Pollo con ciruelas
Drama. Comedia. Romance
Teherán, 1958. Desde que se rompió su amado violín, Nasser Ali Khan, uno de los músicos más famosos de su época, ya no tiene ganas de vivir. Al no encontrar un instrumento digno de sustituirlo, decide meterse en la cama y aguardar la muerte. Durante los ochos días de espera, se sume en ensoñaciones melancólicas y alegres que le llevan a su juventud, a hablar con Azrael, el Ángel de la Muerte, y que le revelan el futuro de sus hijos. A ... [+]
18 de agosto de 2018
18 de agosto de 2018
2 de 2 usuarios han encontrado esta crítica útil
Marjane Satrapi y Vincent Paronnaud, que cosecharon un merecido éxito en 2007 con esa pequeña delicia animada llamada Persépolis, volvían a la gran pantalla con Pollo con ciruelas. En ella no se desprenden de las estructuras narrativas juguetonas que añaden aquí y allá con la intención de relatar una histora de diversos visos, donde la frustración y el desencanto de un hombre que ha perdido lo que más parecía querer, su violín, parecen jugar un papel clave en esta cinta en la que, al contrario que su protagonista, nunca se termina de saber bien qué quiere ser o hacia dónde se quiere dirigir. Es por ello que, después de una presentación concisa salpicada por un humor particular y aliñada por la excentricidad de un personaje protagónico cuyo único capricho no parece tener parangón, el film de Satrapi y Paronnaud pierde el rumbo en pro de historietas que intentan sonreírnos y agradar, pero a las que su aire de déjà vu constante, de cercanas a un estilo —por su pretendida extravagancia y ese atisbo de originalidad que parece recorrer su esqueleto pero que en realidad no es tal— que hemos experimentado en Francia desde que Jeunet estrenara su Amelie, no deja ni una pequeña bocanada de aire fresco a la que agarrarse. Y es que aunque suene tópico el hecho de recurrir a Amelie como fuente de todos los déjà vu‘s que aparecen en el panorama cinematográfico intentando acogerse a algún síntoma de supuesta peculiaridad o a la ostentosidad de unos decorados y paisajes que desean cautivar por todos los medios al espectador, en el caso de Pollo con ciruelas no podría ser más adecuado por el hecho de que su propio esqueleto en forma de retales de una vida pasada y futura nos indica que las fuentes de los autores de Persépolis no son tan lejanas a la de aquel trabajo realizado por Jeunet que cautivó a medio mundo.
Hay que reconocerle, eso sí, un magnífico y minucioso trabajo en la construcción de sets, decorados y vestuario que son redondeados por un cuidado portentoso de la iluminación y por una elección de planos que en muchas ocasiones embellecen todavía más el resultado final. Resulta gratificante el trabajo artístico en tal modo que, incluso cuando las historias introducidas por ese violinista no acompañan, uno no puede más que quedar maravillado ante la exuberancia del color, la precisión en la composición e incluso un acompañamiento musical que jamás se torna anodino, y que cobra importancia en los tramos vitales de la obra sin sobresalir por encima de un guión que, si en su desarrollo en pocas ocasiones está a la altura, cuando llega la conclusión uno se da cuenta de que se ha desaprovechado terriblemente.
Es tal la poca fortuna de la pareja artística intentando narrar una historia de amor, que en cuanto uno llega a su cierre y se da cuenta de que se han necesitado tantos retales para llegar a un punto final que, por bien enlazado que esté, termina deslucido por el empeño de querer divertir y emocionar al espectador constantemente con relatos de lo más triviales y que, para colmo de colmos, ni siquiera consiguen transmitir o hablar de algo con cierta relevancia para el propio espectador, que uno termina hastiado antes de tiempo ante un metraje que se estira anodinamente para no hablar ni del más absoluto vacío, siquiera.
La función, por otro lado, queda compensada por la presencia de un monstruo en forma de intérprete que logra transportar a la pantalla toda su expresividad con un talento fuera de lugar y que no descubriremos precisamente ahora, puesto que ya conocemos a Mathieu Amalric y el actor aprovecha cada pequeño instante que tiene para lucirse y ser un espejo que refleja a la perfección los sentimientos de un personaje que quedan dilapidados ante tanta nadería, ante tanto fuego de artificio más propio de alguien que pretende distraer la atención del espectador y hacer lo propio con futiles micro-relatos, para terminar deslumbrando con un desenlace que ya sólo luce por la presencia de un gigante interpretativo como Amalric y el acompañamiento de una mirada, la de la actriz Golshifteh Farahani, que parece haber comprendido a la perfección también el peso de un romance que quizá sus directores prefirieron banalizar para crear un relato amoroso que, de tan distinto, termina quedando cojo como el que más.
