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Stranger Things 5Serie

Serie de TV. Thriller. Terror. Fantástico. Drama Serie de TV (2025-2026). Quinta temporada. 8 episodios. Otoño de 1987. Hawkins sigue marcada por la apertura de los portales, y nuestros protagonistas comparten un único objetivo: encontrar a Vecna y acabar con él. Pero ha desaparecido; nadie sabe dónde está ni cuáles son sus planes. Para complicar aún más las cosas, el Gobierno ha puesto la ciudad en cuarentena militar y ha intensificado la búsqueda de Once, que se ve obligada a ... [+]
Críticas 72
Críticas ordenadas por utilidad
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4
28 de diciembre de 2025
225 de 272 usuarios han encontrado esta crítica útil
¿Os acordáis de Stranger Things? Los hermanos Duffer tampoco.

No, ahora en serio, ¿os acordáis de la primera temporada de Stranger Things? Ni la 2, ni la 3, ni la 4, ni muchísimo menos la 5. Estoy hablando de esa serie autoconclusiva, de 8 capítulos, que era la primera gran apuesta a nivel global de una plataforma que acababa de aterrizar en España. El Nerfli, que estaba muy bien, porque por el módico precio de 8 tenías acceso ilimitado a un buen catálogo de series y películas de prácticamente cualquier franquicia, puesto que era una empresa aparte de las distribuidoras, su negocio era otro, y en todo caso competía con los exhibidores de cine y las televisiones lineales. Ah, ¡qué tiempos aquellos!

Pues el primer pelotazo realmente global de aquella plataforma, nadie se lo esperaba. Porque era un producto un tanto de nicho, incluso autoral, me atrevería a decir. Cuyo único reclamo para el público general era el regreso a la interpretación de Winona Ryder, junto a un casting infantil acertadísimo. El resto de la propuesta era café para muy cafeteros: un homenaje al cine de los 80, con un acabado muy cuidado tanto en la narrativa, como en la fotografía, como en el montaje; pero que además era un thriller dramático tremendo, con una madre desesperada buscando a su hijo secuestrado, siendo la única persona que se agarra a una explicación que parece ser la única que tiene sentido pero a la vez es completamente ilógica. Y a su vez, la pandilla de amigos de su hijo intentan procesar la pérdida y lo inexplicable de la situación buscando respuestas en las fantasías de sus películas y juegos de mesa. Todo ello con el elemento sobrenatural, misterioso, fantástico y terrorífico como telón de fondo. Vamos, una cosa verdaderamente exquisita. El problema es que se convirtió en tal fenómeno sin parangón, que hubo que hacer más entregas. Y claro, bien por exigencias de Netflix o incluso de la propia sociedad que estaba transformado, hubo que adaptarla. Ya no cabía un producto de autor. Tenía que ser mainstream. Tenía que hablarle a la generación adolescente de Tiktok, los "ships" y los amantes de lo friki, dejó de ser algo de nicho para convertise en sujeto de Funkos y colmar las estanterías de la Fnac.
Noah Schnapp, Finn Wolfhard & Winona Ryder
De manera que ahora tenemos una serie profundamente impersonal, que podría ser Stranger Things como podría ser cualquier otra cosa. Los personajes simplemente deambulan por ahí sin contribuir lo más mínimo a la trama. Puedes eliminar cualquiera de ellos, que el desarrollo de los acontecimientos seguirá siendo el mismo hasta el episodio final. Todo es relleno, nada es relevante, y las 10 horazas de metraje consisten básicamente en personajes contándose la trama los unos a los otros. Y la personalidad de cada uno de ellos acaba siendo una mera caricatura que se ajusta a lo que va necesitando el guion. A la par que se van intercalando infinidad de flashbacks de cosas que han pasado desde el primer capítulo de la primera temporada hasta hace escasos 5 minutos, para que ningún teenager medio lelo con déficit de atención se pierda y saturando e irritando profundamente al espectador no acostumbrado a tiktok.

