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La soledad

Drama Cronica de la vida de dos mujeres. Adela (Sonia Almarcha) es una madre soltera que se traslada con su niño desde un pequeño pueblo a Madrid. Allí encuentra trabajo y entabla nuevas amistades, pero, de repente, sucede algo perturbador. Antonia (Petra Martínez) es la proprietaria de un pequeño supermercado de barrio, cuya sosegada vida se ve alterada por los problemas de sus hijas. (FILMAFFINITY)
Críticas 150
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8
20 de noviembre de 2008
28 de 32 usuarios han encontrado esta crítica útil
¿Es realista “La soledad”, de Rosales? En el realismo no suele salir la realidad; más bien salen los esquemas preconcebidos sobre ella, para resultar reforzados. Pero hay casos excepcionales en que el autor, digamos el cineasta, parece despojarse lo suficiente de esquemas como para que, captando algo esencial, la vida real palpite en la película, creando un mundo que, se diría, coincide con lo real, lo que está ahí.

En “La soledad” se nota un empeño de librar lo más posible de connotaciones a la mirada; de, como un artificiero, desactivar la carga emocional y el peso de los clichés, los lugares comunes, los adornos y barroquismos; de ir al grano, con fe en que sí hay algo esencial que captar y en que la mirada no puede ser distraída por interferencias.
Se usan encuadres peculiares, distanciados: desde atrás, o a través de una ventana. Se usa la pantalla partida: espacios intercomunicados; no mero efecto sino multiplicación (cubista) de la perspectiva, diálogo de las partes: a veces, un mismo personaje tomado desde dos ángulos, de frente y perfil, o desde ambos extremos de un pasillo.
Los diálogos parecen improvisados. Los actores se lanzan a charlar, a partir de una indicación general, y cuando han entrado en calor, cuando los personajes “están”, Rosales sin interrumpir enchufa las cámaras.

Son personajes sin atributos, ¡personajes que no gritan! Una cámara pausada captura los instantes de su vida a ras de tierra, pero no trivial, ni mucho menos. Al contrario: es trágica, y los sucesos y sentimientos que la configuran como trágica son tratados también sin énfasis. Incluso, y especialmente, el horrible y determinante e inesperado acontecimiento.
Bastante trágico ya es planchar en soledad, y secarse ante el espejo las cicatrices en silencio y soledad, como para subrayarlo con retóricas.

La neutralización de los esquemas preconcebidos sirve para avanzar bastante hacia lo real, aproxima mucho. También es cierto que a la hora de representar lo recién descubierto, la neutralidad puede inhibir los recursos creadores.
Es una manera de ver que consiste en prescindir de las maneras, los estilos.
Ningún movimiento brusco, ninguno veloz. Nada subrayado, ni en cursiva ni en negrita: letra pulcra, igual, homogénea. El corazón del relato latiendo siempre a las mismas pulsaciones, para llegar a un final desierto, sin aclamación, sin levantar los brazos.
4
5 de junio de 2007
41 de 60 usuarios han encontrado esta crítica útil
Voy a intentar no ser muy malo. ¿Recordáis ese juego en que te dicen una frase o una cosa y respondes rápidamente con una palabra que lo defina? Vamos a jugar:

Agua: la de Benidorm marrón.
Sangre: Tarantino
Spielberg: Previsible

La soledad: Aburrida

Y no hay mucho más…lamentablemente. A mi juicio, puedes jugar mucho con la cámara o la forma de utilizarla: que si el “automavisión” de von Trier, o la “polivisión” de Rosales pero tienes que contar algo. Algo ameno. Contar algo no es fácil. Antes, existían los cuenta-cuentos, y el oficio se ganaba a pulso. Hoy en día todo el mundo tiene algo que decir y se creen con el derecho de que todos tenemos que escucharlo.

“La soledad” es un cuento convertido en novela. Rosales parte de una historia que hubiera sido un gran corto, la difumina en el tiempo y se inventa la gratuidad de la polivisión. La idea en sí, no es mala. Lo malo, es ponerla por doquier cuando la mayoría de las veces es gratuita. Absurda. Desconcertante. En otras ocasiones, Rosales se deja la cámara y espía a sus vecinos, a sus actores… y puede ser interesante si sus actores hicieran algo de interés o sus silencios hablaran más que las palabras. En “La soledad” no es el caso, al menos en muchas de estas intrusiones a la intimidad. Rosales debería fijarse más en maestros como Haneke.
“La soledad” sólo es interesante gracias a la magnífica interpretación de Petra Martínez. Grandiosa durante toda la cinta. Pero hay otras actuaciones que realmente me son forzadas, falsas y desorientadas.

