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Magallanes

Aventuras. Drama Magallanes es un navegante portugués que se rebela contra el poder del Rey, que no apoya sus sueños de descubrir el mundo a comienzos del siglo XVI. Convence a la Corona española para que apoye su audaz expedición a las legendarias tierras de Oriente. Sus sueños son lo primero. El viaje es más agotador de lo esperado, con hambre y motines que llevan a la tripulación al límite de sus fuerzas. Al llegar a las islas del archipiélago ... [+]
Críticas 12
Críticas ordenadas por utilidad
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6
3 de julio de 2026 2 de 2 usuarios han encontrado esta crítica útil
Resulta elogiable asistir a la expedición que capitaneó Fernando de Magallanes como si el propio espectador estuviera a bordo de ese barco de velas anchas y madera que cruje, entre barriles de vino, marineros y soldados portugueses y españoles. Lav Diaz apuesta por ofrecer una versión diferente de esta gesta histórica, muy acorde a su estilo autoral: un cine profundamente lento y contemplativo, en el que aparentemente no ocurre nada y, al mismo tiempo, pasa todo. Su objetivo no es convertir el viaje en un espectáculo de aventuras, sino hacer que el espectador sienta el paso del tiempo y comparta la experiencia de quienes se embarcaron en aquella travesía que cambiaría el rumbo de la historia.

Esa sensación de inmersión nace de unas decisiones técnicas y estéticas poco habituales para el gran público. La cámara no se mueve en ningún momento, el encuadre permanece siempre estático y en formato 4:3, mientras que la acción se desarrolla a través de largos planos que parecen extenderse en el tiempo sin dejar nada fuera del marco. Todo sucede dentro de ese espacio: oímos el mar, las ventanas abrirse, los suspiros de la tripulación, el crujido de la madera y la brisa golpeando las velas. Percibimos el paso del día a la noche, el calor del sol y la fuerza de las tormentas, hasta el punto de sentir que también viajamos en ese barco. No será una propuesta del gusto de todos, precisamente porque Lav Diaz renuncia a los códigos habituales de la acción, el movimiento y la música para abrazar el silencio y los sonidos naturalistas. Todo forma parte de una misma idea: alcanzar el mayor realismo posible y transportar al espectador del siglo XXI al siglo XVI.
Gael García Bernal
Dicho esto, las decisiones argumentales sí pueden ponerse en tela de juicio. El guion se toma ciertas licencias sobre la figura histórica de Magallanes, tanto en su vida personal como en el retrato que hace de su carácter. Lav Diaz construye un capitán consumido por la obsesión de conquistar las Islas de las Especias y de evangelizar a los pueblos indígenas que encuentra a su paso, retratados con naturalidad en su forma de vida, su desnudez y sus creencias ligadas a los dioses de la naturaleza. En ese sentido, queda al libre juicio del espectador contrastar esta visión con la documentada por la historiografía, pues el director opta deliberadamente por un perfil poco complaciente de este navegante portugués, al que presenta como un hombre despiadado y cruel, convencido de que sus creencias justifican cualquiera de sus acciones.

