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14 de enero de 2018
14 de enero de 2018
662 de 997 usuarios han encontrado esta crítica útil
12/12(12/01/18) Revoltijo de ideas sin originalidad alguna que las hordas han comprado como la octava maravilla. El mexicano Guillermo del Toro sigue explorando mundos de seres extravagantes, y me sigue demostrando en la mayoría de sus películas (salvo “El espinazo del diablo” y “El laberinto del fauno”) que es un plagiador de ideas a las que no sabe darle patina de frescura, se relame en el mucho amor que tiene al cine serie b, a los musicales, a los cuentos de hadas, esto también lo han hecho realizadores como Tim Burton o Tarantino, pero ellos han sabido impregnar sus relatos de fulgor narrativo, del Toro lo más que sabe es hacernos ver que este pseudo-La Bella y Bestia fornican explícitamente, pero este rasgo (de zoofilia) aparentemente políticamente incorrecto queda metido con calzador para ofrecer morbo. Y es que este anhelado romance queda más forzado que intentar meter un elefante por la cabeza de una aguja, orgánicamente inverosímil, y es que lo que vemos por parte de ella al “anfibio” es lástima y compasión, la que se puede tener a un perrito maltratado, le das de comer, juegas con él, pero te acuestas con él, lo único que demuestra el relato que no es solo un problema de mudez lo que tiene la protagonista, es uno mental, que vínculo afectivo se ha establecido entre los dos más allá de que ella le ofrece huevos cocidos y al bicho le gustan?

La cinta intenta exponer los sentimientos de incomunicación, el aislamiento que la sociedad genera sobre gente “diferente (una muda, un artista gay, o un “bicho humaniforme”), la lucha contra los prejuicios, alabando los amores interraciales, esto lo contrapone del Toro contra la intolerancia, el militarismo, sazonándolo con algunas dosis de terror. Del Toro dijo: "Esta película es una película de sanación para mí... Durante nueve películas reformulé los temores de mi infancia, los sueños de mi infancia, y esta es la primera vez que Hablo como adulto, sobre algo que me preocupa como adulto. Hablo de confianza, alteridad, sexo, amor, hacia dónde vamos. Estas no son preocupaciones que tuve cuando tenía nueve o siete años". Muestra similitudes con el cortometraje de 2015 “The Space Between Us”, y también con la novela de Rachel Ingalls, “Mrs. Caliban”. También se inspiró en los recuerdos de la infancia de Del Toro al ver “La Criatura de la Laguna Negra” (1954) y deseando ver a Gill Man y la coestrella de la película Julie Adams triunfar en su romance.

Guillermo del Toro
Está bien que a del Toro haya que dar le la licencia de suspender la realidad y veamos en la historia un cuento de hadas, pero en este debe haber coherencia en su desarrollo, y unos recursos facilones y más simplistas que el mecanismo de un martillo, es que este batiburrillo de ideas manidas hasta el hartazgo me indigna todos en masa la alaben, me siento (perdonen la arrogancia) el niño que ve al Emperador (el cuento de “El traje nuevo del Emperador”), “…pero si va desnudo!”.
Es una mezcla entre “E.T.” (lo de que sane con su tacto está más sobado que las tetas de una actriz porno) y “Liberad a Willy”, con claros elementos de “King Kong” (1933) o el clásico literario mencionado “La Bella y la Bestia”, nadie puede imaginarse a Elliott acostándose con E.T. (ufff, que grima!), o al chaval Jesse teniendo sexo con la roca Willy (arggg, quitad esa imagen de mi cabeza!!!), pues incluso orgánicamente hay más lazos de cariño formados entre los protagonistas que en este producto batiburrillo. Incluso recuerdo un episodio en la popular serie “Expediente X” en que aparecía un animal marino humaniforme, con apariencia similar a este, aunque similar también es Abe Sapien de la cinta de del toro “Hellboy”.
Es una cinta que arranca bien eso hay que valorarlo, con unas bucólicas escenas bajo el agua con la cámara paseándonos por un hogar submarino donde las cosas flotan, hasta que el objetivo se posa sobre la durmiente Eliza Esposito (Sally Hawkins), se despierta y la vemos en el mundo “real”, en sus rutinas diarias, haciéndose un huevo cocido para desayunar, masturbándose en la bañera (recurso de morbo que nada aporta más que comercialidad),arrancando una hoja del calendario con un pensamiento diario, visita su vecino pintor acomplejado por ser calvo (menuda superficialidad), va su curro de limpiadora, va al cine a ver musicales, y vuelta a empezar. Inicio sugestivo que se sabotea a sí mismo cuando el meollo del núcleo comienza a desplegarse, con la aparición del bicho anfibio, y es que se supone una base ultra-secreta, supervigilada en tiempos de Guerra Fría, y sin embargo unas mindundis limpiadoras entran y salen de la sal donde tienen a un ser que puede cambiar la Historia como en su casa, sin medidas de vigilancia, más allá del tarugo de Michael Shannon (menuda caricatura de malo malísimo la suya) vaya por ahí blandiendo su porra táser. No se sabe porque tienen al bicho allí, no hacen experimento alguno con él, no intentan comunicarse con él, saber si tiene racionalidad, lo tienen en una gran bañera encadenado, y su único fin es que lo maten para hacerle la autopsia, menuda idiotez!
Y es que me ha resultado una película con todos los clichés habidos y por haber, con personajes más planos que el cerebro de Forrest Gump, con unos personajes estereotipados hasta el hartazgo, con buenos muy buenos y malos horribles, donde lo gris no existe, donde la profundidad se nos quiere dar a empujones, donde do huela ya muy ajado, situaciones un millón de veces vistas.
Tiene excelente envoltorio en lo que a puesta en escena se refiere, con fenomenal diseño de producción de Paul D. Austerberry (“Pompeya”), recreando con esmero los años 50 (rodando en interiores de Cinespace Studios de Ontario-Canadá), empezando por esa vivienda sumergida en el agua del inicio onírico, con los apartamentos que aparecen, esa calle idealizada con ese cine y su hermosa marquesina, con esa base secreta, esto elevado por la estupenda fotografía de Dan Laustsen (“La cumbre escarlata”),… (siguie en spoiler)
Es una mezcla entre “E.T.” (lo de que sane con su tacto está más sobado que las tetas de una actriz porno) y “Liberad a Willy”, con claros elementos de “King Kong” (1933) o el clásico literario mencionado “La Bella y la Bestia”, nadie puede imaginarse a Elliott acostándose con E.T. (ufff, que grima!), o al chaval Jesse teniendo sexo con la roca Willy (arggg, quitad esa imagen de mi cabeza!!!), pues incluso orgánicamente hay más lazos de cariño formados entre los protagonistas que en este producto batiburrillo. Incluso recuerdo un episodio en la popular serie “Expediente X” en que aparecía un animal marino humaniforme, con apariencia similar a este, aunque similar también es Abe Sapien de la cinta de del toro “Hellboy”.
