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Romería

Drama Marina viaja a Vigo para conocer a la familia de su padre biológico, que murió de sida, al igual que su madre, cuando ella era muy pequeña. A través de los encuentros con sus tíos, tías y abuelos, la joven intenta reconstruir un relato de sus padres, pero todos sienten demasiada vergüenza hacia los conflictos de drogas de la pareja, algo que Marina les recuerda con su presencia. Será la historia de amor adolescente que vive con su ... [+]
Críticas 74
Críticas ordenadas por utilidad
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4
7 de septiembre de 2025
151 de 174 usuarios han encontrado esta crítica útil
Esta es la primera película que veo de Carla Simón, y ojalá me hubiese gustado más.

El planteamiento me parece interesante: un thriller emocional, anclado en la experiencia biográfica de la directora, en el que Marina, una adolescente que estrena su mayoría de edad, emprende, con la excusa de buscar un documento familiar para una beca universitaria, un viaje a su historia familiar.

El componente intrigante se construye de forma sugerente, combinando los descubrimientos de la protagonista con recursos de guion que dosifican la información para mantener el interés. Poco a poco, lo familiar se entreteje con lo social y político, ofreciendo una reflexión particular sobre la cara B de la España de los ochenta.

Ahora bien, ¿qué es lo que (me) falla en esta película? En primer lugar, los actores. La actriz principal me parece correcta, pero sin destacar en ningún sentido. Algunos secundarios, como Iago (Alberto Gracia), me gustan, pero no me convence en absoluto el trabajo de Mitch Robles, cuya actuación en las secuencias ambientadas en los ochenta parece sacada de una serie adolescente de domingo por la tarde.
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Tampoco me convencen ciertas decisiones de guion. ¿Qué necesidad había de volver a representar escenas de la vida de los padres de Marina que ya hemos “vivido” a través de la lectura en off del diario de su madre? Entiendo que se trata de la reconstrucción que la protagonista hace de esos recuerdos en su particular "romería" a la torre-santuario donde vivían sus padres, pero resulta redundante y, a mi juicio, no aporta nada nuevo respecto a la lectura previa del diario. Quizá también influya que, para mí, esas secuencias son bastante flojas.

Lo que menos me convence, sin embargo, es el enfoque que la directora da al tema de la película. ¿Quiere trabajar el recuerdo o la memoria colectiva? No me queda claro, y menos aún después de escuchar sus entrevistas. Como exploración del recuerdo personal, la película se me queda plana. Creo que habría que haber invertido más esfuerzo creativo en la construcción que Marina hace de la vida de sus padres. (Algunos críticos afirman que este paso “hacia el realismo mágico” es un riesgo que le da mérito a Carla Simón; no lo creo. Aparte de que me parece la parte más floja de la película, diría que hay poco riesgo creativo y mucho lugar común en la representación fílmica de las drogas, sin demasiado interés.) Como reconstrucción de una época, como fragmento de memoria colectiva, se queda aún más corta. No “siento” el Vigo de los ochenta en ningún momento. La escena dedicada a la movida es lamentable. Y no hay una reflexión cinematográfica profunda sobre los temas que plantea la película.
El cierre de la película roza lo naif. Marina hace justicia y vence a sus malvados abuelos, recuperando la memoria de su padre (¡y queda constancia ante notario!). No hay oportunidad de comprender las emociones y pensamientos de los abuelos, salvo algunos comentarios de pasada de Jairo, su primo: “eran otros tiempos...”. Bastante maniqueo. La directora afirma en entrevistas haber abordado la película desde una mirada desprejuiciada, pero que no parece alcanzar a todos los personajes por igual.

Esto me hace pensar que, quizá, el principal problema de la película sea su falta de documentación, su escaso compromiso por comprender aquella época y, desde ahí, plantear una historia particular, personal y situada. Pero no; mi impresión es que Romería acaba siendo una película un tanto solipsista y autocomplaciente, que pasa de puntillas por temas clave.

Escenas que me han chirriado especialmente: el devenir folclórico de la comida familiar, el momento "sexo entre algas" y, sobre todo, la maldita escena del concierto de Siniestro.

