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Magallanes

Aventuras. Drama Magallanes es un navegante portugués que se rebela contra el poder del Rey, que no apoya sus sueños de descubrir el mundo a comienzos del siglo XVI. Convence a la Corona española para que apoye su audaz expedición a las legendarias tierras de Oriente. Sus sueños son lo primero. El viaje es más agotador de lo esperado, con hambre y motines que llevan a la tripulación al límite de sus fuerzas. Al llegar a las islas del archipiélago ... [+]
Críticas 12
Críticas ordenadas por utilidad
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3 de noviembre de 2025
26 de 35 usuarios han encontrado esta crítica útil
SEMINCI. Semana internacional del cine de Valladolid para los no entendidos. Todos sabemos que puedes encontrarte grandes obras o tremendos truños. Pero que demonios, esta tenía muy buena pinta. Gael García Bernal, una revisión de un personaje tan interesante como Magallanes y la visión de un director no europeo, algo muy interesante a priori.

Pero empiezan los planos, 10 minutos cada uno, planos secos, sin movimientos. Indígenas gritando cosas todo el rato idénticas, una película que empieza a no tener estructura, que va soltando imágenes lentas, sin apenas relación entre sí. Me planteo abandonar la sala pero digo, venga, algo mejorará, en algún momento vendrá el barco, el viaje, todo irá mejor. Spoiler: No.

Película absolutamente soporífera, de planos largos absolutamente innecesarios, de diálogos mal desarrollados y en la que quieres que el director te devuelva el tiempo de vida perdido tras el visionado.

Y se ha llevado la espiga de oro de Valladolid. Una cuestión, todas las demás películas enmarcadas en la SEMINCI, se aplaudieron a rabiar al final de su visionado. Está no. Salimos consternados, enfadados y viendo que nos habían tratado por tontos. No sé si cada día críticos y gente que vamos al cine estamos más alejados viendo el premio planeta y el nobel de la paz del año 2025 pero mal vamos si este bodrio se considera una obra de culto.
8
4 de noviembre de 2025
17 de 25 usuarios han encontrado esta crítica útil
Como se comentó por ahí, "Magallanes, es casi un "cortometraje", con su 160 min., en comparación con la duración de algunas de otras película del cineasta: "Death in the Land of the Encantos", dura, por ejemplo, 544 min.

Lav Díaz, se acerca a la figura de Magallanes y a la expedición que quería llegar a las Molucas siguiendo la nueva ruta del Atlántico y del Pacifico. Rechazado su proyecto (como el de Colón, en su momento), por el reino de Portugal, es la Corona castellana quien financia el viaje que conseguirá la primera circunnavegación del globo terrestre.

No me voy a detener en las cuestiones históricas, pero conviene estar avisado de que la intención de Lav Díaz es una, y que la producción portuguesa también tiene sus intereses, que no son tanto la expedición en sí, sino la figura de Magallanes como portugués, por lo que el resto, circunnavegar el globo, queda difuminado aposta.

Lav Díaz quiere seguir la trayectoria de Magallanes desde el inicio del proyecto de viaje en Portugal y luego en España. Se acerca a su vida personal, de forma muy tangencial, y subraya cuáles son sus intereses: la "ganancia", que han traducido como codicia, el dominio de los circuitos comerciales entre Portugal y las islas orientales de las especias, y finalmente la conversión al cristianismo de los paganos que encontraran.
Gael García Bernal
Esta parte europea está mostrada con una serie de cuadros, bastante estáticos, de escaso valor cinematográfico e histórico. La propia navegación interesa por el retrato de las condiciones de vida de los tripulantes y se atisba que las durísimas circunstancias del viaje avivan las tensiones y el empleo, por parte de Magallanes, de su autoridad y de su autoritarismo. Una tormenta que azota a las naos está realizada con poca pericia técnica, debido a los limitados medios técnicos.