Es una cinta que arranca bien eso hay que valorarlo, con unas bucólicas escenas bajo el agua con la cámara paseándonos por un hogar submarino donde las cosas flotan, hasta que el objetivo se posa sobre la durmiente Eliza Esposito (Sally Hawkins), se despierta y la vemos en el mundo “real”, en sus rutinas diarias, haciéndose un huevo cocido para desayunar, masturbándose en la bañera (recurso de morbo que nada aporta más que comercialidad),arrancando una hoja del calendario con un pensamiento diario, visita su vecino pintor acomplejado por ser calvo (menuda superficialidad), va su curro de limpiadora, va al cine a ver musicales, y vuelta a empezar. Inicio sugestivo que se sabotea a sí mismo cuando el meollo del núcleo comienza a desplegarse, con la aparición del bicho anfibio, y es que se supone una base ultra-secreta, supervigilada en tiempos de Guerra Fría, y sin embargo unas mindundis limpiadoras entran y salen de la sal donde tienen a un ser que puede cambiar la Historia como en su casa, sin medidas de vigilancia, más allá del tarugo de Michael Shannon (menuda caricatura de malo malísimo la suya) vaya por ahí blandiendo su porra táser. No se sabe porque tienen al bicho allí, no hacen experimento alguno con él, no intentan comunicarse con él, saber si tiene racionalidad, lo tienen en una gran bañera encadenado, y su único fin es que lo maten para hacerle la autopsia, menuda idiotez!
Y es que me ha resultado una película con todos los clichés habidos y por haber, con personajes más planos que el cerebro de Forrest Gump, con unos personajes estereotipados hasta el hartazgo, con buenos muy buenos y malos horribles, donde lo gris no existe, donde la profundidad se nos quiere dar a empujones, donde do huela ya muy ajado, situaciones un millón de veces vistas.
Tiene excelente envoltorio en lo que a puesta en escena se refiere, con fenomenal diseño de producción de Paul D. Austerberry (“Pompeya”), recreando con esmero los años 50 (rodando en interiores de Cinespace Studios de Ontario-Canadá), empezando por esa vivienda sumergida en el agua del inicio onírico, con los apartamentos que aparecen, esa calle idealizada con ese cine y su hermosa marquesina, con esa base secreta, esto elevado por la estupenda fotografía de Dan Laustsen (“La cumbre escarlata”),… (siguie en spoiler)
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
spoiler:
… con ese bañado de artificial luminidad verde por todos lados, rodando siempre en la noche, con uso de steadycams, de grúas y planos cuidados. La música es obra del maestro galo Alexandre Desplat (“El Gran Hotel Budapest), aporta calidez y melancolía; Lástima que todos estos estimables recursos estén al servicio de una argumento tan vacío de contenido, una estética que puede atraparte en su tráiler, pero que al tener que desarrollarlo en una película discurre por caminos muy transitados anteriormente.
Del Toro intenta dar algo más con sus (clásicos) aportes de sangre sobredimensionada (cercano al gore, como los dedos cortados o la cabeza de gato cortada), con imágenes de sexo sin venir a cuento, lo de la Hawkins desnuda masturbándose, o tener que ver al malo fornicando con su esposa, por mucho que quieran hacernos ver la dulzura frente a la fiereza, esto es gratuito, mal integrado en la trama, si no es por su grado efectista artificioso.
Sally Hawkins da un buen perfil como esta pseudo-Bella, frágil, tierna, nostálgica, emitiendo mundo interior, pero lo de que sea muda para emparentarse alegóricamente con su partenaire el bicho anfibio, me es muy gastado; Richard Jenkins (el inolvidable Nathaniel Fisher de la serie “A dos metros bajo tierra”), está maravilloso en su rol de artista homosexual solitario que encuentra en la mudita otra alma incomprendida con la que traba una fuerte amistad; Michael Shannon queda muy desaprovechado en su papel de villano sin dimensión, un guiñol, por mucho que lo veamos con su familia o comparando un coche; Octavia Spencer da bien con su personaje de simpática amiga de la protagonista, respirando frescura; Michael Stuhlbarg cumple en su función de científico con sentimientos, pero sin alardes; El ser anfibio es encarnado por Doug Jones, especialista en seres humaniformes disfuncionales con su correspondiente maquillaje, fue Abe Sapien en “Hellboy” (2004) y el Fauno en “El laberinto del Fauno” (2006),m aquí cumple sin más.
Del Toro intenta dar algo más con sus (clásicos) aportes de sangre sobredimensionada (cercano al gore, como los dedos cortados o la cabeza de gato cortada), con imágenes de sexo sin venir a cuento, lo de la Hawkins desnuda masturbándose, o tener que ver al malo fornicando con su esposa, por mucho que quieran hacernos ver la dulzura frente a la fiereza, esto es gratuito, mal integrado en la trama, si no es por su grado efectista artificioso.
Sally Hawkins da un buen perfil como esta pseudo-Bella, frágil, tierna, nostálgica, emitiendo mundo interior, pero lo de que sea muda para emparentarse alegóricamente con su partenaire el bicho anfibio, me es muy gastado; Richard Jenkins (el inolvidable Nathaniel Fisher de la serie “A dos metros bajo tierra”), está maravilloso en su rol de artista homosexual solitario que encuentra en la mudita otra alma incomprendida con la que traba una fuerte amistad; Michael Shannon queda muy desaprovechado en su papel de villano sin dimensión, un guiñol, por mucho que lo veamos con su familia o comparando un coche; Octavia Spencer da bien con su personaje de simpática amiga de la protagonista, respirando frescura; Michael Stuhlbarg cumple en su función de científico con sentimientos, pero sin alardes; El ser anfibio es encarnado por Doug Jones, especialista en seres humaniformes disfuncionales con su correspondiente maquillaje, fue Abe Sapien en “Hellboy” (2004) y el Fauno en “El laberinto del Fauno” (2006),m aquí cumple sin más.

Spoiler:
Una oda al zoofilia y nos quieren hacer ver que en realidad es un canto a los amores interraciales, puajjjj! Partamos de cierta coherencia racional, Elisa tiene una conexión emocional con el anfibio porque le gustan los huevos cocidos que le da, y por qué le atrae la música que le pone, y por supuesto porque le tiene lástima por el trato que le dispensa el malo malísimo, que diferencia habría con un gatito al que maltratan sus dueños, no te enamoras del gatito por ello. No hay viso alguno de racionalidad por parte del anfibio, de hecho ya en la casa de ella el instinto animal salvaje del bicho aflora cuando arranca la cabeza de un gato y selo come, con lo que está claro es un ANIMAL. Entonces no puede amar racionalmente, y si siente picores sexuales no se puede reprimir (como todo ANIMAL), y por tanto la escena en que el ANIMAL acaricia a Elisa y ella se retira dejando al ANIMAL trempado pero aceptando la negativa de ella, esto es incompatible con el instinto ANIMAL, y entonces ella se lo piensa y se dice “Me voy a entregar al ANIMAL”, pero nos quieren hacer ver que un ANIMAL, haría el sexo como un humano, no trago, demasiadas licencias incongruentes.
Últimamente me siento un contestatario reaccionario, el de la Guadaña, y es que he visto en poco tiempo varias de las nominadas a los Globos de Oro (palabro a utilizar: Antesala delos Oscar), y es que las elogiadas “The disaster artist”, “Lady Bird”, “Déjame salir” y esta que me ocupa (en diferentes niveles) me han sido un fiasco, me demuestra que el año tal vez no ha sido bueno para el cine de calidad, salvándose unas poquitas de la quema (“Dunkerke”, “Tres anuncios en las afueras”, “Yo, Tonya”, teniendo esperanzas en alguna que me falta por ver). Fuerza y honor!!!