Crítica para http://cinemaadhoc.info
@cinemaadhoc
Hay que reconocerle, eso sí, un magnífico y minucioso trabajo en la construcción de sets, decorados y vestuario que son redondeados por un cuidado portentoso de la iluminación y por una elección de planos que en muchas ocasiones embellecen todavía más el resultado final. Resulta gratificante el trabajo artístico en tal modo que, incluso cuando las historias introducidas por ese violinista no acompañan, uno no puede más que quedar maravillado ante la exuberancia del color, la precisión en la composición e incluso un acompañamiento musical que jamás se torna anodino, y que cobra importancia en los tramos vitales de la obra sin sobresalir por encima de un guión que, si en su desarrollo en pocas ocasiones está a la altura, cuando llega la conclusión uno se da cuenta de que se ha desaprovechado terriblemente.
Es tal la poca fortuna de la pareja artística intentando narrar una historia de amor, que en cuanto uno llega a su cierre y se da cuenta de que se han necesitado tantos retales para llegar a un punto final que, por bien enlazado que esté, termina deslucido por el empeño de querer divertir y emocionar al espectador constantemente con relatos de lo más triviales y que, para colmo de colmos, ni siquiera consiguen transmitir o hablar de algo con cierta relevancia para el propio espectador, que uno termina hastiado antes de tiempo ante un metraje que se estira anodinamente para no hablar ni del más absoluto vacío, siquiera.
La función, por otro lado, queda compensada por la presencia de un monstruo en forma de intérprete que logra transportar a la pantalla toda su expresividad con un talento fuera de lugar y que no descubriremos precisamente ahora, puesto que ya conocemos a Mathieu Amalric y el actor aprovecha cada pequeño instante que tiene para lucirse y ser un espejo que refleja a la perfección los sentimientos de un personaje que quedan dilapidados ante tanta nadería, ante tanto fuego de artificio más propio de alguien que pretende distraer la atención del espectador y hacer lo propio con futiles micro-relatos, para terminar deslumbrando con un desenlace que ya sólo luce por la presencia de un gigante interpretativo como Amalric y el acompañamiento de una mirada, la de la actriz Golshifteh Farahani, que parece haber comprendido a la perfección también el peso de un romance que quizá sus directores prefirieron banalizar para crear un relato amoroso que, de tan distinto, termina quedando cojo como el que más.
Crítica para http://cinemaadhoc.info
@cinemaadhoc
3 de septiembre de 2012
3 de septiembre de 2012
3 de 5 usuarios han encontrado esta crítica útil
Si nadie ha conocido a ningún suicida, dificilmente entenderá esta obra maestra. Una tragicomedia, que si bien me hizo reir, acabé atrapada en la tragedia, y creo que ha marcado mi vida. Hay un antes y un después para mí, después de visualizar este film. Si alguien no ha aprendido que sólo se vive una vez, y que cuando llega tu hora es irreversible, lo siento por ellos. Yo he elegido vivir.
12 de septiembre de 2012
12 de septiembre de 2012
2 de 3 usuarios han encontrado esta crítica útil
El realismo mágico de "Amélie" se da un vuelco en "Poulet aux prûnes" para convertir aquella felicidad, aquella sonrisa y aquellas ganas de vivir con la que uno salía del cine después de descubrir a Audrey Tatou, en melancolía y un punto de amargura. Como en las grandes historias de desamor, es imposible no empatizar con la tristeza del protagonista aunque cueste entender su resentimiento vital. La gracia de este film es camuflar el melodrama debajo de una atmósfera de cuento de "Las mil y una noches", que guarda escenas cómicas, de slapstick, chistosas, en los recovecos de un guión que antepone la forma al contenido, la estructura a la historia (el argumento se revela entero en los 10 primeros minutos). Gran interpretación de un casi irreconocible Mathieu Amalric y magnífica partitura: sin ser tan pegadiza com la de "Amélie" obligará a los espectadores a navegar por Spotify.