La película gana con la llegada de la expedición a la isla de Cebú, situada en lo que más tarde se llamarían islas Filipinas. La población original, sus costumbres y ritos, el contacto inicial con los europeos, está reflejado con vigor; así como las crecientes tensiones, cuando ese primer contacto se convierte en un intento forzoso de conversión al cristianismo. Ahí la película remonta el vuelo y se aprecian las características propias de la forma de hacer cine de Lav Díaz: cuadros vivos, elipsis, naturalismo, y una interpretación contundente sobre el significado del colonialismo.
Gael García Bernal
Esta película es una curiosidad en la filmografía del cineasta, respetable por su trayectoria libérrima e insobornable, que ha contado en esta ocasión con el apoyo de productores europeos. “Magallanes” se ve bien, pues todo lo que refleja la cámara del cineasta tiene interés, siguiendo el concepto de arte visual asignado al cine: la información de la imagen supera otras limitaciones.
1
22 de mayo de 2026
12 de 16 usuarios han encontrado esta crítica útil
Lav Diaz es uno de los demasiados ídolos de hojalata y con pies de barro de la cinefagia actual. Jaleado por festivales, críticos y aficionados “culturetas” y “enragés”, su cine no puede ser más escuálido formalmente, es decir, por si lo de “formalmente” no está lo suficientemente claro (con los tiempos que corren uno puede esperar ya cualquier cosa) en lo que a las imágenes y sonidos toca, y su única especialidad (es un decir: no es el único) parece ser alargar sus vulgares planos escandalosamente más de la cuenta; planos que vienen a durar, parafraseando al, este sí, gran Angelopoulos, algo así como la eternidad y un día.

El problema con Diaz, como con esa otra pieza de bisutería que es Albert Serra, que le ha coproducido su último pestiño MAGALHAES (ya se sabe, Dios los cría y ellos se juntan), no es tanto que sus planos estén construidos con tanta desidia y falta de talento, sino que demasiadas veces la cámara adopta una distancia totalmente impertinente que coarta toda emoción, o simplemente una buena comprensión (visual) de lo que en el encuadre ocurre; no es que su cine se pliegue a la más vulgar narración, con frecuencia, además, mal construida, sino que, como sus imágenes casi nunca expresan nada, sus películas, cuando menos MAGALHAES, no se entienden en absoluto sin el concurso de los diálogos, lo que delata la impostura de este realizadorzuelo que, encima, va de autor; no es que el filipino pretenda ir de rompedor, sino que, en franca contradicción, no se priva de ofrecer planos huecamente esteticistas; y ya no es que su discurrir y la evolución de sus planos sean tan lentos y tardos, sino que acaban siendo uno de los mejores remedios contra el insomnio. Y es que sus imágenes carecen de toda elocuencia y expresividad, hasta el punto de que, al ver sus películas, uno piensa en esos pintores supuestamente vanguardistas y rompedores, en realidad unos farsantes de tomo y lomo, que pintaban cuadros del tipo “Blanco sobre blanco”. Porque eso es Diaz: un farsante cinematográfico.
Gael García Bernal
En fin, por más que MAGALHAES tenga algún que otro encuadre bien construido (sólo faltaba, después de treinta años haciendo peliculillas, que no cine de verdad de la buena), poco redime su duración de penitencia y la insulsez congénita de sus imágenes.

En resumidas cuentas: el emperador está desnudo.
2
4 de julio de 2026
8 de 9 usuarios han encontrado esta crítica útil
La premisa de desmitificar la expedición más colosal de la historia humana prometía un relato crudo y desolador. El cineasta filipino Lav Diaz nos sitúa a principios del siglo XVI para seguir a Fernando de Magallanes en su rebelión contra la corona portuguesa, su pacto con España y su travesía hacia las Molucas; un viaje que comienza como un sueño de descubrimiento y degenera en una espiral de obsesión evangelizadora, conquista y sangre. Sin embargo, bajo la promesa de despojar al relato de su envoltura legendaria para entregarnos “la verdad” del viaje, el director perpetra un castigo fílmico de casi tres horas de duración (y eso en su supuesto montaje “accesible”, recortado de una versión original de nueve). Magallanes no es una epopeya histórica, sino una prueba de resistencia extrema que confunde la contemplación con el tedio absoluto.