Una oda al zoofilia y nos quieren hacer ver que en realidad es un canto a los amores interraciales, puajjjj! Partamos de cierta coherencia racional, Elisa tiene una conexión emocional con el anfibio porque le gustan los huevos cocidos que le da, y por qué le atrae la música que le pone, y por supuesto porque le tiene lástima por el trato que le dispensa el malo malísimo, que diferencia habría con un gatito al que maltratan sus dueños, no te enamoras del gatito por ello. No hay viso alguno de racionalidad por parte del anfibio, de hecho ya en la casa de ella el instinto animal salvaje del bicho aflora cuando arranca la cabeza de un gato y selo come, con lo que está claro es un ANIMAL. Entonces no puede amar racionalmente, y si siente picores sexuales no se puede reprimir (como todo ANIMAL), y por tanto la escena en que el ANIMAL acaricia a Elisa y ella se retira dejando al ANIMAL trempado pero aceptando la negativa de ella, esto es incompatible con el instinto ANIMAL, y entonces ella se lo piensa y se dice “Me voy a entregar al ANIMAL”, pero nos quieren hacer ver que un ANIMAL, haría el sexo como un humano, no trago, demasiadas licencias incongruentes.
Últimamente me siento un contestatario reaccionario, el de la Guadaña, y es que he visto en poco tiempo varias de las nominadas a los Globos de Oro (palabro a utilizar: Antesala delos Oscar), y es que las elogiadas “The disaster artist”, “Lady Bird”, “Déjame salir” y esta que me ocupa (en diferentes niveles) me han sido un fiasco, me demuestra que el año tal vez no ha sido bueno para el cine de calidad, salvándose unas poquitas de la quema (“Dunkerke”, “Tres anuncios en las afueras”, “Yo, Tonya”, teniendo esperanzas en alguna que me falta por ver). Fuerza y honor!!!
22 de enero de 2026
22 de enero de 2026
269 de 345 usuarios han encontrado esta crítica útil
44/44(21/01/26) Kleber Mendonça Filho —director de “Doña Clara” y “Bacurau”— firma aquí su proyecto más grande, más caro y más conscientemente importante. “El agente secreto” nace con vocación de obra total: Memoria histórica, thriller político, neo-noir setentero, cine dentro del cine, reflexión sobre la censura, alegoría del Brasil contemporáneo y homenaje explícito al cine de los años 70. Demasiadas capas para una estructura que nunca termina de encontrar un centro de gravedad narrativo.
El guion, escrito por el propio Mendonça Filho, parece concebido más como un archivo de obsesiones que como un relato orgánico. Se nota la voluntad de dialogar con Robert Altman, Brian De Palma, Sam Peckinpah, Martin Scorsese o Steven Spielberg, pero la influencia acaba siendo un lastre: la película se contempla a sí misma como cine importante antes de funcionar como cine vivo.
La trastienda de la producción explica mucho de sus problemas. Rodada durante diez semanas en Recife, utilizando edificios históricos como el Cinema São Luiz, puentes coloniales y el río Capibaribe, la película se enamora tanto de sus localizaciones que se permite detenerse en ellas con una morosidad casi museística. Mendonça Filho filma Recife como si estuviera embalsamando la memoria de una ciudad, no narrando una historia que necesita avanzar.
El guion, escrito por el propio Mendonça Filho, parece concebido más como un archivo de obsesiones que como un relato orgánico. Se nota la voluntad de dialogar con Robert Altman, Brian De Palma, Sam Peckinpah, Martin Scorsese o Steven Spielberg, pero la influencia acaba siendo un lastre: la película se contempla a sí misma como cine importante antes de funcionar como cine vivo.
La trastienda de la producción explica mucho de sus problemas. Rodada durante diez semanas en Recife, utilizando edificios históricos como el Cinema São Luiz, puentes coloniales y el río Capibaribe, la película se enamora tanto de sus localizaciones que se permite detenerse en ellas con una morosidad casi museística. Mendonça Filho filma Recife como si estuviera embalsamando la memoria de una ciudad, no narrando una historia que necesita avanzar.

Visualmente, “El agente secreto” es irreprochable. La fotografía de Evgenia Alexandrova, “Bacurau” trabaja una paleta apagada, sucia, setentera, donde el carnaval no es celebración sino ruido opresivo. La cámara se mueve con una seguridad técnica indiscutible, especialmente en el arranque y en el tramo final, donde Mendonça Filho demuestra que sabe crear climas.
El problema no es el cómo, sino el para qué. Cada plano está tan subrayado, tan cargado de intención simbólica, que la película acaba sofocada por su propio aparato formal. El montaje de Eduardo Serrano, (“Aquarius”) es el principal culpable: 158 minutos para contar una historia que habría ganado contundencia, tensión y sentido político real con al menos media hora menos.
La música —uno de los elementos más celebrados— funciona casi como un film paralelo. Es excelente, sí, pero también descontextualizada, cambiante hasta el capricho, como si la película probara distintos géneros sin decidirse por ninguno. Disfruté la banda sonora; me desconectó del relato.
El problema no es el cómo, sino el para qué. Cada plano está tan subrayado, tan cargado de intención simbólica, que la película acaba sofocada por su propio aparato formal. El montaje de Eduardo Serrano, (“Aquarius”) es el principal culpable: 158 minutos para contar una historia que habría ganado contundencia, tensión y sentido político real con al menos media hora menos.
La música —uno de los elementos más celebrados— funciona casi como un film paralelo. Es excelente, sí, pero también descontextualizada, cambiante hasta el capricho, como si la película probara distintos géneros sin decidirse por ninguno. Disfruté la banda sonora; me desconectó del relato.

Wagner Moura —en su regreso al cine en portugués tras ocho años— compone a Armando Solimões / Marcelo Alves con contención y profesionalidad. No es una mala interpretación, pero sí una excesivamente pasiva. Moura observa, escucha, aguanta, huye… pero rara vez actúa dramáticamente. Su personaje existe más como concepto que como individuo. Moura funciona como símbolo del intelectual aplastado por el sistema, pero nunca como personaje que me importe de verdad. Su dolor, su pasado, su vínculo con el hijo, todo queda apuntado, nunca desarrollado.
El reparto secundario está lleno de caras interesantes: Maria Fernanda Cândido como Elza, Hermila Guedes como Claudia, Alice Carvalho como Fátima. Todos correctos, todos infrautilizados. El caso de Udo Kier, en su último papel cinematográfico, es especialmente significativo: su presencia es potente, pero anecdótica, casi decorativa, más pensada para el fetichismo cinéfilo que para el relato.
La subtrama de la pierna cercenada encontrada dentro de un tiburón tigre —basada en hechos reales— es uno de esos elementos que suenan fascinantes sobre el papel. En la práctica, se convierte en una metáfora excesivamente subrayada: la violencia del Estado devorándose a sí misma, el horror oculto bajo el espectáculo del carnaval.
El problema es que Mendonça Filho no sabe cuándo parar. La pierna revive, ataca, reaparece… hasta rozar lo grotesco involuntario. Hay una escena particularmente chirriante en la que un disparo arranca literalmente parte del rostro de un personaje con un efecto de látex que parece sacado de una serie de los 80, no es perturbador: es torpe.
