespeare en Londres comerciando guantes de cuero y al día siguiente dirigiendo una compañía de teatro. Sin muchas explicaciones. Porque esto va sobre la muerte de un crío y lo demás solo está costruido como decorado. Pon un niño muerto delante de un croma verde en donde va todo lo demás. Shakespeare como decorado.
Quieren que nos creamos a Paul Mescal porque nos dicen que es Shakespeare. Y quieren que empaticemos con él porque su padre le pega algún bofetón, muy en la línea de lo que se lleva ahora: El capitalista blanco humillando al artista, ya no al ciudadano pensante subversivo, porque parece que el pecado del siglo XXI es que el capitalista blanco tiene como objetivo impedir que te realices como influencer artistilla que wasapea ego. Este Shakespeare es un Shakespeare de la nueva ola, que lo vemos sufrir un montón sin saber muy bien por qué. Luego le muere un hijo y sigue sufriendo, eso nos imaginamos porque no se ve. En el tiempo que le deja tanto sufrir escribe Hamlet y otras cosas.

Después está Jessie Burkley como la mujer de Shakespeare, que es muy guay, recoge hierbas por el bosque y le dicen que es una bruja y ya. Identifícate con ese topicazo. La bruja del bosque que se sacrifica por su marido y se convierte en complaciente ama de casa cuidadora de hijos, dos, tres... los que vengan aunque su Espiritualidad Holística le susurra que van a ser dos los que la entierren. Cualquier parecido con la realidad será pura coincidencia. Que esto va de Shakespeare y su mujer en el S. XVI como podría ir de Carmen Porter e Iker Jiménez. Agnes llora cuando muere el crío en un momento angustioso en que grita (vale, lo compro) y gesticula como si las manos fuesen tulipanes sin bulbo (no lo compro). Me gustó esta actriz en “Estoy pensando en dejarlo”. Me hace sufrir ese tic que tiene de mover la boca para una esquina. No recuerdo nada de su actuación en Beast y Men y son tan malas estas películas que no tengo el más mínimo interés en volver a verlas para hacerme una idea más argumentada sobre sus capacidades actorales. Por cierto, para buena actriz desaprovechada... ¿Nadie tiene nada que decir sobre cómo se ningunea a Emely Watson en esta película? Es que es como el decorado detrás del decorado. Como esos fondos del teatro en que uno se levanta y aparece otro. Pues ella está de fondo, al fondo. ¿Nadie tiene nada que decir en cómo se le ve actuando fuera de foco o medio oculta detrás de otros actores? Qué despropósito.

Llegamos al final. Al final de esta crítica y al final de la película. Me gusta el tramo final solo por ver en marcha ese teatro de época. Hay cierta emoción ahí que, si no existiese, nos iríamos por debajo del cinco. La ficción como medicina reparadora y un tema musical comprado en el mercadillo de los temas emotivos. Eso está medio bien cocinado. Pero que creamos que el niño Hamnet sea inspiración tan profunda y directamente relacionada con Hamlet, luego de descuidar lo que les pasa por la cabeza a Shakespeare y señora (o viceversa), me parece que es como si nos estuviesen pidiendo un acto de fe: “Dichosos los que creen sin haber visto”
6
6 de febrero de 2026
12 de 13 usuarios han encontrado esta crítica útil
81/13(06/02/26) Esta es una película impecablemente filmada, pulcramente interpretada y profundamente fallida. Un ejercicio de solemnidad hueca que confunde el silencio con la profundidad, el dolor con la emoción y la belleza con el sentido; un film que promete una inmersión humana en el origen de “Hamlet” y acaba siendo un catálogo de estampas fúnebres donde Shakespeare, paradójicamente, apenas existe.

