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Críticas 279
Críticas ordenadas por utilidad
Críticas ordenadas por utilidad
8
14 de noviembre de 2022
130 de 133 usuarios han encontrado esta crítica útil
Vaya por delante que la película gustó, y mucho, al público asistente, y a mí entre ellos, claro está. Cáit es una niña silenciosa, tímida, que vive con unos padres impresentables, con muchos hijos y pocas ganas de proporcionar a su extensa prole no solo los cuidados más elementales, sino afecto. Aunque solo fuera esto último, sería lo más importante.

Durante unos meses (final del embarazo de la madre) Cáit es enviada, empaquetada, para que viva con la familia de una prima, que no tiene hijos. La mujer que la recibe en el nuevo hogar es amable, educada y el hombre se muestra reservado, un tanto hostil. La falta de contacto físico en otras culturas (abrazos, besos), nos sorprende a los habitantes del Sur, pero hasta en esta historia nos resulta excesivo... Algo ocurre que se irá desvelando a lo largo de la película.

Película irlandesa, rodada en gaélico, la historia se desarrolla en los años ochenta del XX en un entorno rural. El título con el que ha llegado a este festival juega con el título mítico "The quiet man" de John Ford, pero hasta ahí llegan la semejanza. En "The quiet girl”, en contraste, lo que importa es que esta niña sea aceptada, sea querida y rompa ese silencio en el que se ha refugiado para soportar las inclemencias de los adultos y de sus compañeros de escuela. Solo un guion escrito con mucha fineza y una puesta en escena sobria, llena de pequeños detalles, nunca abusivos, puede conseguir el milagro de que el film no se deslice hacia lo sentimentaloide. Todo lo contrario: esa contención nos regala pura emoción. Gracias también a la mirada de una niña llamada Catherine Clinch. Un portento.
20 de octubre de 2019
87 de 102 usuarios han encontrado esta crítica útil
“INTEMPERIE”. Benito Zambrano.

“Intemperie”, la novela de Jesús Carrasco, es una obra con voluntad de estilo. Esa voz tan personal del novelista, quiere transmutar el silencio de una época aplastada por la violencia y la humillación, por el sojuzgamiento de los privilegiados sobre los jornaleros, sobre la gente del campo, sobre el común de los mortales. En el caso del niño protagonista la violencia será también sexual. Por eso huye de un capataz violento, servil al poder, representante de esa Nueva España que había llenado de sangre los pueblos y represaliado a todos los que habían reclamado sus derechos en los años treinta.
Estamos, por tanto, en la primera posguerra, en el campo, en alguna comarca del interior de España, en una tierra árida, seca, donde la supervivencia es, si cabe, más difícil. Los personajes apenas son nombrados y hablan lo justo. Y sobre todo ocultan sus sentimientos y sus ideas.
Sobre este tejido narrativo, se ha adaptado la novela al cine. No era fácil. Conviene advertir que estamos ante una película de productor, no de autor, como aclara el mismo Benito Zambrano (“Solas”). Un proyecto de una productora, con un guion casi cerrado, que el director ha “metabolizado”, según sus propias palabras.
Por tanto, como es pertinente, quienes hayan leído la novela, deben orillarla. Porque lo que vemos filmado es el argumento de la novela, llevado a un lenguaje de western hispano, por denominarlo de alguna manera. Un lenguaje reconocible por el espectador: empezando por el paisaje desértico de la comarca de Huéscar (provincia de Granada), por la historia de una huida y de una persecución implacable, donde la presencia de autoridades (la Guardia Civil, por ejemplo) es obviada. En ese paisaje lunar que parece llevarnos a otro mundo, se produce un “duelo” que se sale de las reglas del mundo real. Típico del western es, también, la relación de afecto y protección que irá surgiendo entre el niño huido y un pastor solitario -casi un eremita trashumante-, en el trascurso de la historia.
La película se sostiene sobre la construcción de los personajes y sobre los actores que los encarnan. Luis Tosar, Luis Callejo, Jaime López (el niño), todo el elenco, hacen composiciones solventes, creíbles. El otro elemento es la acción: toda la tensión acumulada en la huida se libera en tres momentos del film, incluido el desenlace.
Luis Callejo
Existía el peligro de que la adaptación (no la novela) cayera en cierto tremendismo. Esa “tendencia” inventada por la dictadura para denigrar a la gente del pueblo por su “primitivismo atávico”. No es el caso. El niño huye en busca de su libertad y de su dignidad, y el pastor es un “huido” de la sociedad, alguien refugiado en el desierto para no tener que soportar el yugo de los poderosos. Y con una sabiduría vital a cuestas: no cargarse de odio a pesar de las humillaciones y de la dureza de la opresión.
El afecto (y protección) que surge entre el niño y el pastor es uno de los aciertos de la película. Aquí están los mejores momentos.
27 de octubre de 2025
83 de 96 usuarios han encontrado esta crítica útil
Quizá recordemos la noticia del 29 de enero de 2024 (de ayer mismo), sobre el asesinato a sangre fría de una niña, de una familia y de los miembros del equipo de rescate de la Media Luna Roja. Quizá se haya perdido la noticia entre la avalancha de atrocidades de estos dos últimos años, en lo que constituye un caso de genocidio por parte del Estado israelí sobre la población palestina de Gaza (y de Cisjordania).
Fouther Ben Hania ha elegido este caso, entre tantos posible (es de suponer), para que la noticia fría, distante, y sobre todo rápida en ser sustituida por otra, de igual o de mayor barbarie, se fije en nuestra memoria y, seguramente, en esa sustancia donde se fijan nuestras emociones. Una emociones que impelen a la reflexión y a la acción, en el sentido de tomar partido, de huir de la indiferencia o del cinismo.