Como en “Pictures of Ghosts”, Mendonça Filho vuelve a convertir el cine en tema central. El Cinema São Luiz, las proyecciones de “Tiburón” y “La profecía”, el proyeccionista como guardián de la memoria… Todo esto es hermoso, pero también autocomplaciente.
Da la sensación de que el director utiliza el amor al cine como coartada emocional para justificar una narrativa errática. Cuando la historia se atasca, aparece una referencia cinéfila. Cuando el conflicto pierde tensión, se introduce una digresión cultural. El resultado es una película que admira más su discurso que a su espectador.
No me sorprende que la crítica internacional adore “El agente secreto”. Tiene todo lo que suele funcionar en festivales: duración excesiva confundida con densidad, discurso político evidente, estética cuidada, referencias cultas y un contexto histórico legitimador.
Pero me cuesta creer que conecte con el público más allá del respeto intelectual. La dictadura brasileña está tratada con solemnidad, pero sin verdadera urgencia emocional. El mensaje es correcto, necesario… y profundamente reiterativo.
El reparto secundario está lleno de caras interesantes: Maria Fernanda Cândido como Elza, Hermila Guedes como Claudia, Alice Carvalho como Fátima. Todos correctos, todos infrautilizados. El caso de Udo Kier, en su último papel cinematográfico, es especialmente significativo: su presencia es potente, pero anecdótica, casi decorativa, más pensada para el fetichismo cinéfilo que para el relato.
La subtrama de la pierna cercenada encontrada dentro de un tiburón tigre —basada en hechos reales— es uno de esos elementos que suenan fascinantes sobre el papel. En la práctica, se convierte en una metáfora excesivamente subrayada: la violencia del Estado devorándose a sí misma, el horror oculto bajo el espectáculo del carnaval.
El problema es que Mendonça Filho no sabe cuándo parar. La pierna revive, ataca, reaparece… hasta rozar lo grotesco involuntario. Hay una escena particularmente chirriante en la que un disparo arranca literalmente parte del rostro de un personaje con un efecto de látex que parece sacado de una serie de los 80, no es perturbador: es torpe.
Como en “Pictures of Ghosts”, Mendonça Filho vuelve a convertir el cine en tema central. El Cinema São Luiz, las proyecciones de “Tiburón” y “La profecía”, el proyeccionista como guardián de la memoria… Todo esto es hermoso, pero también autocomplaciente.
Da la sensación de que el director utiliza el amor al cine como coartada emocional para justificar una narrativa errática. Cuando la historia se atasca, aparece una referencia cinéfila. Cuando el conflicto pierde tensión, se introduce una digresión cultural. El resultado es una película que admira más su discurso que a su espectador.
No me sorprende que la crítica internacional adore “El agente secreto”. Tiene todo lo que suele funcionar en festivales: duración excesiva confundida con densidad, discurso político evidente, estética cuidada, referencias cultas y un contexto histórico legitimador.
Pero me cuesta creer que conecte con el público más allá del respeto intelectual. La dictadura brasileña está tratada con solemnidad, pero sin verdadera urgencia emocional. El mensaje es correcto, necesario… y profundamente reiterativo.
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
spoiler:
El salto temporal al presente, con Flavia investigando las cintas de audio, confirma la sospecha: **Armando no importa tanto como la idea de Armando**. Su asesinato, su posterior difamación como profesor corrupto, su desaparición simbólica, refuerzan la tesis de que Brasil —no él— es el verdadero protagonista.
El cierre, con el recuerdo infantil de “Tiburón” proyectado en un cine que ahora es hospital, es bonito, melancólico… y profundamente calculado. Mendonça Filho quiere cerrar el círculo entre memoria, cine y pérdida. Lo consigue a nivel conceptual, pero no emocional.
Salí con la sensación de haber visto una película inteligente, culta y respetable, pero también hinchada, dispersa y cansina. Una obra que confunde duración con profundidad, acumulación con complejidad y prestigio con impacto real.
“El agente secreto” no es una mala película. Es algo peor: una película que debería ser mucho mejor de lo que es. Y eso, en cine político, es casi imperdonable. Gloria Ucrania!!!
El cierre, con el recuerdo infantil de “Tiburón” proyectado en un cine que ahora es hospital, es bonito, melancólico… y profundamente calculado. Mendonça Filho quiere cerrar el círculo entre memoria, cine y pérdida. Lo consigue a nivel conceptual, pero no emocional.
Salí con la sensación de haber visto una película inteligente, culta y respetable, pero también hinchada, dispersa y cansina. Una obra que confunde duración con profundidad, acumulación con complejidad y prestigio con impacto real.
“El agente secreto” no es una mala película. Es algo peor: una película que debería ser mucho mejor de lo que es. Y eso, en cine político, es casi imperdonable. Gloria Ucrania!!!
4 de noviembre de 2016
4 de noviembre de 2016
146 de 164 usuarios han encontrado esta crítica útil
202/19(28/10/16) Magnífico y turbador tercer episodio de la antológica serie creada por el británico Charlie Brooker, su serie estrella vuelven, han cambiado de cadena, de la británica Channel 4 a la estadounidense Netflix, pero su mordacidad, ironía, acidez y visión inquieta sobre el impacto de las nuevas tecnologías en nuestra sociedad sigue intacto. Para el que no la conozca, es una serie de antología, capítulos independientes autoconclusivos, con diferentes tramas, diferentes géneros, diferentes actores y personajes, diferente ambientación, e incluso abordando diferente franjas temporales, pero todas con el nexo de unión de cómo la nueva era tecnológica puede ser pervertida haciéndonos menos humanos, corrompiendo la sociedad. Este capítulo está dirigido con pulso trepidante por James Watkins (“Eden Lake”), con guión del propio creador Brooker y William Bridges (“Shallow”), nos adentra en las perversiones que ese esconden en la red y en cómo tras estas se pueden esconder “justicieros-chantajeadores”, de cómo hoy en día la privacidad e intimidad resulta ambigua, un pestillo en la puerta no es suficiente cuando el Caballo de Troya lo tenemos todos instalado en nuestra casa.

Con un ritmo frenético discurre este subyugante episodio , con una ágil delineación de personajes, con aristas y matices, emitiendo humanidad, con diálogos ásperos, con creación de situaciones originales, aderezado por un protagonista Alex Lawther (Alan Tuning de joven en “The Imitation Game”) impresionante, una actuación colosal en la que se mimetiza con el personaje, sublime como transmite su odisea existencial al abismo, con un lenguaje gestual estremecedor. Jerome Flynn (el inolvidable Bronn de “Juego de Tronos”) realiza un notable trabajo, con una extraña mezcla de víctima y manipulador acuciado por la presión de sus “pecados”.
“Cállate y baila” explora con acritud desesperanzadora de la oscuridad de la Condición Humana, la fina línea que separa lo convencional y aceptado socialmente de lo patológico, un mediometraje que te hace reflexionar sobre lo hasta donde estamos dispuestos a llegar por ocultar nuestro lado primario, ello desarrollado en un increscendo dramático sofocante, gracias a un guión hábil, ingenioso, de los que te hace pensar, de los que te provoca dilemas morales sobre lo que tu harías en el caso de los protagonistas, ello para desembocar en un final que sacude, retorciéndose hasta hacerte sentir mal, dando una visión distinta de lo visto, y tomando otra perspectiva lo acontecido, tomando otro cariz el agudo argumento. Resulta el metraje un análisis mordaz sobre la quimera de hoy en día creernos guardianes absolutos de nuestra intimidad, en un mundo global, donde las redes de internet pueden funcionar en dos vías esto es un cuasi-imposible, y en este sentido se pueden mover todo tipo de entes de mentalidad siniestra, vengadores, pervertidos, enfermos sociales, etc.