No es una mala película. Ese es quizá su pecado mayor. “Hamnet” funciona, escena a escena, plano a plano, como un objeto respetable, prestigioso, diseñado para el aplauso crítico y el circuito de premios, pero carece de nervio, de riesgo emocional y de verdadera necesidad dramática. Chloé Zhao entrega aquí una obra impostadamente grave, donde la tragedia se diluye en contemplación y el duelo se convierte en un concepto estético antes que en una experiencia viva. El resultado es un film frío, pretencioso, alargado y, sobre todo, decepcionante en su ambición: menos habría sido más.
“Hamnet” nace con todos los mimbres del “gran film importante”: adaptación de una novela celebrada, “Hamnet” de Maggie O’Farrell, guion coescrito por la propia autora junto a Zhao, producción de Amblin Entertainment (Steven Spielberg), distribución de Focus Features y una clara vocación de temporada de premios. Todo está calculado. Todo está medido. Todo, menos el pulso.

La novela de O’Farrell proponía una relectura íntima y femenina del mito shakespeariano, desplazando el foco del genio al duelo silencioso de Agnes Hathaway. Zhao recoge esa premisa, pero la traduce al lenguaje más cómodo de su cine reciente: planos largos, personajes suspendidos en el tiempo, naturaleza como refugio espiritual y una espiritualidad difusa que pretende sustituir al conflicto dramático. El problema es que aquí no estamos ante vagabundos contemporáneos ni paisajes fronterizos, sino ante una tragedia familiar concreta, histórica, devastadora. Y Zhao la filma como si el dolor fuera una abstracción.
La producción es lujosa sin parecerlo, austera sin serlo realmente. Todo respira “cine serio”, “cine importante”, “cine que no se discute”. Y ahí empieza la trampa.

La reconstrucción del siglo XVI es irreprochable. El trabajo de diseño de producción de Fiona Crombie (“La favorita”) construye un mundo rural estilizado, casi despoblado, donde Stratford-upon-Avon parece más una instalación artística que una comunidad viva. La réplica del Globe Theatre, levantada en Elstree Studios, es eficaz, funcional y deliberadamente menos ornamentada que el original, en línea con la sobriedad que Zhao persigue… y fuerza.

La fotografía de Łukasz Żal (“Ida”) es, sin discusión, uno de los grandes valores del film. Cada plano parece concebido para ser enmarcado: interiores bañados por una luz vermeeriana, exteriores donde el bosque funciona como útero, templo y metáfora universal. El problema no es la belleza, sino su acumulación. Plano bello tras plano bello, sin progresión emocional, sin variación rítmica, sin contraste. La imagen acaba anestesiando.

La música de Max Richter (“Arrival”) opera como muleta emocional. Su omnipresente “On the Nature of Daylight” —ya gastada hasta el tuétano por el cine contemporáneo— subraya lo que la puesta en escena no logra transmitir. No acompaña: ordena sentir. Y cuando una película necesita ordenar la emoción, es que ha fracasado en generarla.

Jessie Buckley compone una Agnes Hathaway intensa, física, feral. Es una interpretación generosa, entregada, incluso excesiva por momentos. Buckley grita, llora, se retuerce, mira al vacío. Hace todo lo que se espera de ella. El problema es que el personaje está escrito como un arquetipo: la mujer conectada con la naturaleza, la sanadora, la bruja incomprendida, la madre doliente elevada a símbolo. Agnes no evoluciona: permanece.

Paul Mescal convierte a William Shakespeare en una presencia fantasmal. Un hombre que entra y sale de la historia, ausente incluso cuando está en pantalla. Zhao parece más interesada en lo que Shakespeare representa que en lo que siente. El genio es aquí un hombre taciturno, frustrado, opaco, reducido a tópico de escritor bloqueado. Shakespeare no crea: reacciona. Y a menudo, ni eso.

Emily Watson aporta gravedad como Mary Shakespeare, aunque su personaje está limitado a funciones dramáticas evidentes; Joe Alwyn cumple sin dejar huella; Los niños, especialmente Jacobi Jupe como Hamnet, sostienen con dignidad un peso emocional que el guion les impone sin verdadera preparación.

No hay química real entre Buckley y Mescal. El romance inicial se establece con prisas, se consolida con elipsis y se quiebra sin haber sido construido. El amor se presupone. El duelo también.