La directora ha realizado un película que reproduce las horas (condensadas) que se suceden entre la primera llamada da una niña, Hind, que se encuentra en el interior de un coche que ha sido bombardeado en el norte de Gaza, hasta su desenlace. Los servicios de la Media Luna Roja activan el dispositivo para poder recatarla, si el ejército israelí lo permite. Los espectadores vemos a los miembros de la organización hablando con Hind, animándola, dándole esperanzas sobre un rápido rescate. Es una labor agotadora, pues luchan contra todas las trabas que el ocupante opone a ese rescate. Luchan también contra su propia impotencia (que es la nuestra, en otra escala mucho menor), para salvar a una niña aterrorizada, pero que mantiene su lucidez.
Hania recoge las grabaciones originales con las conversaciones entre la niña y el equipo de la Media Luna Roja, lo que añade no solo autenticidad, también “actualidad” a lo que vemos y escuchamos, como si siguiera ocurriendo en un presente continuo. Representa también las tensiones, muy humanas, del equipo de la Media Luna Roja, su compañerismo, sus disputas y sus dilemas en las decisiones que tienen que tomar sobre la marcha.

Nunca vemos lo que ocurre al otro lado, en ese lugar de Gaza donde está la niña y sus familiares muertos en un coche. El lugar del espectador es de los miembros de la Media Luna Roja. Estamos en el lado de la rabia y de su impotencia, y en la de la voluntad por seguir en la lucha, que es la de la humanidad, la de la justicia.

De la directora y de su recurso al documental entreverado con el uso de la ficción para contar historia, ya tuvimos ocasión de ver en la SEMNCI de 2023, “La cuatro hijas” (“Les filles d’Olfa”), sobre una madre y dos de sus hijas captadas por el yihadismo. Recuerdo a la madre y algo que decía sobre el amor de las gatas madres a sus crías, que alcanza a devorarlas. No se me ha olvidado.
14 de noviembre de 2022
69 de 72 usuarios han encontrado esta crítica útil
El tema de la amistad entre hombres y el tema de las relaciones entre padre e hijos ha sido tratado por la el cine, la literatura y el arte en general, con mucha frecuencia. Es normal, pues son dos de los fundamentos de nuestra forma de ser o estar en la vida. La amistad entre hombres es uno de los temas recurrentes, por ejemplo, en el western. Da para uno o varios tratados...

