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La soledad

Drama Cronica de la vida de dos mujeres. Adela (Sonia Almarcha) es una madre soltera que se traslada con su niño desde un pequeño pueblo a Madrid. Allí encuentra trabajo y entabla nuevas amistades, pero, de repente, sucede algo perturbador. Antonia (Petra Martínez) es la proprietaria de un pequeño supermercado de barrio, cuya sosegada vida se ve alterada por los problemas de sus hijas. (FILMAFFINITY)
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4 de febrero de 2008
73 de 114 usuarios han encontrado esta crítica útil
¿Ésta ha sido la ganadora de la gala de los Goya 2008? Me río, vamos. Me parece bien que se den importancia a las películas de autor antes que a las comerciales, pero de ahí a decir que es la mejor...
Resumiré la película en pocas palabras: PRETENCIOSA, ABURRIDA, LENTA A MÁS NO PODER Y SIN SENTIDO. Varios minutos viendo a mujeres hablando de cosas insustanciales, diálogos que puedo oír a mis vecinas, minutos de plancha (¡Ya sé cómo planchar, gracias!), minutos de concina (para eso me veo al Arguiñano que me río de sus chistes malos), minutos de tonterías (mientras me tomo una coca-cola light una señora me dice lo rica que es mi niña y me pregunta el tiempo que tiene).
Si el director ha querido mostrar cotidianidad me parece muy bien... pero, joder, un poquito más de alegría en el ritmo de la historia, que todo el mundo que tenía a mi alrededor se estaba muriendo del asco. ¡Encima dura 130 min! A mí me gusta todo tipo de géneros cinematográficos, pero es que en serio que no puedo entender como ha habido gente que le haya gustado esta película... sinceramente, no lo entiendo.
Postdata: Si han querido premiar también la originalidad del director, me parece muy bien, pero ¿DE QUÉ COÑO ME SIRVE QUE HAGA ESA TÉCNICA DE PONER DOS CÁMARAS EN DIFERENTES PLANTOS (POLIVISIÓN DICEN QUE SE LLAMA) SI LO QUE DICEN LOS PERSONAJES NO INTERESA A NADIE?
Lo dicho: ridícula a más no poder y al director se le nota que ha querido ir de profundo y lo único que ha conseguido ha sido enfadar al público que se ha gastado su dinerito en ver esto.

Gracias, cine español. Una y no más, Santo Tomás.
2
4 de marzo de 2008
79 de 130 usuarios han encontrado esta crítica útil
Esta industria española del cine, tan cachonda como siempre... Cuando parece que se empiezan a realizar buenas películas, que la gente va al cine a ver, la leche, cine patrio, y vamos, que por fin descubrimos que el cine va dirigido a la gente, y no al onanista creador... pues se premia, así porque sí, a una soplapollez que anteriormente no conocía ni dios, y que ojalá hubiera seguido siendo así.

No es que sea una mala película. Es que si es una película, que venga Dios, Satán y Odín y lo vean. Que conste que yo no soporto el cine raro del Lynch, ni las idioteces sobrevaloradas y efectistas del Von Trier, pero esos al menos, dentro de lo suyo, cuentan alguna historia, que sea incoherente o un peñazo me da lo mismo... Pero es que aquí no hay nada de eso. ¿Alguna vez habéis ido solos en metro sin escuchar música o leer un libro, durante mucho tiempo de seguido? La única forma de entretenerte es fijarte en la gente que hay por ahí, lo que se están contando, e imaginarte cómo de emocionantes serán sus vidas. Lo segundo nunca sucede, porque a ver quién se imagina cualquier cosa emocionante que pueda ser remotamente real, y la gracia de lo primero termina a los 10 segundos, cuando ves que las charlas son tan interesantes como ver un cigarrillo consumirse... o menos. Pues esta peli es lo mismo. Un montón de anodinas conversaciones que no aportan absolutamente nada a un argumento que se resume en dos simples escenas: una a la media hora de peli, y otra justo antes del epílogo (que creía que me moría, inacabable truño).
Se ve que los productores se dieron cuenta demasiado tarde de que contratar guionistas analfabetos no era lo mejor... así que decidieron tomar medidas. El director, que es un puto vago, dejaba la cámara en un sitio, cogía otra y la dejaba en otro... y le decía a los, en teoría, actores, que estuvieran por ahí por el plató, esperándole. Entonces se ve cómo se paseaban, charlaban de sus cosas y tal, de cómo se hace la ensalada con nosequé, y alguna idiotez más que mi querido cerebro se ha encargado de borrar con pasmosa facilidad. Cualquier tipo de encuadre es inexistente, el montaje... tampoco. La música, aún menos... de hecho, a veces ni los diálogos se pueden oír, fotografía de anuncio...

Mierda de la buena que a los más modernetes gustará de seguro, pero que a los que queremos ver algo parecido a una película, no sólo nos aburrirá como a ostras, sino que cabreará, dará ganas de destruir fábricas de Converses, gafas de pasta y gomina para calvos... Increíble, qué cosa más horripilante. Quejaros todo lo que queráis de mierdosas pelis de tiros, explosiones, espadazos, monstruos, asesinos enmascarados y todo lo que queráis, pero no alabéis a la gran NADA.
Y ahora el tipo este ha rodado una peli con planos todos de lejos y en los que no se escuchan los diálogos, pero OJO, que aún le costó escribir el guión una semana... terrorífica la nueva era en la que se puede adentrar el mundo del cine, de la fantasía evasiva...
6
21 de agosto de 2008
32 de 38 usuarios han encontrado esta crítica útil
Cuando parece que un personaje está a punto de resquebrajarse, de romperse, y tú con él, de pronto aparece ese sublime invento que el señor Rosales se ha sacado de la manga, y te rompe, sí. Te rompe los cojones. Porque de esta historia, se podría haber sacado muchísimo más partido, y Rosales se empeña en emplear métodos y técnicas que para lo único que sirven es para lograr que el espectador en ningún momento empatice con lo que se le está contando. No en vano, la historia resulta, por su sencillez, bastante similar a "Nubes de mayo", con una sola diferencia: Bilge Ceylan no se empeña en contrarrestar su talento usando un solo tipo de plano o tácticas que para hacerse el modernete van deluxe, pero para realizar y culminar cine, rotundamente NO.