Desde el punto de vista formal, la radical apuesta de Diaz pasa por reducir al mínimo cualquier forma de lenguaje cinematográfico convencional. Con una relación de aspecto de 4:3 y una cámara que confía casi todo al estatismo, la duración sostenida y la composición frontal, la película se convierte en una sucesión de cuadros inmóviles. Muchos planos se prolongan durante minutos interminables sin que siempre exista una justificación narrativa, rítmica o emocional detrás de la decisión. Es innegable que la composición de los encuadres encierra una enorme belleza pictórica, pero estos terminan operando más como salvapantallas inanimados que como cine vivo.

A ello se suma una concepción sonora igualmente extrema. Al reducir la música a una presencia mínima o secundaria y apostar por un naturalismo radical (el crujir de las maderas, los azotes de la brisa, el rumor del oleaje), el director busca sumergir al espectador en las entrañas del navío. Desgraciadamente, la cámara adopta una distancia tan clínica, fría e impertinente respecto a los personajes que levanta un muro insalvable. Esa lejanía, sumada a la práctica ausencia de montaje interno o dinamismo visual, dinamita cualquier posibilidad de empatizar con la tragedia, esterilizando tanto la épica como el drama.

Si el envoltorio visual es un ejercicio de alienación, las decisiones de guion y reparto terminan de hundir la nave. La elección de Gael García Bernal como protagonista resulta problemática: su composición vocal, entre el portugués impostado y una dicción reconociblemente mexicana, introduce una fricción constante que dificulta la suspensión de la incredulidad. A esto se suman secundarios igual de disonantes, como clérigos sevillanos con inexplicables cadencias portuguesas, conformando un paisaje sonoro francamente desconcertante.

En definitiva, Magallanes se siente como el primer montaje en bruto de un proyecto fallido: una colección de imágenes inconexas y letárgicas a las que se ha olvidado aplicar la tijera. Irónicamente, Lav Diaz logra un único y perverso triunfo empático: al someter al público a esta narrativa claustrofóbica, asfixiante y carente del menor atisbo de vida, consigue que el espectador comparta con la tripulación ese mismo deseo desesperado de que el viaje, por piedad, llegue por fin a su término.
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spoiler:
Con todo, el mayor despropósito no reside en que la película adopte una mirada anticolonial (algo plenamente legítimo), sino en la forma torpe en que a veces verbaliza esa mirada. El libreto parece desconfiar de la capacidad de las imágenes para revelar la violencia imperial y termina inyectando en marineros del siglo XVI una conciencia discursiva demasiado contemporánea. El resultado son momentos de anacronismo sonrojante: desde ver a Magallanes con el puño en alto lanzando proclamas sindicalistas contra los comandantes, hasta presenciar debates sobre vulneraciones de derechos humanos por parte de la Corona que resultan del todo inverosímiles. La denuncia de la conquista no nace siempre de la situación dramática, sino de frases que parecen escritas desde una sensibilidad política actual y colocadas artificialmente en bocas antiguas.

Asimismo, la focalización en las relaciones homosexuales a bordo parte de un hecho histórico real y potencialmente muy fértil: la ejecución de Antón Salamón, maestre de la nao Victoria, acusado de sodomía, y el posterior suicidio de Antonio Genovés. La cuestión, por tanto, no es que el tema sea ajeno a la travesía, sino que la película lo desarrolla de forma tan subrayada y discursiva que termina funcionando menos como una exploración orgánica de la disciplina, el deseo, el castigo y la violencia moral en alta mar que como una tesis incrustada desde fuera. Con un material histórico tan brutal (hambre, escorbuto, motines, deserciones, castigos), el problema no está en incluir esa dimensión, sino en no integrarla con suficiente precisión dramática dentro del conjunto.