A las escenas les falta un aliño. La vida, no es tan aburrida como nos pretende convencer Jaime Rosales que nos llena los planos de conversaciones tontas para tapar huecos. Esos diálogos absurdos que comentamos con los amigos mientras esperamos el bus son lo que llenan muchas de las escenas y lo que agotaba poco a poco, mi paciencia.
4
8 de febrero de 2008
50 de 79 usuarios han encontrado esta crítica útil
Hacer esta crítica es una putada. Porque un servidor se dedica a estas cosas del cine, y apedrear una cinta española duele precisamente por eso, porque es española. Porque creo, por incorrecto que parezca, que arroparnos entre vecinos es bueno y refrescante, y que deberíamos hacer un poquito la vista gorda y apoyarnos y darnos palmaditas, que la vida son cuatro días y cuantos menos disgustos mejor. Y encima tengo a una amiga en el reparto. Pero no puedo. No puedo, coño. Si me muerdo la lengua me enveneno.

Te has pasao, macho. Te has pasao mucho, Rosales. Has puesto el intermitente en Alcobendas y te has salido en Toledo, joder. El anticine es peligroso. Eso de romper con los esquemas y con las estructuras convencionales es muy arriesgado, tío. A veces sale bien, pero como te descuides te comen los pollos. Que sí, que lo de la credibilidad del personaje tirando de hiperrealismo está muy bien y tal, pero... En fin, no sé. Yo me cagué la pata abajo cuando miré el reloj a la media hora y descubrí que, joder, sólo habían pasado 10 minutos. Chungo, tío. Demasiado ladrillo. En fin... Y la pantalla dividida... Mola, sí. Está bien. ¿Y qué? Porque ésa es la pregunta, Rosales, ¿para qué la pantalla dividida? Y no me refiero al propósito existencial / cinematográfico, me refiero a la práctica, al resultado inmediato: ¿pa qué?

Ha comentado alguien por ahí que esta peli le parecía cine francés. Coño, no quiero ser cabrón y ensañarme con esto, pero el cine que hacen Luc Besson y Jean-Pierre Jeunet también es francés, ¿o ese cine no cuenta?

En cualquier caso, enhorabuena por los premios, y que lleguen muchos más.
1
27 de enero de 2009
21 de 25 usuarios han encontrado esta crítica útil
Empezaré con una crítica al estilo sesudo (léase con voz engolada):

Este film está escrito y dirigido por un cineasta superdotado con notable ojo para captar las sutilezas de la realidad y un afinado oído que le permite escribir naturalistas diálogos empapados de verosimilitud.

La brillantez de la minimalista puesta en escena de Rosales sólo es superada por la capacidad de hallar poesía en la vida diaria de este autor, que disecciona con precisión de entomólogo el sufrimiento de la gente corriente, evitando los lugares comunes con sorprendente habilidad y deconstruyendo los conceptos de plano/contraplano y montaje paralelo mediante el creativo uso de la polivisión, que le permite jugar con los recursos expresivos del cine y retratar la humanidad de sus personajes en tiempo real.

En resumen: una película valiente, humana y necesaria que trata al espectador como un ser inteligente. No se la pueden perder.

Y ahora le toca a LA CRÍTICA DE VERDAD. Sigan leyendo, por favor.
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
spoiler:
Joder, otro fan de Michael Haneke que hace cine. Otro tío que confía demasiado en su capacidad de expresar lo invisible en formato cine.

No me ha gustado su maldita peli. Ni un pelo.

Es inmovilista y tan interesante como ver secarse la pintura de una pared. Su idea de usar la pantalla partida está gastada (ya se hacía en “El estrangulador de Boston” y se jugó con ella recientemente el ”Timecode”), la intensidad dramática del film es cero, los planos parecen de cámara oculta (está claro que Rosales tiene un concepto lento y estático de la vida), no ocurren apenas incidentes reseñables, lo del atentado está metido con calzador (y es injustificado), los tiempos muertos abundan (así yo también hago una película larga, amigos. Esto nos es más que un mal cortometraje inflado) y el uso de los carteles que muestran distintos capítulos es tan pseudoliterario como pretencioso.

Por otro lado, el concepto de encuadre que tiene este hombre es frío y distanciado, lo cual no ayuda a transmitir emociones al espectador.

¡Coño! Si es que le da a uno la impresión de que puede coger su handycam, ponerla en un trípode, dejar que grabe a tu madre haciendo la colada, editarlo mínimamente y convertirlo en un largometraje.

ESTO NI ES CINE NI ES NADA.