www.contraste.info
7
9 de julio de 2026 1 de 1 usuarios han encontrado esta crítica útil
La presencia en la cartelera del slow cinema, dada la exigencia fisiológica e intelectual de sus películas, es lógicamente reducida, pero aún así es sorprendente como cada cierto tiempo algún buque de este reducido subgénero prueba su suerte en taquilla, para deleite de los cinéfilos mas aventurados. La singularidad de los metrajes extremos de la filmografía del filipino Lav Diaz ha sido mayor anécdota entre la cinefilia que la calidad intrínseca de sus películas. Ahora vuelve tras unos pocos años de parón con su primera propuesta en lengua portuguesa, de producción europea y profundamente marcada a nivel estilístico por la figura de su productor: el excéntrico realizador catalán Albert Serra. De esta improbable colaboración artística surge la presente Magallanes, protagonizada por Gael García Bernal en el rol titular y recibida con aplauso crítico tras su paso por la sección Premiere del Festival de Cannes 2025 o por la Seminci, donde se hizo con la Espiga de Oro, compartida ex-aequo con The Mastermind de Kelly Reichardt. Un viaje sensorial sin rehenes ni concesiones que nunca termina de tocar el cielo, pero que en cualquier caso pone sobre la mesa del laboratorio ideas y soluciones visuales jugosas y sugerentes. Un ejercicio de estilo mas para reivindicar la irrepetible experiencia en sala.
Gael García Bernal
Tanto al otro lado de los océanos como entre los paredes de su hogar, a Fernando de Magallanes el destino solo le depara dolor y muerte. Gracias de Dios mediante, esparcir su palabra por territorios vírgenes y ser hombre del confianza del rey tan solo le condenan a la violencia y a la soledad vinculada a la figura de la eminencia del guerrero triunfador hasta el final de sus días. La mirada más despiadada, anti-ceremoniosa y seca de la evangelización indígena con derramamiento de sangre. Como ya fue rasgo marcado de los últimos títulos de Serra, el mayor aliciente plástico de la película es la exquisita fotografía de Artur Tort. Ejercicio contrastada lleno de luces solares y claroscuros (velas, atardeceres…), con texturas y tonalidades que remiten a la herencia pictórica: un frondoso compendio de cuadros en movimiento. El blocking de los personajes y la elección de ópticas se dan la mano con una planificación de planos largos estáticos, sin montaje interno, refuerzan la sensación de instantes robados que crecen hacia dentro, de manera tridimensional. La dirección artística y el vestuario contribuyen a una recreación histórica ejemplar, sin espectacularización pero inmersiva. El otro pilar formal del filme es su cuidado diseño sonoro, sin música pero rica en todo tipo de sonidos ambientes: la selva, el mar, las calles nocturnas perversas de Lisboa…Una zambullida sensorial a lo largo de los años de la cruzada solitaria de Magallanes en tres partes diferenciadas: la captura de Malacca, el regreso a Portugal y la evangelización funesta de Cebú.
Gael García Bernal
El tempo moroso del filme se da de la mano con la condición estanca que provoca su filosofía del encuadre. Desangelado, hierático y de pocas palabras, el peregrinar errático y orgulloso de Fernando ofrece pocos asideros emocionales al espectador, y su rigidez ortopédica distancia al filme de un realismo que no siempre está buscado. En cualquier caso, por sugerente o intelectualmente estimulante que resulte la ardua travesía, está estructurado alrededor de tres conceptos. Por todo ello, la presente es una buena película llena de virtudes pero que difícilmente captará espectadores fuera del nicho, y que no transformará los horizontes de aquellos que ya fueron maravillados con propuestas similares superiores de los últimos 15 años.