“Cállate y baila” explora con acritud desesperanzadora de la oscuridad de la Condición Humana, la fina línea que separa lo convencional y aceptado socialmente de lo patológico, un mediometraje que te hace reflexionar sobre lo hasta donde estamos dispuestos a llegar por ocultar nuestro lado primario, ello desarrollado en un increscendo dramático sofocante, gracias a un guión hábil, ingenioso, de los que te hace pensar, de los que te provoca dilemas morales sobre lo que tu harías en el caso de los protagonistas, ello para desembocar en un final que sacude, retorciéndose hasta hacerte sentir mal, dando una visión distinta de lo visto, y tomando otra perspectiva lo acontecido, tomando otro cariz el agudo argumento. Resulta el metraje un análisis mordaz sobre la quimera de hoy en día creernos guardianes absolutos de nuestra intimidad, en un mundo global, donde las redes de internet pueden funcionar en dos vías esto es un cuasi-imposible, y en este sentido se pueden mover todo tipo de entes de mentalidad siniestra, vengadores, pervertidos, enfermos sociales, etc.
Para este incisivo y agrio capítulo crean un protagonista complejo, un chico aparentemente asocial, víctima de bullying, reservado, lacónico, para conforme avanza la trama sentirnos empatizados por su calvario, con el que nos llegamos a identificar, desgarradora su travesía, angustiosa, asfixiante, no llegando en un momento dado si la caída en picado es producto de la atomización en su mente de algo pequeño, pero al final hay un giro extraordinario que da sentido a todo lo visto hasta entonces, provocándonos incomodidad, mal cuerpo, zozobra.
Lo bueno que tienen casi todos las entregas de la serie es que es fácil conectar con su núcleo argumental, y este lo es por lo cercano y realista de su premisa, provocando con ello una feroz crítica a los peligros que posee entrar en la Red, ello enredado con los bajos instintos humanos deriva en un cóctel siempre explosivo que pone contra el paredón las ingenuidades, miserias y mezquindades humanas. Este es un relato que conforme pasan los minutos se vuelve más duro y adusto, conformando una tensión e intensidad que te atrapa y subyuga, hasta desembocar en un clímax que te descoloca por la fuerza de la percepción que habíamos tenido hasta entonces, y zarandearnos, otorgando un enfoque radicalmente diferente a lo que creíamos, sublime el modo que Brooker tiene de hacer que nos cale emocionalmente sus historias.
Lo bueno que tienen casi todos las entregas de la serie es que es fácil conectar con su núcleo argumental, y este lo es por lo cercano y realista de su premisa, provocando con ello una feroz crítica a los peligros que posee entrar en la Red, ello enredado con los bajos instintos humanos deriva en un cóctel siempre explosivo que pone contra el paredón las ingenuidades, miserias y mezquindades humanas. Este es un relato que conforme pasan los minutos se vuelve más duro y adusto, conformando una tensión e intensidad que te atrapa y subyuga, hasta desembocar en un clímax que te descoloca por la fuerza de la percepción que habíamos tenido hasta entonces, y zarandearnos, otorgando un enfoque radicalmente diferente a lo que creíamos, sublime el modo que Brooker tiene de hacer que nos cale emocionalmente sus historias.
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
spoiler:
Creo, en mi modesta opinión, que hay un fallo en la trama, y es que la webcam que graba a Kenny masturbándose puede ocurrir, pero como puede la cámara grabar las imágenes con las que lo hace? Y es que si se hace colocando al chico en una ventana digital mientras en grande están las secuencias pedófilas en pantalla o viceversa, siempre se pude decir que están manipuladas, o que aparezca la dirección web con que se pajea, también esto puede ser manipulado. La única explicación, que no se dice, es que hubiera un espejo tras el portátil.
El capítulo mientras lo vemos y asistimos al tormento que sufre Kenny no llegamos a entender como cruza la línea del delito al aceptar atracar el banco, en la balanza su supuesto desliz es una simple e inocente masturbación (eso creemos en ese momento), tendremos que creer en ese momento que es por su introspección, sumado a la acuciante presión que es sometido por su compañero de fatigas Hector, pero entonces tiene el encuentro en el bosque con un tipo también del “club” de los chantajeados, nos enteramos que es un pedófilo, y todo toma otro aspecto, cobra sentido el modo en que Kenny intenta como sea que las imágenes de pornografía infantil que él veía no se hagan públicas, y a los supuestos villanos lo son menos, convirtiéndose en justicieros-vengadores, y la supuesta víctima se torna en sujeto peligroso, un giro épico por lo inesperado. Y entonces podemos volver a montar el rompecabezas de secuencias: Kenny en la hamburguesería que trabaja coge un juguete olvidado por un crio y se lo lleva antes de salir, a la primera creemos que es un chico bueno y servicial, pero volviendo la vista atrás es que se siente atraído por el niño (enfermizo); Que Kenny intente que su hermana no toque su portátil no es por ser cándido celo de su intimidad, es para que no puedan dar con las páginas pedófilas que visita; Asimismo nos damos cuenta en el epílogo que toda la trama de justicieros puede estar detrás de una red de pedófilos, el tipo que al final destapa todo y que es matado (seguramente) por Kenny es un pedófilo confeso; Hector cuenta que ha contratado a una prostituta por internet y que le gustan jóvenes (se puede pensar subliminalmente que es una menor); Oímos que al tipo negro que lleva la tarta a Kenny le están tildando su familia de pervertido, seguramente por pedófilo destapado por la red de justicieros; También está la mujer que vemos al principio llevar el coche al parking, al final nos enteramos por secuencias de internet que ella ha sido chantajeada por mandar e-mails racistas, en estas mismas imágenes vemos que es una ejecutiva, Georgina Tarrington, directora de la cadena de hoteles Low Cost donde Hector estaba esperando a Mindy, pudiendo hilar fino se podría pensar que es en estos hoteles donde se gesta un red de pederastia de la que se han podido servir estos pedófilos.
El capítulo tiene grandes similitudes con el de la segunda temporada “Oso Blanco” ("White Bear"), y es que durante todo el metraje creemos que el protagonista es la víctima y al final toda da un giro completo, donde todo ha sido una trama planeada por justicieros-vengativos contra personas que lo pueden merecer.
Este episodio de la serie es por derecho propio uno de los hitos de “Black Mirror”, de los que te hará pensar y reflexionar, eso nunca esta mal. Fuerza y honor!!!