Luego está el tema de que monstruos como el demogorgon, ese enigmático ser indescifrable e invencible que cada vez que aparecía en la primera temporada significaba un destino terrible. Ahora no supone ni la más mínima amenaza, y como máximo le puede hacer un pequeño arañazo a los personajes principales. Eso si no se lo cargan antes de una pedrada, con un cristal roto, o simplemente pegándole una patada. En la primera temporada solo lo pudo vencer Eleven, y sacrificándose. Ahora si le soplas fuerte lo mismo coge un constipado y palma.
Pero de este mal ya ha sufrido la serie por antonomasia de "caso sin resolver en un pueblo perdido de la América profunda con adolescentes de por medio y elementos sobrenaturales". Porque aquel maravilloso y magistral episodio piloto de Twin Peaks, poco tiene que ver con el capítulo de "Miss Twin Peaks" cercano al final de su segunda temporada, realizado cuando ya el gran David Lynch había abandonado la serie, completamente hastiado, y todo había perdido ya su sentido. En el caso de Stranger Things, los hermanos Duffer siguen al pie del cañón, hasta el final, hasta el hundimiento del barco. Pero aún así, hace tiempo que esto dejó de ser lo que era.

Y el capítulo final acaba siendo insultantemente previsible y facilón, pero por eso mismo muy lógico con lo que ha sido esta última temporada. Precisamente por lo que comentaba antes, esa batalla final me parece incoherente y traicionera con las dos primeras temporadas de la serie (y también las dos siguientes, obviando los descabellados tirabuzones con la trama de los rusos). En líneas generales, la cuarta temporada me parecía mucho más definitiva, y el capítulo final solo confirma lo irrelevante que ha sido la última temporada de Stranger Things. Si alguien se anima a seguirme por el bosque oscuro hasta la zona de spoilers, podrá leer como me cago sucesivas veces en San Agapito.

En resumidas cuentas, la octava temporada de Juego de Tronos... Versión Stranger Things. Todo se acaba (horrorosamente mal, pero se acaba) al menos hasta que en un par de años empiecen a bombardearnos con spin-off, secuelas y refritos recalentados hasta la extenuación. De momento parece que con esto, la etapa de la nostalgia por los 80 llega a su fin. Lo que nos depare a partir de ahora el entretenimiento, entre tanta inteligencia artificial y sobredosis de "contenido", da más miedo que Vecna, desde luego.
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
spoiler:
— Vecna es idiota. Tiene poder absoluto para mandar a sus esbirros demogorgons cada vez que quiera, a matar de un plumazo a todos los personajes que podrían acabar con él... Y no lo hace porque patata.

— Eleven tuvo una trama bien larga en la temporada 4 consistente en recuperar y fortalecer sus poderes, pero aquí cada vez que mueve algo con la mente le da un bajón de azúcar y es prácticamente inútil, simplemente porque al guion no le viene bien.

— Para contrarrestar la poca sangre de Eleven traen de vuelta a Kali, la otra niña con poderes de la temporada 2. Un personaje que nadie hubiera echado de menos, pero que aparece de nuevo solo para dar por saco, estorbar a los otros protagonistas, y finalmente morir entre terribles sufrimientos. Pues vale.

— Pero que nadie se preocupe, que ante la inutilidad de Eleven y su "hermana", los guionistas se sacan de la manga que Will también tiene poderes. Concretamente el poder del "deus ex machina", que sirve únicamente para salvar a sus amigos en escenas chorras que de otra forma serían irremediables.
— La sexualidad de Will lleva siendo explorada desde el primer capítulo de la serie, y se hizo explícita en la temporada 4. Pero cuando ahora decide salir del armario públicamente en la serie, reúne a un grupo de una veintena de personas entre las que se encuentran completos desconocidos a los que literalmente ha hecho llamar para hacer más incómodo todavía un momento que para él supuestamente es íntimo y vulnerable. Lo cual obvia completamente el estigma que suponía salir del armario en los años 80. Eliminar esa parte, o no tratarla con la debida sensibilidad, me parece un insulto a la lucha del colectivo LGTBI+, y le resta importancia a los derechos conseguidos. No me extraña, así, que la juventud acabe votando lo que acaba votando, si piensa que todo esto no ha sido fruto de una gran reivindicación que no ha acabado de consolidarse hasta hace prácticamente tres días.