Amarga, contemplativa y desmitificadora, Magallanes propone una crítica deconstrucción del legado colonizador y nos abre las puertas a una experiencia estética de cariz museístico. El sacrificio fisiológico y psicológico que exige la película no es lo suficientemente recompensado, pero pocos títulos se estrenan con fotografías tan virtuosas como esta.
5
13 de julio de 2026 Sé el primero en valorar esta crítica
Lav Díaz es un realizador filipino veterano que se distingue por hacer un cine contemplativo cuyas propuestas, a veces, alcanzan las diez horas de metraje. Premiado en la Mostra de Venecia en 2016, ha rodado en portugués su visión del personaje histórico de Fernando de Magallanes no como lo haría un director convencional, sino a su manera: cámara clavada en planos generales que duran más de medio minuto, acción lenta, diálogos escasos y pausados... morosidad, en suma.
La película arranca en Malaca (Malasia, ocupada en 1511) y después nos lleva al famoso viaje del paso del Atlántico al Pacífico. Pero escatima detalles, y, por ejemplo, no nos enteramos del descubrimiento del famoso estrecho. Hay ejecuciones a bordo, por conatos de rebelión, disentería, primero pacto y luego amedrantamiento de tribus nativas, y la muerte del descubridor, cuya lucha no se muestra, y sí un montón de cadáveres en una playa, al crepúsculo.
El espectador no consigue seguir un hilo narrativo que es casi inexistente y confuso, y debe limitarse a intuir lo que está sucediendo, o ha sucedido, y en deleitarse con la belleza de las imágenes de los aguaceros en la selva, lo pintoresco de los bohíos, y los indígenas que van como sus madres los trajeron al mundo, sin nada que ocultar.
Seguramente Lev Díaz se ha inspirado en el filme de Werner Herzog "Lope de Aguirre, la cólera de Dios" (1972), y hay cierta imitación de su estética manierista y barroca. Pero no se acerca, ni de lejos, a la hondura psicológica de su personaje central, que en este caso desconocemos, por ser muy difusa. La ausencia de primeros planos, y la distancia narrativa respecto de los individuos que aparecen, acaso esbozados cual sombras chinescas de teatrillo, contribuyen a quedarse en la superficie. En verdad, nada llegamos a conocer del pensamiento, convicciones y particularidades de Magallanes, que aquí se ofrece estereotipado, como un conquistador más. Eso sí: qué listos son los nativos, y qué torpes los españoles que los quieren someter.
2
1 de noviembre de 2025
11 de 24 usuarios han encontrado esta crítica útil
Las imágenes son bellas, aunque el recuerdo que queda es de fotos, no de imagen en movimiento. La lentitud excesiva de la primera mitad es exasperante. En la segunda mitad lo que exaspera es otra cosa: resulta incomprensible que la película de un director filipino e interpretada por un actor mexicano pueda resultar tan poco crítica con las salvajadas de los conquistadores.
Me resultó poco creíble, mal actuada, excesivamente larga aunque con bonitas imágenes.
En el pase de la Seminci de Valladolid hubo empate entre los pataleos y los aplausos. Los comentarios a la salida del pase son de los que hubieran desalentado a los espectadores que hacen cola para el pase siguiente en cualquier sala de cine.
8
16 de mayo de 2026
3 de 9 usuarios han encontrado esta crítica útil
Magallanes no plantea un biopic tradicional sobre Fernando de Magallanes, sino una reinterpretación libre donde Lav Diaz utiliza la figura del conquistador para reflexionar sobre la ambición, el fanatismo religioso y la violencia ejercida durante las expediciones europeas. La película se interesa más por las consecuencias humanas y morales de la conquista que por profundizar en la psicología del personaje principal.

Fiel al estilo de Lav Diaz, la película apuesta por un ritmo extremadamente pausado, largos planos fijos y una narrativa contemplativa donde los diálogos y la acción son mínimos. Este enfoque crea una atmósfera casi hipnótica y fantasmagórica que puede resultar exigente para muchos espectadores, pero profundamente inmersiva para quienes conecten con su propuesta.

La violencia apenas se muestra de forma directa. Lav Diaz utiliza el fuera de campo y la elipsis para centrar la atención en las consecuencias de la barbarie, eliminando cualquier sensación de espectáculo y reforzando el tono crudo y desolador del relato.

Visualmente, la película destaca por una puesta en escena muy cuidada, con amplios planos generales y composiciones cercanas a la pintura clásica. La fotografía, realizada por Lav Diaz junto a Artur Tort, y el diseño de sonido potencian la dimensión artística y contemplativa de la obra.

En conjunto, Magallanes es una experiencia lenta y atmosférica que exige paciencia, pero que utiliza su lenguaje visual y narrativo para mostrar la destrucción provocada por la religión, la ambición y el afán de conquista.

Resumen de la crítica escrita por Sergio Del Caño López
Si te ha gustado, puedes leer la crítica completa en nuestra web Cinemagavia
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