Me quedo con la idea sugerente de esa romería en barca hacia el pasado, y con la sensación de que podría haberse desarrollado de formas mucho más interesantes.
7
30 de agosto de 2025
85 de 100 usuarios han encontrado esta crítica útil
Con esa mezcla autobiográfica que ha llevado la trayectoria cinematográfica de la directora Carla Simon, nos trae este cierre de trilogía que comenzó con "Verano 1993" a la que siguió la premiada "Alcarràs", un cine valiente, filmado con una verosimilitud casi documental donde con mucha naturalidad convergen multitud de personajes dando forma a las historias que nos quiere contar.

Marina es una joven adoptada que vive en Cataluña, al cumplir los 18 años en 2004 viaja a Vigo para que sus abuelos le otorguen un reconocimiento legal de hija de su padre biológico para poder acceder a una beca para estudiar cine. Los dos padres fallecieron en el 92 víctimas de Sida, ya que estuvieron enganchados a la heroína durante mucho tiempo. Marina era muy pequeña y no tiene recuerdos, cuando es recibida por la familia de su padre, ve como la vergüenza y el dolor de lo que pasó, siguen manteniendo en secreto ese turbio pasado...

Ese naturalismo nacido de las imágenes que recuerda o las que ha formado en su imaginario, Carla Simon las lleva al cine con bastante eficacia, une también flashbacks con escenas rodadas con videocámara y alguna voz en off con lecturas del diario de su madre, con lo que consigue crear escenas imaginativas de lo que fueron sus padres.
Llúcia Garcia
Todo gira alrededor de Llucia Garcia que, tras rodar un documental, protagoniza la película con bastante solvencia en su debut, reconstruyendo muy bien esta historia personal, rescatando la generación de los 80 y el impacto que tuvo la heroína en aquellos años.

Los abuelos paternos pertenecen a una adinerada familia que guardan silencio y se les nota cierta incomodidad a la hora de mostrar calidez a la visita de su nieta.

Quizá esta película no es tan redonda como Alcarràs, pero plasma bien esas cicatrices del pasado que muchas veces te atormentan y que siempre estás buscando respuestas.
Ricar - Destino Arrakis.com
5
6 de septiembre de 2025
62 de 74 usuarios han encontrado esta crítica útil
Una película decepcionante, un potencial fuerte desaprovechado. Relaciones que podrían haber ido a más y se ha llenado la pantalla lamentablemente con momentos poco interesantes. Cuando va avanzando la película va pesando cada vez más, se va notando la buena intención, pero también el fallo al blanco de la directora.
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spoiler:
En Romería se resalta la intención, cultura y escritura realista y naturalista de la tradición española, a diferencia de otras como el vanguardismo o el surrealismo francés, incluso el realismo mágico, esta se focaliza en lo que ocurre sin irse más allá de lo visible.
De modo que si no simpatizas con la raíz española (en este caso) en la manera de contar historias probablemente te resulte un obstáculo más que una vía agradable. Recalco esto porque en la película se utiliza grabaciones y al mismo tiempo una lectura del diario de la madre de la protagonista. Después de tres o cuatro lecturas se vuelve tediosa, aburrida, demasiado realista ya que no juega con el lenguaje; Carla Simón se ofrece así misma un escenario perfecto e ideal para probar alguna prosa o poesía que llame la atención y que embellezcan las grabaciones, o si se quiere tirar por la filmación y no por la lectura: en vez de centrarse en los edificios y planos generales de la ciudad donde vivieron sus padres se hubieran enfocado en los detalles de la misma ciudad hubieran creado una conexión más terrenal y nostálgica, pero no sucede, solo se estanca en un diario simple o en grabaciones débiles emocionalmente (que no carentes), en mi caso no me convence esta simpleza, esta desconexión pesada.
Sin embargo, parece que los días, metidos en la película como si fueran partes, presentan preguntas familiares un tanto existenciales, pero a mi juicio no llegan a conmover, de hecho se vuelve repetitivo por la poca novedad que sugieren las escenas anteriores, es como si las partes o divisiones pesaran continuamente una tras otra y se amontonaran. Y cuando viene otro día nuevo ya tuviera ese atributo negativo del anterior día.
La búsqueda del origen familiar, de cómo eran sus padres, de cómo era la época de los 80s lo retrata con simpleza, como si quisiera alcanzar una trascendencia personal y se quedase corta en el camino sin fuerzas ni innovación para aquello. A lo mejor es mi deseo y preferencia querer que la película se convierta en algo más que una búsqueda del génesis familiar, sobre todo por el espacio idóneo, como digo, que la directora plantea.
Se dice que la directora y la protagonista inventan un cuento, si es así es un cuento tedioso.