— Aunque sobran muchísimos personajes, se elimina cualquier trama que no tiene que ver con el misterio. ¿Donde esta la madre de Max, con su hija en coma, por ejemplo? Escenas y subtramas como la del padre de Will y Jonathan, en la primera temporada, ya no tienen cabida en la serie. Pasar de aquello a cómo se utiliza en el episodio final el trauma de Hopper con la trágica enfermedad de su hija es para darse cabezazos contra la pared.

— Los militares en esta temporada, con Linda Hamilton a la cabeza, baten el récord de villanos más absurdamente irrelevantes, que hasta ahora ostentaban los Caballeros de Ren del episodio IX de Star Wars.

— Y finalmente tenemos la trama de los niños secuestrados, motor de esta última temporada. Desde el principio, la relación de los niños con el misterio ha sido el corazón de Stranger Things, y recuperar ese espíritu me parece un acierto. El problema vuelve a ser que los niños en las primeras temporadas no se subestimaban, ni se trataban como idiotas. Los niños de esta nueva temporada son clichés con patas, insufribles.

— Si hay que romper una lanza a favor del último capitulo, hagámoslo en las secuencias finales, con las que es casi imposible no emocionarse si se ha seguido la serie desde sus comienzos. Pero también hay que decir que fracasa estrepitosamente en su pirotecnia y la sonrojante batalla contra el monstruo colosal en la que todo el mundo escapa con una sonrisa y sin un rasguño, consiguiendo derrotar a la entidad cósmica malvada sin complicación alguna y en apenas media hora. Y en el Upside Down, que solía ser un lugar amenazante, ahora a los protagonistas (que van todos de excursión, ya me diréis que pintan ahí la pobre Joyce o el profesor de ciencias) no les molesta ni un triste demogorgon.

Y desde luego, nadie será capaz de defenderme que la mejor solución para cerrar esta historia sea a dinamitazo limpio. Al menos antes de inmolarse Eleven podía haber gritado "Yipikayei, hijos de p..." y hubiera tenido su punto, que La jungla de cristal también es de los 80.
7
27 de noviembre de 2025
163 de 197 usuarios han encontrado esta crítica útil
* “Amigos no mienten.” — Eleven

Fin de trayecto. Hace unas semanas escribí esta crítica sobre la base de la primera entrega y ahora, con la temporada finalizada, mantengo la tesis: Stranger Things se cierra como el monstruo televisivo que es: imperfecto, irregular, divisivo... y combinando músculo comercial con alma nostálgica. No busca reinventarse, sino despedirse siendo coherente con todo lo anterior.

Dicho esto, quiero compartir las sensaciones encontradas que me ha provocado esta temporada final. El primer volumen crea una expectativa potente: un preludio que, estirando y estirando, acabas disfrutando… y te deja asomado al abismo, con la impresión de que lo gordo está por venir. Después, el volumen 2 tropieza y ves que todo eso era un espejismo. Por suerte, la sangre no llega al río y el episodio final resuelve, aunque no te quitas la sensación extraña de montaña rusa.

Y yo estoy aquí, a las cuatro de la mañana, dando vueltas al final definitivo, intentando poner en orden la crítica para escribir algo coherente.
Más allá del Funko

Desde julio de 2016 nada es igual: ni la serie, ni el mundo, ni nosotros. Podríamos dar una patada nostálgica y decir que los Duffer tienen un ataque de amnesia creativa, pero no: la realidad es más compleja que eso y la primera temporada fue un chute de terror teenager, atmosférico y lleno de nostalgia ochentera que no se puede clonar nueve años después.