Por si fuera poco, la pobreza narrativa se da la mano con una alarmante precariedad en la puesta en escena. Para ser una historia sobre una expedición magna diezmada, el alcance visual es minúsculo. El filme nos habla de cientos de muertos, pero en pantalla jamás se congregan más de un par de decenas de figurantes. Del mismo modo, la suspensión de la incredulidad naufraga en las secuencias de alta mar, donde resulta penosamente evidente que la embarcación se encuentra completamente quieta en el agua.
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9 de julio de 2026 4 de 4 usuarios han encontrado esta crítica útil
La Corona española contrató a Magallanes para encontrar un paso a través del continente americano —del que apenas se sabía nada y que ni siquiera estaba cartografiado— con el objetivo de llegar a las Islas de las Especias, en Asia. No para dar la vuelta al orbe. Eso fue obra de un tal Elcano, quien, al mando de la nao Victoria, decidió jugársela regresando por el Cabo de Buena Esperanza (o de las Tormentas) y, pese a ser perseguido por la flota portuguesa a lo largo de la costa occidental africana, logró arribar a Sanlúcar de Barrameda en 1522, cargado de especias. Cuatro años después de la partida de la expedición, en 1519. De las cinco naves que zarparon de España, solo regresó la Victoria.

Magallanes descubrió el estrecho que lleva su nombre, protagoniza numerosas biografías —entre ellas la del almibarado Zweig— y fue homenajeado por Portugal en 2022, sin el menor complejo. Lo comento porque aquí un acontecimiento capital como este apenas pasó de puntillas. Precisamente en 2019 estuvimos en Sanlúcar de Barrameda y recuerdo algunos actos conmemorativos de la salida de la expedición tratados casi como una "cosa andaluza".

Magallanes, por cierto, no tuvo un final feliz. Acabó enredado en un conflicto tribal en lo que hoy son las Filipinas. Habitadas, naturalmente, por almas prístinas, seres de luz y buenos salvajes que vivían en perfecta armonía con la naturaleza. Al menos eso sostenía Rousseau —que, si no me equivoco, apenas salió de Francia, pero era un gran filósofo, no lo duden—. Para los interesados, basta consultar Wikipedia: "Batalla de Mactán" y, ya de paso, "Lapu-Lapu".

A diferencia de Elcano, del que parece acordarse únicamente la Armada con su buque escuela, Magallanes goza de un reconocimiento muy superior: hasta una sonda espacial lleva su nombre. Hombre, hombre, la anglosfera siempre ha sentido cierta debilidad por Portugal.

Así que Lav Díaz habrá pensado que tocaba "deconstruir" al personaje de Magallanes. No como a Harry —eso se lo dejamos a Woody Allen—, sino siguiendo ese tono maniqueo tan en boga: anticolonial, posmoderno, comme il faut. Gracias, Lav.

La película de Lav Díaz es "hipnotizante", según reza el cartel. En mi opinión, está fuertemente inspirada en el estilo de Malick. Pero de garrafa. Es extraordinariamente "atmosférica": uno empieza a flotar sobre una nube de algodón antes incluso de que aparezca el primer barco. Relajante como un masaje. Y qué decir de los diálogos y del guion, tan eclécticos, que por supuesto despachan al pobre Elcano con la misma generosidad que la serie de Amazon: imagino que ya tuvo allí su cuota de protagonismo.

La cinta se toma su tiempo. Sus buenas casi tres horazas. Tiempo más que suficiente para mecerte en la butaca mientras la brisa provocada por los ronquidos de algún espectador acompaña la travesía. Están esas miradas perdidas hacia el infinito. Esos horizontes inalcanzables. Esas olas que van y vienen. Resulta difícil describir semejante espesura contemplativa. Cuánta introspección. Cuánta mirada deconstructiva. Cuánto Foucault. Cuánto Derrida. ¡Oh, capitán, mi capitán!

En resumen: un oceánico tostón de película.
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