Lo último destacable es la última parte cuando se propone reinventar el contacto de manera surrealista con sus padres. Hija y padres se entrelazan, se ve de primera mano caminatas, uso de drogas, bailes, y amor entre ellos. Estas secuencias no justifican la película, no la rehacen ni la vuelven buena. Se usa un nuevo modo sí, pero la pesadez anterior le gana. Obviando la última parte, la película es insustancial, impregna en la parte final para mal. Ni siquiera con el nuevo modo es capaz de emocionar, ni de arrojar emociones rememorables que hagan temblar al espectador o sacar una sonrisa nostálgica.


En conclusión, bastante decepcionante y un malgasto de secuencias preciosas.
5,3/10
7
28 de agosto de 2025
59 de 69 usuarios han encontrado esta crítica útil
“Romería” confirma a Carla Simón como una cineasta que filma lo íntimo sin imposturas. Me atrapa la forma en que convierte una investigación familiar en peregrinación emocional: nada de subrayados, sí miradas, silencios y una costa gallega que parece hablar. Llúcia Garcia sostiene el viaje con una naturalidad que desarma; notas el temblor cuando se cruza con los restos de una historia atravesada por el sida, la heroína y la vergüenza heredada. Simón mezcla su registro observacional con fogonazos sensoriales (súper-8, ensoñaciones) que nunca rompen el pacto con lo real. Hay un tramo final más quebrado, pero incluso ahí persiste una lucidez poco común: entender que la memoria es fragmento y roce, no moraleja. Me gusta que no idealice ni ajuste cuentas: pregunta, escucha y, cuando duele, respira. Salgo pensando en los padres que fuimos, que somos y que quizá no conoceremos del todo. Y en que la película es, a la vez, duelo y abrazo.
3
6 de septiembre de 2025
50 de 63 usuarios han encontrado esta crítica útil
Personalmente, no me ha enganchado. Es posible que la intención de la película fuera ofrecer una narración íntima, profunda y real, pero, a excepción de algunas secuencias con cierta intención, la planitud de la cinta, su serenidad y linealidad resultan aburridas.

Creo que un largometraje con una duración más corta y con más fuerza interpretativa podría haberme atrapado mejor. Sin embargo, esto es solo una opinión, y las sensaciones sobre el cine son tan diversas como los espectadores que lo ven.

La cinematografía tampoco me ha cautivado; la noté básica, contextual y natural, sin grandes efectos de luz, planos o secuencias que acompañen la interpretación. Sin embargo, debo admitir que, quizás debido a la simplicidad de la película, esos elementos no habrían encajado adecuadamente.

En resumen, no la recomendaría. No veo un mensaje claro más allá de la tragedia que la droga causa en una pareja joven y el enfrentamiento a un matriarcado exigente, inmerso en el "qué dirán" de la sociedad de esa época.
Considero que la película es ligera en cuanto a su contenido, como si careciera de un equipaje narrativo más robusto.
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
spoiler:
En "Romería", dirigida por Carla Simón, seguimos a Marina, quien emprende una búsqueda profunda de su identidad. La trama se centra en su incertidumbre sobre si fue adoptada o abandonada, lo que la motiva a explorar su pasado y descubrir qué sucedió en su infancia. A lo largo de su viaje, Marina se encuentra con sus abuelos y tíos, quienes han construido una familia enraizada en una sociedad marcada por el "qué dirán".

La película presenta un retrato vívido de las dinámicas familiares y las expectativas sociales que influyen en la vida de Marina. A medida que avanza la historia, se revelan detalles sobre la trayectoria de sus padres, lo que aporta un contexto emocional y dramático a su búsqueda.

Aunque el filme no concluye con una respuesta clara sobre el futuro de Marina, sí ofrece un mensaje directo, atrevido y realista sobre las complejidades de la identidad y las relaciones familiares. La narrativa es tan auténtica que podría considerarse un reflejo de la vida real, como la historia que podría contar cualquier hijo o hija con una inquietud genuina por conocer sus raíces.
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