¿La temporada tiene sus problemas? Por supuesto. No todos los episodios corren al mismo ritmo, y los primeros capítulos dejan la sensación de prólogo XXL, como si los Duffer hubieran rodado un “extended universe” solo para calentar. En realidad, están aprovechando el arranque para colocar tensiones que después —más bien tarde— estallarán. Primero alimentan el músculo… y después golpean.

Los personajes y las tramas están dispersos, y se asumen ¿riesgos? en la producción: el metraje dilatado —¿era realmente necesario?— o la apuesta por la épica de puro impacto que, aunque sume, recorta la profundidad… y también la división en entregas, que, más que un “riesgo”, es una estrategia comercial tan pura y dura que casi pide un plano detalle de la cuenta de resultados.
Natalia Dyer
¿Algo habrán hecho bien?

Pero no nos cortemos las venas todavía: fortalezas también las hay. La cultura pop ochentera sigue funcionando y la nostalgia sigue presente, pero no solo como una excusa para venderte otro Funko. La serie se expande a partir de todo lo anterior y es consciente de que ya no se trata solo de monstruos oscuros, universos paralelos o agujeros de gusano, sino de cuánto cuesta mantener unido al grupo. La pandilla crece, sufre, discute, se quiebra… y siguen. La coralidad del reparto continúa siendo una virtud y también una dependencia.

En lo técnico hay poco que objetar: buena realización, fotografía y banda sonora —nunca podré agradecerle lo suficiente a esta serie su forma de tender un puente entre la cultura musical pop y rock de los ochenta y quienes vienen detrás—; VFX y CGI solventes. La ambientación sigue siendo detallada e inmersiva, aunque ya no sorprenda. El presupuesto y el tiempo invertido se notan.

Llegados a este punto, recurrimos al comodín de la transversalidad generacional, que sigue siendo un salvavidas. Los actores han crecido; los personajes también… y el público, claro: quienes la empezaron como niños son ahora adolescentes, los adolescentes se han hecho adultos y algunos adultos ya juegan en la liga sénior. En ese viaje compartido, las tramas se han ido expandiendo en paralelo… y hasta aquí hemos llegado.

Vecna huele a ciénaga premium

Hawkins vuelve a transformarse en un tablero de Risk ochentero, entre el thriller sobrenatural y la geopolítica fantasma con ecos del presente.

Vecna continúa siendo un villano de verdad, no un arquetipo: tiene presencia, tiene historia y un arco potente que promete, evoluciona y —después de dar unos cuantos tumbos— acaba cumpliendo y cerrando un ciclo que ha sostenido el peso de la historia. Entendemos cómo se formó y vemos la lógica de su pensamiento. Nos dejan ver que podría haber sido otra cosa, y también que no es infalible, tiene sus costuras, su punto de torpeza… y justo por eso funciona.

¿Redención sí o no? Vecna, como villano "auténtico", no pide perdón, no lo necesita y es imposible redimir a quien no renuncia a lo que cree, pero que ese debate exista ya es una victoria narrativa de la serie. Humanizar no es justificar, y derrotarlo —aunque el precio sea doloroso— es mucho más potente que perdonarlo.

Final XXL

Los cuatro capítulos del primer volumen te dejan con un cliffhanger de manual y la sensación de que el viaje épico está ahí mismo. El segundo volumen queda lejos de esa expectativa: irregular, intenso a ratos, previsible, inconcluso, desenfrenado… por momentos parece una película final extendida disfrazada de miniserie.

Después el cierre lo apuesta todo a una carta única: Duffer en estado puro, un “todo o nada” en el clímax, que pone sobre la mesa un mega-blockbuster final en modo “evento planetario” y no deja indiferente: emotivo, intenso, catártico… donde las piezas se colocan para culminar la historia desde el principio. Un chupito después del postre.