El film, que aborda temas, sobretodo, dentro de un ámbito familiar, reparte su peso en diversas historias que se van enlazando y nos van dejando retazos de lo que obtendremos siguiendo aquello que narra Rosales, sin embargo, el error de todo ello no está en el concepto, que siempre se desarrolla sin sobreactuación, con mesura y bastante temple, sino en la forma, que el catalán se empeña por delimitar usando simplemente encuadres estáticos que, por lo general, son planos medios. Planos donde no captamos ni un solo detalle de expresividad por parte de los protagonistas, así como tampoco intencionalidad, cosa que restringe bastante el plano emotivo de "La soledad" y, aunque amplifique la sensación que da título al film con ese tipo de encuadre, nunca llega a cuajar como debería.

Tampoco veo nada relevante en alguno de los giros que estampa el realizador en mitad de su narración, como si debiesen ser algo trascendente y vital para la historia, cuando no son más que un garabato para que parezca que se le da un poco menos de linealidad a una trama que ya estaba bien como estaba sin necesidad de darle más vueltas al ovillo.
Pese a que las interpretaciones están bien y a que en su guión no hay demasiadas fugas, "La soledad" podría haber adquirido unas dimensiones mucho mayores si no fuese porque el cineasta que se puso detrás de la cámara estaba mucho más empeñado en intentar ofrecer algo distinto, sugestivo y pretendidamente real, que en dar vida a unos personajes que sólo la tienen cuando se les acerca la cámara. Pena que cuando se les acerque, sea para bombardearnos de nuevo con la jodida polivisión.
7
13 de octubre de 2009
31 de 36 usuarios han encontrado esta crítica útil
A veces la recompensa en forma de premio o reconocimiento puede ser la mayor de las taras. Jaime Rosales para muchos ya había deslumbrado en “Las horas del día” como una de las mejores películas del 2003. “La soledad” era el siguiente paso y confirmación: obviamente minoritaria. Sus excelentes críticas y la inclusión en las candidaturas de los Goya era un premio y reconocimiento.
En filmaffinity escaso número de votos (30 copias para todo el territorio nacional) y altas puntuaciones.

Después de esos premios Goya: mejor película, mejor director. La imagen película se ha visto empobrecido por es “descubrimiento masivo”: es difícil que una película tan personal como la que nos propone Rosales llegue a una mayoría que la disfrute. Hablo y no hablo de cine de mayorías y minorías. Una película autoral se arriesga a esto (véase su obra posterior “Tiro en la cabeza”) como una película comercial de éxito tenga malas críticas.

Puede que los progres le acojan como nuevo salvador de la representación costumbrista española, pero los caminos de Rosales no van en la misma dirección que los de Fernando León de Aranoa. En el caso de Rosales la apuesta es agresiva: planos fijos, austeridad heredada de Chantal Akerman, evitando que la música subraye lo que expresan las imágenes y ahora con la polivisión abriendo otros puntos de vista. En resumen: un ejercicio de absoluta coherencia cinematográfica.

Invita a la reflexión eludiendo los mecanismos habituales del cine de consumo aunque cae en ellos: los temas y las inquietudes de sus personajes son los mismos que nos han mostrado los progres y la telerealidad. No falta en cáncer, el terrorismo, el apartamento en la playa, conflictos familiares. Otra cosa es que realmente funcione: la polivisión ahoga y mata el contraplano, el exceso de planos largos arruina el detalle. Rosales ha matado prácticamente el cine, pero no por eso hace que ocurra el milagro. Misteriosamente, y pese a todas las objeciones, “La soledad” logra conmover. Atravesar esos espacios infranqueables entre tanta austeridad y dejar un poso de buen cine. De hacernos sentir aquello que se observa estando sentado en un banco durante unos largos minutos. Sentir la soledad. Como Jaime Rosales, que se está quedando completamente solo. Y esperemos que siga así.
1
12 de febrero de 2010
31 de 38 usuarios han encontrado esta crítica útil
!Madre del amor hermoso! ¿Quéseto?

Si yo me siento en medio del salón y me pongo a mirar la pared, de manera que también vea el umbral de la puerta y por ese hueco un poco de la entrada de la cocina y del pasillo, ¿qué estoy haciendo? ¿Aburrirme? ¿Rebozarme en mi soledad? ¿Una obra maestra?

Y si me aburro de ésto y me pongo a mirar por la ventana aprovechando que la vecina a salido a tender ¿qué estoy haciendo? ¿Observar la belleza de lo cotidiano? ¿Analizar la idiosincrasia del alma humana?

La respuesta a todas estas preguntas es sencilla: estoy haciendo EL CANELO.

Sr. Rosales, es un usted un cataplasma de tomo y lomo, un pedantorro pretencioso, vacío e inaguantable; un esbirro de la Coixet, pero en peor. Si nace usted más plasta, nace masilla para empastes dentales.

Si le gusta a usted hacer experimentos, cómprese un Quimicefa y déjemos tranquilos.

¿Qué pretende decirnos con ésto?. ¿Que es mejor mirar una pared de tu casa que una de sus películas?... Pues en esto le doy la razón, caballero.
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