Podéis leer más sobre el film en: http://tomregan.blogspot.com/2016/11/black-mirror-callate-y-baila.html
El capítulo mientras lo vemos y asistimos al tormento que sufre Kenny no llegamos a entender como cruza la línea del delito al aceptar atracar el banco, en la balanza su supuesto desliz es una simple e inocente masturbación (eso creemos en ese momento), tendremos que creer en ese momento que es por su introspección, sumado a la acuciante presión que es sometido por su compañero de fatigas Hector, pero entonces tiene el encuentro en el bosque con un tipo también del “club” de los chantajeados, nos enteramos que es un pedófilo, y todo toma otro aspecto, cobra sentido el modo en que Kenny intenta como sea que las imágenes de pornografía infantil que él veía no se hagan públicas, y a los supuestos villanos lo son menos, convirtiéndose en justicieros-vengadores, y la supuesta víctima se torna en sujeto peligroso, un giro épico por lo inesperado. Y entonces podemos volver a montar el rompecabezas de secuencias: Kenny en la hamburguesería que trabaja coge un juguete olvidado por un crio y se lo lleva antes de salir, a la primera creemos que es un chico bueno y servicial, pero volviendo la vista atrás es que se siente atraído por el niño (enfermizo); Que Kenny intente que su hermana no toque su portátil no es por ser cándido celo de su intimidad, es para que no puedan dar con las páginas pedófilas que visita; Asimismo nos damos cuenta en el epílogo que toda la trama de justicieros puede estar detrás de una red de pedófilos, el tipo que al final destapa todo y que es matado (seguramente) por Kenny es un pedófilo confeso; Hector cuenta que ha contratado a una prostituta por internet y que le gustan jóvenes (se puede pensar subliminalmente que es una menor); Oímos que al tipo negro que lleva la tarta a Kenny le están tildando su familia de pervertido, seguramente por pedófilo destapado por la red de justicieros; También está la mujer que vemos al principio llevar el coche al parking, al final nos enteramos por secuencias de internet que ella ha sido chantajeada por mandar e-mails racistas, en estas mismas imágenes vemos que es una ejecutiva, Georgina Tarrington, directora de la cadena de hoteles Low Cost donde Hector estaba esperando a Mindy, pudiendo hilar fino se podría pensar que es en estos hoteles donde se gesta un red de pederastia de la que se han podido servir estos pedófilos.
El capítulo tiene grandes similitudes con el de la segunda temporada “Oso Blanco” ("White Bear"), y es que durante todo el metraje creemos que el protagonista es la víctima y al final toda da un giro completo, donde todo ha sido una trama planeada por justicieros-vengativos contra personas que lo pueden merecer.
Este episodio de la serie es por derecho propio uno de los hitos de “Black Mirror”, de los que te hará pensar y reflexionar, eso nunca esta mal. Fuerza y honor!!!
Podéis leer más sobre el film en: http://tomregan.blogspot.com/2016/11/black-mirror-callate-y-baila.html
6
7 de enero de 2016
7 de enero de 2016
184 de 249 usuarios han encontrado esta crítica útil
214/17(29/12/15) Sobrevalorado film de Todd Haynes, que vuelve a lo que más sabe ofrecer, un melodrama sórdido sobre un amor contracorriente, que debe sortear las barreras de su tiempo, de nuevo enmarcando su historia en los años 50, como ya hizo en “Lejos del cielo”, y con una protagonista de clase alta, también Cate Blanchett, en este caso junto a una joven de clase baja, entrelazándolas en un amor tabú para el tiempo. Una narración sustancialmente visual, aminorando la fuerza de los diálogos y porfiando la fuerza del relato en sus por momentos poéticas y delicadas imágenes, con miradas, gestos, insinuaciones o roces, en lo que es un juego de dulce seducción, ello apoyado en un excelente trabajo de cámara, con movimientos sugerentes alrededor de las dos protagonistas. Pues bien todo esto me queda plúmbeo, hueco, no veo la cacareada lucha contra la sociedad, apenas veo su sufrimiento, no me cuenta algo nuevo, no hay giros, todo me ha resultado lineal, un bonito envoltorio para poco contenido, además de excesivo. Como bien he leído, si no fuera por sus dos grandes actuaciones y por su elegante puesta en escena no dejaría de ser un telefilm.

Todd Haynes & Cate Blanchett
Estamos a principio de los años 50 en Nueva York, Theresa Belivet (Rooney Mara) es una joven que trabaja de dependienta en la sección de juguetes de los grandes almacenes Frankenberg, su gran afición es la fotografía, tiene un medio-novio, Richard Semco (Jake Lacy), en tiempo de Navidad aparece por la tienda la elegante Carol Aird (Cate Blanchett), mujer de mediana edad con una hija y en trámites de divorcio de Harge (Kyle Chandler), entre las dos surgen un juego de miradas, ella va a comprar un regalo para su hija, comenzando entre las dos una relación primero de amistad. También tiene importancia en la historia Abby (Sarah Paulson), íntima amiga de Carol.
El guión de Phyllis Nagy se basa en una novela, “El precio de la sal” (1952), semi-auto-biográfica de Patricia Highsmith (“Extraños en un tren” o “El talento de Mr. Ripley”), publicada bajo el seudónimo de Claire Morgan, y reeditada en 1990 con su verdadero nombre y retitulándola “Carol”, la guionista quiso ser lo más fiel posible al libro, aunque cambió algunos detalles, como que la novela está contada desde el punto de vista de Theresa, el film tiene un enfoque bidimensional, a través de las dos protagonistas, asimismo cambia la vocación de diseñadora de escenarios del libro a fotógrafa en la cinta, y le cercena fondo familiar a Therese, no sabremos nada de su pasado como sí en el libro. Es el relato de dos mujeres pertenecientes a diferentes capas sociales que encuentran en un cruce de miradas un flechazo que cambiará sus vidas, un amor que irá germinando gradualmente hasta florecer en un viaje, con la primera caricia y el primer beso llegan a la expresión del amor carnal. Todo contado con sobriedad, sofisticación, sin morbo, ni sexo gratuito, sin truculencias ni artificios. Es curios ver como se manejaba de torticeramente una ley USA, “La clausula de moralidad”, por la que una mujer podría ser reprobada de su condición de madre si mantenía una relación indecorosa, en este caso llámese amor homosexual, además de volver a ver como la homosexualidad era visto como una enfermedad, como en el film del año pasado “Imitation game”, indignante.
El guión de Phyllis Nagy se basa en una novela, “El precio de la sal” (1952), semi-auto-biográfica de Patricia Highsmith (“Extraños en un tren” o “El talento de Mr. Ripley”), publicada bajo el seudónimo de Claire Morgan, y reeditada en 1990 con su verdadero nombre y retitulándola “Carol”, la guionista quiso ser lo más fiel posible al libro, aunque cambió algunos detalles, como que la novela está contada desde el punto de vista de Theresa, el film tiene un enfoque bidimensional, a través de las dos protagonistas, asimismo cambia la vocación de diseñadora de escenarios del libro a fotógrafa en la cinta, y le cercena fondo familiar a Therese, no sabremos nada de su pasado como sí en el libro. Es el relato de dos mujeres pertenecientes a diferentes capas sociales que encuentran en un cruce de miradas un flechazo que cambiará sus vidas, un amor que irá germinando gradualmente hasta florecer en un viaje, con la primera caricia y el primer beso llegan a la expresión del amor carnal. Todo contado con sobriedad, sofisticación, sin morbo, ni sexo gratuito, sin truculencias ni artificios. Es curios ver como se manejaba de torticeramente una ley USA, “La clausula de moralidad”, por la que una mujer podría ser reprobada de su condición de madre si mantenía una relación indecorosa, en este caso llámese amor homosexual, además de volver a ver como la homosexualidad era visto como una enfermedad, como en el film del año pasado “Imitation game”, indignante.