29 de septiembre de 2012
29 de septiembre de 2012
1 de 1 usuarios han encontrado esta crítica útil
Un cuento que nos transporta a las mil y una noches, una mezcla de seriedad y alegría que va "in crescendo", que pasa de los toques cómicos al drama, para terminar por cerrar la historia de amor. La mezcla de lo real y lo imaginario aderezado con "pequeñas ciruelas" insuperables que amenizan el guión. Con retazos de Amelie, pero sin el Sino como fuente de inspiración, sino que esta vez gana la partida el Deber...
Visualmente apetecible, sensorialmente agradable... fotografía correcta, pero que endulza nuestra visión de la historia, la complementa, con una atmósfera colorista y llena de matices. Las subtramas cobran fuerza en el guión, mejor aún, nos adentran en él hasta llenarnos de idas y venidas que agradecemos...
Un cuento de hadas, pero sin el hada buena...
Visualmente apetecible, sensorialmente agradable... fotografía correcta, pero que endulza nuestra visión de la historia, la complementa, con una atmósfera colorista y llena de matices. Las subtramas cobran fuerza en el guión, mejor aún, nos adentran en él hasta llenarnos de idas y venidas que agradecemos...
Un cuento de hadas, pero sin el hada buena...
17 de noviembre de 2012
17 de noviembre de 2012
1 de 1 usuarios han encontrado esta crítica útil
Marjane Satrapi y Vincent Paronnaud son los directores de la aclamada Persépolis, la cual personalmente no he visto todavía aunque puestos a comparar, todo en esta película recuerda y mucho al estilo de Jean-Pierre Jeunet. La mezcla de drama y comedia, los surrealistas personajes, con momentos hasta fantasiosos, la forma de presentarlos, los flashbacks y hasta todo el colorido apartado visual. Eso si, queda bastante lejos de las obras (al menos las que he visto) del citado director.
Nos cuenta la historia de un hombre que antaño fue un famoso violinista que viajó por todo el mundo. Decide dejarse morir ante lo infeliz que es su vida, siendo la gota que colma el vaso el que la mujer le rompa su amado violín aunque con muchos problemas de fondo como haberse casado porque la madre le empujara a ello sin que él amara a su pretendiente, su falta de dotes para la paternidad por mucho que lo intente y amores del pasado que no abandonan su mente, todo cosas que iremos descubriendo a lo largo de la cinta.
La historia que nos plantea es a priori interesante, la forma de contarlo es cuanto menos original pero todos estos elementos aún no tengo claro por qué no acaban de cuajar. La envuelve una magia que parece quedarse fuera y no impregnar cada frame como debería con el material que tiene y el buen hacer técnico que le acompaña. El reparto es notable en nombres y actuaciones pero los personajes resultan vacíos por mucho que los que los visten se esfuercen y hagan bien su trabajo. La trama se desinfla a medida que avanza y es salvada por algunos flashbacks o aparición de secundarios originales. Y para rematar, el final que debería ser emotivo, deja indiferente.
Nota: 5'3
En twitter: @er_calderilla
Nos cuenta la historia de un hombre que antaño fue un famoso violinista que viajó por todo el mundo. Decide dejarse morir ante lo infeliz que es su vida, siendo la gota que colma el vaso el que la mujer le rompa su amado violín aunque con muchos problemas de fondo como haberse casado porque la madre le empujara a ello sin que él amara a su pretendiente, su falta de dotes para la paternidad por mucho que lo intente y amores del pasado que no abandonan su mente, todo cosas que iremos descubriendo a lo largo de la cinta.
La historia que nos plantea es a priori interesante, la forma de contarlo es cuanto menos original pero todos estos elementos aún no tengo claro por qué no acaban de cuajar. La envuelve una magia que parece quedarse fuera y no impregnar cada frame como debería con el material que tiene y el buen hacer técnico que le acompaña. El reparto es notable en nombres y actuaciones pero los personajes resultan vacíos por mucho que los que los visten se esfuercen y hagan bien su trabajo. La trama se desinfla a medida que avanza y es salvada por algunos flashbacks o aparición de secundarios originales. Y para rematar, el final que debería ser emotivo, deja indiferente.
Nota: 5'3
En twitter: @er_calderilla
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