Desde el prólogo —“Hamnet” y “Hamlet” eran el mismo nombre— la película anuncia su tesis con subrayador fluorescente. No confía en el espectador. Necesita explicarse constantemente. Los diálogos están salpicados de citas de Shakespeare, de frases que suenan más a declaración de intenciones que a palabras dichas por seres humanos del siglo XVI.

El relato de Orfeo y Eurídice, la profecía de los hijos, el halcón como tótem espiritual, la cueva como pasaje simbólico: todo está cargado de significado, pero nada respira. El simbolismo no emerge; se impone.

La escena de la peste —cuando Judith enferma y Hamnet “ofrece” su lugar— debería ser devastadora. Y lo es, en teoría. Pero Zhao la filma con la misma distancia estética que el resto del metraje. El dolor se contempla, no se comparte. Cuando Hamnet muere, uno ya está emocionalmente exhausto… pero no conmovido.
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
spoiler:
Es imposible no pensar en “Shakespeare in Love” (John Madden) al ver “Hamnet”. Aquella, una ficción histórica juguetona, vitalista, emocionalmente honesta, exploraba el nacimiento de “Romeo y Julieta” desde el amor. Esta pretende explorar el origen de “Hamlet” desde el duelo. Pero donde Madden encontraba ligereza y emoción, Zhao encuentra solemnidad y vacío. “Hamnet” es su reverso letárgico: más lenta, más grave, más pretenciosa… y mucho menos humana. Donde “Shakespeare in Love” entendía que el artificio es parte del cine, Zhao parece avergonzarse de él, refugiándose en una gravedad impostada que acaba siendo contraproducente.

Lo peor no es su lentitud ni su preciosismo, sino su incapacidad para emocionar. Y eso, en una tragedia sobre la muerte de un hijo, es casi imperdonable. La película insiste, repite, subraya, alarga. Pero no profundiza.

La sucesión de planos bellos se convierte en rutina. El ritmo, en letargo. El dolor, en concepto. Shakespeare “pasaba por allí”. Y cuando llegamos al clímax en el Globe Theatre, diseñado como una catarsis colectiva, el efecto es más manipulador que revelador. La emoción llega… si llega… por acumulación musical y simbólica, no por verdad dramática.
“Hamnet” es un film respetable, premiable, impecable en lo formal y fallido en lo esencial. Una película que quiere decirlo todo y acaba no diciendo casi nada. Un duelo estetizado, pulido, diseñado para no incomodar demasiado. Chloé Zhao demuestra, una vez más, que sabe mirar… pero aquí no sabe contar.

No es un desastre. Porque hay talento. Porque hay oficio. Pero también porque es un ejemplo perfecto de cine contemporáneo de prestigio que confunde la importancia del tema con la importancia de la película. Y porque, a veces, menos —mucho menos— habría sido infinitamente más.

ZONA SPOILER

La última imagen de Agnes viendo a Hamnet desaparecer entre bastidores, sonriendo por primera vez tras su muerte, resume el problema del film: una resolución simbólica, hermosa, cerrada… y emocionalmente vacía. El duelo no se resuelve con imágenes bellas. Se atraviesa. Y “Hamnet”, en su obsesión por no mancharse, nunca se atreve a cruzarlo.

Gloria Ucrania!!!
10
23 de enero de 2026
26 de 43 usuarios han encontrado esta crítica útil
¿Es posible que esta película me haya emocionado lo mismo o más que La tumba de las luciérnagas (aunque no digo que tenga el mismo nivel de dureza)?
Me parece que todo en esta cinta es perfecto: lo de Jessie Buckley no tiene nombre; Paul Mescal está absolutamente extraordinario, no entiendo cómo se ha quedado sin nominación al Oscar; la historia es extraordinaria, conectas y piensas en ella desde el segundo uno hasta mucho después del último segundo de créditos; la fotografía es excepcional; la banda sonora, incluso mejor, el tema que suena al final es de otro nivel...y podría seguir enumerando todos los aspectos geniales de esta película. Pero prefiero centrarme en su capacidad de emocionar, en Jessie Buckley, el guión y la banda sonora.