Cate Blanchett & Rooney Mara
Lo malo es que se me ha quedado en algo naif, no me llega a historia trágica, ni a loa al amor por encima de los obstáculos, apenas me roza su pretendida emoción, me queda una previsible historia de amor que no pinza, y lo que es peor su ritmo discurre a trompicones habiendo fases donde llega el tedio, con situaciones redundantes, como los encuentros entre Therese y Richard, le falta capacidad de síntesis para dar solidez.
Las actrices protagonistas son las que sacan a esta historia del montón. Cate Blanchett compone con elegancia a Carol, una mujer autosuficiente, segura, de fuerte carácter, con lenguaje gestual y de miradas fascinante, su modo de moverse, la forma de encenderse un cigarrillo, como se mueve la melena, como sonríe, una gran actuación. Rooney Mara dota a su Therese de inocencia, de inquietudes, de ternura, de fragilidad, de vulnerabilidad, de mirada limpia, la actriz la dota de aristas y profundidad, haciendo de ella una mujer que busca su lugar en el mundo. El resto del elenco no dejan especial huella les falta dimensión a Kyle Chandler, Sarah Paulson o Jake Lacy, algo en lo que hierra el film.
La puesta en escena rezuma elegancia, con un muy cuidado diseño de producción de Judy Becker (“The Fighter” o “Shame”), sabiendo recrear un Nueva York de época, con sus contrastes entre la pensión humilde en la que vive Therese y la gran casa en la que reside Carol, o ese viaje emprendido por las dos, moviéndose por habitaciones de moteles deprimentes, o los semioscuros bares neoyorkinos, se suma un hermoso vestuario de la diseñadora Sandy Powell (“Gangs o New York” o “El Lobo de Wall Street”) resaltando el color rojo, todo esto potenciado por la sugestiva Fotografía de Edward Lachman (“Erin Brockovich” o “Las vírgenes suicidas”), con un patinado de colores cálidos, resaltando los verdes, rojos, rosas, mostrando a las amantes en ocasiones a través de ventanas, como es el caso del comienzo que engarza circularmente con el tramo final en que los cristales alegóricamente están mojados por la lluvia (símbolo dramático), o mirándose a través de puertas (símbolo de su separación) realizando encuadres preciosos, jugando con sombras de reminiscencias noir, con tomas influenciadas por el pintor de New York Edward Hopper (1882-1967). Adornado todo por las bellas melodías de Carter Burwell (Miller’s Crossing”, “Fargo” o “Rob Roy”), ambientando de modo dulce y emocional, muchos tramos que por sí solos no pueden, de ecos nostálgicos, siendo elemento fundamental para elevar la calidad sentimental de la historia.
Film que pretende más de lo que puede, interesante por su ambientación y maravillosas actrices. Fuerza y honor!!!
Las actrices protagonistas son las que sacan a esta historia del montón. Cate Blanchett compone con elegancia a Carol, una mujer autosuficiente, segura, de fuerte carácter, con lenguaje gestual y de miradas fascinante, su modo de moverse, la forma de encenderse un cigarrillo, como se mueve la melena, como sonríe, una gran actuación. Rooney Mara dota a su Therese de inocencia, de inquietudes, de ternura, de fragilidad, de vulnerabilidad, de mirada limpia, la actriz la dota de aristas y profundidad, haciendo de ella una mujer que busca su lugar en el mundo. El resto del elenco no dejan especial huella les falta dimensión a Kyle Chandler, Sarah Paulson o Jake Lacy, algo en lo que hierra el film.
La puesta en escena rezuma elegancia, con un muy cuidado diseño de producción de Judy Becker (“The Fighter” o “Shame”), sabiendo recrear un Nueva York de época, con sus contrastes entre la pensión humilde en la que vive Therese y la gran casa en la que reside Carol, o ese viaje emprendido por las dos, moviéndose por habitaciones de moteles deprimentes, o los semioscuros bares neoyorkinos, se suma un hermoso vestuario de la diseñadora Sandy Powell (“Gangs o New York” o “El Lobo de Wall Street”) resaltando el color rojo, todo esto potenciado por la sugestiva Fotografía de Edward Lachman (“Erin Brockovich” o “Las vírgenes suicidas”), con un patinado de colores cálidos, resaltando los verdes, rojos, rosas, mostrando a las amantes en ocasiones a través de ventanas, como es el caso del comienzo que engarza circularmente con el tramo final en que los cristales alegóricamente están mojados por la lluvia (símbolo dramático), o mirándose a través de puertas (símbolo de su separación) realizando encuadres preciosos, jugando con sombras de reminiscencias noir, con tomas influenciadas por el pintor de New York Edward Hopper (1882-1967). Adornado todo por las bellas melodías de Carter Burwell (Miller’s Crossing”, “Fargo” o “Rob Roy”), ambientando de modo dulce y emocional, muchos tramos que por sí solos no pueden, de ecos nostálgicos, siendo elemento fundamental para elevar la calidad sentimental de la historia.
Film que pretende más de lo que puede, interesante por su ambientación y maravillosas actrices. Fuerza y honor!!!