Más allá del debate sobre si el viaje ha necesitado demasiadas alforjas —o no—, el hecho es que la saga ya ha cumplido y está amortizada: desde el punto de vista comercial, absolutamente; y como cine y televisión, también. Mejor acabar que repetirse como el ajo… y, si el algoritmo lo permite, ya habrá una puerta abierta en forma de spin-off. Los caminos de la industria son inescrutables, pero eso ya será otra historia.

Stranger Things apaga la luz, cierra la puerta y se despide exhausta. Hemos transitado por algo que —con sus fortalezas y debilidades—, además de ser una máquina de hacer dinero, ya es una parte icónica de la televisión reciente. El viaje se ha acabado.

Y, sí... a pesar de todo, al final "friends don’t lie".
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
spoiler:
* Nota final: el factor Amblin y el “vuelo de la bicicleta” (spoilers)

Se ha hablado mucho del final antes incluso de conocerlo: quién iba a morir, cómo se cerraría la historia o si el desenlace sería un golpe seco o un bálsamo con masaje. Tras tanto ruido, no quería cerrar esta crítica sin detenerme en “The Rightside Up” y en el sentido de este final y, claro, eso solo puede hacerse destripando los hechos en la parte de spoilers. Vamos a ello.

Al final, los Duffer eligen “no hacerse daño”. El desenlace tiene todo el ADN Netflix: calculado, reconocible y diseñado para dejarte tocado… pero no hundido, más bien todo lo contrario. El “sacrificio” de Eleven —muy distinto a la muerte como daño colateral “con sentido” de Kali— busca el impacto emocional. La maniobra es clara: Eleven se acaba convirtiendo en un mito “vivo” pero oculto, dejando la puerta abierta para que la maquinaria de spin-offs, extensiones de la franquicia —o lo que sea que nos quieran vender— siga girando.
Pero no es tan simple, y en este cierre también hay una convivencia difícil entre la coherencia creativa y la estrategia de mercado, porque en este negocio nadie regala nada... y los Duffer han firmado, desde el primer episodio, una carta de amor al cine de Steven Spielberg y Joe Dante. En ese universo —el universo Amblin—, el dolor no es un fin, sino un peaje. La serie es fiel a su naturaleza hasta el final: Amblin como escudo narrativo.

Hawkins queda herida y el epílogo —además de reconectarnos emocionalmente con la serie desde su origen— nos muestra que, mientras unos cicatrizan, otros cargan con un vacío mucho más pesado. Sin embargo, la narrativa prefiere la esperanza a la depresión: el grupo “cree” que ella está ahí fuera —hasta nos enseñan un plano de Once, caminando libre y anónima rodeada de naturaleza salvaje—, y tras ver a la nueva generación retomando el tablero en el mismo sótano, se cierra la puerta como empezó todo… y el cierre circular es perfecto.

Este final podrá parecer un mega-blockbuster diseñado por algoritmos, pero es la catarsis que la serie se ha ganado tras nueve años de viaje compartido, con subidas y bajadas. ¿Se podía esperar algo diferente? Sabemos que esto no es ni Black Mirror, ni la ruleta rusa de Game of Thrones. La catarsis es necesaria: como la bicicleta de Elliott en E.T., el final de Stranger Things busca la elevación.

La oscuridad de Vecna y el Upside Down no tenían opción, no por un guion complaciente, sino porque la narrativa de los 80 siempre premia al grupo que se atreve a enfrentar lo imposible.

El cierre es coherente y el músculo técnico, con su adobado emocional, está ahí, pero no borra que la temporada final haya avanzado por un campo de minas divisivo, entre fortalezas y debilidades narrativas. Los créditos finales, con estética de novela gráfica y trazos de cómic ochentero, dejan el buen sabor de boca que el mercado exige —y sabrá aprovechar—, pero que también encaja con todo lo visto. El truco lo conocemos y, aun así, lo disfrutamos.