En primer lugar, hablaré de cómo esta peligro te emociona. Cuando vi La tumba de las luciérnagas, pensé que nunca podría hacerse una película igual de emotiva y, mucho menos, más aún. Pero Hamnet consigue, al menos desde mi sensibilidad, igualarla en este aspecto, e incluso llegar a superlarla. Aunque de esto último no estoy tan seguro. Ambas te hacen llorar tanto que no sabría decirte con cuál me emocione más. Pero esta reseña no va de La tumba de las luciérnagas. Hamnet es una experiencia, una película que logra que sientas con los personajes, que te emociones con ellos, que te duela lo que les duele a ellos... Me parece que Chloé Zhao ha logrado una película inmersiva sin necesidad de IMAX, una cinta en la que la inmersión está en lo que siente el espectador, no sólo en que te traslade al siglo XVI (que también)
Pasemos al plano interpretativo. Como he adelantado, lo de Jessie Buckley en esta película es una locura. Ya sabemos quién va a ganar el Oscar, el SAG, el BAFTA, y todos los premios que queden por dar. Una de las mejores interpretaciones de una actriz protagonista que jamás he visto, aunque parezca pronto para atreverse a decir eso. Esta es una película de sentimientos, y Buckley transmite hasta el más mínimo matiz de los de Agnes. Sin lugar a dudas, Buckley se convertirá una de las tres/cinco actrices, en activo, de mayor nivel (si no lo es ya). Deseando ver que hace con la novia de Frankenstein en The Bride!
Sé que había dicho antes que iba a hablar de Jessie Buckley, pero no quiero dejar de mencionar el trabajazo de Paul Mescal, que está siendo mucho menos reconocido de lo que debería. Una de las actuaciones del año.

Siguiendo con los puntos que había indicado, pasemos al guión. Traer a Maggie O'Farrell (autora de la novela), uniendo fuerzas con Chloé Zhao (que tiene experiencia cinematográfica) ha sido la elección perfecta. Como no he leído el libro (aún, porque esta película ha logrado que me den muchísimas ganas), no puedo hablar de si lo adapta fielmente o no. Pero supongo que al estar la autora implicada en el guión, no habrá demasiados cambios. Y aunque hubiese muchísimos cambios, la historia que hay funciona a la perfección en el cine; y esto es una adaptación cinematográfica, no un libro, para ver exactamente lo mismo leemos otra vez el libro y nos ahorramos la entrada. Y además, insisto en que la autora es coguionista, así que habría tenido cierta participación en esos cambios, si lo hubiese (reitero que no he leído el libro por lo que no lo sé).
Al final me he liado y me he puesto a hablar de adaptaciones en general, pero lo único que quería hacer en este apartado de guión, era insistir en su capacidad de emocionar. Antes de que [spoiler] ya había algún momento que estabas cerca de llorar, pero después, es un no parar.

Y por último, no quiero olvidarme de la banda sonora. Este apartado juega, desde mi punto de vista, un papel clave reforzando la capacidad de la historia y los intérpretes para emocionar, y ayudando al espectador a quedar completamente inmerso en la película. Y el tema que suena al final de la película ("On the Nature of Daylight") es una absoluta preciosidad.

Y no quiero quedarme sin mencionar la fotografía, preciosísima; la ambientación, estupenda; la dirección de Chloé Zhao, clave para que la película te absorba; ni el trabajo de los niños, jovencísimos actores que están a otro nivel.