Adaptación de una obra de Paolo Cognetti, la película de Groeningen y Vandermeersch es una de las variaciones sobre ese tema más serio y emotivo que haya leído o visto. Pietro es un chico de ciudad, de familia burguesa, que veranea en la montaña, por el Cervino, en el Valle de Aosta. Bruno es un chico de pueblo, uno de los últimos habitantes de un lugar que se va despoblando. A ambos, además de una amistad incipiente, les une una relación conflictiva con sus respectivos padres. Los padres esperan lo mejor para ellos (sin duda), pero ese "lo mejor" quizá no sea lo mejor para los hijos. Bruno, el chico de la montaña, acabará encontrando su lugar en la vida allí donde nació, dedicado a la ganadería y a la elaboración de queso. También encontrará el amor y en cierta manera, se convertirá en una montaña entre sus montañas.
Pietro tardará en encontrar ese lugar en el mundo. Acaba viajando para hallar ese lugar, que siempre está en uno mismo, pero al que se llega dando vueltas o extravenándose antes. Acabará encontrándolo. En tanto, la amistad entre Bruno y Pietro ha pasado por las fases de distanciamiento y acercamiento propios de la adolescencia y juventud. Pero se mantiene porque, como se dice en el film, cuando ha habido una amistad queda un poso que siempre puede resurgir. Los papeles de los dos amigos en la vida acabarán cambiándose. Bruno, el chico de la montaña, entrará en una dinámica autodestructiva. Pietro, en una de sus visitas le dice: "cada vez te pareces más a tu padre". Bruno le recodará que nadie puede ayudar a nadie.

Los directores han sabido contar su historia con una enorme seriedad artística, lo que excluye el sentimentalismo, garantía de que surja, como un manantial, la emoción. Permiten que la historia "respire", dejando que el silencio, las conversaciones, tengan su tiempo y espacio. La elección del formato 4:3, nos alejan de cualquier semejanza con un documental de National Geographic. La naturaleza es un concepto urbano, lo que existen son las cosas concretas con su nombres, dice Bruno en una conversación. Y así es.
De Groeningen había visto "The Misfortunates", una película macarra sobre una familia desastrosa. Me sorprende su nuevo registro de cine intimista. Cabe señalar, finalmente, las excelentes interpretaciones de Luca Marinelli y Alessandro Borghi.
14 de noviembre de 2022
62 de 62 usuarios han encontrado esta crítica útil
Este regreso al polvo que da un bello titulo a la película, resume no solo el argumento sino el destino de un mundo, el rural, camino de su extinción. Es el regreso al polvo, al barro de donde surgieron esos adobes con los que están construidos las casas y todo un modo de vida.

Mo y Cao, lo héroes de esta historia, “han sido casados”, pues sus familias piensan que es lo mejor para ellos, incapaces de adaptarse a ese futuro que ya está aquí. Ambos han tenido vidas muy duras, con situaciones de autentico maltrato, pero conseguirán algo muy difícil como es compenetrarse y amarse, y lo harán construyendo literalmente su casa y, por tanto sus vidas.

La película de Lu Ruijin sigue paso a paso las vicisitudes de la pareja decidida a vivir de sus cultivos y de sus animales domésticos, a pesar de los intermediarios que les roban y de las autoridades que solo quieren destruir las aldeas y las casas y que sus habitantes emigren a las ciudades como mano de obra barata. Una explotación de los nuevos caciques expresado en la obligación de que Cao done su sangre a unos de ellos, metáfora del vampirismo de la nueva o vieja casta reconvertida que gobierna China.
Pero la película es algo más que este argumento: es el milagro de que con tomas e imágenes sencilla, descubramos el alma de dos personas buenas, trabajadoras, que aman a las plantas que cultivan, a los animales domésticos que cuidan para su alimentación, a esas golondrinas cuyos nidos salvan de la destrucción, o a ese burro que es fundamental en sus labores diarias; y los aman porque dependen de ellos, porque no han renunciado a una visión del mundo que les ha llegado de sus antepasados, de ese pasado confuciano o taoísta, que está siendo destruido por el desarrollismo salvaje y ultracapitalista del gobierno chino.

La película es un canto bellísimo, que no recurre a ninguna pretensión esteticista, y usa una fotografía naturalista, con una dirección de actores (que no son profesionales) que proporciona autenticidad y sinceridad.
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