Se cierra la puerta. Se apaga la luz.
2
30 de noviembre de 2025
132 de 205 usuarios han encontrado esta crítica útil
Otra serie más que pasará a la historia por beber de su primera temporada. Stranger Things fue tremenda en sus inicios. La historia estaba bien hilada, esos niños te robaban el corazón y la nostálgica ambientación te transportaba a su mágico mundo. El problema de ahí en adelante es, lo de siempre. Explotar una trama que ya no tiene recorrido con unos personajes que ya están cerrados. Y otra temporada. Y otra. Y otra más. Así hasta esta quinta, que no se cierra por necesidad sino ya por vergüenza ajena. Qué queréis que os diga, esto es prostituir el cine. Por supuesto que detrás de una producción se busca ganar dinero (recuperarlo como mínimo), pero no puede (o no debería) ser su exclusiva finalidad. Y a esta serie le pasa eso. ¿Cuántas cosas se han metido del upside down por dios? ¿Cuántos personajes, subtramas, escenarios, forzosamente a posteriori y sin ningún planteamiento? ¿Y por qué? Porque hay que seguir sacando temporadas. Porque aquí lo importante no es la calidad, es el producto. Juegan muy bien sus cartas. Saben que si anuncian el año que viene una inesperada sexta temporada, la gente va a estar impaciente. Sinceramente, he aguantado demasiado. Ya me pasó con la segunda/tercera temporada, donde el chicle se estiró tantísimo que era todo una pantomima. Pero es que ahora ni siquiera me termino el capítulo. No me interesa como quieran acabarla. No me interesa que improvisen cosas y que te la intenten colar con un flashback como si todo estuviese minuciosamente hilado desde el principio. La han hecho tan innecesaria y pesada que solo me queda el buen recuerdo de su primera temporada. Los personajes hace mucho que dejaron de funcionar, las escenas no provocan tensión, los malos van al ritmo de los buenos.
No me queda ni la curiosidad de saber como lo van a cerrar. Sea lo que sea que se hayan inventado, que se vayan orgullosos con los bolsillos hasta arriba.
9
1 de enero de 2026
72 de 98 usuarios han encontrado esta crítica útil
Stranger Things es una de esas series que no solo ves: te acompaña. Empezó en 2016 como una historia pequeña, oscura y sorprendentemente bien medida, y acabó convirtiéndose en la serie que hizo grande a Netflix. Yo no la vi desde el estreno, la descubrí más tarde, pero desde el primer momento se notaba que ahí había algo especial.

La primera temporada sigue siendo, para mí, casi intocable. Tenía todo lo que una gran serie de ciencia ficción de esta década podía tener: misterio, terror, personajes bien escritos y una oscuridad muy bien equilibrada. Incluso alguien a quien no le guste el género podía engancharse, porque la serie sabía explicar su mundo sin subrayarlo todo ni tratar al espectador como tonto.

Luego la serie empezó a crecer… y no siempre para bien. Stranger Things siempre ha tenido problemas claros de ritmo, repetición de fórmulas y miedo a arriesgar demasiado. Aun así, la cuarta temporada consiguió algo que parecía imposible: volver al nivel de la primera, con una atmósfera mucho más adulta, un villano realmente amenazante y una sensación constante de peligro.
David Harbour & Millie Bobby Brown
Por eso, las expectativas para la quinta y última temporada eran enormes. Y sí: no es un inicio perfecto, ni una temporada redonda. Pero tampoco es el desastre que muchos han querido ver. Es un final que falla en cosas importantes, pero que emocionalmente funciona, y eso no es poco.

Stranger Things no termina siendo perfecta, pero sí honesta. Tiene episodios densos, ritmo irregular y decisiones discutibles, pero también tiene alma, memoria y corazón. Es una serie que tardó años en contarse, quizá demasiados, pero que aun así consigue despedirse con dignidad.