La gente puede argumentar que es que la vida es así...

Un coñazo.

Vale. Os lo concedo.

Pero por eso veo películas. Para que me distraigan. No para ver lo sola que se siente la vecina jubilada que vive en el piso de al lado.

ESO NO ME INTERESA.

¿Y el concepto “banda sonora”? ¿Sabe Rosales lo que es eso?

En resumen: un film cargante de esos en los que uno desea tener un mando a distancia y dejar pulsado el botón de fastforward hasta que aparezca en pantalla algo con el más mínimo interés.

Carne de subvención.

Y luego va Aitana, entrevista a Rosales le pone al tío por las nubes.

Dí que sí, tía. Así le va al cine español...

*********************************

Un par de notas para acabar:

1. Decía un productor de Hollywood: “Los norteamericanos no siempre comprendemos qué queréis decirnos los europeos con todas esas películas donde la gente sufre o está en silencio en un plano que dura veinte minutos”.

Amén, tío.

2. Rosales dijo en FOTOGRAMAS: “Si tengo calidad, seré popular, porque al final la alta cultura es popular. Todo el mundo sabe quiénes son Picasso, Cervantes, Velázquez...”

Lo leo y no lo creo. ¿Está diciendo Rosales que hace ALTA CULTURA? ¿SE ESTÁ COMPARANDO CON VELÁZQUEZ?

¿Qué se puede decir de un tío así?

Lo siguiente: que está pagadísimo de sí mismo, que debe creerse cojonudo y que se quiere un montón.

Alucinante.

¡Ah! Y una PREGUNTA ESTÚPIDA: ¿Las casas de Madrid son tan silenciosas como las pinta Rosales? Porque yo vivo en la ciudad y os juro que no hay oportunidades para que haya silencio nunca...
8
9 de junio de 2007
31 de 49 usuarios han encontrado esta crítica útil
Hoy me ha pasado algo excepcional. Cuando se ha acabado esta película y han salido los títulos de crédito sin sonido alguno, todos los presentes de la sala estábamos mudos, como alabando con nuestro silencio el film. Yo estaba clavado, no obligado, cuidado, me he sentido como se supone que de pequeño me tenía que sentir en misa, como en una especie de trance espiritual. Pero éste ha sido un trance de verdad, no como los de la iglesia, en los que estaba todo el rato preguntándome porque la gente venía aquí durante una hora, no veía el atractivo. Hoy he comprendido como debe sentirse mi madre en misa.

La película es jodida, pero jodida, jodida. También muy rara, trata de forma muy especial la cotidianidad, utilizándola para contarnos la historia. Yo al principio pensaba que esto era un petardo, no pasaba nada, la técnica ésa de la polivisión, o como se llame, no tenía en apariencia función alguna, y yo estaba en mi butaca intentando buscarle el significado a las imágenes y esperando algo que diese vida a la cosa. Si vais a verla, aguantad por lo menos hasta que ocurra un hecho crucial, cuando pase sabréis cuál es. A partir de ahí todo cobra sentido.

Entiendes porqué nos cuenta la historia así, con silencios, con la polivisión ésa que sirve para mostrarnos la historia desde dos puntos de vista, a veces se utiliza para mostrar a los dos personajes, la mayoría una de las dos imágenes queda vacía. Rosales no cuenta una historia de putadas, cuenta una historia de cómo las personas actúan tras las putadas, cómo sobreviven.

Se nos muestra el trágico suceso y después cómo lo sobrellevan, saltándose el trámite de cuando se enteran los familiares, entierros o lo que debería tocar. Prescinde así del fácil elemento dramático para contar otra cosa, la vida de una serie de personas que llevan sobre sus hombros cruces más o menos pesadas. Si algo se ha currado Rosales es el retrato de los personajes, describiéndolos a través de silencios y diálogos en apariencia banales, interpretados por unos actores que en su gran mayoría yo desconocía, dando lecciones del oficio de hacer creíble un personaje. Sus actos son perfectamente comprensibles, los acabas conociendo. Puede que os parezca afectado que en ningún momento suene música o una tele, sólo se oye el silencio o los personajes. Yo me lo creo.

Ritmo pausado, quizás demasiado, pero el director cuenta mucho y sabe cómo hacerlo. Eso sí, todos los elementos que tenía en sus manos para contar la historia estaban en el borde del fracaso, se ha arriesgado mucho y el tiro le ha salido redondo. Esto cae en manos de otro cualquiera y los más probable es que salga un coñazo de mucho cuidado. Película terrible, lúcida, que utiliza los silencios para que éstos cuenten todo lo que pueden contar.
GVD
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