10
10 de marzo de 2013
10 de marzo de 2013
115 de 129 usuarios han encontrado esta crítica útil
239/13(25/11/12) Obra Maestra del Cine español, un clásico imperecedero, José Luis Borau nos obsequio con una de las mejores radiografías que se hayan hecho jamás de la España profunda, un desgarrador fresco emparentado con la posterior ‘Los Santos Inocentes’. ‘Angel (gran Ovidi Montllor) vive con su posesiva madre, Martina (colosal Lola Gaos), en una aislada casa en los montes de Segovia, es un alimañero en un coto privado, caza a los depredadores de los ciervos, los lobos, para que cuando llegue el gobernador civil, Santiago (gran José Luis Borau), con sus amigotes tengan cacería, Ángel para sacarse un sobresueldo hace de furtivo. Un día en la capital por casualidad una muchacha, Milagros (gran Alicia Sánchez), le aborda para que la ayude a escapar de un reformatorio, Ángel la socorre y esta le paga con sexo, él se enamora de ella, se la lleva a su casa en la montaña, allí los problemas surgen entre la pareja y la ultraprotegedora madre que ve en Milagros a una rival en el afecto de su retoño. Extraña que esta dura película se rodara con la censura aún trabajando, con desnudos, sexo, personajes amorales, nítidas insinuaciones de incesto, violencia animal, claras alegorías a la incompetencia de las autoridades, en la figura del Gobernador, y con un final desgarrador (spoiler), aún así esta intentó torpedearla exigiendo su recorte en 40 planos, tras muchas luchas, se pudo exhibir en el festival de San Sebastián eliminando algún metraje, según Borau sin importancia. Furtivos es un cuento de hadas de terror, está el Rey, el Gobernador, y cambiando los papeles está el príncipe atrapado, Ángel, en un mundo cerrado y endogámico por una bruja, su Madre Martina, está el bosque envuelto en brumas y misterio al que llega la heroína, Milagros, un soplo de aire fresco que viene a traer la felicidad al príncipe atrapado, en forma de sexo y amor, un cuento retorcido y lúgubre. Borau escribió el magnífico guión con Manuel Gutiérrez Aragón, Borau quería hacer una película con Lola Gaos que le había maravillado en ‘Tristana’, y a fe que le regalo uno de sus mejores trabajos. El director pretendió reflejar la España tardofranquista en esta obra, el bosque representaba para él el país, Martina sería Saturno que devora sus hijos, Santiago el Gobernador podría ser un cuasi-Franco paternalista (el símil de ser cazador), ansiaba controlarlo todo pero no se enteraba de mucho, y por debajo unos siervos que ansiaban salir del regazo enfermizo de la Madre, metáfora de lo perdido que estaba el país. Ello envuelto en una extraordinaria puesta en escena, una ambientación soberbia que nos traslada el sabor de una España Negra, tétrica, ayudado por una excelente fotografía de Luis Cuadrado (‘La Caza’ o ‘El Espíritu de la Colmena’), con un ritmo vigoroso, con un salpicado de escenas para el recuerdo (spolier), dolorosa la de Ángel echando a su Madre a rastras de la cama, la paliza al lobo, o el fresco costumbrista con los cazadores, con un increscendo dramático asfixiante, dejándonos unas gloriosas elipsis (spoiler), derivando en un tramo final antológico, uno de los grandes de la Historia del Cine (spoiler), de los que te deja una huella perenne. Los personajes están espléndidamente construidos, en pequeñas pinceladas sabemos cómo son, además está interpretados de forma sublime, un sembrado de personas amorales y perdidos, unos perdedores, fresco de una nación sin rumbo, un Ovidi Montllor que jamás ha estado mejor, crea a un ser perdido que busca salir de un ambiente patológico, transmite pasión, amor, ilusión, esperanza, y lo hace con un lenguaje corporal sobrio, sin estridencias, sobresaliente, está Alicia Sánchez como Milagros que borda su rol de pícara que utiliza su cuerpo como arma, que se debate entre dos amores, pero que sabe dar luz a Ángel, denota una gran fragilidad, espléndida, y luego está el tercer lado del triángulo pasional, Lola Gaos como Martina, esta está a otro nivel, su actuación es magistral, nadie puede creer que no sea Martina, su cruenta y latente violencia es emitida de modo excelente, su lenguaje físico es poderío, el gestual es brillante, su mirada son dos puñales que te atraviesan, su voz es un susurro apagado lastimero, es capaz de combinar intimismo perverso como cuando desviste a su hijo, con la furia más desatada, cuando la vemos apalear al lobo (me niego a entrar en polémicas sobre si fue real) demuestra una ira infinita con lo que el caldo de cultivo está sembrado para que todo nos lo esperemos de ella, su labor traspasa la pantalla, desborda realismo, un portento en uno de los papeles más colosales que ha dado el Cine, por cierto, nos podemos imaginar que Ángel es Norman Bates y Martina su madre, una especie de precuela de ‘Psycho’. Es reseñable José Luis Borau como el gobernador, hace de un paternalista buenista, un tipo obsesionado con dar caza a un ciervo que para mí representa la fuerza indómita de España. José Luis Borau creó este Clásico y ya se le acabó la genialidad, hizo mucho más cine pero nunca se acercó al nivel de esta, acaba de morir y este es mi tributo a alguien que aunque no hubiera hecho más filme, será loado por siempre por este colosal retrato de la degradación moral de España. Fuerza y honor!!!
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
spoiler:
Dos minutos y medio hito en el cine hispano, arrancan de noche, Milagros le pide a Ángel ir al dormitorio a ‘retozar’, Ángel entra con ímpetu en el dormitorio, el de los dos, Martina y Ángel (el incesto), Martina está de rodillas rezando y él le espeta <Váyase, fuera de aquí!>, ella se mete en la cama, se tapa y sigue orando, él la destapa y tira de ella, se coge a los barrotes de la cama , el tira de ella, ella se aferra cual leona, hasta que él consigue sacarla a rastras, la deja fuera mientras cierra la puerta, lo hace para sustituirla por su amada Milagros y Ángel han tomado posesión del trono, él le dice a Milagros <Esta es tu casa y esta tu cama>, los dos se desvisten y se meten alegremente en la cama a ‘retozar’, de estremecedora dureza, mientras vemos en la cocina a Martina sentada bebiendo orujo mientras llora, se levanta y deambula por la habitación, de fondo se escuchan los quejidos de un lobo que tienen amarrado fuera en un riachuelo, los ojos de Martina echan fuego, baja las escaleras y sale afuera, en camisón y con una toga, la vemos acercarse al lobo por el riachuelo con una azada en las manos, y comienza a darle golpes hasta que loe destroza la cabeza, este tramo es brutalmente colosal, turbador e impresionante.

Ovidi Montllor, Alicia Sánchez & Lola Gaos
Lo de que en ningún momento se diga nada del asesinato de Milagros pero todos lo sepamos es sencillamente turbador, Borau trata al espectador de modo inteligente, las elipsis usadas en esta obra son excelsas, de una agudeza descomunal. Martina ha matado a Milagros, lo sabemos tras la mirada que le echa a Milagros por la ventana mientras está saca patatas junto al riachuelo, Ángel lo sabe cuando ‘El Cuqui’ le interroga por su paradero, Ángel a un tipo abrir un paquete de cigarros, esto le recuerda a Ángel que Milagros guardaba una cajita de recuerdos con cintas-precinto del tabaco, desesperado busca encima del armario la arquita, está allí, Ángel ya sabe que a Milagros la ha matado su madre, se acerca a ella que pela un pollo, ella le habla trivialmente, él sentencia <Mañana tenemos que ir a la Iglesia>, que sutileza, vemos el exterior de la Iglesia nevada, pasamos al interior, el sacerdote (buen Ismael Merlo), se acerca a ella y le dice que su hijo le ha dicho que se quiere confesar, Martina se cerciora de que Ángel la va a matar, de una brillantez cumbre, ella se pone a confesarse, mientras Ángel ejerciendo de monaguillo enciende velas, el párroco llega con el gesto agrio, Ángel le ayuda a vestirse, y justo antes de salir al altar le pregunta a Ángel <Por quien aplico la misa?>, responde < Por mis intenciones>, vemos al cura administrar la comunión, se pone de rodillas Martina y justo antes de abrir la boca mira a su hijo, tras esto vemos caminar por el monte, sobre un manto de nieve a Madre e Hijo, ella de negro inmaculado y él detrás con su escopeta al hombro, él le dice <Espere!>, ella de espaldas, sin mirarlo, se para y le cuestiona <Que vas a hacer conmigo?>, él replica <Ya lo sabe usted>, ella se arrodilla y le espeta <Pues hazlo pronto jodio!!!>, él da unos pasos atrás, vemos un primer plano de la escopeta, apunta y dispara, se escucha el eco de un grito. Llega Ángel a su casa, se descuelga el arma, coge una botella de aguardiente, coge la cajita de Milagros, se sienta, primer plano del baulito, Ángel ojea lo único que le queda de su gran amor, sus recuerdos, sus esperanzas, sus ilusiones, y lo último que se ve, una foto de carnet de Milagros de niña con trenzas y fundido en negro. Nueve minutos finales fascinantes, de una profundidad extraordinaria, de los que te encogen las entrañas, el Cine se creó para momentos como estos.
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