Le pongo un 9.
No porque la quinta temporada sea un 9 perfecta, sino porque Stranger Things, como conjunto, se ha ganado ese lugar. Fue la serie que hizo grande a Netflix. Y eso ya no se lo quita nadie.
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spoiler:
El principal problema de la temporada final empieza desde el minuto uno: el salto temporal. Después del final brutal de la cuarta temporada, pasar meses por delante rompe gran parte de la tensión acumulada. Es como inflar un globo hasta que va a explotar… y pincharlo antes. El primer volumen arranca de forma muy tibia: los dos primeros episodios no son malos, pero sí insípidos, fríos, sin la urgencia que se nos prometió.

Y aquí entra uno de los grandes engaños del marketing: aquello de “nadie está a salvo” y “acción constante”. Simplemente no es verdad. El primer volumen se va en diálogos, explicaciones y en intentar contarnos qué ha pasado durante esos meses… sin terminar de contarlo del todo.

Sin embargo, todo cambia con el episodio 3, y especialmente con el episodio 4, que es, sin exagerar, uno de los mejores capítulos de toda la serie. Está tan bien construido que por fin parece que Stranger Things ha arrancado de verdad. No es que vuelva a ser la serie de la primera temporada —porque eso ya es imposible—, es que entiende que está cerrando una historia y empieza a jugar a lo grande.
El problema es que el volumen 2 no mantiene ese nivel. Tiene momentos muy emotivos (el despertar de Max en el hospital con Lucas es precioso y llevaba años construyéndose), pero el ritmo vuelve a resentirse. Se nota que la serie llega cansada, con demasiados arcos abiertos y demasiados personajes que cerrar.

Y aquí está uno de los fallos estructurales que Stranger Things arrastra desde hace tiempo: no sabe despedirse de sus personajes. No es que haya que matar por matar, pero cuando introduces personajes temporada tras temporada y te niegas a sacrificar a casi ninguno, el resultado es saturación. Hay momentos en los que ciertas salvaciones se sienten directamente como “poder del guion”.

El caso de Nancy y Jonathan es el ejemplo más claro. No porque quiera ver morir personajes, sino porque dramáticamente tenía sentido. Habría cerrado ciclos, habría dado peso real al peligro y habría permitido respirar al final. Jonathan, además, lleva varias temporadas completamente estancado.

A esto se suma un fandom extremadamente tóxico que, en muchos casos, ha acabado condicionando la conversación sobre la serie. Gente más preocupada por ships imposibles que por la historia que se está contando. El arco de Will, por ejemplo, está bien escrito y bien colocado, aunque quizá algo sobreexplicado. No hacía falta convertirlo en una escena coral, pero tampoco es el desastre que muchos gritan.

Otro punto polémico es el recorte de contenido. Nunca sabremos si realmente se eliminaron casi dos horas del volumen final, pero lo cierto es que hay transiciones raras y tramas que parecen pasar demasiado rápido. Además, dejar parte del lore importante (como el origen más profundo de Henry y sus poderes) relegado a una obra de teatro es una decisión muy cuestionable. No todo el mundo puede verla, y una serie debería ser autosuficiente.

Aun así, cuando Stranger Things decide jugar sus cartas finales, lo hace bien. La batalla final es épica, visualmente impresionante y emocionalmente efectiva. Se nota el presupuesto, pero también el cariño. El epílogo de casi 40 minutos es uno de los mejores que se han hecho en televisión reciente: tranquilo, emotivo y muy consciente de que está diciendo adiós.

El paralelismo final, cerrando la serie exactamente como empezó, con los personajes reunidos, jugando, es precioso. No es una teoría loca ni un “todo fue un juego”: es un círculo que se cierra. Y funciona.

En cuanto a actuaciones, hay que decirlo claro: Dustin, Max y Holly se comen la temporada. Sus actores están a un nivel altísimo y sostienen gran parte del peso emocional de la historia.