En conclusión, que es una maravilla. Iba con las expectativas bastante altas, y aún así las ha superado por mucho. Para mí la mejor película de 2025.
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
spoiler:
muera Hamnet
2
29 de enero de 2026
22 de 35 usuarios han encontrado esta crítica útil
Pues qué queréis que os diga a los que os ha conmovido tanto. Para mi es deprimente, no por la historia, sino por el aburrimiento que genera. Mustia, como su actor protagonista. No sé qué le ven a Paul Mescal. Quizás la tristeza inane de su rostro y por eso lo elijen para películas como está y la no menos deprimente "Aftersun".
Si quieren ver una película realmente conmovedora, sobre la perdida y el duelo y el efecto sanador del teatro, vean Ghostland.
9
23 de enero de 2026
17 de 26 usuarios han encontrado esta crítica útil
"Hamnet" me ha parecido una experiencia cinematográfica desgarradora y, a la vez, extrañamente luminosa; una obra que trasciende el drama biográfico para convertirse en una meditación profunda sobre el dolor y la creación. Un bálsamo para cualquier trauma insoportable del pasado.

La trama me sumergió en una Inglaterra rural del siglo XVI donde la verdadera protagonista no es la fama de William Shakespeare, sino la figura mística y terrenal de su esposa, Agnes (Anne) Hathaway, la verdadera protagonista. Ella lo vive desde el cuerpo, el instinto y la tierra. No pueden sufrir juntos. Shakespeare lo sufre desde el silencio, la distancia, la huida.

Este drama funciona gracias a la mirada contemplativa y cotidiana de Chloé Zhao.

La historia, centrada en la pérdida de su hijo de once años a causa de la peste, me hizo sentir cada gramo de esa agonía doméstica, explorando cómo una tragedia familiar se convierte en la semilla de la obra teatral más importante de la historia: Hamlet.
Joe Alwyn & Jessie Buckley
Es fascinante ver cómo la película prioriza el duelo materno y la conexión casi sobrenatural de Agnes con la naturaleza frente a las ambiciones artísticas del marido. El amor a un hijo y a la vida.

A nivel visual, la película es un triunfo absoluto del naturalismo poético. La fotografía utiliza una paleta de colores orgánicos —ocres, verdes profundos y claroscuros— que parecen sacados de un lienzo de la época, capturando la luz de las velas y la humedad de los bosques de Stratford con una nitidez que casi permite oler la tierra.

Musicalmente, la banda sonora es una pieza clave del género de drama histórico; la partitura, dominada por instrumentos de cuerda como la viola de gamba y el laúd, se mezcla con coros etéreos y sutiles percusiones que evocan el latido del corazón y la ansiedad de la pérdida. Los violines, en particular, alcanzan notas agudas que subrayan el desgarro emocional de los protagonistas.

Lo bueno: Lo mejor es, sin duda, la interpretación central de Agnes, que dota a la película de un alma inquebrantable, y la forma en que el guion dignifica a la mujer detrás del mito, otorgándole la autoría emocional de la obra de Shakespeare. La transición entre el dolor real y la catarsis artística es magistral.
Lo malo: Es muy dramática, te traspasa. Por momentos, el ritmo puede resultar excesivamente pausado para quienes busquen una narrativa más lineal o llena de acción, ya que la película se regodea en el silencio y la observación contemplativa del duelo.

Me quedo con esa reflexión final que resuena en toda la cinta: "Recordar a alguien es una forma de mantenerlo vivo, pero escribirlo es hacerlo inmortal". "Hamnet" no es solo una película, es un bálsamo para cualquier herida del pasado.

Ahora vienen los spoilers.
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
spoiler:
A través de las miradas en el teatro, Agnes comprende finalmente que el dolor de William es tan profundo como el suyo.

Entiende que escribir la obra no fue un acto de explotación, sino un intento de preservar la memoria de su hijo y darle una forma de vida eterna a través del arte.

En la escena culminante, Agnes estira su mano hacia el actor que interpreta a Hamlet mientras este muere en el escenario. Este gesto es imitado por el resto del público, transformando el duelo privado de una madre en una experiencia colectiva de sanación. Es una imagen sensible que llega al alma.

La película termina con Agnes permitiéndose finalmente "soltar" a su hijo, encontrando paz al ver cómo el nombre y la esencia de Hamnet (ahora Hamlet) trascienden la muerte.

La escena final parece un acto de "resurrección comunal" que subraya el poder del arte para sanar el trauma de la pérdida.
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