El final deja decisiones abiertas que han enfadado a muchos, especialmente en torno a Eleven. A mí me parece una elección valiente. No todo tiene que explicarse, no todo tiene que gustar. A veces basta con que se sienta coherente.
5
29 de diciembre de 2025
36 de 46 usuarios han encontrado esta crítica útil
A estas alturas ya no nos extraña que Netflix-Hollywood y demás adefesios arruinen una buena producción audiovisual. Esta última temporada parece hecha, escrita y dirigida por otra gente que nunca tuvo nada que ver con la serie inicial. Estaba esperando que los hermanitos la terminaran de la mejor forma posible (no era tan difícil), pero tiene tantas cosas malas que no hay forma de defenderla. Agujeros de guion (se dobla a conveniencia para que la trama funcione), malas actuaciones (se les olvidó actuar a la mayoría), dirección y montaje torpes, escenas innecesarias unas y otras sin sentido, Deus ex maquina al por mayor, etc, etc. Demasiados personajes y la mayoría no hace nada solo ocupar tiempo en diálogos innecesarios y largos por demás, Me dejo algunas para la zona de spoilers. Entiendo que es entretenimiento y que no hay que tomarse tan a pecho una obra de ficción pero la verdad es que algo que empezó tan bien lo finalicen de esa forma tan mediocre y decepcionante en todos los niveles (y estúpida muchas veces) sobre todo teniendo en cuenta que tenían todos los recursos de la industria. Lo mejor es ver miniseries de pocos capítulos.
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El guion se mueve tan a conveniencia que hay momentos que son una verdadera vergüenza. Decisiones que cambian sin motivo aparente, soluciones mágicas

- Eleven perdió el protagonismo, sus poderes ahora solo sirven para voltear autos.
- El upside down antes era tóxico (Will se estaba enfermando por eso) y de un momento a otro dejo de serlo, todos van paseando por ahí como si estuviesen en el barrio.
- Nancy es Rambo.
- Lucas tiene súper fuerza, de una simple patada derriba a un demagorgon.
- Vecna es súper poderoso pero a ratos porque si usa toda su fuerza se acaba la serie muy rápido (pasa de villano imponete a una amenaza desdibujada y que no genera temor).
- Metamos agujeros de gusano y más enredos, total ya entrados en gastos cualquier cosa vale.
- La cosa esa blanca derrite personas y puertas pero solo a conveniencia, si es algún protagonista mejor no.
- Hagamos una escena en la cocina calcada de Jurassic Park, es que se me acabaron las ideas.
Linda Hamilton
- Max ilusiona a holly para escapar pero cuando está abierto el portal le tira que las dos no pueden ir por ahí, que se busque el suyo propio y chao.
- Maxi ya sabía que Once y Kali la iban a llevar a la mente de Vecna. Por qué carajos se sorprende ella y se asusta la enfermera cuando desaparece, si hacía parte del plan que todos conocía antes.
- Jhonattan se teletransporta para salvar a Steve en una escena que da vergüenza.
- Manipulación emocional hasta el último minuto.
- El militar tuvo tiempo para disparar a Kali pero mejor esperar a que el calvo arme una bomba con una granada y c4 para explotar un helicoptero.
- Vecna sabe dónde estaba 11 y en lugar de enviar 10 o 50 demogorgones o él mismo pudiendo aplastar el tanque con ella dentro, decide jugar con Hopper y dejarla viva.
- El mind flyer es una araña con patas del tamaño de un edificio que bien podría aplastarlos a todos en un segundo, sin esfuerzo. Pero a los chicos no los toca ni una piedra. Una pelea estúpida por donde se mire.
- El epilogo no explica qué pasó con los militares y cómo se arreglaron para que dejaran ir a los protagonistas, no hubo consecuencias de las muertes de soldados, qué pasó con Sahra Connor, etc.

Y la polémica por el tema de Will. Es irrelevante para la desenlace si es gay o no. Igual que si los otros son heteros o lo que sea. Si lo importante es la amistad, no tiene sentido tanto ruido con eso y menos esa escena de salida del closet tan forzada.

Lo único medio rescatable tal vez la ambigüedad del final de once y los chicos dejando el sótano para darle el paso a la nueva generación.
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